El garage vive días de gloria. No son pocas las propuestas que nos seducen, casi de forma ininterrumpida, durante estos últimos años; y a pesar de ello, lejos de la sobresaturación, seguimos disfrutando y demandando nuevos trabajos y bandas que den continuidad al género. Nos da igual la manera. Seguramente, lo que menos nos importa de todo esto sea la evolución o ‘involución’ (véanse las comillas) del mismo. Y es que nos deleitamos tanto con una banda en constante reinvención que, además de reafirmarse en el presente, tiene la intrepidez de presentarnos un disco infinito, como es el caso de los australianos King Gizzard & The Lizard Wizard; como con una que, osadamente, nos presenta una propuesta musical tan añeja que bien podría haber sido editada en 1966. Y es que The Molochs no se conforman con mirar al pasado desde el presente, sino que nos traen aquel hasta nuestros días. Hecho que ha supuesto un original reclamo estilístico para crítica y público.

El quinteto californiano liderado por el argentino Lucas Fitzsimons debutó en 2013 con “Forgetter Blues”, un álbum impregnado de influencias del garage de la Costa Oeste y del folk que no consiguió trascender más allá de la escena local. Es con America’s Velvet Glory, su segundo larga duración, con el que esta banda, con nombre de antigua deidad come niños, logra cierta repercusión internacional. Y lo hace con un sonido más estilizado, poderoso y enérgico que en su anterior referencia. Abiertos a nuevas influencias, la banda despacha un garage de tintes psicodélicos en el que también tiene cabida el rhythm & blues británico, mientras mantiene el ya mencionado folk, para dar lugar a un disco del que emanan un puñado de buenas canciones, mucho buen rollo, y el sonido de una época que, al parecer, nunca será lo suficientemente reivindicada.

“America’s Velvet Glory”: mímesis del sonido sixty

La banda despacha un garage de tintes psicodélicos en el que también tiene cabida el rhythm & blues británico, mientras mantiene el ya mencionado folk, para dar lugar a un disco del que emanan un puñado de buenas canciones y mucho buen rollo.

El cambio de estilo al que aludíamos se aprecia de forma acusada desde la primera canción de la placa. Ten Thousand supone un petardazo cercano al country-rock psicodélico en el que el órgano Hammond se alza como elemento indispensable de la composición por su sencillez y nervio. Un instrumento que, aunque ausente en su primera colección de canciones, adquiere aquí  gran notoriedad, y no sólo en este primer corte, sino en la mayor parte del LP. Rítmica y melódicamente sensacional, es esta una de las mejores canciones del álbum, y es que no se me ocurre un tema mejor para iniciar este trabajo. No Controlsupone el primer acercamiento al garage de manual. Una pista que desprende actitud y empuje, y en la que The Molochs juegan con las expectativas del oyente cuando simulan dos finales no consumados para reiniciar nuevamente la composición. Ojo al excitado solo de guitarra en su tercer y último arranque, porque no tiene desperdicio.

Con una melodía sencilla y pegadiza, se inicia a continuación la psicodélica Charlie’s Lips. Dada su grácil aura amateur y una atractiva imperfección que asoma particularmente en el doblaje de la voz, nos topamos con un tema cálido y acogedor que se deja escuchar con agrado. Y con esta calma relativa llegamos al folk y a las influencias indias. Pues, ¿qué sería la década de los sesenta sin estas? Con ellas coquetearon desde The Beatles hasta The Velvet Underground, pasando por The Kinks, The Rolling Stones o The Byrds. Y así lo harán, según mandaban los cánones de la época, The Molochs. El uso del sitar y una melodía vocal muy característica serán los principales valedores de That’s the Trouble With You”, una canción que, por otra parte, no resulta especialmente destacable. Todo lo contrario de lo que ocurre con la jubilosa The One I Love. De carácter alegre e inofensivo, no habría desentonado entre grabaciones de similar tendencia estilística en los primeros sesenta.

The Molochs han presentado un trabajo divertido y ágil que no se limita a mirar a ese glorioso pasado que los precede y en el que inspirarse, sino que han tenido el descaro de mimetizar aquellos sonidos para reproducirlos de forma exacta en 2017.

