La historia del rock está plagada de muertes. Todas ellas son tristes, pero algunas resultan especialmente trágicas. La de Lennon es una de ellas. Justo cuando el músico comenzaba con energía e ilusión renovadas una nueva etapa musical y vital, este desaparecía, dejando un pequeño vacío en los corazones de una generación que había crecido escuchando sus canciones y la de los Beatles. El de Liverpool no moría víctima de los excesos que se les presuponen a las estrellas del rock, sino que era acribillado a tiros a las puertas de su residencia, lo que causaba una verdadera conmoción a nivel mundial, especialmente para sus más acérrimos seguidores. Para muchos, John Lennon era un ídolo; para otros, sin embargo, no era más que un hipócrita cuyo estilo de vida tenía poco o nada que ver con las ideas que pregonaba. Lo que está claro es que con su muerte se perdía uno de los pilares fundamentales de la música, del rock y la contracultura de los sesenta. Y se erigía, desde entonces, el símbolo de las protestas antibelicistas.

El asesinato de un ídolo

El lunes 8 de diciembre de 1980 se presentaba ajetreado para John Lennon y Yoko Ono. Apenas tres semanas antes, el ex Beatle había lanzado “Double Fantasy”, su séptimo álbum de estudio. Un trabajo con el que Lennon volvía a la actividad tras cinco años de retiro musical para dedicarse por entero al cuidado su hijo Sean. Inmerso en la promoción de dicho álbum, tres días antes había sido entrevistado por el periodista Jonathan Cott para la revista Rolling Stone, donde Lennon declaraba: “La gente quiere héroes muertos, como Sid Vicious y James Dean. A mí no me interesa ser un héroe muerto, así que olvídense, olvídense”. Aquel lunes, la pareja tenía una sesión fotográfica con Annie Leibovitz para tomar las instantáneas que acompañarían a dicha entrevista. Una cita en la que se tomaría una de las imágenes más famosas de la pareja, convirtiéndose posteriormente en icono de la cultura popular. Hablamos de aquella en la que John Lennon aparece desnudo en posición fetal abrazando a una Yoko Ono vestida de negro y de expresión impasible. Portada del primer número de 1981 sin más texto que el logo de la publicación, pues en aquella edición no había mucho más que decir. No se hacía necesario ningún título ni subtítulo, no había noticias más importantes ni nada más relevante y elocuente que aquel retrato.

mind-games-muerte-john-lennon-2Pero volvamos a aquel lunes. Tras la mencionada sesión fotográfica, Lennon y Ono atendieron a Dave Sholin y Laurie Kaye en una extensa entrevista para la RKO Radio, en la que hablaban largo y tendido sobre los cinco años de retiro musical, sobre el lanzamiento del nuevo álbum, la relación amorosa y profesional entre ambos, la sociedad del momento y los cambios culturales de los sesenta. Ese día continuaron trabajando en el tema “Walking On Thin Ice”, en el que Lennon se encargaba de la guitarra solista, y que aparecería en el álbum “Season of Glass” que Yoko Ono publicaría en junio de 1981. En torno a las cinco de la tarde la pareja salía del edificio Dakota, situado en la calle 72 de Manhattan, donde residían, rumbo al estudio de grabación Record Plant, cuando un grupo de jóvenes se acercaban a su ídolo para pedirle un autógrafo y fotografiarse con él. Un hecho cotidiano con el que el músico se encontraba asiduamente y que no conllevaba mayor trascendencia, ya que era habitual que los seguidores le esperasen expectantes en las inmediaciones del edificio. Entre el grupo de fans de aquel día se encontraba Mark David Chapman. Un joven de veinticinco años procedente de Honolulú al que Lennon firmó una copia de “Double Fantasy”, momento que el fotógrafo Paul Goresh inmortalizó para la historia en la que fue una del últimas fotografías ex Beatle.

Concluido el trabajo de aquella tarde-noche, la pareja regresaba a casa en su limusina. Yoko sería la primera en bajar del vehículo, seguida por Lennon, dirigiéndose ambos a la entrada de su residencia cuando Mark David Chapman sacó su revólver y disparó por la espalda hasta en cinco ocasiones contra el músico. Dos disparos impactaron en el hombro izquierdo, mientras otros dos le dieron a la altura del pecho, perforando el pulmón y la arteria subclavia. Otro disparo daría contra una ventana. Malherido, John Lennon alcanzaría la portería y solo acertaría a decir: “Me han disparado”. Impasible, mientras esperaba la llegada de los agentes de policía, Chapman se puso a leer “El guardián entre el centeno”, un ejemplar que había adquirido esa misma mañana y en el que había escrito: “de Holden Caulfield para Holden Caulfield. Esta es mi declaración”, ya que no tenía intención de decir nada tras el tiroteo. No obstante, explicaría a la policía: Estoy seguro de que la mayor parte de mí es Holden Caulfield, el personaje principal del libro. El resto de mí debe ser el Diablo”. Entretanto, John Lennon fue trasladado en un coche patrulla al Hospital Roosevelt donde, en torno a las 23:15, fallecía a consecuencia de una gran pérdida de sangre.

