El esquivo Michael Collins tiende a aparecer bajo elusivos alter-egos con los que maquilla su nombre y su identidad musical, diversa como ella sola. De entre todos ellos, hoy no ha escogido ni a Run D.M.T. ni a Salvia Plath ni a Drugdealer para sentarse a charlar conmigo. En vez de eso, se ha puesto una bata de recién levantado y ha abierto mi llamada de Skype con una gripe de tres pares de narices para contarme algo sobre la vida, las drogas, Donald Trump y la manera en la que entiende el arte. Después me ha seguido en Instagram y me ha dicho que nos veremos cuando venga a España. Llámelo Michael Collins o Drugdealer (autor de uno de los mejores discos debut del año para esta casa). Llámelo como quiera, pero lo cierto es que este hombre es un personaje y aquí está la prueba:

Hace unos meses hice la reseña de tu último álbum y me di cuenta de que es bastante difícil encontrar información sobre ti. Olvidemos por un momento a Salvia Plath, Drugdealer o cualquier otro pseudónimo que hayas usado antes. ¿Qué puedes contarme sobre Michael Collins?

La verdad es que esa es una buena pregunta que no mucha gente me ha hecho. La razón por la que es difícil encontrar información sobre mí es porque empecé explorando varios tipos de arte y cuando empecé a hacer música siempre lo consideré como un proyecto más, así que nunca fui el típico que siempre quiso hacer música o formar un grupo. De hecho, lo cierto es que siempre he querido hacer películas. Durante los próximos dos años la gente va a descubrir que desde pequeño mi ilusión siempre ha sido hacer cine. Ahora mismo estoy dirigiendo mi primera película, de hecho. Me lo tomo muy en serio y es una gran parte de mi persona que mucha gente no conoce.

¿Cuándo entra la música en escena?

Como ya he dicho, no tengo la trayectoria habitual. Mis padres vienen de la ciencia y nunca fueron muy musicales, así que fui yo el que empezó a explorar, ya que siempre he sido muy curioso. Cuando empecé a hacer música, era música experimental, sin saber tocar nada, así que, guiado por mi curiosidad, me propuse como meta hacer música ‘de verdad’.

Otra cosa que todo el que me conoce sabe es que cuando tenía dieciocho años viajé a dedo alrededor de los Estados Unidos durante ocho meses y esa experiencia tiene mucho que ver con la manera en la que desarrollé mi filosofía sobre la creatividad. La experiencia me transmitió una sensación de que nada es permanente y que el mejor momento para ser tú mismo es cuando todo a tu alrededor está cambiando. Básicamente, es ahí cuando de verdad puedes decidir quién quieres ser cuando respondes al cambio, mientras que mucha gente que hace lo mismo día tras día tiene mucha dificultad para verse a sí mismos. Cuando viajas te haces adicto a la realidad caleidoscópica que te rodea, te conviertes en el elemento constante que te mantiene fijo. Eres la única cosa con la que de verdad puedes contar.

Es por eso que no me interesa tener un estudio y levantarme cada día para ir a trabajar con un café. No quiero decir que no me guste hacer música, pero para mí es algo que tiene más que ver con cogerlo cuando viene. Hacer música en el momento. Siempre tiene que ser un proceso fluido y natural. A mucha gente le gusta mi música y no saben por qué. A mí me encanta eso. Me encanta el misterio. Tocar en un grupo y tratar de molar no es lo suficientemente misterioso para mí.

Cuando viajas te haces adicto a la realidad caleidoscópica que te rodea, te conviertes en el elemento constante que te mantiene fijo.

Sobre el misterio… Lo que más me sorprendió sobre ti es tu cantidad de pseudónimos, desde Run D.M.T. hasta Salvia Plath pasando por Silk Rhodes… ¿Cuál es la historia detrás de todos estos pseudónimos? ¿Cómo afectan estos cambios de nombre a tu música?

