El mapa electrónico actual tiene en Nicolas Jaar un pico al que vale la pena conocer. Alejado de las garras del dubsteb y de todos sus estilos derivados, Jaar ha conseguido trasladar sus ritmos vitales en el pulso de sus trabajos, que lo han ratificado como uno de los nombres más destacados en el terreno. Conceptual, meditativo y simbólico. Así podríamos describir tanto el proceso de trabajo del chileno afincado en Nueva York como sus resultados. De Jaar conocemos tanto su faceta fusión, bautizada como Darkside (cuyo álbum “Psychic” os recomendamos muchísimo) junto a su buen amigo Dave Harrington como sus proyectos en solitario: “Space is Only Noise” fue su aclamado e impecable debut, seguido por la deconstrucción sonora para la BSO de El Color de la Granada titulado “Pomegranates”. Aparte, encontramos la serie “Nymphs” que con “Pomegranates” y “Sirens” forma un triángulo en el que Jaar quería explorar los canales que abrió en su debut. De hecho, Nicolas concibe “Sirens” como el pleno a aquellas pequeñas cavidades originadas en los otros dos ángulos del triángulo. En “Sirens” abandona la idea construida que tenía de sí mismo y se re-descubre, conectado a sus raíces chilenas. Jaar quería dejar clara esta exploración, por este motivo la portada del disco está cubierta, y hay que rascarla para descubrir lo que se esconde detrás: una foto de la obra “A Logo For America” de Alfredo Jaar, su padre, en Times Square.

Veamos qué más se esconde en su interior.

“Sirens”: la electrónica también puede ser política

Jaar va más allá de la producción musical, en sus álbumes pretende esculpir piezas en el tiempo, condensar momentos musicales que él denomina ‘a cámara lenta’; en ese sentido es normal que algunos momentos de “Sirens” nos lleguen a recordar a los Radiohead más recientes con “Daydreaming”. Del mismo modo, Nicolas intelectualiza sus conceptos, busca una simbiosis orgánica en los elementos que incorpora en cada tema, busca un viaje a partir de su experiencia.

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Jaar va más allá de la producción musical, en sus álbumes pretende esculpir piezas en el tiempo, condensar momentos musicales que él denomina ‘a cámara lenta’.

“Sirens” se despliega desde el útero; “Killing Time” parece ser una grabación del latido del bebé a la espera de nacer. Para él el mundo exterior no son más que sonidos desordenados que retumban entre sus paredes de protección. Pese a ello de repente el tiempo adquiere forma, los sonidos del mundo exterior suenan más firmes, pero igual de desordenados, escuchamos cristales rotos, sonidos afilados. Tres minutos de descontrol nos llevan a la placidez de un piano que nos guía a los agudos de Nicolas, que canta entre contundentes golpes sintéticos. Escuchando la letra, rápidamente nos damos cuenta de que nos encontramos ante un disco comprometido y político, muy acorde con este 2016 en el que se ha presentado. “I think we’re just out of time / Said the officer to the kid / Ahmed was almost fifteen and handcuffed / He was just building his own sense of time. El inicio se refiere al incidente del adolescente musulmán al que arrestaron porque confundieron un reloj casero que había fabricado con una bomba.  Los tic-tac de la base nos guían hacia el suspiro de Jaar, que prosigue: “We are just waiting for the old thoughts to die…”. Lánguido y desolado, Jaar apuesta por la música como espacio de protesta, dando un segundo significado a cada uno de los sonidos que conjuga con su mensaje.

Sin tapujos aparece rápidamente “The Governor”, en la que la voz de Jaar deja atrás el falsete para ganar en contundencia. La canción es una transformación: si en la primera parte la voz es la protagonista, su segunda mitad acaba siendo una vorágine cuyo saxo marca el tono. Seguramente la canción esté inspirada en Pinochet y en la sombra del dictador sobre los padres del músico, pero sin duda Jaar desea apagar esa vorágine caótica con el piano, que nos remite directamente a la sofisticación de “Killing Time”. De nuevo Jaar despliega la reflexión: ¿puede la música electrónica ser también un espacio político? Probablemente esté en los ojos (y oídos) de cada uno la respuesta, pero es innegable que según el americano la respuesta es sí, y en “Sirens” viene a demostrarlo.

“Sirens” está a medio camino del retrato político y el espejo personal, las combinaciones se funden en aquel conocido tópico de que ‘todo es política’. Además, el terreno se mueve entre el pasado y el presente. Como el propio nombre del disco indica, “Sirens” va desde las ancestrales criaturas mitológicas al estruendo de las alarmas contemporáneas.