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Las convicciones de un perturbado

Chapman era un personaje estructuralmente deprimido y obsesionado con Holden Caulfield, el adolescente solitario, rebelde y alienado que protagoniza “El guardián entre el centeno”. La hipocresía y la superficialidad que el joven Caulfield veía en los adultos, Mark David lo veía en Lennon, ya que consideraba poco verosímil que una persona identificada con la clase trabajadora que, además, predicaba la paz y el amor, viviera como un millonario. Esa era la declaración a la que se refería el asesino. No obstante, lejos de tales principios, uno de los principales motivos del homicidio se sustentaba en el hecho de que Chapman se sentía solo en aquel momento, necesitaba atención, quería ser famoso, y nada lo catapultaría más rápido al ojo del huracán mediático que acabar con la vida de alguna celebridad. Se ha hablado de Elizabeth Taylor, Johnny Carson, Marlon Brando y Jacqueline Kennedy como otros objetivos para tal crimen, sin embargo, el elegido sería Lennon porque: era más fácil de encontrar”. El sujeto fue condenado a una pena de cárcel que oscila entre los veinte años y la cadena perpetua, cumpliéndose la condena mínima dispuesta en el año 2000. Desde entonces, Chapman ha solicitado cada dos años la libertad condicional, siéndole denegada en cada audiencia. En la sesión del 22 de agosto de 2016, el asesino declaraba: Siento haber sido tan idiota y haber elegido el camino incorrecto para la gloria”.

En otras ocasiones, Mark David ha explicado que desde joven se preguntó: “¿Qué pasaría si lo mataras [en referencia a Lennon]?. Recuerdo eso, y entonces la idea simplemente se me abalanzó. Esto era algo que iba a tener que hacer. Se aferró a mí y no se fue”. Lo que deja ver un comportamiento psicópata en el sujeto que va más allá de las caprichosas declaraciones anteriores. Llama la atención el hecho de que no era esta la primera vez que este perturbado había viajado a Nueva York para matar al músico, sino que el 30 de octubre de aquel mismo año viajó a Manhattan con el mismo propósito, pero en esa ocasión vio más sensata la idea de volver a casa. ¿Luchaba Chapman contra sus demonios? En otra ocasión ha afirmado: “No tenía nada contra él; no sé porqué lo hice”. ¿Actuaba el homicida como un autómata? “Debí haberlo hecho, pero no recuerdo siquiera haber apuntado o como quieran llamarlo. Simplemente apreté el gatillo cinco veces”, confesaba en otra ocasión. “Hazlo, Hazlo, Hazlo” escuchaba el de Honolulú en su cabeza antes de disparar el arma que acabaría con la vida de John Lennon, según se ha sincerado en alguna ocasión. Extraño testimonio que puso los cimientos para la construcción de teorías conspiratorias.

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Así fue como el abogado, periodista y escritor británico Fenton Bresler estableció la hipótesis que sostiene que Mark David Chapman no fue más que un instrumento al servicio del gobierno estadounidense programado por la CIA para matar al músico. Teoría que recogió en el libro “Who killed John Lennon?” (1989). Chapman era un hombre tranquilo y religioso, comprometido con la sociedad. Trabajaba como guarda de seguridad en el Castle Memorial Hospital de Kailua (Hawái). Natural de Texas, tuvo una infancia difícil. Sufría abusos en casa por parte de su padre y acoso escolar en el instituto.  En 1971 se convirtió al cristianismo, y durante su adolescencia formó parte de la Asociación Cristiana de Hombres Jóvenes (Y.M.C.A., por sus siglas en inglés), donde destacaba por su humanismo y buen hacer. Con esta asociación viajó al Líbano cuando este país estaba en plena guerra civil para trabajar con los niños, tarea que continuó a su vuelta en el campamento de refugiados de Fort Chaffee (Arkansas). Se dice que la Y.M.C.A. es una de las comunidades predilectas por la CIA para el reclutamiento de jóvenes, y sería en Líbano donde mediante diferentes procesos de hipnosis y drogas se habría ‘programado’ al joven Chapman para cometer el magnicidio que nos ocupa.

