Antes de empezar a adentrarme en “Woman”, el nuevo disco de Justice, querría compartir una reflexión con todos vosotros, lectores de El Quinto Beatle. Llevo varios días dándole vueltas al disco tratando de sacarle el lado positivo. Nunca he sido partidario de eso a lo que llaman espíritu hater. Digamos que si algo no te gusta, simplemente déjalo. Podría decirse que soy hater de lo hater, valga la redundancia. Llevo días tratando de sacar algo positivo del disco de Justice para no criticar por criticar, como decían Fangoria hace ya unos cuantos años. Y a pesar de ello me está resultando muy difícil extraer lo mejor de este LP, que es un patinazo inesperado del dúo francés al que un día se comparó con Daft Punk. Pero de aquello ha pasado casi una década. Hoy, Daft Punk siguen siendo grandes; se han reinventado y reafirmado con ese magnífico «Random Access Memories” de cuya publicación sorprendentemente ya han pasado tres años, y por el contrario la estrella de Justice parece apagarse sin señal alguna de que la tendencia pueda cambiar.

“Woman”: amalgama de influencias disco, techno y dance para un compacto intrascendente

Pero vayamos por partes. Como ya he dicho, me gusta tratar de buscar lo mejor, por complicado que pueda parecer. “Woman” es a todos los efectos intrascendente. Vale, no llega al nivel de lo último de Kings of Leon, pero es de esos álbumes que se escuchan una vez y se pierden en el olvido. A pesar del no abultado número de temas, todos y cada uno de ellos se alargan hasta el hastío sin sentido, el disco se recrea en los pasajes más casposos y aburre a partir de la tercera canción. Miento. A partir de la cuarta, pues la tercera es ese “Alakazam!” que esconde el único momento en el que Justice se parecen cualitativamente a los que un día nos hicieron partir la pista de baile con “D.A.N.C.E.”, “Waters Of Nazareth” o “Phantom II”, pinchados hasta la saciedad en las salas indies de Madrid. Es una pena, pues el de “Woman” era uno de los lanzamientos más esperados de 2016, aunque nada bueno parecía avecinarse cuando descubrimos que el flamante regreso de Justice, tras un lustro de silencio, era ese fallido “Safe And Sound”.

Por último, hay patinazos de calidad musical que pueden entenderse si se mira a las listas de éxitos. Aunque echemos de menos a los Coldplay del “Parachutes” o a los Muse de “Origin Of Simmetry”, por poner el ejemplo de dos grupos cuyos últimos trabajos no son para nada de la devoción de la redacción de El Quinto Beatle, el viraje hacia lo que ahora hacen se explica a nivel comercial. “Ghost Stories” y “A Head Full of Dreams” suenan a producto prefabricado para dar un par de singles facilones y que se adapten al funcionamiento de los charts europeo y americano actuales. El resultado son dos álbumes nefastos, pero dos o tres hits más sumados a su colección y unas ventas envidiables. Sin embargo, si lo de Justice pretendía ir por aquí, buscando ese éxito de radifórmula que lograron sus venerados Daft Punk con “Get Lucky”, el traspié es doble, pues el recorrido de “Woman” por las listas de los discos más vendidos ha sido efímero.

Fotografía: Olivia Bee

A pesar del no abultado número de temas, todos y cada uno de ellos se alargan hasta el hastío sin sentido, el disco se recrea en los pasajes más casposos y aburre en la mayor parte de su duración.

¿Pero qué tiene el regreso del dúo francés para que su escucha sea tan insulsa? Pues para empezar, como comentábamos en la introducción, un primer single, “Safe And Sound”, que es un fracaso en todos los sentidos. En él parecen haber tratado de jugar a ser los Bee Gees o Boney M. pero sin gancho alguno. “Stayin’ Alive”, “Rivers Of Babylon” o “Daddy Cool” entrarían en toda recopilación de canciones horteras, pero tienen ese encanto que hace que se te queden en la memoria, y que se disfruten en un sinfín de ocasiones. Pero “Safe And Sound” no lo logra. Esa mezcla de música disco, con techno noventero e incluso un rollo un poco progresivo que queda a años luz de la reinvención que Tame Impala lograron con “Currents” hace que este sea el peor single que Justice hayan sacado jamás.

Pleasure” sigue por la misma línea. Instrumentación muy setentera, y un teclado algo más pegajoso que en el corte anterior que podría llegar a ser disfrutable si no fuera por una letra horrible que parece sacada de un blog de citas de Paulo Coelho. “Usa la imaginación; tienes que tomar la llave siempre y cuando tú creas. Un audiolibro de autoayuda no hubiese conseguido transmitir una mayor y más simple idiotez. Igual en otro idioma hubiésemos disfrutado más de la canción, pero está compuesta en un inglés tan entendible que destroza cualquier atisbo de mejoría musical con respecto a la anterior. No obstante, llega el momento en el que pensé que este inicio había sido una broma macabra, y que a partir de ahora vendría el disco de verdad, pues “Alakazam!”, con ese ritmo capaz de infectar a cualquiera que escuche diez segundos de canción, es lo que esperábamos del regreso del dúo francés. Abandonamos todo pasteleo anterior para introducirnos en una estupenda sesión de música electrónica de la buena, con la única pega de que al igual que el resto de temas, se prolonga demasiado una vez presentadas y agotadas todas las ideas. Pero si hablamos de lo que se alarga hasta aburrir hay dos temas que resaltan por encima del resto: “Fire” y “Chorus”. Fire es otro coqueteo con la música disco, con una letra repetitiva a más no poder, y que de haber durado dos minutos hubiese resultado agradable gracias a un solo eléctrico que arregla un poco todo lo que le rodea. Pero no, después de más de cinco interminables minutos, uno acaba por desear que alguien venga a apagar ese fuego de una vez.

