Decía Leiva hace unos años que The Rolling Stones eran poco menos que unos dinosaurios que debían haberse retirado hace tiempo para dejar paso a nuevas bandas. Esa entrevista y esas palabras le traerían serios problemas cuando, en 2014, los viejos venían a tocar al Bernabéu y la organización decidía que el madrileño era el encargado de telonearlos.

Yo estuve allí, apoyando a Leiva —que tampoco se merecía los palos— y viendo a los putos Stones. Una leyenda, más que una banda. Un grupo de abueletes que coparon el escenario con movimientos sexys y música más sexy todavía. Con una inolvidable versión de “Like a Rolling Stone” que me transportó a mi infancia, cuando la escuché por primera vez con la orgásmica armónica de Mick Jagger en el disco de directo “Stripped”, grabado durante la gira de Voodoo Lounge. En ese momento no tenía ni idea de quién era Bob Dylan y me pareció lo más razonable del mundo que esa gente hubiera compuesto una canción tan cojonuda y que se auto homenajearan incluyéndose en el título.

¡Pero el sombrero es nuevo!

Ahora, ya sé que esa canción no es suya y, la verdad, me molesta un poco que se auto homenajeen. Sobre todo con un disco de versiones que supone el número 25 de su carrera después de 10 años sin publicar material nuevo. Me suena a artículo de merchandising para coleccionistas de la banda y más aún con el cambio de logotipo. No seré yo quien critique esta nueva lengua, con una acertadísima composición cromática, pero sí que podrían haber metido algún tema nuevo, como hicieron en el anterior recopilatorio con una “Doom and Gloom” que sonaba fresca y stoniana a la vez.

En esta ocasión, la banda se enorgullece de haber grabado 11 blues en tres días, tal y como comentaron durante la presentación de este homenaje monográfico a sus inicios: “Blue & Lonesome”, que poco tiene de solitario, porque además de reunir a la banda entre las cuatro paredes del estudio ha contado con la guitarra de un tal Eric Clapton que pasaba por allí para grabar su disco y no pudo evitar colaborar con (perdón por el trillado sobrenombre) sus satánicas majestades.

Pero volvamos al momento mágico de la primera (y única) vez que he podido verlos en directo. En ese Bernabéu abarrotado estaba también la otra mitad de Pereza. No encima del escenario, como hubiera sido de esperar, sino entre el público. Rubén Pozo también le dedicó unas palabras en una de sus columnas para la ya fallecida revista Rolling Stone. En ella venía a decir que la primera vez que los vio el concierto fue una mierda y no sabía si mirar a los gigantes de las pantallas, con lo cual se perdía la emoción del directo y era más cómodo —y barato— comprar el DVD de la gira, o bien mirar un minúsculo punto en el horizonte que la organización aseguraba que era Mick Jagger.

Pero terminaba confesando que a los putos Rolling Stones había que ir a verlos siempre porque bueno… son los putos Rolling Stones. Eso lo explicaba —y justificaba— todo. Ir a verlos, escuchar su música, disfrutar de sus locuras de intocables estrellas del rock… es más un acto de fe que otra cosa.

Fotografía: http://metro.co.uk/

Desgraciadamente, no podemos evitar pensar que este álbum no es más que una estratagema para vender en lugar de un trabajo que pueda aportar algo más a la historia de la banda.

Por eso siempre hay que darle una oportunidad cuando sacan nuevo material. Aunque te preguntes cómo Keith Richards puede tener ese mojo con sus dedos artríticos en “Just Your Fool”. Un blues movido y erótico con la armónica de un Jagger que la desparramará por todo el disco. Un clásico del R&B de los 50 con el que los primerísimos Stones disfrutaban en directo. Igual que Hank Moody (el Duchovny que todos recordaremos) tenía un póster en la pared de su oficina del FBI que rezaba ‘I want to believe’, yo quiero creer que Richards efectivamente se cayó de aquel cocotero. Quiero creer que es capaz de detener la lluvia con el palo de un chamán. O que duerme con un arma bajo la almohada por si acaso, que nunca se sabe. Pero sobre todo quiero creer que sigue siendo un guitarrista con un sonido único capaz de lo mejor. Esto queda patente en “Commit a Crime”, un medio tiempo de esos en los que The Rolling Stones tienen el Nobel de Química. Con muy pocos elementos es capaz de crear una rítmica pegadiza y resultona.

