Cuando allá por mayo de 2015 entrevistamos a Guillermo Bárcenas (vocalista y líder de Taburete), hicimos hincapié en los prejuicios que podrían surgir con una banda que tiene como cabezas más visibles al hijo del conocido ex tesorero del Partido Popular y al nieto de Díaz Ferrán, ex presidente de la CEOE.

Nosotros mismos invitábamos a nuestros lectores a romper dichos prejuicios y dar una oportunidad a su debut en largo, “Tres Tequilas” (2015), que había sorprendido a más de uno en esta casa. Dicha primigenia colección de canciones no resultaba para nada rompedora ni especialmente extraordinaria, pero sí podríamos decir que ahí Taburete conocían sus cartas y sabían cómo jugarlas de forma más o menos correcta. Ante todo, es de admirar que un grupo formado no mucho antes hubiera encontrado su nicho de público tan rápido y lo explotara tan bien, pero como el propio Guillermo nos confesaba no cree que compartan el espectro sonoro de lo que podríamos denominar ‘pop pijo’ ni mucho menos quieren ser herederos de los Hombres G. Sin embargo, basta con echar un ojo a su reciente videoclip de “Sirenas” para darnos cuenta de que, probablemente y aunque ellos no quieran limitarse a todo lo que conlleva la etiqueta de ‘pop pijo’ en un 2017 que recién acaba de empezar, parte del grueso de su público encaja ahí, por mucho que lo nieguen y digan en El Mundo que hay hasta skinheadstabureteros. Pero ese no es su único caladero de fans, ya que como bien analiza Willy, “Tenemos trece mil oyentes y quince millones de escuchas en Spotify sólo del primer disco. No hay tanto pijo en España”.

En efecto. Recientemente leía (también en El Confidencial) a Carlos Prieto hablar sobre un ensayo crítico de la escritora Grace Morales acerca de los inicios de Mecano. En dicho artículo se menciona a los propios Hombres G y esa “Devuelveme A Mi Chica” en la que “Summers se erigía en némesis macarra del pijerío”. Prieto nos entrega también un extracto curioso sobre lo que decía Morales:

¿Pijos? Me gusta mucho lo que dice la periodista Raquel Peláez de David Summers en su libro Quemad Madrid, algo como que es el tipo de madrileño que viaja en Vespa, estudia derecho o empresariales, toca la guitarra y se casa en Los Jerónimos… Esa es la definición perfecta de una clase social a la que pertenecen estos, que no sé si es pija exactamente, pero es muy reconocible.

Pues como que no va muy desencaminado de lo que podemos observar con Taburete hoy en día, ¿no? Y ojo, que a un servidor no le parece mal en absoluto que Taburete sean (en parte) ‘pop pijo’, ni mucho menos, pero si el videoclip citado no te convence como prueba, compra una entrada —si es que quedan— para su próximo gran concierto en el Barclaycard Center y juzga.

Entonces, podemos tener más o menos claro que aunque Taburete tienen parte de público de un nivel socioeconómico bien definido, no de ‘pijos’ viven los Taburete, y precisamente resulta ser el buen encaje de los de Bárcenas dentro del circuito independiente (se pasearon por un buen número de festivales el pasado verano y la cosa irá en aumento, ya veréis) su otro gran triunfo. Porque indies son, mal que pese a muchos, y ellos confiesan haber rechazado contratos con discográficas: “Hace año y medio hubi​é​ramos firmado lo que nos hubieran puesto por delante, pero ahora ya no. Nos hace más ilusión si lo conseguimos por nosotros”. Y sí, que no se me enfade ningún fanboy o fangirl de agrupaciones como Supersubmarina, Izal, Love of Lesbian, Miss Caffeina y un largo etcétera cuando digo que Taburete se ajustan perfectamente a ese prototipo mayoritario (salvando ciertas distancias) de público. O quizás no se trata de que ellos hayan encontrado su target, sino que había un sector de público huérfano de una banda con estas características y que encajara en ese engranaje de ‘indie’ pop patrio blandito y descafeinado que gusta y con el que mola identificarse en esta última década, porque es de gente ‘alternativa’ ✌🏻✌🏻.

Sin embargo, aquel “Tres Tequilas” sí exhibía un sonido bastante particular y diferente en ciertos aspectos a lo que otros grupos del circuito independiente ofrecen. Hay que destacar que su gusto por las rancheras ya quedaba más que patente ahí y los ritmos latinos aderezados de vientos metales tenían un importante peso en la mayoría de canciones, pero me van a permitir que utilice sinceridad (no se lleven las manos a la cabeza todavía) para definir esa ópera prima en comparación con “Dr. Charas”, álbum al que hoy nos enfrentamos.