Como vemos, “Sirens” está a medio camino del retrato político y el espejo personal, las combinaciones se funden en aquel conocido tópico de que ‘todo es política’. Además, el terreno se mueve entre el pasado y el presente. Como el propio nombre del disco indica, “Sirens” va desde las ancestrales criaturas mitológicas al estruendo de las alarmas contemporáneas. Así explora el artista su infancia en “Leaves”, cuyos inicios recuerdan al expresionismo nipón y se acaban convirtiendo en un paisaje tranquilo que se funde con la voz de Nicolas de pequeño hablando con su padre. Ahí tiene lugar otro gran momento arquitectónico del álbum, en el que entra la cándida revisión del ‘ayer’. Se construye y solidifica un momento del pasado para cristalizar “No”, la única pieza cantada en español. En ese momento Jaar explicita su mensaje, “Sirens” quiere conectar con sus raíces, quiere hablar desde los fundamentos de su persona. “No” es un tema cálido y cercano a los ritmos latinos chilenos. De nuevo aquí hace referencia al pasado de Chile y más explícitamente a Pinochet. “No” hace referencia al plebiscito de 1988 en el que los ciudadanos votaron ‘no’ a Pinochet. Este hecho inspiró mucho a Jaar, sobre todo tras sus últimas visitas a Chile antes de concebir “Sirens”. Segun él, la campaña del ‘no’ acababa convirtiendo una palabra clásicamente negativa en algo positivo. No obstante, en la canción propone un horizonte menos optimista y más catastrófico, pero su musicalidad mantiene el sentido nostálgico que siempre ha planeado en las composiciones del chileno. “No hay que ver el futuro para saber lo que va a pasar […] Ya dijimos no, pero el sí está en todo. La canción culmina con el pequeño Jaar imitando el sonido de una pistola.

¿Cuál es esa conclusión? Que la historia es un ciclo, que como especie hemos vivido una y otra vez nuestros errores y nada hemos aprendido de ellos. Según Jaar, estos errores (y la propia historia) se empiezan a escribir desde la acción individual. El toque de atención queda claro, así como el enclave del álbum como cuerpo social.

Rápidamente el nervio del disco se activa, con Nicolas todavía de fondo empieza “Three Sides of Nazareth”, una de las grandes piezas del álbum. Como comentábamos, es la voz del infante la que nos guía hasta aquí, recuperando el ‘león’ del que hablaba en “Leaves” (ahora entendemos que todo ha sido un cuento diseccionado). En este track la agresividad está en los bajos sintéticos, pero a pesar de ello hay que apuntar que la sofisticación de la pista pasa por rememorar el piano del inicio del álbum. Todos estos momentos estan aquí, nos recuerda el irrebatible sintetizador. El dramatismo y la compostura temporal de “Sirens” se funden nuevamente en un recorrido que explora todos los movimientos anteriores hasta llegar a una conclusión: “History Lesson”, el apéndice de matiz nocturno y seductor. ¿Cuál es esa conclusión? Que la historia es un ciclo, que como especie hemos vivido una y otra vez nuestros errores y nada hemos aprendido de ellos. Según Jaar, estos errores (y la propia historia) se empiezan a escribir desde la acción individual. El toque de atención queda claro, así como el enclave del álbum como cuerpo social. Jaar teje una percusión compacta combinada con toques brillantes y sintéticos; quiere seducirnos con sus ideas.

Extraer una lectura existencialista tanto de esta canción como de todo el álbum es fácil, llegados a este punto. Y es que nos encontramos con un espacio atmosférico y experimental que Jaar ha engendrado como materia de debate y reflexión que parte del artista con la pretensión genuina de alcanzar la sociedad.

Nicolas Jaar – Sirens

8.0

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Nicolas Jaar nos propone interpretar su música como un espacio político que invite a la reflexión. En “Sirens” se abre en canal, regresando a sus raíces chilenas para vestir un diálogo que abarca el pasado y el presente. Su sutileza y sofisticada electrónica teje unas alusiones que probablemente se acaben convirtiendo en su propio sello de identidad. Y es que tras este álbum, Nicolas Jaar se confirma no sólo como referente de la electrónica, sino como todo un activista musical.

Up

  • Lo bien que se mantiene sofisticación durante todo el álbum, en el que se llegan a combinar movimientos arrítmicos en una sola pieza de manera sorprendente.
  • La trascendencia y veracidad del contenido político y trasfondo social que se expone. Jaar demuestra buen gusto y composiciones conceptualmente inteligentes.

Down

  • Hay fragmentos en los que la cohesión instrumental puede quedar demasiado dispar, incluso confusa. En algunos momentos parecen necesarias duraciones más acordes con la dinámica de las canciones para poder apreciar todos sus matices.