Allá por 2005, mi madre me compró el “Employment” de Kaiser Chiefs. Le costó 5 euros en la Fnac y la caja era de papel, con lo que al menos se sintió realizada respetando el medio ambiente. Se trataba del debut discográfico del enésimo grupo indie apto para salón comedor que vienen catapultando a la fama los gurús visionarios de la NME desde hace demasiados años. Y sí, era de ese rock que a tu vieja no le importa que pongas en casa, pero todavía emanaba algo, un nerviosismo sincero por el que intuyes que todavía podrías romper algo sin querer mientras bailas, que el espíritu de rebeldía no está completamente muerto, no del todo.

Ahora escucho “Stay Together” y no sé qué ha podido suceder entre medias; no tengo la más remota idea de cuántas novias los han dejado ni de cuántos periquitos, peces y cobayas se les han muerto, pero parece serio: Kaiser Chiefs han decidido hacer un cambio radical, y en lugar de raparse al cero o dejarse una cresta verde como la gente normal, han compuesto 11 temas concebidos con cariño e ilusión para pasar por tu vida molestando lo menos posible.

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Kaiser Chiefs han decidido hacer un cambio radical, y en lugar de raparse al cero o dejarse una cresta verde como la gente normal, han compuesto 11 temas concebidos con cariño e ilusión para pasar por tu vida molestando lo menos posible.

Molestísimo, eso sí, es lo abrupto, mal recortado y pegado del primer segundo tanto del largo como de la canción que se encarga de presentarlo y darle título, “We Stay Together”; suena como si un productor pardillo que no ha abierto el GarageBand en su vida les hubiera mezclado la pista 1 (sin ofender, Brian Higgins). No tengo claro si es cumplido o reproche, pero recuerda mínimamente a algo que ya le escuchó todo el mundo hacer a Bowie en su infame “Let’s Dance” y que todo el mundo respondió que muy divertido, pero que nunca más, por favor. Hasta los manierismos vocales de Ricky Wilson se asemejan vagamente a los del duque blanco. He dicho ‘se asemejan’, nada más. Bájense las manos de la cabeza, señores y señoras, que no cunda el pánico.

Y si el primer tema estaba relativamente decente, el segundo, “Hole In My Soul”, o el octavo, “Happen In A Heartbeat”, se parecen a The 1975 difuminados con los dedos y sin cantante afeminado y greñudo. Cabe hacer hincapié en que lo segundo les hace perder un 90% de la gracia y el público adolescente femenino. Sin embargo y al mismo tiempo, luego bien que podrían ir Coldplay, marcarse una exactamente igual o peor y a la gente hasta le parecería buena dentro de lo comercial, así que o la peña se está ensañando en exceso con Kaiser Chiefs o yo no tengo ni pajolera idea de nada. Y no he venido aquí para criticar videoclips, pero el del primer single, “Parachute”, es como si The Life Aquatic with Steve Zissou de Wes Anderson se hubiese quedado sin presupuesto para ir a la playa. Con respecto al tema propiamente dicho, todo bien; no me dan ganas de meterme un boli Bic por cada oreja, pero no repetiría. Por otro lado, “Good Clean Fun”, quizás porque lo horripilante del título tira para atrás y luego no es tan terrorífico como pintaba, tiene una línea de guitarra, educadamente perezosa y apta para guateques pegajosos, a la que no despreciaría unos bailoteos.

La insultante ausencia de peligro en este “Stay Together” hace que me lo imagine enterito a lo largo de una interminable pausa para la publicidad con un mashup de anuncios de monovolúmenes y niños sin amigos jugando al Twister.

Why Do You Do It To Me? es lo que seguramente previeron que les escribirían en la sección de comentarios del YouTube todos sus fans con ésta vuelta de tortilla de disco, y acertaron; inofensiva y de fácil digestión, se trata de una excelente banda sonora para una tarde cortándose las uñas. La contigua “Indoor Firework” quedaría adecuada como musiquita de fondo en el menú del FIFA 17 por lo que escucho de lejos cuando mi hermano juega a la PlayStation, y “Press Rewind” se parece perturbadoramente a Almodóvar y McNamara pero sin el humor extremeño, tomándose a sí mismos totalmente en serio, lo cual corta el rollo bestialmente.

