Según mi yo filosófico, existen principalmente dos tipos de cambio. El primero sería el cambio repentino, proceso que normalmente tiene lugar en el espacio de tiempo denominado comúnmente como un ‘abrir y cerrar de ojos’. En este, el sujeto en cuestión se ve envuelto en una metamorfosis radical en la que una serie de transformaciones, físicas o no, hacen difícil reconocer a dicha persona una vez el proceso ha tenido lugar. El segundo es el cambio progresivo, manifestándose éste de manera sutil, regular y prolongada en el tiempo. ¿A qué viene esto? Cabe preguntarse. Pues viene a que Childish Gambino acaba de sacar nuevo álbum y un servidor está todavía intentando encontrarle sentido a tamaña maniobra de evasión musical.

Se dice, se comenta, que su nuevo proyecto no tiene nada que ver con ninguno de los trabajos que el señor Donald Glover ha lanzado anteriormente. Lo cierto es que esto es una verdad a medias, ya que mientras nunca antes ha citado Gambino géneros como el funk o el soul de una manera tan directa, también hay que decir que tampoco ha dejado de mostrar un creciente interés por estilos que se alejan del hip-hop convencional. En “Camp”, su primer álbum, un Gambino musicalmente adolescente se deshacía en rimas de tono alto y textura bronca, mostrando ya un pueril interés por la relación simbiótica entre el beat y el MC de clara influencia marca Kanye. En “Because the Internet”, proyecto de duración innecesaria y destino dudoso, el mismo Glover se presentaba serio a cámara para enseñar, de manera cuestionable, que sus intereses iban más allá del destartalado tiroteo de one-liners. En “Kauai”, el rapero se disfrazaba de vocalista de soul para cantar pop radiofónico…

“Awaken, My Love!”: Gambino digievoluciona en…

Uno no puede evitar sentir una cierta sombra del viejo Gambino que, sepultado en guitarras eléctricas y majestuosas líneas de bajo, grita de furor, pues por fin ha conseguido encontrar la voz musical que tanto se le ha resistido.

Nada que haya hecho antes es comparable a la maravilla psicodélica desarrollada en los once temas de  “Awaken, My Love!” y, sin embargo, uno no puede evitar sentir una cierta sombra del viejo Gambino que, sepultado en guitarras eléctricas y majestuosas líneas de bajo, grita de furor, pues por fin ha conseguido encontrar la voz musical que tanto se le ha resistido. ¿Es este un cambio repentino o progresivo? Supongo que nunca lo sabremos, puesto que en este caso los separa una fina línea. “Awaken, My Love!” es una deliciosa fantasía psicodélica, un tremendo esfuerzo del alquimista Gambino por combinar su circunstancia personal con su circunstancia histórica, que no sólo cuenta con un aspecto racial, sino también artístico, social y cultural. Digamos que su nuevo LP es un poco de todo. Es repentino, es sutil, es progresivo y lo que es más importante: es necesario.

Fotografía: http://www.npr.org/

“Awaken, My Love!” es una deliciosa fantasía psicodélica, un tremendo esfuerzo del alquimista Gambino por combinar su circunstancia personal con su circunstancia histórica, que no sólo cuenta con un aspecto racial, sino también artístico, social y cultural.

Tras un apretón de manos con tacto de mármol y sintetizadores de seda, un desgarrador aullido soul nos raja los tímpanos para introducir “Me and Your Mama”: «Do what you want!”. Pocas palabras más hacen falta para dejar entrar a empujones a un Childish Gambino que nos ha ganado desde el primer momento en el que el distorsionado riff de guitarra rompe en escena para hacer un lío cronológico en el que 1970 y 2016 se funden en uno. El momento de descenso final nos encuentra con el pelo alborotado, los tímpanos temblando y las pupilas dilatadas. ¿Qué acabamos de escuchar? No hay tiempo para respuestas. No necesitas, de hecho, ninguna respuesta; sólo necesitas amor, así que tenlo: “Have Some Love” te lo está diciendo a ritmo de groove buenrollista, un género que me acabo de inventar pero que encaja a la perfección con los coros góspel de esta maravilla nostálgica que sigue desencajando nuestros esquemas de lo bueno y lo malo, la derecha y la izquierda y el cielo y el infierno.

¿Infierno? Sí, infierno. Más concretamente el de “Boogieman” y su funk maligno que, con un mensaje simple pero efectivo, remueve conciencias con su clara crítica a los estereotipos raciales: «But in the bounds of your mind / we have done the crime”. La detallista producción se beneficia de un gran uso de la dinámica, tan variada que se introduce con facilidad en el siguiente tema sin que casi lo advierta un hipnotizado oyente que se parece ya a uno de esos “Zombies” de los que Glover ha empezado a hablar sin que nos demos cuenta. No tan parecido quizás, teniendo en cuenta que estos zombies no comen carne, sino dinero. Estos zombies no beben sangre, sino fama: «We’re eating you for profit / There is no way to stop it”. Para los cinéfilos, si esa instrumental suena conocida es porque usa la misma progresión de acordes que la ochentera banda sonora de Drive, un detalle tan aleatorio como el disco lo es en sí mismo. Aleatorio como es también el título de “Riot” para un quinto corte que, por desgracia, no suena ni la mitad de agresivo de lo que debería. Una pena, ya que un tema con mucho potencial acaba resultando corto, insulso y, en definitiva, un momento poco memorable dentro de un álbum que estaba en racha. Nadie es perfecto.

