En las obras de arte en cuya creación suelen participar varias personas, tiene un golpe de efecto especial encontrarse con proyectos llevados a cabo por una sola. Ya no por la composición en sí, sino porque en el caso de la música, el simple hecho de ser capaz de dominar diversos instrumentos ya es un trabajo muy costoso tanto para el músico en cuestión como para su cartera. La composición en sí puede ser más complicada o no, puesto que no siempre más es mejor y a veces no es fácil compenetrarse y conectar con otras personas a la hora de componer. Pero cuando estás solo y tienes la habilidad y los recursos necesarios, tú eres quien tiene el absoluto control de todo, tú eres quien toma cualquier decisión y tu propia capacidad es tu único límite. Por supuesto, cuando Kevin Parker publicó “Innerspeaker”, su primer álbum de estudio, bajo el nombre de Tame Impala, ya tenía la suficiente experiencia y conciencia como para tirarse a la piscina sin miedo a ahogarse.

“Innerspeaker”: rescatando la psicodelia desde Australia

Cuando Kevin Parker publicó “Innerspeaker”, su primer álbum de estudio, bajo el nombre de Tame Impala, ya tenía la suficiente experiencia y conciencia como para tirarse a la piscina sin miedo a ahogarse.

Poca presentación necesita un grupo como Tame Impala a estas alturas. Procedentes de Perth, Australia, el grupo ha conseguido consagrarse a día de hoy como uno de los máximos exponentes de la psicodelia de nuestros días, comúnmente conocida como neo-psicodelia. Es necesario mencionar que Tame Impala es un proyecto con dos caras: la del estudio y la del directo. Lo que quiero decir es que en primera instancia es el proyecto de Kevin Parker, quien compone y graba las canciones prácticamente en su totalidad, mientras que en directo se vale de la ayuda de sus compañeros para poder representar sus canciones. Podría parecer extraño a priori pero todos están acostumbrados a trabajar así desde jóvenes. El mismo Kevin comenzó a componer y grabar sus propias canciones sobre los 12 años. Además, todos tienen sus propios proyectos y se echan una mano entre sí cuando pueden, como en el caso de Pond, para quienes Kevin Parker suele ser el productor habitual y hasta hace un tiempo batería.

Las canciones de “Innerspeaker” son las más crudas y viscerales, cargadas de detalles pero sin un Kevin Parker tan calculador y meticuloso como en otros trabajos.

A pesar de lo que pueda parecer, la sensación que dan las canciones de Tame Impala es la de un grupo tocando en una habitación, cada uno aportando lo mejor de sí mismo. Sus canciones suenan enormes desde el primer minuto. Ya en “It Is Not Meant To Be” se dejan ver algunos de los puntos fuertes de su primera etapa: riffs de guitarra hipnóticos, juegos de batería variados capaces de llevar la canción a donde quieren, líneas de bajo que consiguen entrar en tu oído sin que siquiera te percates y sobre todo efectos sonoros y lisergia. El primer trabajo del grupo australiano es el más árido de los que han publicado hasta ahora, con melodías melancólicas que giran en torno a temas existenciales como en “Desire Be Desire Go”, en la que Kevin se pregunta el sentido de la vida y se queja sobre la rutina mediante un estribillo que gira sobre sí mismo (“Everyday back and forth, what’s it for? What’s it for? Back and forth everyday”).

En dos temas ya han sacado la artillería pesada y nos tienen a su merced, pero todavía no han mostrado todos sus recursos. “Alter Ego” hace muestra de su manejo con los teclados, algo que explotarían mucho más en sus discos posteriores y que aquí sirve como añadido a la tormenta instrumental que predomina en el disco. Las canciones de “Innerspeaker” son las más crudas y viscerales, cargadas de detalles pero sin un Kevin Parker tan calculador y meticuloso como en otros trabajos. Muestra de ello es “Lucidity”, que arranca con todo y con la misma intensidad se va. Otro de los temas más recurrentes de Tame Impala es la soledad y la incapacidad o dificultad para relacionarse con la gente y con el entorno, la sensación de sentirse desplazado o de no saber el lugar en el que uno se encuentra y qué está pasando, como en esta pieza (“Lucidity, come back to me, put all five senses back to where they’re meant to be”).

Un disco muy guitarrero y evocador en cuyas canciones se pueden escuchar ecos de los Pink Floyd de la etapa de Syd Barrett, así como sonidos más novedosos que ayudarían a definir lo que actualmente ya ha quedado establecido como neo-psicodelia.

