E

s cada vez más difícil clasificar la música bajo la sombra de etiquetas cuya definición es, conforme el tiempo avanza, más difusa y abierta que nunca. Si en algo coincidimos los que escribimos en El Quinto Beatle es que, en el fondo, los géneros no son más que instrumentos que usamos para ponernos de acuerdo, para agrupar artistas que en algunos casos se encuentran a años luz musicales, pero que no obstante proceden de un mismo origen y comparten un espíritu similar. Esto pasa en el rock, pasa en el jazz y pasa, por supuesto, en el hip hop. Se dan lugar en el último, sin embargo, una serie de características que lo hacen significativamente diferente de los demás. Su cualidad camaleónica, su carácter absorbente, su juventud… es todo esto y más lo que hace que el hip hop sea a día de hoy uno de los géneros en los que el territorio inexplorado supera con creces al ya conocido y la prueba de esto la tenemos en los diversos lanzamientos de 2016, álbumes que, cada uno a su manera, han vuelto a empujar los límites del género un poco más lejos, elevando de nuevo las expectativas creativas de todo aquel que se atreva, con valor, a mejorar la apuesta existente.

Presentamos aquí los que son en nuestra opinión los diez mejores álbumes de hip hop de 2016, lectura que se puede acompañar con nuestra playlist, que incluye unas pinceladas de las rimas y beats más impresionantes del año.


 

10J. Cole4 Your Eyez Only

Como adalid del artista hecho a sí mismo en su habitación de adolescente, J. Cole casi nunca sabe cuándo dejar de ser políticamente correcto y empezar a repartir. Por suerte y por fin, hay un palpito constante en “4 Your Eyez Only”, una rabieta moderada e irreconocible que sugiere que alguien se ha dado una autobofetada en toda la cara últimamente para despertar del letargo de pacifismo en el que se había atrincherado, desbloqueando por fin la lucha. Una lucha todavía mansa y conciliadora, pero lucha, al fin y al cabo, y en toda lucha hay algo de vehemencia. Su lirismo se sofistica, sus temáticas se oscurecen y él mismo se deja reblandecer por determinados y recientes acontecimientos vitales, que optará por airear y compartir con el público. Dejará florecer la leyenda urbana y la habladuría alrededor de la tumba de su propia obra, y acabará evidenciando más y más la mala combustión de su propuesta, su incapacidad para saciar del todo. Se quiere creer que lo mejor está por venir, la fe intenta mantenerse, pero el sueño aprieta y la tentación de cerrar los ojos es cómicamente irresistible… Estamos invirtiendo en ti todas nuestras reservas de paciencia, J. Cole; no las malgastes.

9SkeptaKonnichiwa

Han tenido que pasar cuatro discos para que Joseph Junior Adenuga alcance, al fin, el reconocimiento que tanto ansiaba desde aquel 2007 cuando publicó “Greatest Hits”, un álbum que sentaría las bases del artista en cuanto a temáticas se refiere pero que no acababa de cuajar como conjunto. Con el paso de sus siguientes CDs, “Microphone Champion” en 2009 y “Doin’ It Again” dos años después, el rapero parecía un tanto perdido a la hora de querer demostrar sus principios. Y es que por mucho que se acercara a los terrenos propiamente oscuros que el grime pide, siempre acababa pecando por querer abarcar palos demasiado comerciales que, lejos de lanzarle al estrellato definitivo, le hacían asemejarse a una versión sugar-darker de Flo Rida. Ya se sabe, el que mucho abarca, poco aprieta, y es que por mucho que quisiera equilibrar su autoría y sus ganas de comerse el mundo, el dardo no acababa de dar en la diana. De hecho, sus intentos por abrirse paso han sido proporcionales a los batacazos que se ha acabado pegando con las negativas críticas que sus álbumes recibían, críticas que no han hecho más que alimentar la impotencia de un Skepta que ya se sentía como un monstruo, tal y como él mismo ha ido aireando a viva voz en diferentes entrevistas. Skepta consigue con este “Konnichiwa” saludar a las altas esferas, tanto sociales como musicales, desde la crítica subversiva a un ambiente en el cual no se siente cómodo y al cual ataca con elegancia y agresividad dentro de un trabajo que, dualmente, sirve tanto para condecorar al grime como para tener en consideración la osadía de un artista que ya ha conseguido hacerse con el lugar que tanto ansiaba.

