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o queríamos dejar pasar en El Quinto Beatle la oportunidad de hacer una recopilación de los que para nosotros han sido los mejores discos de música electrónica de 2016. Después de repasar nuestros discos favoritos internacionales, nuestra música nacional preferida de 2016, los que han sido para nosotros los mejores debuts del año, y de sacar nuestra vena guitarrera con los mejores discos de rock, y los mejores álbumes de garage, le llega el turno a los sintetizadores, a las mesas de mezclas, a la producción y a los sonidos más espaciales. Pero, ¿cuáles han sido los álbumes que hemos considerado como discos electrónicos? Pues todos aquellos que giran en torno a música que da suma importancia a la producción digital, al énfasis de los sintes como elemento conductor, a la modulación de las voces mediante la tecnología o a la recopilación de sonidos para nuevas creaciones. La electrónica siempre ha sido un término difuso, que recoge una amalgama de subgéneros que van desde el EDM de Calvin Harris hasta corrientes alternativas y experimentales como el nu jazz de Bonobo, pasando por el industrial, el EBM, el synthpop, la new wave, el techno, el acid house… De todo ello, hemos recopilado los que nos parecen los diez mejores discos del año, en los que hemos tratado de abarcar lo máximo posible todos estos subgéneros que determinan a una etiqueta tan amplia. Lean, escuchen y disfruten.


 

10James BlakeThe Colour In Anything

Los anteriores álbumes de James Blake se caracterizaban por una frialdad aséptica propiciada por letras crípticas y sintetizadores punzantes. En “The Colour In Anything” seguimos encontrando los eternos teclados del británico, pero en esta ocasión tienden a abrazarte mientras confeccionan estructuras menos rotas. Si a esto le sumamos la figura de un Blake derrotado en el amor y presionado por la concepción de este nuevo disco encontramos las melodías idóneas para que el músico se muestre tal y como es. Esta apertura en canal se encuentra en temas íntimos como “Waves Know Shores” o el propio “The Colour In Anything”, y también en contrapuntos donde la rabia y el dolor se apoderan del músico para entregar algo abrasivo, como “Two Men Down” o “Modern Soul”. Alrededor de cortes de carácter más novedoso también hay cabida para sus señas de identidad. Fijémonos en la dulce colaboración con Bon Iver, un tema tranquilo que trae algo de calma y luz fría, o en la voz de “Meet You In the Maze”, donde las diferentes y profundas líneas de vocoder llegan al alma. En definitiva, se trata de un álbum auténtico en el que encontramos belleza dentro del dolor romántico. No apto para impacientes ni para personas demasiado sensibles.

9Glass AnimalsHow To Be A Human Being

Pocas veces nos podemos encontrar en formato disco una secuencia de historias tan pintorescas como la que nos ofrece la banda inglesa Glass Animals. En términos generales, definimos “How To Be a Human Being” como un álbum de interesante calado reflexivo, donde optan por un sonido a caballo entre la electrónica más comercial (no podemos negar la presencia de los tintes tropicales, en tendencia desde el año pasado) y otra más étnica y oscura. El mensaje es claro en todo momento: el ser humano es perfecto dentro de su mundo irregular, crítico y contradictorio si somos un poco conscientes de la multiculturalidad y el significado de lo políticamente correcto. Temas que resultan tabú en nuestra actualidad como es el sexo, la desigualdad social y laboral (sobre todo en estos tiempos de crisis) son acercados con encanto, gracias a la labor de Dave Bayley como poeta contemporáneo y narrador de estas historias que se hilan a la perfección. No hay que dejar escapar el sonido caleidoscópico de “Life Itself”, los pequeños guiños festivaleros al sintetizador de “Pork Soda” o quizás sonidos más íntimos y cercanos al sonido R&B más sensual como “Season 2 Episode 3”. A diferencia de su debut “ZABA”, el segundo trabajo de los de Oxford es un rompepistas elaborado magistralmente, dentro de la espontaneidad y la polémica fórmula del easy-listening.