Bueno, todo el mundo pasa por diferentes fases a lo largo de su vida y creo que el arte debería reflejar esos cambios. Cada nombre que he usado responde a una fase diferente. Run D.M.T. fue mi primer pseudónimo y para mí cubre una fase completa de mi carrera en la que me ponía a experimentar con pedales de loops mientras iba muy fumado. Básicamente esa fue mi época de aprendizaje y una vez superada empecé a cuestionarme si debía seguir usando el mismo pseudónimo. Después de eso coincidió que un DJ horrible de dubstep empezó a usar el mismo nombre y aunque se ha dicho en muchos sitios que me demandó, lo cierto es que fui yo quien decidió que quería cambiar de nombre para empezar algo completamente nuevo.

Tras Run D.M.T. escogí el nombre de Salvia Plath para una fase en la que quería hacer música más tradicional, aunque si te digo la verdad esa parte de mi carrera no es mi favorita. Después de eso coincidió que Stones Throw me contactó justo cuando empecé a colaborar con mi amigo Sasha en el proyecto que llamamos Silk Rhodes. Me encanta Stones Throw y a ellos les gustó cuando les comenté el proyecto, así que de ese modo acabé haciendo R&B, que es un género completamente diferente a lo que había hecho anteriormente. De hecho, aún me encanta ese álbum y precisamente ayer estuvimos juntos trabajando en nueva música.

Después de Silk Rhodes me tomé un descanso. Nunca me ha interesado mucho lanzar algo que no sea perfecto y después de ese proyecto decidí que era el momento de darme un respiro para escribir y ahondar en mi aprendizaje musical, componiendo cosas cuya principal meta no era necesariamente la de ser publicadas. Acabé concentrándome más en escribir letras y tocar el piano en canciones que nunca iba a grabar, hechas para ser directamente tocadas para gente. Fue así como descubrí la manera en la que quería hacer música en el futuro, de un modo informal, como si fuera una siesta, algo que haces para sentirte bien. De esta manera fue como mi nuevo proyecto, Drugdealer, empezó a tomar forma… Y pienso quedarme con él bastante tiempo, por lo menos para dos álbumes más. Después seguramente seguiré haciendo música, aunque ésta será más bien para mis películas.

Has hablado de tu evolución y del porqué de tus cambios de pseudónimo, pero no sobre el significado de esos pseudónimos ¿Por qué Drugdealer? ¿Por qué “The End of Comedy”?

Con respecto a lo segundo, considero que la comedia juega un gran papel en mi vida y eso es algo que puedes ver desde el inicio, cuando usaba nombres como Run D.M.T. o Salvia Plath. Es importante también en un nivel más profundo, ya que cuando era joven y se metían conmigo la comedia siempre fue mi método de escape. Si nos remontamos atrás, por ejemplo, a la Inglaterra temprana, la familia real contrataba a los juglares para que les hicieran reír. Es éste el tipo de comedia que menciona Oscar Wilde cuando habla de una forma correcta de hacer comedia, es decir, aquella que se usa para contarle a los miembros de la aristocracia los problemas de la gente. Lo que quiero decir con esto es que llega un momento en el que la comedia se convierte en la única manera de comunicar cosas realmente serias. Fue haciendo este álbum cuando empecé a darme cuenta de que durante años he usado la comedia de un modo incorrecto, por ejemplo, como método de escapismo. Es a eso a lo que me refiero con “The End of Comedy”, a usar la comedia no a modo de evasión, sino para hablar de cosas reales y hacerlas más comunicables. El título hace referencia al fin de esa comedia que sólo sirve para evadirse, como opio para las masas.

Si no te molesta compartirla, ¿hay alguna experiencia personal que te hiciera ponerle ese fin a la comedia?