Algo así ocurre con “Blue and Lonesome”, un blues más negro que el carbón que recuerda a B. B. King e incluso a ratos a Led Zeppelin en la vibrante interpretación de Jagger, que vuelve a dar una lección de cómo se canta este género musical. Llegados a este punto del disco, no podemos evitar sentir que ya hemos oído todo lo que tienen que ofrecernos los Stones. No me entendáis mal, me encanta el blues, muchos de mis mejores amigos son bluseros, pero no puedo negar que este tipo de música es para escucharla (o practicarla) un rato. “All of Your Love” resulta más de lo mismo, a pesar de la inclusión de un solo de piano que me vuelve a poner en la cabeza la idea de que The Rolling Stones no han querido hacer nada nuevo en este trabajo. Sin embargo, “I Gotta Go” nos pone en marcha de nuevo con un blues correcaminos que comienza con la magnífica armónica de Jagger, la cual volverá a berrear en el puente. Aquí es donde llega Eric Clapton para sumarse a la fiesta, con ese slide casi pornográfico con el que comienza “Everybody Knows About My Good Thing”, un blues de corte más actual y lento que los anteriores. Manolenta volverá más tarde para cerrar el disco, pero antes los Rolling firman la más stoniana de las versiones de este disco: “Ride ‘Em On Down”.

Este regreso a los orígenes, al blues, a lo que queramos llamarlo, no puede recordarnos más a aquel momento en Los Simpson en el que los devotos e incondicionales se abalanzan a por la Stacy Malibu con sombrero nuevo.

Pero no todo podían ser buenas noticias. En esta parte del disco se inicia una caída libre con la ramplona “Hate To See You Go”, que comienza con un repetitivo ritmo que sólo se ve alterado por la armónica. Algo similar a lo que ocurre con “Hoo Doo Blues”. Y para tocar fondo, pero de verdad, llega “Little Rain”. Una canción aún más lenta a la que parece han bajado el pitch en el estudio en una incomprensible edición sonora que hace parecer que Jagger estaba borracho en el momento de la grabación. A pesar de eso, como experimento psicodélico no está mal y puede retrotraernos al “Dazed and Confused” de Led Zeppelin. Menos mal que rápidamente volvemos a bailar con un swing titulado “Just Like I Treat You”. Para esta versión regresan los pianos, lo que se agradece para darle un poco de aire al conjunto del CD. Y para cerrar, Clapton vuelve a hacer su magia y convierte a la banda en un quinteto de lujo en “I Can’t Quit You Baby”. Quizá la mejor canción de las 11, que se salva por la interpretación del vocalista y por el magnífico solo que nos regala el invitado de excepción.

Desgraciadamente, no puedo evitar pensar que este álbum no es más que una estratagema para vender en lugar de un trabajo que pueda aportar algo más a la historia de la banda. Los auténticos fans se tirarán a por él, lo comprarán, lo saborearán y lo dejarán bien guardado en la estantería para cuando estos viejos decidan retirarse (porque está claro que nunca morirán). Pero para mí no es más que una Stacy Malibu con sombrero nuevo.

The Rolling Stones – Blue & Lonesome

6.0

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The Rolling Stones llevaban una década sin publicar nada ‘nuevo’ y la cruel multinacional que los explota decidió que era el momento adecuado para sacar su vigésimo quinto disco. Un homenaje a sus primeros años que supone una cuidada elección de repertorio, la ocasión de volver a escuchar material ‘nuevo’ (nunca sabemos si será el último) y todo con una gran ejecución y producción (faltaría más). Ah, y un logo nuevo.

Up

  • Cuidada elección del repertorio.
  • La armónica y la voz de Jagger, que sigue muy en forma.
  • Gran trabajo de producción. Todo lo que hay en el disco suena genial.
  • Las apariciones estelares de Eric Clapton.

Down

  • El concepto suena más a estrategia de marketing navideña que a otra cosa.
  • Pensar que un logo ‘nuevo’ puede ser suficiente para vender discos… y tener razón.
  • No pasará a la historia salvo por el ser el número 25 de la banda.
  • Algunos temas lentos hacen caer bastante el ritmo del disco.