8Kevin AbstractAmerican Boyfriend…

En un mundo post “channel ORANGE” de Frank Ocean, Kevin Abstract y su “American Boyfriend: A Suburban Love Story” escriben, dirigen y protagonizan un grafiti americano sónico para el siglo XXI como si los inadaptados estéticos no hubieran existido jamás y necesitaran de alguien que reafirmara su individualidad. La excusa será la homosexualidad en Afroamérica; aireará todo tipo de anacronismos morales ajenos como la homofobia de su madre o el racismo de sus suegros. Pero el verdadero mensaje camuflado será el culto amable a la personalidad, y se describirá a sí mismo, en consecuencia y en tercera persona, como un rapero adolescente sin arraigo y con severas carencias afectivas que mistifica distópicamente la época de instituto. Abstract realiza un recorrido cinematográfico de los mayores traumas acontecidos en su corta vida como si fuera el primero en sufrir la irritabilidad de la autoconsciencia humana. Lo cierto es que no lo es, y se pierde un poco en su desesperado esfuerzo por llegar a ser el Frank Ocean de los Justin Biebers en lugar de concentrarse en las delicias del proceso creativo. Lo cierto es que Kevin Abstract se merece tenerse a sí mismo en mayor estima. Caber en la alargada sombra de un ídolo no habría de ser suficiente para alguien que se pinta de tan ambicioso.

7Kate TempestLet Them Eat Chaos

Hablar de Kate Tempest es hablar de literatura. Sus composiciones son ardientes, puntiagudas y alejadas de sutileza, y por ese mismo motivo el rap es el formato idóneo para explorarlas musicalmente. En él ha encontrado un valioso camino para transmitir sus letras, pero lo importante aquí es el lenguaje, el matiz spoken-word. En sus manos se diluyen las barreras entre rap y literatura. La británica exhibe sus historietas con una inmensa facilidad para conectar con el público, transmitiendo el sentir de lo que recita gracias a la gestualidad de su voz y su actitud; la música es un apoyo, una manera de seducirnos a través del ritmo para ofrecerle nuestra atención. La sacudida está asegurada. “Let Them Eat Chaos” es básicamente un toque de atención de la realidad. Para Kate el aislamiento social está acabando con todo, impide darnos cuenta de los problemas de nuestros propios vecinos, nos dificulta las relaciones y al final, entierra el amor humano en la más absoluta distancia. El disco más oscuro de Tempest hasta la fecha, que la afianza como una de las voces más interesantes del rap (o spoken-word para puristas) británico actual.

6Childish GambinoAwaken, My Love!

Gambino ha cambiado, ha cambiado mucho… Ha metamorfoseado. El resultado está aquí, en esta maravillosa pieza de arte que, si bien peca de extraer mucho jugo de los clásicos, se muestra consciente de ello desde el primer momento y no defrauda en ningún sentido. Temas tan rompedores como “Redbone” contrastan perfectamente con la nostalgia de otros como “Have Some Love”, creando un interesante collage de tradición y vanguardia. Todo gran álbum que se precie debería representar un gran momento para la música, transmitiendo un sentido de emoción casi histórico al oyente que se sumerge por primera vez entre sus armonías. Este trabajo cumple esas expectativas con creces. Su música es un vínculo de unión entre lo que vino y lo que viene, entre ancestros y descendientes. Sirva “Awaken, My Love!”como faro musical en la lejanía para un Childish Gambino que se ha descubierto a sí mismo. Estaremos pendientes, a partir de hoy mucho más, de su trayectoria musical.

5Chance the RapperColoring Book

Aun siendo una mixtape, Chance the Rapper ha hecho historia y se ha colado en las nominaciones a los Grammy con este “Coloring Book”, uno de los conjuntos más laureados del año por motivos propios. En una mezcla curiosa entre los ritmos urbanos y las reafirmaciones eclesiásticas, Chancelor se acopla a sus propias bases musicales de una manera que deja de piedra, rapeando, cantando y rodeándose de un conjunto de colaboraciones excelentemente bien escogidas para la ocasión (especial atención a Noname y Lil Yachty). Es precisamente en aquellos momentos en los que se olvida del motivo religioso cuando mejor le sale la jugada; así pues, cortes como “All Night” o incluso la breve pero emocionante “DRAM Sings Special” se consagran, directamente, como lo más destacado de la placa. En definitiva, Chance the Rapper es una de las (no tan) promesas del hip hop actual a quien le quedan muchas cosas por decir. Esperando estamos.