Desde la década de los ’50 del pasado siglo, la CIA estaba inmersa en la investigación del control mental en un proyecto que denominaron MK Ultra, poniendo a su servicio a ciudadanos de a pie para llevar a cabo numerosas actividades ilegales. Bresler sugiere que este mismo procedimiento fue el utilizado con Sirhan Sirhan para que asesinara a Robert F. Kennedy, hermano del también malogrado presidente. Pero, ¿por qué la CIA estaría interesada en acabar con la vida de John Lennon?

El músico y activista político

John Lennon y Yoko Ono se instalaban en Nueva York en 1971. La artista de vanguardia buscaba a Kyoko, la hija que tenía en común con el productor estadounidense Anthony Cox, su segundo marido, el cual había desaparecido junto con su hija mientras la ex pareja luchaba por la custodia legal de la misma. John Lennon era un músico políticamente activo desde las revueltas del ’68. Estaba comprometido con la política de izquierdas, se manifestaba en contra de la guerra, abogaba por la paz y por las protestas no violentas. Influido por el movimiento artístico Fluxus, al que pertenecía Yoko Ono, la pareja llevaría a cabo sendas encamadas por la paz en Ámsterdam y Montreal como protesta por la guerra de Vietnam, acto al que le seguiría una campaña de publicidad con la difusión de carteles que pusieron en vallas publicitarias y revistas de Nueva York, Tokio, Roma, Atenas y Londres, donde se leía: “¡LA GUERRA HA TERMINADO! Si tú quieres. Feliz Navidad de John y Yoko”. Actividad que continuaría con “Happy Xmas (War Is Over)”, la canción protesta que la pareja publicaba el 1 de diciembre de 1971 en formato single, y que entroncaba con otros temas como “Imagine” y “Give Peace a Chance”.

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Por su parte, Estados Unidos estaba gobernado desde 1968 por Richard Nixon. El país se encontraba cada vez más concienciado con la guerra de Vietnam, conflicto que polarizó la sociedad estadounidense: de un bando, los que estaban a favor de continuar con el enfrentamiento; del otro, quienes deseaban el cese inmediato de la intervención militar. Eran frecuentes las manifestaciones antibelicistas a lo largo y ancho del país. El gobierno, con la colaboración del FBI y la CIA, intentó acabar con el movimiento pacifista que tanto incomodaba a la Administración Nixon. A través de diferentes métodos que iban desde el espionaje, el acoso y la detención de los activistas más radicales, a la creación de una base de datos y la elaboración de diversos informes que recogían las actividades de cientos de miles de personas y organizaciones consideradas peligrosas para la nación. Expedientes donde también figuraba el nombre de John Lennon.

El músico no dudó en apoyar las diferentes protestas antibelicistas y del movimiento a favor de los derechos civiles tras su llegada a Nueva York. Allí comenzó a relacionarse con los líderes radicales de la izquierda. Nombres como Jerry Rubin y Bobby Seale pasaron a formar parte del círculo de amistades de Lennon. Sería Rubin quien convencería al ex Beatle para participar en un concierto protesta a favor de la liberación del activista radical John Sinclair, condenado en 1969 a diez años de cárcel por tratar de vender dos cigarrillos de marihuana a un policía de paisano. Así constaba, al menos, en el informe oficial. La realidad era que había sido apresado por sus convicciones políticas, una injusticia que ya denunció el joven Abbie Hoffman durante el concierto de The Who en el legendario festival de Woodstock, y que la izquierda radical denunciaba nuevamente en un concierto celebrado el 10 de diciembre de 1971 en Ann Arbor (Michigan), en el que tomaron partido otras celebridades como Stevie Wonder, Bob Seger y David Peel. El evento reunió a 15.000 personas que esperaban con anhelo la actuación de John Lennon, la guinda de la noche, quien interpretó “John Sinclair”, un tema compuesto para la ocasión y que formaría parte del político “Some Time in New York City”, el álbum que el músico ponía en la calle en 1972. Tres días más tarde, Sinclair era puesto en libertad.