Por su parte,Little Stars es, de lejos, el corte menos inspirado del conjunto. Tan sobria y psicodélica como monótona. Relleno puro, me atrevería a decir. Y rebasando el ecuador del álbum nos topamos con dos canciones que si por algo destacan, además de porque son junto a “Ten Thousand” y “You Never Learn” lo mejor de “America’s Velvet Glory”, es por la gran influencia del rhythm & blues británico que presentan, con la definición particular de los de Jagger y Richards. Así son No More Cryin’ y You and Me, primer y segundo adelanto del trabajo que nos ocupa, siendo la primera la que ha puesto a la banda bajo el foco mediático. Y no es para menos a la vista de su contundente ritmo, su pegadiza melodía, el tratamiento de las guitarras, y una inclusión acertada de la armónica para reafirmar el toque blusero de la pieza, el cual le sienta como un guante.

En New York apreciamos sugerentes cambios de ritmo entre las estrofas y los estribillos, aunque cabría esperar más de estos últimos, ya que no resultan, a pesar de su instrumentación, demasiado sugerentes. Especialmente tras la viveza de las estrofas. La canción es buena, pero nos deja la sensación de que se le podría haber sacado más partido. Particularmente tras la escucha de ese nanananana New York…”, que resulta un tanto chirriante. Acto seguido bajamos las revoluciones para encarar la recta final del álbum. I Don’t Love You nos atrapa con un sonido insinuante en el que el hipnótico bajo juega un papel destacado, aunque es el carácter despreocupado, insolente y presuntuoso de la composición el que le aporta un mayor encanto. No es difícil imaginarse al camorrista Liam Gallagher desafiando a su público, o a su propio hermano, con esta canción. Y llegamos al final del disco con You Never Learn, en la que el órgano juega nuevamente un papel preponderante como acompañante de la voz. Pero es en el estribillo donde asistimos a un inusual despliegue de emoción y ternura, lo que hace de este uno de los cortes esenciales del álbum.

The Molochs han presentado un trabajo divertido y ágil que no se limita a mirar a ese glorioso pasado musical de mediados de los sesenta que los precede y en el que inspirarse, sino que han tenido el descaro de mimetizar aquellos sonidos para reproducirlos de forma exacta en 2017. Y no hablamos de la práctica común de hacer música como la de la década prodigiosa, sino de hacer la música de la década prodigiosa. “America’s Velvet Glory” bien podría ser el álbum inédito de una banda que, cincuenta años atrás, pretendía hacerse un hueco en la escena musical californiana, acercándose concienzudamente al estilo de grandes referentes del momento como The Seeds y The Rolling Stones. Una eficiente sinergia que deriva en un garage refinado que, por supuesto, no es impermeable ni a la psicodelia ni al folk. Los de Lucas Fitzsimons han hecho el trabajo de la misma manera en la que lo hubieran facturado cinco décadas atrás, y todo ello con estilo propio. Mérito, desde luego, no les falta.

The Molochs – America’s Velvet Glory

7.5

Cuatro años después de su desapercibido debut, el grupo californiano The Molochs irrumpe en el panorama musical internacional con un nuevo trabajo que supura esencia retro. Garage rock con una fuerte impronta rhythmandbluesera y psicodélica que no sólo se inspira en los sonidos del pasado, sino que los mimetiza y, lo más importante, consiguen hacerlos propios.

  • Un sonido mimetizado con los facturados en el ecuador de la década de los sesenta sin perder el estilo propio.
  • La capacidad de alumbrar una colección de canciones que no hubiera desentonado de haber sido editada a mediados de los sesenta.
  • Presenta un sonido, una forma de hacer las cosas, a una generación que ve los sesenta como la etapa inmediatamente posterior al Jurásico. Esta podría ser la entrada de muchos adolescentes y jóvenes a la obra de los Beatles, los Seeds, los Kinks o los Rolling Stones.
  • “Ten Thousand”, “No More Cryin’” y “You Never Learn”.

  • Los amantes del progreso verán aquí una involución o un estancamiento en la forma de hacer las cosas, que no aporta nada al desarrollo del garage en particular y al rock en general.
  • Se trata de la enésima reivindicación de los clásicos.
  • “Little Stars”. Totalmente prescindible.