Su música es un vínculo de unión entre lo que vino y lo que viene, entre ancestros y descendientes, entre tradición y vanguardia.

Redbone” es el escogido para marcar el exquisito ecuador del álbum. Con su falsete digitalizado y su bajo profundo, el tema fue juciosamente escogido como segundo adelanto de  “Awaken, My Love!”, llevando con orgullo el estandarte con el nuevo escudo de Gambino en el centro. Aparte de ser, en mi opinión, uno de los mejores cortes del álbum, si no el mejor, tiene este tema algo que me resulta curioso sobremanera, y esto es la influencia de un grupo tan inesperado como Tame Impala. Sí, exacto, lo he dicho, y todo el que se ponga a escuchar la instrumental, especialmente en la parte final, me tendrá que dar la razón cuando digo que “Redbone” no existiría si “Currents” no hubiera salido el año pasado. Ya lo he dicho.

¿A dónde se va uno después de semejante temazo? Pues si no hay más remedio, tendrá uno que irse a “California”. Tranquilo si no te gusta de primeras, pues con unas cuantas escuchas aprenderás que esta fiestera canción adolescente se acaba disfrutando, incluso con su molesto autotune, que consigue darle un destacable tono de originalidad. Recomendaría, sin embargo, que uno no se meta demasiado en el humor fiestero, pues en “Terrified” Gambino realiza un requiebro estilístico repentino para traernos, en mi opinión, otro de los mejores momentos de este disco, volviendo a esa atmósfera psicodélico-espacial que tan bien le parece funcionar.

El resultado está aquí, en esta maravillosa pieza de arte que, si bien peca de extraer mucho jugo de los clásicos, se muestra consciente de ello desde el primer momento y no defrauda en ningún sentido.

En esta tesitura comienza el álbum una recta final que continúa con “The Night Me and Your Mama Met para rendir tributo al funk psicodélico de los setenta, recogiendo claramente sonidos que bien podrían estar extraídos de un álbum de Parliament-Funkadelic. La poderosa instrumental introduce el reflexivo tema final: “Stand Tall”, que continúa en el mismo entorno musical para introducir una de las actuaciones vocales con más sentimiento del álbum. Siendo el perfecto final para un más que recomendable hito musical del año, el track recoge a la perfección la esencia de “Awaken, My Love!”, pasando por todos sus estilos e influencias, autotunes y flangers, carencias y virtudes. Al final, uno de los quejidos souleros de Gambino queda entrecortado en lo que pasa como un problema de producción intencionado. ¿Una pista advirtiendo de que el nuevo Gambino no ha hecho más que empezar? Esperemos que sí.

Gambino ha cambiado, ha cambiado mucho… Ha metamorfoseado. El resultado está aquí, en esta maravillosa pieza de arte que, si bien peca de extraer mucho jugo de los clásicos, se muestra consciente de ello desde el primer momento y no defrauda en ningún sentido. Todo gran álbum que se precie debería representar un gran momento para la música, transmitiendo un sentido de emoción casi histórico al oyente que se sumerge por primera vez entre sus armonías. Este trabajo cumple esas expectativas con creces. Su música es un vínculo de unión entre lo que vino y lo que viene, entre ancestros y descendientes, entre tradición y vanguardia. Sirva “Awaken, My Love!” como faro musical en la lejanía para un Childish Gambino que se ha descubierto a sí mismo. Estaremos pendientes, a partir de hoy mucho más, de su trayectoria.

Childish Gambino – Awaken, My Love!

8.5 HOT RECORD

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Childish Gambino dice adiós a su larva para convertirse en una colorida mariposa musical en la que funk, hip-hop y soul se dan la mano para formar un crisol indispensable y de carácter único en el panorama musical actual. Nostalgia y vanguardia, todo en uno.

Up

  • La destreza para recuperar un género como el funk de una manera tan fresca.
  • La producción detallista y esmerada, muy influenciada por la neo-psicodelia.
  • El inesperado cambio de registro de un Childish Gambino que ha demostrado que no todo estaba perdido.

Down

  • En ocasiones se apoya demasiado en la nostalgia setentera, sacando a relucir sus carencias.
  • Se echa en falta alguna muestra más convincente de la calidad vocal de Gambino.
  • La experimentación se queda muchas veces a las puertas de terrenos que sería interesante explorar en futuros proyectos.