Es difícil sacar tiempo y ganas para acercarse a un álbum doble, un formato que hoy en día parece menos viable que nunca, debido a la rapidez con la que vivimos, a la cantidad de discos que se publican cada semana, y a que, sencillamente, cada vez se escuchan menos discos y más listas de Spotify. Por ese motivo, lanzar un trabajo de estas características en la actualidad es todo un acto de valentía, más en un país como España, en el que si bien el panorama underground goza de una vida activa y más o menos sana, no pasa de ser una minoría bastante discreta. En esta escena se aventuran los madrileños Melange con un disco debut homónimo con el que no quieren dejar a nadie indiferente.

“Melange”: cuando el Sur se torna árido y hostil

Lo que presentan en este nuevo proyecto es un disco grandilocuente en el que se mueven por una variedad de estilos muy rica con una suavidad, una maestría y una naturalidad endiabladas. Si tuviéramos que encasillarlo dentro de un gran género, podríamos encajarlo en la psicodelia, pero eso sería quedarse muy corto.

Quizás el nombre de Lüger le suene a alguien, y es que Melange cuentan con algunos de sus miembros. Son Daniel Fernández al bajo, el sitar y la voz, y Mario Zamora a los teclados, además de Miguel Rosón a la guitarra y a la voz y Adrián Ceballos a la batería. No son estos cuatro muchachos los únicos partícipes del monstruo que destripamos hoy, pues también han colaborado Carlos Domingo a la guitarra, Sara Muñiz a la viola, Luis Erades con el saxofón y Marcos Monge con el clarinete.

Lo que presentan en este nuevo proyecto es un disco grandilocuente en el que se mueven por una variedad de estilos muy rica con una suavidad, una maestría y una naturalidad endiabladas. Si tuviéramos que encasillarlo dentro de un gran género, podríamos encajarlo en la psicodelia, pero eso sería quedarse muy corto. Melange juegan con la psicodelia de toque añejo, más cercana a The Doors que a la neo-psicodelia de hoy en día de grupos como Tame Impala o The Horrors. Este toque añejo viene dado también por su gusto por el folk y el carácter popular y pintoresco de sus canciones, además de por desarrollos y detalles más típicos del rock progresivo que a veces incluso nos traen a Steven Wilson a la mente. A ello hay que sumarle retazos stoner y los detalles que nos hacen darnos cuenta de que estamos ante un álbum nacional y no ante el enésimo compacto de psicodelia grabado en El Rancho de la Luna: tintes de flamenco, instrumentos folclóricos como el clarinete y voces con los dejes característicos de la música popular (y en español, claro). De hecho, este trabajo se grabó en Producciones Peligrosas, un estudio de la Alpujarra de Granada, por lo que el regusto a la música española se puede saborear en todo momento.

Melange juegan con la psicodelia de toque añejo, más cercana a The Doors que a la neo-psicodelia de hoy en día de grupos como Tame Impala o The Horrors.

No olvidemos que hablamos de un álbum doble de nada más y nada menos que 15 canciones que llegan a la hora y cuarto de duración, por lo que mejor empezar a desgranar ya el disco y ponerse con “La Cosecha”, tema instrumental que mezcla diversos estilos y riffs de guitarra con un fragmento que se mueve y coquetea con el rock progresivo. Los coros de este tema enganchan con “Solera”, primer momento álgido en el que la melodía de voz sale a relucir junto a la guitarra, haciendo gala de ese rock lisérgico de aires folclóricos, con fragmentos que otra vez se pierden y nos hacen perdernos con ellos en una locura instrumental de baterías y sintetizadores. De eso va la psicodelia, de virar sobre uno mismo una y otra vez, de llevar una idea al extremo y retorcerla. Pero por si fuera poco, los toques progresivos acaban dándole un final muy épico.

Tras dos canciones que ya nos hacen entrar en calor, suena “Conan”, un tema de puro guitarreo y lisergia, a caballo entre la psicodelia sesentera y los revivals actuales de grupos como Night Beats o Wooden Shjips. Melange no se cortan a la hora de hacer sus temas grandilocuentes, incluso cuando intentan sonar más comedidos es inevitable sentir una épica latente en canciones como “Verdiales del Encuentro”. La mezcla perfecta de folclore y psicodelia se presenta en “Viaje a Cenera” mediante riffs de guitarra, panderetas y, por supuesto, el sitar. Melange no es un grupo de estribillos, o al menos no hacen que el peso de sus canciones recaiga en estos, a veces se dejan ir por otros derroteros, y otras van y vuelven sobre los mismos, dejándonos con la miel en los labios.

