Desde que oí su nombre no me lo pude sacar de la cabeza. ¡Claro! Armiñato. El mítico jugador de… espera. ¿En qué equipo jugaba? Sé que marcó un gol realmente increíble pero no sé dónde jugaba. Estaba dándole vueltas al tema mientras estaba tirado en la cama. Era uno de esos días en los que te levantas y no hay nada que hacer. Nada de nada. Parece que hasta el polvo del aire se detiene en una postura luminosa e idílica.

Me di una ducha y bajé al bar para desayunar. Estuve leyendo en el periódico que alguien estaba muriendo en el otro lado del mundo. Que los de siempre siguen robando y mintiéndonos a la cara y que nosotros los volvemos a elegir cada cuatro años para que nos sigan robando y mintiéndonos a la cara en una espiral infinita. También leí que Armiñato se había lesionado. Lo sabía, sabía que me sonaba de algo ese jugador del… espera… ¿Salamanca? No puede ser. Me esperaba que al menos jugara en un equipo de Primera. Menuda putada.

Pagué el café y me fui a casa. Estuve leyendo un rato para escapar del recuerdo que me asaltaba cada vez con más frecuencia. El de mi chica pasando toda la tarde tirándose a otro. Pero salí a la calle para despejarme un poco. Había quedado con éstos para tomar unas cañas. No sé cocinar. Tampoco sé hacer muchas cosas bien, pero sí sé beber.

De camino al bar, nos cruzamos con un tipo calvo y desmejorado. Después de pasar con su barba desaliñada y su gorra de los buenos tiempos de Castro, lo vi claro: acababa de ver a Jota. Me volví rápido y fui a por él.

— ¡Ey! ¡Jota!

— No tío. Te has confundido tío.

— Perdona, no quería molestarte. Sólo dime una cosa: ¿Quién es Armiñato?

— Tío, ¿Armiñato? Ni idea, tío saeh. Tío, creo que te has confundido, ¿saeh?

— No puede ser, lo dices en…

— Tío, creo que te refieres al niñato, tío. ¿Saeh, tío? El tonto ese que se besa el anillo.

De repente, mientras se aleja, se me viene el mundo encima. Recuerdo que M me ha dejado tirado y se ha largado con su colega. Sí, el director de cine. Y me pongo bastante triste. Además, se me acaba de caer un mito. Bueno, dos. Me voy a casa otra vez a pasar lo que queda de tarde tirado.

Mientras agonizo hecho bola en el sofá descubro por la tele que Mendieta ha tocado en Benicassim con Los Planetas. Estoy viejo. Ya nunca seré futbolista. Nunca marcaré un gol imposible como el de Armiñato, o el niñato, o quien sea. Nunca seré futbolista y probablemente nunca seré estrella de rock. Y ese cabrón ha hecho las dos cosas. Y qué pelo tiene… Estoy hundido.

Esto sólo lo puedo arreglar saliendo con Eric. Así que me visto y me bajo en la moto a toda velocidad hacia los bares donde siempre quedo con él. Mejor dicho, dónde antes quedaba con M y ahora ya sólo quedo con él. Sí, Eric sabrá qué hacer. Bastará con meternos cuatro millones de rayas para que se me olvide este asunto. Y lo de que M me ha dejado. Sí. Eso también.

De vuelta a casa no me puedo dormir. Estoy tan arriba que sólo quiero fumar y escuchar música para ver si me relajo. Sé que si no voy a comer techo durante horas. Ahí tirado y desnudo me acuerdo de cuando ella aún estaba encendiendo mis pitillos. Ahora sí. Estoy preparado para que amanezca y no parece probable que vaya a poder dormir. Se ha terminado otro buen día. Sin ti.

Fotografías: These Football Times / Diario Público