Podríamos ubicarlo rápidamente dentro de lo que sería un trabajo continuista porque en realidad no juega en un plano muy distinto a “Tres Tequilas” y trata de explotar las particularidades de su sonido que les distinguen del resto, pero la impresión general tras escuchar el disco entero es que la mayoría de composición y producción del elepé se les ha ido por completo de las manos. Las letras caen en los mismos vicios constantemente, llegan a repetirse expresiones chirriantes sin nada de gracia (no significa que porque hablen una y otra vez de fiesta, jodas, guateques, amor y alcohol no se pueda hacer con gracia) y queda claro que quizás un poco más de calma y reflexión antes de lanzar “Dr. Charas” al mercado no les hubiera venido mal. O al menos otra elección de todo ese repertorio del que ya disponen según Bárcenas. Eso sí, comercialmente hablando el momento ha sido idóneo y para muestra sus conciertos más recientes, su llegada a México y los festivales a los que acudirán este verano.

Fotografía: http://www.lainformacion.com/

La insoportable levedad de “Dr. Charas”

Aunque no juega en un plano muy distinto a “Tres Tequilas” y trata de explotar las particularidades de su sonido que les distinguen del resto, la impresión general tras escuchar el disco entero es que la mayoría de composición y producción se les ha ido por completo de las manos.

Justo “Mexico D.F.” suponía el arranque de “Tres Tequilas”, un tema que encapsulaba bastante bien el sonido Taburete: tintes de ranchera, ritmo latino con vientos metales, alguna referencia (pocas en comparación a lo que vamos a escuchar a continuación) al alcohol, etc. “Al Alba” intenta hacer algo parecido pero es, para el arriba firmante, uno de los peores cortes de toda la colección, con unos vientos totalmente fuera de su sitio que anulan casi en todo momento al resto de la instrumentación y a la voz de Bárcenas, la cual, por cierto, sonaba mucho más profunda y rica en matices en “Tres Tequilas”. En “Dr. Charas” se muestra a lo largo de casi todo el tracklist (no siempre) plana, transmitiendo más bien poco, como si él mismo no se creyera las letras que canta (abismal la diferencia comparado con, por ejemplo, “Amos del Piano Bar”). No obstante, en este caso casi que mejor para que no prestemos mucha atención a una letra que… Dejémoslo ahí, “olvidémonos del pasado y disfrutemos de los amigos que nos incitan a una ronda más”. Os propongo un juego: cada vez que Willy haga una referencia al alcohol en cualquiera de sus formas, un chupito para todos. Y os reto a no ir como cubas al acabar de escuchar “Dr. Charas” (ojo a la hora de lectura de esto que luego pasa lo que pasa).

En fin, si tus oídos han podido resistir tal despliegue de sobreproducción en los metales ya desde el primer corte (que vale, que sí, que es una ranchera, pero el asunto se les ha descontrolado un poco mucho), saltamos a la homónima “Dr. Charas”. Y vaya, no empieza nada mal. Las guitarras suenan ciertamente intrigantes, aunque la voz de Guillermo vuelve a entrar igual de inapetente y… “Quiero volver a ver lo que nadie más ha visto y resucitar con la magia de su hechizo / Quiero despertar donde sólo ofrezcan vino y reflexionar sobre lo que aún no me ha dicho”. Este suavecito, de Malibú, ¡brindemos! A continuación emergen los metales, y ya estamos todos en la sala. De momento no eclipsan, se acompasan relativamente bien al resto de instrumentos y lo cierto es que aquí Taburete salvan los muebles, excepto en contadas ocasiones en las que de nuevo alguien debería haberles dicho que hasta aquí bien, pero que vale ya de salpicar todo de salsa ranchera.

Las letras caen en los mismos vicios constantemente, llegan a repetirse expresiones chirriantes sin nada de gracia (no significa que porque hablen una y otra vez de fiesta, jodas, guateques, amor y alcohol no se pueda hacer con gracia) y queda claro que quizás un poco más de calma y reflexión antes de lanzar “Dr. Charas” al mercado no les hubiera venido mal.