Probablemente sean conscientes de que un disco de psicodelia que supera la hora de duración es una apuesta arriesgada, pero su capacidad para combinar distintos estilos y sonidos tanto de fuera como de su propia tierra hacen que el conjunto sea entretenido en todo momento.

Los Ojos Negros – Bulerías de Düsseldorf” y “Beti Jai – Capricho Sefardí” son dos grandes ejemplos del bagaje musical que el grupo maneja. Pocas palabras son necesarias para describirlos, pero sí cabe destacar el uso de la viola y de las voces como simple acompañamiento en estos temas. Tras estos llega “Nuevos Ritos” y la psicodelia más lisérgica se apodera de nosotros, con teclados que parece que por momentos se vayan a ir al space rock, pero manteniéndose siempre en tierra. Riffs, juegos de voces y aires de misticismo para un grupo que canción tras canción no deja de sacar partido y de jugar con su sonido. “Despertar” continúa por la misma senda, volviendo a dar más protagonismo a las voces y con un final por todo lo alto. En “In The Hands Of Time” se atreven con el inglés, aunque no pierden su sonido característico, si bien no destaca tanto como otros temas y queda como algo anecdótico.

Y poco más les queda ya por ofrecer. No porque se acabe el disco, todo lo contrario, para el final se dejan “Las Dunas de Diabat”, una canción de carácter más fiestero, de baile alrededor de una hoguera, con una percusión muy diversa; además de otras tres piezas que son puro divertimento, el dejarse llevar a la enésima potencia, como en esa “Las Olas del Mar” con instrumentos de cuerda que tan bien transmiten la sensación de ir en un barco a la deriva, recordando casi a la banda sonora de cualquier película de piratas. Frente a esta presentan “La Montaña”, pieza directamente opuesta con un carácter más cerrado y críptico a su vez, dominada por el sitar. Un disco tan altilocuente no podría despedirse de otra manera, y así nos dejan una “Tríptico de Tobalá” con instrumentos de viento, guitarras, cambios de ritmo, teclados que a veces llegan a rememorar a Ray Manzarek y sus ya características progresiones.

Es difícil definir o hablar de un disco hechizado por la psicodelia, puesto que su propio cometido es el de transportar al oyente a lugares inhóspitos, el de provocar sensaciones directas a través de sonidos que si bien un oyente medio del género ya encuentra reconocibles, nunca dejan de ser un placer, y reflejar esto con palabras es prácticamente imposible. Melange quieren que les escuches sin ninguna pretensión y que disfrutes tanto como ellos lo hacen tocando, sin importar si decides darte un atracón con los dos discos que componen el álbum, o diversificarlo en pequeñas dosis. Probablemente sean conscientes de que un disco de psicodelia que supera la hora de duración es una apuesta arriesgada, pero su capacidad para combinar distintos estilos y sonidos tanto de fuera como de su propia tierra hacen que el conjunto sea entretenido en todo momento y que sorprenda en diversas ocasiones. Las melodías son suaves y los toques folclóricos también facilitan su digestión. Trabajos como este demuestran que la psicodelia va mucho más allá de desiertos áridos procedentes del Nuevo Mundo.

Melange – Melange

8.5 HOT RECORD

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Trabajos como el de Melange hay que disfrutarlos, vivirlos y propagarlos, y es que no todos los días se pueden ver discos así en nuestro país, con un sonido árido propio de la psicodelia más clásica procedente de América y con toques folclóricos y un aroma popular propios de la música española. Una combinación de riffs y melodías armoniosas muy acertada que hará las delicias de todo amante de la música de guitarras.

Up

  • La diversidad de su sonido, tocan muchos palos y todos bien.
  • El toque popular que da distinción al trabajo.
  • Una gozada en cuanto a melodías, instrumentos y desarrollos de las canciones propios del rock progresivo.

Down

  • Puede haber a quien se le haga algo pesado por su duración.
  • “In The Hands of Time” afea un pelín el conjunto.