Fotografía: Loles García

Ha llegado el momento de volver a casa. Después de casi tres años transitando su propio “Camino Ácido”, a su modo, sin que nadie le diga cómo tiene que hacer las cosas, Ángel Stanich ha cerrado filas.

Y lo ha hecho en un concierto impecable en el que ha rescatado todas las canciones de sus trabajos ya publicados (un disco y un EP), las cuales ha conseguido que todo el mundo coree, aun sin haber concedido ni una sola entrevista.

Pero es que las canciones de Stanich tienen vida propia. Una rica y psicodélica vida interior con la que puede simpatizar cualquier lector de las aventuras de Chinaski o cualquier admirador de la estética de Miedo y asco en las vegas, esto es, desierto, ‘lucecicas’ y fenómenos menos alucinógenos de lo que pudiera parecer.

Por eso, cuando el de Santander se subió al escenario de la sala But este sábado ya había conectado místicamente con el público que llenaba el recinto, incluso antes de iniciar su clásico ‘zapateao.

Fotografía: Loles García

Antes, varios músicos habían caldeado el ambiente en una especie de festival del telonero. Sin presentación ni publicidad previa, con poquísimo tiempo para actuar (tres artistas en menos de 30 minutos) y con una puesta en escena consistente en una guitarra y un micro, ninguno pudo brillar. Aunque claro, no era la noche para tratar de hacerle sombra al auténtico cantautor lisérgico.

Como ya es tradición, Ángel Stanich y su banda iniciaron la despedida de esta gira con la canción que da nombre al disco: “Camino Ácido”, para encadenar con las rodadísimas “Mojo” y la siempre emotiva “Miss Trueno 89”.

Los orgullosos padres de esa criatura de hirsuta cabellera no paraban de hacer fotos desde primera fila, mientras él iba deslizando con mucha solvencia “El Cruce” o “El Río”, esa añeja versión del tema de Miguel Ríos para la que solicitó ayuda con los coros. A estas alturas el público estaba ya entregado y los más veteranos esperábamos con ansia algún adelanto del nuevo disco, que todo parece indicar que saldrá durante la primavera de este 2017.

Antes, hubo espacio para ese descomunal y psicodélico tema que es “Jesús Levitante” y para terminar cerrando la primera parte del espectáculo con “La Noche del Coyote”.

Fotografía: Loles García

Entonces sí, Ángel hizo una pausa y explicó que ahora venían las nuevas. Esta segunda parte del concierto fue la más interesante, sobre todo para los que ya nos hemos acostumbrado a verlo tocar todos los temas de su primer disco.

Comenzó por “Río Lobos”, una canción de corte lento pero con una letra marca de la casa. Siguió con “Escupe fuego”, otra de las más interesantes y similares a su particular estilo, y terminó calentando el ambiente con “Sr. Tosco”, un potente rock muy pegadizo y con letra protesta.

Cerrado ya el capítulo de novedades, la banda regresó al camino para terminar el bolo por todo lo alto, encadenando hits como “El Outsider”, “Carbura”, su especialísima versión del “Hurdy Gurdy Man” de Donovan y la alucinógena “Mezcalito”.

Casi dos horas de concierto después, tenemos la sensación de que Ángel Stanich ha cumplido con creces y más ganas que nunca de escuchar qué es lo que nos puede ofrecer en el futuro. Antes de que caiga el telón, la banda saca todas las armas para despedirse con “Metralleta Joe”. El crimen perfecto para una gran noche. Tras la solemne ‘ceremonia de clausura’, el ermitaño vuelve a casa. Su casa. El estudio, claro.

Fotografía: Loles García
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