Las autoridades no tardaron en ver el poder del rock y, particularmente, de Lennon. El carismático músico movía masas, y su actitud crítica hacia el gobierno estadounidense no hizo sino ponerlo en el punto de mira de la Administración y del FBI. El autor de “Imagine” era considerado, a partir de entonces, persona non grata para el presidente de los EE.UU. Comenzaban las escuchas telefónicas y el hostigamiento: “Sé la diferencia entre cuando el teléfono está normal al descolgar y cuando cada vez que lo cojo se oyen un montón de ruidos. Y cuando abro la puerta, hay tipos con traje de pie en la acera de enfrente. Me subo a un coche y ellos me siguen en coche. Sin esconderse”, declararía el de Liverpool. Nixon esperaba ser reelegido en 1972, la guerra continuaba y la edad mínima para votar pasaba de los 21 a los 18. Once millones de nuevos votantes estaban llamados a las urnas. Lennon ideaba una gira de conciertos por todo el país con el propósito de protestar contra la guerra, a la vez que pretendía concienciar a los jóvenes sobre la importancia de sus votos para el devenir político y social del país. Quería evitar la reelección de Nixon. El ex Beatle se convertía entonces en un problema que había que atajar cuanto antes. Strom Thurmond, a la sazón, senador republicano de Carolina del Sur, estaba al tanto de los planes del músico. Preocupado por la gran influencia que este podría ejercer sobre la población joven y por el dinero que podría generar con sus conciertos para las arcas de la izquierda radical (había financiado, además, a diversas organizaciones revolucionarias con su propio dinero), Thurmond enviaría una carta a Nixon donde hablaba de una ‘contramedida estratégica’: Lennon no tenía el permiso de residencia y podía ser deportado. Pero, ¿cómo?

mind-games-muerte-john-lennon-6El 18 de octubre de 1968, el por entonces Beatle fue detenido por posesión de marihuana en Londres. Si bien es cierto que las consumía, él defendía que todo aquello era un montaje. Tal vez no le faltaba razón si el detective Norman Pilcher, responsable del caso, era juzgado y condenado a cuatro años de prisión por perjurio en 1972. No obstante, esta sería la brecha por la que entrarían las autoridades norteamericanas en su cruzada contra Lennon. El servicio de inmigración de EE.UU. enviaba el 3 de marzo de 1972 una orden de deportación, alegando que las leyes estadounidenses son estrictas con respecto a las condenas por drogas. Según afirma Jon Wiener, profesor emérito de Historia Americana en la Universidad de California en Irvine: “El gobierno de Nixon argumentó que Lennon había sido erróneamente admitido en EE.UU. porque, en virtud de las leyes de inmigración, nadie con una condena por drogas, sin importar la cantidad ni las circunstancias, puede ser admitido en los EE.UU.”. En consecuencia, se iniciaba una batalla legal que obligaba a Lennon a suspender la gira propuesta ante las presiones del gobierno. Un acoso tremendo a juzgar por la apreciación que Wiener realiza en su libro “Gimme Some Truth: The John Lennon FBI Files” cuando habla de Vincent Schiano, jefe del Servicio de Inmigración y Naturalización (INS por sus siglas en inglés): “Se le dio carta blanca en el caso Lennon, pero no se le dio poder para ir tras los ex nazis”.

Finalmente, Richard Nixon fue reelegido presidente y el interés del FBI en Lennon decayó. No siendo así para el servicio de inmigración. Los tejemanejes de la Administración Nixon salieron a la luz aquel mismo año, lo que se conoció como ‘escándalo Watergate’, y Nixon terminaría por dimitir en agosto de 1974. El de Liverpool conseguiría finalmente el ansiado permiso de residencia (Green Card) el 27 de julio de 1976. La pesadilla había terminado y la tranquilidad volvía a casa de los Lennon. Hacía casi un año que el músico había decidido aparcar sus proyectos musicales para dedicarse al cuidado de su segundo hijo. Nixon fue relevado por Gerald Ford, con el que se puso fin a la guerra de Vietnam. A este le sucedería el demócrata Jimmy Carter para, a continuación, dejar paso a Ronald Reagan. Estamos en 1980, el partido republicano volvía a tomar la presidencia y Lennon volvía a la primera línea del panorama musical. ¿Estaba nuevamente dispuesto el gobierno a iniciar una hipotética lucha política con el músico? Para Fenton Bresler y los amantes de las teorías conspirativas la respuesta es clara: no.

2 Comentarios

  1. Esto suena y se lee como un refrito de ideas y artículos copiados de aquí y de allá. Ni siquiera el autor se ha molestado en referenciar la muerte de Chapmann, hace escasos días. Periodismo en la línea de este país. Mejor dedíquense a profundizar en algo y contarlo bien contado. En fin… datos y una nueva entrada para promocionarse, esta vez, a costa de la morsa.

    • Hola Paul. Tal vez deberías leer en profundidad antes de realizar un juicio como el que haces, porque créenos que aquí hay un trabajo de investigación previo insuperable. No obstante, también deberías revisar a quién haces referencia, porque Mark David Chapman no ha fallecido, y probablemente querías decir Charles Manson. Además, si compruebas la fecha de publicación del artículo observarás rápidamente que es anterior a la fecha de fallecimiento de Manson. De esta manera es imposible que, sin leer el futuro, pudiéramos haber hecho referencia.

      ¡Un saludo y gracias por leernos!

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