Con “Sirenas” han buscado un “Amos del Piano Bar” 2.0, pero no, ni de cerca. Creo que se ve hasta desde la casa de Dron que estoy lejos de ser fan o algo parecido al término de Taburete, pero esa canción tiene ese mágico algo que la convierte en una buena canción y del que ésta carece: “Y en las cantinas como bailan como cantan, se han olvidado a que huele la Luna / El día es claro, ha salido solo, te han entrado ganas de bebértelo todo”. Sí, beber. Para dentro de un trago y seguimos para bingo. A pesar de un inciso guitarrero atractivo, ¿de verdad eran necesarios tantísimos “A casa de Dron” condensados en los últimos compases del tema? Mira que es difícil, pero me ha saltado publicidad de una lista de Spotify llamada ‘Latino Caliente’ y no me ha parecido tan mala después de esto.

Ya hemos mencionado antes que las letras de Taburete no parecen querer ir más allá de la fiesta hasta el amanecer, la joda que tanto les gusta reivindicar, desinhibirse, evadirse, beber y brindar porque España va bien, pero con “El Pato” Guillermo nos da una pausa dentro de su joda eterna particular al utilizar la metáfora del pato y su liberación para hablar de la situación de su propio padre, según él mismo confesó en otra entrevista con El Mundo, aunque sea de por sí bastante evidente. No obstante, Dylan puede estar tranquilo en su sofá por ahora. La letra es valiente y controvertida en ese sentido, sí, pero eso no quita que su ejecución sea ciertamente pobre y simplona. ¿No tenían nada mejor que ‘mi padre está pagando el pato’ para hablar de un asunto francamente complejo y que podría dar tanto de sí desde una perspectiva distinta a la que estamos acostumbrados a leer y escuchar como es la del propio hijo del ex tesorero? Tiene un pasaje instrumental acertado y que no suena mal, pero es una canción que pedía a gritos romper en algo más enérgico y feroz, sensación recurrente en este “Dr. Charas”: las canciones no acaban de explotar cuando lo necesitan. En “Hijos del Soul”, por su parte, reside otro de los mayores aciertos del disco, que no es otro que el dueto con Camila Mayor en inglés. Aporta un toque de frescura necesario a estas alturas de LP (todavía nos quedan chupitos por beber, no os alarméis), pero esos alargues de las ‘o’ hacen que vuelvan a verse las costuras de Taburete y que Otis Redding o Sam Cooke, entre otros, se revuelvan en sus tumbas.

Este pop/rock melódico de estructuras casi siempre sencillitas y para cagar blandito puede beber y recordar en algunos instantes a grupos del ‘indie’ patrio actual como Izal o Supersubmarina (las letras ya es otra cosa) y también al ““““rock”””” pre-burbuja ‘indie’ (Pereza, El Canto del Loco).

Continuamos con “El Rey del Contrabando”, pieza que podría recordar en algunos momentos a Izal, con un ukelele, ritmillo caribeño y después una guitarra que se cuela entre los recovecos que va dejando una letra la cual, si bien no tiene mucho reseñable, al menos aporta ciertas dosis de humor. Pero antes, ya sabéis: “Me llaman Bambino por el whisky y por el vino y por ser el más pasao”. ¿Este de qué lo queréis? ¿Tequila, Jack Daniels o algo más suavecito antes de la recta final? En fin, que versos como “Nino bucanero ya no teme a Caminero porque entrena con la vibromax / Y cuando se acaben todas las cartas Magic compraré trescientas más” o “Y cuando me pase todo el Skyrim abriré un Don Perignon” pueden sacar alguna sonrisa que otra, lo cual en este momento no es poco. Por aquí ya huele a destilería que tira para atrás y seguramente nos hemos saltado más referencias de las que hemos contado, pero no tenemos tiempo para pararnos a pensarlo, porque inmediatamente nos trasladamos a “Kaiserlautern”. Cortita y al pie, arranca prácticamente igual que la anterior (¿no estaría mejor en otro lugar del tracklist?) para después mostrar una agradecida mayor garra en las guitarras, aunque es probablemente otro de los ejemplos más claros de que la voz de Guillermo deja mucho que desear en cuanto a expresividad, quedando o bien eclipsado o generando una sensación contradictoria respecto a la instrumentación. Algún gritito, alarido o descontrol general no le hubiera sentado nada mal aquí. A pesar de eso, la canción hace de su sencillez su mayor virtud, y sin tomarse muy en serio a sí misma (quizás por eso) es de las más agradables de la colección. Pasa sin hacer ruido y sin molestar mucho, por lo que no nos quejaremos demasiado.