Bueno, la primera canción en el álbum, que se llama “The Real World”, es el tema más antiguo del disco. Está cantada por mi amigo Jackson, ya que quería que la cantara otra persona y la escribí hace cuatro o cinco años, recién llegado a Los Ángeles. No conocía a casi nadie y estaba en un momento de búsqueda de lo que sería mi nuevo proyecto, así que decidí tomar LSD. Me encontré en una nueva realidad, con árboles naranjas y cosas así… y entré en un estado de autorreflexión en el que todo me hacía reír, por ejemplo, me compré unas alitas de pollo y un zumo de naranja y me parecieron la cosa más graciosa del mundo. Todo era perfecto y algo me decía que la razón por la que todo era tan maravilloso era porque estaba entrando en el siguiente capítulo de mi vida. La letra de esa canción habla de cómo la psicodelia es para mí sinónimo de comedia. Habla de aceptar tu realidad y nunca dejar de mirarla a la cara, aunque las cosas se pongan feas. Es cierto que en ese momento estaba colocadísimo, pero también lo es que nunca dejé de abrazar la realidad que me rodeaba, abriéndome, como ya he dicho, al siguiente capítulo de mi vida. Todo esto tiene mucho que ver con mi naturaleza crítica, algo que me ha ayudado a no perderme por caminos que no debería. Siempre intento estar en paz con mi realidad.

“The End of Comedy” hace referencia al fin de esa comedia que sólo sirve para evadirse, como opio para las masas.

¿Cómo se refleja esto en el disco como conjunto?

Bueno, el sonido del disco tiene mucho que ver con el espíritu del periodo musical post-sesentero conocido como ‘el bajón’, un período en el que ahora mismo podría decir que me encuentro yo mismo en mi vida, como si de una ola se tratase. Algunos lo llamarán música psicodélica, pero yo prefiero considerarlo como música sobre la realidad.

¿Qué me dices de las colaboraciones? Ariel Pink, Weyes Blood… Desde luego no te han faltado nombres atractivos…

Lo más importante para mí a la hora de colaborar con alguien es hacerlo sólo si es natural. Una mayoría de esa gente son amigos o conocidos míos y tienen carreras mucho más dilatadas que la mía. Muchas veces la gente piensa que la única razón por la que aparecen es porque mi discográfica quiere darme promoción y lo cierto es que no tiene nada que ver con eso. A Natalie [Weyes Blood], por ejemplo, la conozco desde hace más de ocho años. De hecho, vivimos juntos en una casa hecha pedazos en Baltimore. No nos conocíamos, pero la había escuchado tocar y me había gustado mucho. En lo que respecta a ella, creo que no le caía muy bien, aunque es comprensible, ya que por aquellos tiempos estaba bastante ido de la cabeza. Con el tiempo, sin embargo, una vez nos mudamos y empezamos a hacer cosas diferentes nos hicimos cada vez más amigos. Ella siempre ha tenido mucho talento, pero yo nunca fui ni la mitad de bueno, así que ella fue testigo de mi progreso. Es como mi hermana. Siempre he pensado que su música es extremadamente preciosa y tenía curiosidad por escuchar su voz en algo que fuera más ligero, así que básicamente pensé en ella y en su voz cuando escribí “Suddenly”.

Ariel… bueno, a él no lo conozco desde hace tanto tiempo… primero lo conocí a través de Stones Throw. Después, un día en el que creo que me habían roto el corazón él [Ariel] me vio en la calle y me invitó a comer a un restaurante. Después de eso me llevó a su casa y poco a poco nos fuimos haciendo amigos. Una vez allí nos pusimos a tocar, yo con la guitarra y él con el bajo, y bueno… la cosa es que siempre he sido un grandísimo admirador de su música y me parece curioso el hecho de que lo conociera así… en la calle, así que supongo que nuestra colaboración se parece bastante a eso… a algo muy natural, como conocerse en la calle.

Hay otras colaboraciones en el álbum como por ejemplo la de mi amigo Brooks, con el que también viví una temporada. Todo empezó cuando me levanté un día escuchando lo que creí que era un disco de música de flauta. Buscando de dónde provenía, descubrí para mi sorpresa que era el propio Brooks el que la estaba tocando en el tejado, como que no quiere la cosa y bueno… tenía que hacer algo con eso. También está por ahí Alex de Mild High Club… la clave está en darte a conocer y crear una comunidad de la que participes. Ariel es el único con el que me siento sorprendido de haber colaborado, pero en lo que respecta a los demás… son todos amigos y para mí es natural que formen parte de esto. Soy una persona a la que le encanta salir de fiesta y pasarlo bien con gente y eso se refleja en mi música.