Al final, la sensación que nos queda es que, aunque no podemos hablar de un disco muy malo, sí podemos hacerlo de algo que pasa sin pena ni gloria, con más sombras que luces.

El toque ochentero y el intento de imitación de Prince le sientan algo mejor a “Stop”, que es quizá, después de “Alakazam!”, mi favorita del compacto. Me recuerda bastante a los devaneos más melódicos de “Junk”, lo último de M83, aunque en el caso de Anthony González su mayor conocimiento e inteligencia a la hora de producir hace que por muy acaramelado que pueda resultar un tema suyo, acabe por hacerse querer. “Stop” es bonita, sin más, y al menos no se hace pesada. No puedo decir lo mismo de “Chorus”, inaguantable desde el primer minuto. ¿He dicho minuto? Desde los primeros diez segundos mejor. Si pretendían endurecer su sonido deberían haber escuchado a gente como Salem, Modern Witch o Pendulum. Y como no me gusta hacer una crítica sin escuchar el álbum entero he aguantado los 7 minutos de como quiera que se llame esto. Al menos han dejado el listón tan bajo que no puede ir a peor. Así que ese intento de imitar a Jamiroquai que es “Randy”, con falsete exagerado incluido, suena hasta bien, a pesar de caer nuevamente en el vicio general del disco: cuando la canción debería haber terminado y ya no tiene nada más que decir aún le quedan tres minutos más.

Siguiendo con las comparaciones con la música electrónica francesa, hay mucho de Kavinsky en “Heavy Metal”, aunque Justice no tienen ese talento para hacerte sentir en una road movie en el sofá de tu casa. Además, su sonido es un poco desconcertante, pues parece una polifonía hecha con un teléfono móvil de cuando los Motorola con tapa eran lo más en tecnología. Y sin embargo, a pesar de ello, es de lo mejor del disco, sobre todo cuando después viene la espantosa “Love S.O.S”, que parece una canción fallida de spot publicitario. Si algo positivo hay que decir de ella es que hace que “Close Call” sea un alivio, en primer lugar porque es la última canción, y en segundo lugar porque es quizá la única con la que se podía cerrar “Woman”. Es más lenta y tiene algunos de los mejores pasajes, por lo que evita que se acabe en desastre.

Al final, la sensación que nos queda es que, aunque no podemos hablar de un disco muy malo, sí podemos hacerlo de algo que pasa sin pena ni gloria, con más sombras que luces, y que podrá servir como reclamo para que el nombre de Justice aparezca en numerosos festivales el próximo verano, pero marca el camino para que los franceses se conviertan en ese grupo al que se va a ver por recordar “D.A.N.C.E.”. Quien aquí escribe esperaba que “Woman” hubiese sido uno de los imprescindibles de 2016, pero qué se le va a hacer. A fin de cuentas 2016 ha sido muy buen año en cuanto a música, pero no ha sido el año de Justice.

Justice – Woman

5.0

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Justice regresan con más sombras que luces en “Woman”, un álbum que pretende recoger influencias de la música disco, del techno noventero, del dance actual y de la electrónica francesa de los últimos años, pero que acaba por resultar a ratos tedioso y, en líneas generales, intrascendente.

Up

  • A pesar de su mediocridad, el compacto recoge algún buen tema, como “Alakazam!” o “Heavy Metal”.
  • Podía haber sido peor.

Down

  • Casi todas las canciones son alargadas hasta el aburrimiento.
  • La lírica.
  • Hay temas francamente horrorosos, como “Chorus” o “Love S.O.S”.
  • No hay atisbos de recuperar a los Justice de 2007.

2 Comentarios

  1. pues a mi me esta gustando,de hecho no es tan cansino como su antecesor,ese si que era un coñazo con tanta guitarrita falsa

  2. Muy buenas. No es el mejor disco de Justice, pero no para los adjetivos que le dedicas. Puede que para tí las canciones sean repetitivas, no sé en qué medio la has escuchado, pero si prestas antención es complicado escuchar un compás igual a otro, siempre se van añadiendo nuevos sonidos que van forjando los temas. Has criticado duramente LOVE SOS, sin mencionar nada sobre el concepto de que una alarma evolucione hasta ser la carga de la melodía, yo casi diría que es el instrumento principal, y los demás solamente la acompañan. Puede simplemente que no hayas escuchado esa alarma. También yo no sé qué prisa tienes cuando escuchas música, si tienes otras cosas que hacer, hazlas antes, porque con prisas no vas a disfrutar nunca de otra cosa que no sea el sergeant pepper’s de fondo mientras conduces. Las canciones tienen la duración que tienen, son temas para relajarte y escuchar, escuchar atentamente y a todos los sonidos que aparecen. Me parece un disco muy bonito, muy recomendable para introducirse a justice ya que el cross puede asustar a los nuevos y este es el disco más «comercial» de ellos.
    La verdad, creo simplemente que has oído varias veces el disco, pero no lo has escuchado ni una sola.
    Un saludo amistoso.

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