Why Won’t You Make Up Your Mind?” se muestra como un tema casi de transición con una batería muy estática y guitarras comedidas que van in crescendo junto con los teclados y la voz, mientras que “Solitude Is Bliss” es el hit más claro del disco. Un riff de guitarra y un estribillo tremendamente pegadizos forman una melodía bastante más edulcorada que los temas anteriores, tirando más hacia esa melancolía agridulce que ya es una de las señas principales del grupo. Una canción para celebrar la soledad y la imposibilidad de ser entendidos por nadie (“company’s ok, solitude is bliss, there’s a party in my head and no one is invited and you will never come close to how I feel”). Pasamos el ecuador con “Jeremy’s Storm”, una instrumental que evoca los peligros de la naturaleza tales como una tormenta o un huracán, mientras que “Expectation” parece un canto desde el ojo de ese huracán, con un Kevin que esta vez habla sobre el desamor y el desengaño, punto que suele tratar en numerosas canciones (“Every now and then it feels like in all of the universo there is nobody for me”). Llegados a este punto podría parecer que al grupo no le queda mucho que ofrecer, pero a veces uno encuentra canciones al final de los discos que le encandilan especialmente y cada vez que lo pone desea que llegue ese momento. Eso me ha pasado a mí siempre con “The Bold Arrow Of Time”, un tema cuyo riff principal siempre consigue hipnotizarme y cuyos versos lentos y calmados me hacen desear que todo explote y que las guitarras me machaquen los sesos. El broche final lo pone el propio Kevin con ese tarareo de la melodía antes de volver a romper. Sublime.

Seguramente no fueron los primeros ni los mejores o más novedosos, pero Tame Impala tuvieron la suerte de tener la aprobación no sólo de la crítica sino de otros artistas de renombre, siendo encumbrados a lo más alto en poco tiempo, merecidamente, eso sí, con un trabajo sólido y con mucho potencial.

Nos acercamos al final con una mezcla entre la psicodelia sesentera y un space rock bastante sutil en “Runway, Houses, City, Clouds”, la pieza más cruda del largo, que contrasta con “I Don’t Really Mind”, una canción mucho más sobria, que va y viene jugueteando de manera tan despreocupada como el propio título y estribillo sugieren. Así cierran con un tema mucho menos recargado y que deja un buen sabor de boca.

En un año en el que el panorama guitarrero estaba reinado por el indie (“The Suburbs” de Arcade Fire, “Teen Dream” de Beach House y “High Violet” de The National vieron todos la luz en 2010), Kevin Parker y los suyos decidieron traer de vuelta la tradición psicodélica desde Australia con un disco muy guitarrero y evocador en cuyas canciones se pueden escuchar ecos de los Pink Floyd de la etapa de Syd Barrett, así como sonidos más novedosos que ayudarían a definir lo que actualmente ya ha quedado establecido como neo-psicodelia. Seguramente no fueron los primeros ni los mejores o más novedosos, pero Tame Impala tuvieron la suerte de tener la aprobación no sólo de la crítica sino de otros artistas de renombre, siendo encumbrados a lo más alto en poco tiempo, merecidamente, eso sí, con un trabajo sólido y con mucho potencial. No sólo eso, sino que desde entonces hemos podido conocer otros grandes nombres dentro de la psicodelia, muchos de ellos procedentes de la misma Australia, tales como Pond o King Gizzard & The Lizard Wizard, siendo Tame Impala la cabeza más visible de esta nueva oleada de psicodelia y lisergia. Y que dure.

Tame Impala – Innerspeaker

8.5 HOT RECORD

Tras varios EPs y conciertos, los australianos Tame Impala dieron luz a su primer trabajo de estudio en 2010 con “Innerspeaker”, un disco lleno de guitarras y atmósferas recargadas y evocadoras a medio camino entre la psicodelia más clásica y los sonidos que acabarían formando parte de la lisergia de nuestro siglo. Su debut ya mostraba a un grupo con un sonido propio, si bien se podía ver que todavía podían dar mucho más de sí.

  • Un debut muy sólido.
  • Su disco más guitarrero y menos edulcorado.
  • Hay momentos para hits y momentos para dejarse llevar.
  • Volver a poner en primera línea un género que llevaba décadas en segundo plano.

  • Da pena que con el tiempo se haya quedado como su trabajo menos aclamado.
  • Puede ser difícil hacerse con él para los no experimentados con el género.

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