4Kendrick Lamaruntitled unmastered.

Para estar hablando de un recopilatorio de caras B que no entraron en “To Pimp a Butterfly”, asusta la calidad de este “untitled unmastered.”. A Kendrick Lamar sólo le han hecho falta 8 temas para marcarse otro tanto más y para continuar explorando aquellos temas sociopolíticos y puramente personales de los que ya nos habló en obras anteriores. Así pues, el de Compton continúa en su línea de fusionar el hip hop con otros géneros musicales (desde el funk hasta el jazz pasando por ritmos latinos) en un compacto que, sin necesidad de que tuviera coherencia temática, la tiene. Si la sorpresa que nos dio al publicar “untitled unmastered.” es el camino que Lamar seguirá en su siguiente álbum, ¡más que bienvenido sea!

3Kanye WestThe Life of Pablo

Con “The Life of Pablo” Kanye West consigue hacer un balance musical más que notable de su momento actual en este 2016. Así pues, el genio y celebridad nos ofrece un particular y curioso acercamiento al góspel donde su espíritu salvaje y sus ganas de arriesgar tanto en el apartado musical como en el lírico (“Name one genius that ain’t crazy”) se dan la mano en un total de veinte canciones. Aunque de entrada el número asusta, no hay momento para el aburrimiento o la monotonía en todo el disco: los pasajes del opulento Kanye de “My Beautiful Dark Twisted Fantasy” (en “Famous”) se mezclan con los disruptivos golpes de “Yeezus” (en “Feedback”) y el melancólico toque de “808s & Heartbreak” (“Wolves”). Sin duda, el resultado cronológico de la trayectoria de un genio al que poco se le puede discutir a día de hoy.

2A Tribe Called QuestWe got it from Here… Thank You 4…

Érase una vez 4 amigos de Queens que se ponían motes raros como Q-Tip, Phife Dawg, Ali Shaheed Muhammad o Jarobi y cambiaron la historia del hip hop y la música popular para siempre. Cuando iban juntos, se hacían llamar A Tribe Called Quest, y se fueron hace 18 años, pero se pasaron por casa un momento a finales de 2016 para darnos las gracias y decirnos que, a partir de aquí, ya van solos. Han traído el rap comprometido de vuelta y ellos se marchan definitivamente, con la satisfacción de haber insuflado a este mundo roto un poco más de ganas de recomponerse. Por mucho que vais a querer que se queden un rato más, mejor no insistir; la decisión está tomada. Con la fatídica excusa de un último y bestial adiós a Phife Dawg, A Tribe Called Quest insisten en hacerse el harakiri mientras fardan de vigor, salud y corpulencia creativa. En el fondo, sin embargo, este poder de dejar un poder ir que pretenden aparentar ha sido más impuesto que opcional; un álbum de la tribu con algo de Phife Dawg… bueno, puede ser. Pero uno sin nada suyo… Eso no va a ninguna parte. Mejor dejarlo aquí, cuando aún se está en lo más alto posible.

1Danny BrownAtrocity Exhibition

Puede ponerte de los nervios, darte mareos e incluso provocarte nauseas, pero no pasa nada, porque precisamente esa es la misión de “Atrocity Exhibition”: ser una tortura continua, un reto mental a dos niveles. El oyente y la música, Danny Brown y la instrumentación. Entre flows imposibles como el de “Tell Me What I Don’t Know” y voces demenciales como las de “Ain’t it Funny” o “Pneumonia” Danny exprime su locura para asemblar el álbum de hip hop más lunático del 2016. Drogas, sexo y rock and roll entre samples de Joy Division y bandas de krautrock alemán. Poco más se le puede pedir a esta maravillosa historia de terror tras la cual probablemente tendrás que ir al psicólogo, eso sí, si es que aún puedes articular palabra.