¿La última y nos vamos? No, venga, antes “Johnny Pistolas”. Recuperamos la estética ranchera con protagonismo de los metales pero desde una perspectiva mucho menos infantil y ridícula que en “Al Alba”, lo que resulta un acierto y podría haber sido un buen cierre para “Dr. Charas”. Me llama la atención “Le han visto cultivando hierbabuena / Dicen que se la fuma con la Luna / Y en ocasiones oye voces del pasado al que le piden el último trago”. El nuestro no es el último, te lo aseguro, así que no sonrías tanto. En “Sirenas” Willy cantaba que “se han olvidado a que huele la Luna”, en “El Rey del Contrabando” “y ha olvidado a que huele París” y aquí “se la fuma con la Luna”. Como que un tanto repetitivo, ¿verdad?

Ahora sí que viene el último trago, “El Fin”. De tinte algo más cercano al rock patrio de hace una década, poco original y que sigue a lo suyo: “con la botella en la mano”, “cincuenta peces en mi vaso” (pobres pececillos porque sabemos que no lleva agua dentro), “Y aún cerraremos en Madrid las puertas de los bares de tu mano Lingotín”. Pues eso, un último esfuerzo aunque estemos más que bañados en alcohol y ojo al videoclip con aparición de Morata, aunque me gustó más cuando lo hizo El Pequeño Nicolás (con, creemos, referencia a Kevin Spacey y Frank Underwood incluida). El inicio con las policías ni lo comentamos y nos centramos en el instante de Willy besando el vaso con whisky o lo que lleve: ¿No es sino una perfecta instantánea de Taburete y “Dr. Charas”?

Este pop/rock melódico de estructuras casi siempre sencillitas y para cagar blandito puede beber y recordar en algunos instantes a grupos del ‘indie’ patrio actual como Izal o Supersubmarina (las letras ya es otra cosa) y también al ““““rock”””” pre-burbuja ‘indie’ (Pereza, El Canto del Loco). Sin embargo, lo que en “Tres Tequilas” fue un acierto como su acercamiento a las rancheras, aquí llegan a jugar tanto con fuego que muchas veces se queman. Han perdido toda o casi toda espontaneidad y naturalidad, lo que quita parte del atractivo de su propuesta.

En definitiva, que más allá de que se les considere ‘un grupo por y para pijos’, encajan para ser escuchados por el blanquito medio autodenominado ‘indie’ (tranquilos, todos o casi todos hemos pasado por ahí y tiene cura), sus letras son reiterativas hasta la saciedad, cayendo una y otra vez en los mismos clichés, no tienen ningún tipo de trasfondo (y cuando lo intentan con una ejecución tristísima) y sólo podrían y deberían encandilar a adolescentes y post-adolescentes con 0 preocupaciones y/o inquietudes (musicales al menos) o adultos de esta nuestra generación perdida pero cuyas circunstancias de la vida, y aquí que interprete cada uno lo que quiera, le permiten seguir jugando a ser un post-adolescente.

¿Han tocado techo mediáticamente hablando? Probablemente no, pero este “Dr. Charas” supone un paso atrás musicalmente hablando, porque su debut, seamos sinceros, no era nada pero que nada malo.

Incluso así, ¡que siga la joda! ¿Cómo no vamos a acabar perjudicados si somos rockeros?

Taburete – Dr. Charas

3.7 CREEPY RECORD

Taburete se encuentran en un momento dulce mediáticamente hablando y lo han sabido aprovechar en ese sentido. Musicalmente, un paso atrás respecto a “Tres Tequilas”, sin saber explotar de forma comedida las particularidades de su sonido respecto a otros grupos de corte similar y cayendo una y otra vez en los mismos vicios líricos.

  • La homónima “Dr. Charas” y “Kaiserlautern”, dos canciones bastante apañadas.
  • Sólo 9 canciones y menos de media hora de duración.
  • El dueto con Camila Mayor en inglés.

  • “Al Alba”. Infantil, ridícula. Ni con prescripción médica.
  • La voz de Guillermo Bárcenas ni se acerca a la expresividad de “Amos del Piano Bar”.
  • A casa de Dron”, “A casa de Dron”, “A casa de Dron”, “A casa de Dron”, “Aniram al ne etatsila”, “A casa de Dron”, “A casa de Dron”, “A casa de Dron”, “A casa de Dron”.
  • “El Pato”, por muy valiente que haya sido al hablar de algo tan personal y controvertido en España hoy en día, daba para muchísimo más.
  • Sobreproducción tanto en la estética ranchera como en los momentos en los que echamos en falta naturalidad y espontaneidad.

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