8ANOHNIHOPELESSNESS

¿Cuándo nos convertimos en un virus para la Tierra? Alrededor de esta pregunta orbita “HOPELESSNESS”, el debut de ANOHNI. Antes conocida como Antony Hegarty, al cambiar de nombre ha querido concebir un álbum con el que denunciar aquello que encuentra mal en nuestro mundo. Dedica palabras a Obama, al cambio climático, a las guerras… En este disco de canción protesta, ANOHNI se encuentra arropada por la producción de Oneohtrix Point Never y Hudson Mohawke, quienes aportan dosis de electrónica para dotar a los temas de energía y elegancia. Basta escuchar “Drone Bomb Me”, el tema que abre el largo, para darse cuenta. El elepé viene poblado de melodías destellantes y sintetizadores que adquieren cada vez más cuerpo mientras ANOHNI canta acerca del carácter parásito del ser humano. Su voz tan característica flota por las canciones desplegando críticas que consiguen, sin duda, penetrar en el público.

7The Radio Dept.Running Out of Love

La banda sueca ha dado un viraje en este 2016, abandonando su ambientación más cercana al dream pop y girando hacia un sonido electrónico heredero de la new wave, donde se hacen patentes las influencias de New Order, de Orange Juice, y, especialmente de los Pet Shop Boys. “Running Out Of Love” tiene un tipo de instrumentación, producción y tratamiento de la voz que hace que durante todo el álbum tengamos presente al dúo formado por Neil Tennant y Chris Lowe, por lo que si eres fan de Pet Shop Boys a buen seguro disfrutarás de lo último de The Radio Dept. Respecto a la temática, el antibelicismo es el elemento central del compacto, empezando por la portada –un cuadro de 1976 sobre la Segunda Guerra Mundial del pintor ruso Gueli Korzhev– y siguiendo por cada uno de los temas, en los que se esbozan ideas como la necesidad de abrir la mente para ser un poco más libres, la expresión del dolor que causa una guerra o la idea de que un mundo en paz sólo puede ser aquel en el que toda persona duerma. A pesar de no haber inventado nada, es evidente que han sabido coger lo mejor de aquellos grupos que han tomado como referentes para este cambio de trayectoria.

6Crystal CastlesAmnesty (I)

El cuarto álbum de los canadienses venía marcado por la marcha de Alice Glass, la carismática cantante del dúo de punk electrónico y witch house más influyente de los últimos años. Su sustituta, Edith Frances, ha supuesto un continuismo absoluto, haciendo que el sonido del grupo continúe por la línea que había quedado marcada en “Crystal Castles (III)”, y haciendo evidente algo que ya sospechábamos: quien daba la seña de identidad al grupo era Ethan, detrás de sus teclados, sus sintetizadores y sus mesas de mezclas. En “Amnesty (I)” han incorporado un ambiente más retro, más ochentero, pero a la vez se ha visto la influencia en las bases, sorprendentemente para bien, de nuevos subgéneros como el trap. Cuenta, además, con unas letras propias de la oscuridad que les envuelve, en la que se habla bastante del concepto freudiano del ‘Tanatos’ que identifica al instinto de muerte con algo que una parte del ser humano busca, en contraposición al instinto de supervivencia o ‘Eros’, por llevar implícita la relajación. Con todo ello se consolidan, a pesar de la crisis sufrida, como la mejor banda de su género.

5Nicolas JaarSirens

Sin duda, el álbum de Jaar ha sido una de las gemas electrónicas de este año. En “Sirens” nos propone interpretar su música como un espacio político que invite a la reflexión. Pero, no obstante, usa ese mismo espacio para abrirse en canal, regresando a sus raíces chilenas para vestir un diálogo que abarca el pasado y el presente. Su sutileza y sofisticada sonoridad teje unas alusiones que probablemente se acaben convirtiendo en su propio sello de identidad. Y es que tras este álbum, Nicolas Jaar se confirma no sólo como referente de la electrónica, sino como todo un activista musical.