La siguiente puede sonar típica, pero lo cierto es que tenía que preguntarte: elecciones, ’30 Days 30 Songs’, Donald Trump…. Música y política, ¿juntos, pero no revueltos?

Creo que la música siempre ha tenido una capacidad especial para influenciar movimientos sociales, muy parecido a lo que comentaba antes con respecto a la comedia. Creo que la música es un vehículo excelente para hablar sobre política, pero la única manera en la que esto funciona es si se hace de un modo sincero. Me refiero a que muchos artistas intentan evitar la política en sus temas y después algo como esto pasa y todos se suben al carro. Si lo que haces no encaja en la narrativa de tu arte, te vuelves automáticamente sospechoso para mí. Por supuesto que la mayoría de la gente que conozco no está contenta con la elección de Donald Trump, especialmente viniendo muchos de un contexto anarquista; pero no es sólo con Trump, sino con todas las opciones que se han puesto sobre la mesa. No estoy diciendo que sea malo levantar la voz en contra de la situación, pero creo que mucha gente se olvida de que su elección refleja una situación y un contexto muy específico. Por ejemplo, el hecho de que sea el primer presidente del twitterverso… Dos meses antes de su elección yo ya sabía que iba a ganar y nadie me creía…

No sé, me encantaría hacer cambios en el mundo que me rodea a través de mi música, pero también necesito ser sincero y la verdad es que no creo que Trump sea el problema. Siempre hay un cierto comentario social en mis canciones y por supuesto que le doy importancia a muchas cosas, desde impuestos hasta los derechos de la mujer y la comunidad LGBTQ, pero de ahí a hacer un álbum o una canción contra Trump hay un paso. Siempre me he considerado una persona en contra del gobierno en general y esto no cambia nada en lo que respecta mi manera de ver y entender las acciones del gobierno de los Estados Unidos, normalmente nefastas. Así pues, mi respuesta a ’30 Days 30 Songs’ es: genial, pero, ¿qué me dices de mi vida entera? Mi estilo de vida se basa en la protesta a través de pequeñas acciones. Ser un activista no se trata de ponerte una camiseta, hacer una canción y automáticamente pasar a formar parte del ejército de la verdad.

Ser un activista no se trata de ponerte una camiseta, hacer una canción y automáticamente pasar a formar parte del ejército de la verdad.

A manera de conclusión y teniendo en cuenta todas tus facetas como artista, ¿cuál dirías que es el elemento unificador de tu carrera, lo que te hace mantener tu esencia como artista?

Cuando era muy joven, tuve una experiencia muy importante. Creo que le pasa a mucha gente: cuando te haces lo suficientemente mayor y entras en esa fase en la que te conviertes en una persona real, hay un momento en el que eres capaz de entender la magnitud del mundo real y la gente que lo habita. Es ahí cuando te das cuenta de que nunca serás capaz de experimentar ni una pequeña fracción de lo que queremos decir con la palabra conocer y es un sentimiento muy agobiante. Creo que hacer arte es una extensión de ese descubrimiento, porque es la única manera en la que puedes empujar tu pequeña fracción un poco más allá, dejándolo fluir de manera natural. Soy consciente de que nunca voy a ser tan exitoso como otros amigos míos como Mac DeMarco o Ariel Pink, pero para mí el éxito está en otras cosas. Por ejemplo, irme algún día a pasar tiempo contigo en España o que mis padres puedan oír mi canción en la radio, esos son los éxitos que a mí me interesan. Creo que lo que resume mi arte es la sinceridad. El arte es mi manera de curar mi alma, de unir todos los puntos de mi vida.

Hay algo que no le he contado nunca a nadie aparte de a mis amigos. A veces, cuando he conocido a alguien a quien le gustaba mi música como Run D.M.T., en vez de acercarse a mi diciendo que eran fans míos o que les encantaba mi música me decían: “te he escuchado y lo cierto es que sonaba como si estuvieras jugando y probando cosas al azar. Sonaba como si yo lo pudiera hacer. Gracias a ti ahora hago música”. Para mí, eso es mucho mejor que alguien admirándome sin más y diciéndome lo genial que soy. Ese no es mi propósito como artista.

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