La insultante ausencia de peligro en este “Stay Together” hace que me lo imagine enterito a lo largo de una interminable pausa para la publicidad con un mashup de anuncios de monovolúmenes y niños sin amigos jugando al Twister. Excepto “High Society”. “High Society” no la metería en nada que pudiera escuchar un menor de 12 años, que por debajo de esa edad son como esponjas y lo absorben todo, después ya no hay quien los salve así que no importaría tanto. “Sunday Morning” crea asociaciones perversas en la mente del oyente educado porque hay una canción de la Velvet Underground que no es mediocre como ésta de los Kaiser Chiefs y se llama igual. Y no sé, llamadme loca, pero si la colocas lejos, aproximadamente a unos 14 kilómetros de tu casa, te viene un aire al “1969” de los Stooges. No sé, ¡eh! Probadlo y me contáis si coincidimos o no.

En el juego del riesgo, a veces se pierde y a veces se gana, y de acuerdo, sí, Kaiser Chiefs han perdido con “Stay Together”, pero como mínimo han sido coherentes a la hora de presentar su propuesta transicional y han ido a por todas: electropop inocentón desde que sale hasta que se pone el Sol.

Entonces, hacia el minuto número 6 de la clausura, cuando parece que se le acaban las oportunidades de convencer a “Stay Together”, algo interesantísimo sucede; los minutos previos de “Still Waiting” se tornan totalmente prescindibles al llegar a una suerte de oasis sónico del que los Roxy Music de Bryan Ferry se sentirían bastante orgullosos. ¿Por qué no habrán hecho esto a lo largo de todo el álbum en lugar de concentrarlo en una esquinita al final?. Puede que nunca lo sepamos: los caminos de Kaiser Chiefs son cada vez más inescrutables.

Intentar cambiar es de valientes. Algunos se quejarán de que todo esto con lo que nos vienen Kaiser Chiefs ahora suena excesivamente genérico, que ya no tiene ese gancho histérico característico suyo. Pero hay grupos que lo hacen tal que así desde que nacen hasta que empiezan a lanzarse amplis a la cabeza y lo abandonan todo por un trabajo de 9 a 18. Esos grupos son los mismos que, más tarde, se preguntan por qué el éxito jamás les llegó. Quizás porque no intentaron desafiar lo que sabían hacer, lo que pensaban que les iba bien, el lugar donde se sentían cómodos. En el juego del riesgo, a veces se pierde y a veces se gana, y de acuerdo, sí, Kaiser Chiefs han perdido con “Stay Together”, pero como mínimo han sido coherentes a la hora de presentar su propuesta transicional y han ido a por todas: electropop inocentón desde que sale hasta que se pone el Sol.

Toda pifiada tiene su lado positivo, por otra parte; para el próximo disco les quedará poco que perder. Y de verdad que es entretenido de escuchar mientras le pasas el plumero o el antivirus a algo, no sangran los oídos ni nada por el estilo. La humanidad y Kaiser Chiefs sobrevivirán.

Kaiser Chiefs – Stay Together

5.7

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Kaiser Chiefs arrancan la tirita de un tirón a sus fans y se pasan abruptamente al electropop bailongo e inofensivo. Si bien la voluntad de cambio no es nada menospreciable, y si no fuera por algún que otro inesperado destello de verdadera iluminación, se diría que a su último “Stay Together” le corre más horchata que sangre por las venas.

Up

  • Los ramalazos discotequeros que podrían animar cualquier fiestecilla de medio pelo con los colegas.
  • La voluntad de cambio de Kaiser Chiefs.
  • La coherencia a la hora de presentar una propuesta totalmente nueva sin mirar atrás.

Down

  • La radical pérdida de identidad y personalidad.
  • La desidia que se respira en la producción.
  • La sensación de que no han empujado lo suficiente los límites de su recién encontrado sonido, a juzgar por algunos y contados momentos de brillantez.