4beGunAmma

Desde Barcelona nos encontramos con uno de los mejores debuts de 2016, y llega en un género que en España no acostumbra a aportar demasiados nombres: la electrónica. “Amma” es un disco precioso, en el que la naturaleza es la protagonista a través de un sonido envolvente que recoge influencias que van desde la música étnica hasta el minimal, pasando por el dream pop. BeGun refleja con esta producción una celebración de la vida desde su elemento más sencillo y a la vez más complejo: el agua, cuyo sonido aparece en muchos de los cortes, compartiendo protagonismo con pistas de audio extraídas de documentales del National Geographic y posteriormente mezcladas. El futurismo, la vanguardia europea y la tradición africana se entremezclan en un trabajo cuya escucha es toda una experiencia. En algunos momentos, en los que las marchas animales se combinan con los bits del techno y el trance más actual, tenemos la sensación de encontrarnos en una rave perdida en medio de un safari. Magistral y muy recomendable la ópera prima del barcelonés.

3The AvalanchesWildflower

El trío australiano The Avalanches debutó en el año 2000 con el excelente “Since I Left You”. Dieciséis años después han decidido ponerle continuación con “Wildflower”, un disco que llama la atención por la multiplicidad de estilos que le dan forma, adoptando influencias de la música más experimental, pero también del R&B más exquisito. El movimiento hippy y la contracultura de finales de los 60 han sido fundamentales para desarrollar un concepto de música determinado también por el ambient rock o el hip hop, y que guarda ciertas similitudes con Gorillaz, la banda de dibujos animados, detrás de la cual se encuentra Damon Albarn. Canciones memorables como “Frankie Sinatra”, que incluye un sample de la mítica “My Favourite Things” de la película Sonrisas Y Lágrimas, “Subways” o “Colours”, totalmente diferentes entre sí, y colaboraciones como la de Ariel Pink o la de Father John Misty hacen de “Wildflower” una de las propuestas más frescas, divertidas e innovadoras que hemos tenido en este 2016.

2Bon Iver22, A Million

It might be over soon” es el quejido con el que abrimos “22, A Million” de Bon Iver, un álbum nacido por la presión y la ansiedad de seguir contentando a un público que espera que nuestro artista supere las expectativas impuestas por su anterior obra. Esa frase es un poso de tranquilidad en la vida atormentada de Vernon, que busca expulsar sus propios demonios interiores sin que por ello resulte algo completamente ajeno a quien escuche el disco. Busca moverse de hablar de ‘uno mismo’ al ‘millón’. Para ello hace uso de la electrónica y de melodías que, en ocasiones como “10 d E A T h b R E a s T ⚄ ⚄”, resultan del todo abrasivas creando un contrapunto interesante con temas más espirituales y oníricos como “8 (circle)”. Esta contradicción no hace más que poner de manifiesto el caos que abarrota su ser. La voz altamente modulada provoca que en ocasiones parezca que escuchamos el lamento doloroso de un ser robótico, pero detrás de este trabajo quien se encarga de mantener todo en orden no es otro que un Justin Vernon que ha entregado su álbum más experimental y arriesgado hasta la fecha.

1AnenonPetrol

Después de mucho debate, en la redacción de El Quinto Beatle hemos llegado a la conclusión de que el mejor disco de electrónica del año es “Petrol” de Anenon, seudónimo bajo el que se esconde el productor y saxofonista californiano Brian Allen Simon. A principios de 2016, el músico irrumpía con este maravilloso trabajo que no tardó en conquistarnos. Su receta es la de explorar sonidos que van desde la suavidad jazzística de Nueva Orleans hasta el acid house y el techno holandés de finales de los 90. La envoltura de nu jazz que tantas alegrías nos ha dado últimamente (Four Tet, Floating Points…) es el bastión principal de una colección de piezas instrumentales que exhiben fragilidad, sensualidad e influencias tan dispares como el compositor argentino Astor Piazzolla o uno de los DJs más laureados del cambio de siglo como es Armin van Buuren. El ritmo de las olas del mar da continuidad a temas exquisitos como “Body”, “Mouth” o “Petrol”. Es cierto que por su subgénero estamos ante un álbum minoritario, pero por esa misma razón nos alegra aún más el haberlo elegido como el mejor de 2016.