¿Vosotros también? ¿Escuchasteis el ruido, visteis la descompresión del rayo, la justicia reventarse con el estertor de las ametralladoras, el alegato antibelicista en la sudadera de vuestro hermano mayor? Eso atrajo la curiosidad, y luego el vinilo o el disco compacto en las estanterías, acompañadas de aquella tipografía tan conocida, el olor a cuero y esas ráfagas de electricidad que invitaban a acechar el despiste del dependiente, aguardar la hora en que la casa quedaba vacía y se podía disponer sin restricciones de la ruleta del volumen de los bafles. Surgió en medio de la polvareda, a la voz de «No life till leather!”. Una raja en la tierra, y de ella emergieron como cruces las torres de alta tensión, a una increíble velocidad, y el uso del doble bombo fueron adueñándose de los campos minados, de las ciudades, de los escenarios, propagando sus gruesos cables por todo el vecindario. De este modo se engendraron unas subversivas cabezas a las que se les habían quedado cortos el punk y la nueva ola británica del heavy metal. Estas mallas resistieron fuertemente la expulsión de Mustaine, los fúnebres acontecimientos dentro del grupo, pero poco a poco se fueron pelando algunos de sus cables. Primero empezó a extinguirse el de la vivacidad, luego se agotó el de la originalidad y hasta la popularidad los dejó de lado. En el presente álbum, «Hardwired… to Self-Destruct”, al igual que en los dos anteriores trabajos, nos llegan unos Metallica monofásicos, delgaditos, pero con algo de chispa.

«Hardwired… to Self-Destruct”: Metallica se limitan a amalgamar fórmulas de sus etapas anteriores

Desde “Death Magnetic” la innovación que han introducido ha sido aunar la velocidad y la personalidad del inicio con sus posteriores trabajos, más accesibles.

La fidelidad al estilo ha sido en muchos casos causa de desencanto hacia bandas clásicas en la escena del rock duro, salvo para los mayores adeptos, y ésta no parece ser la excepción. Muchos fans están a la cola de ver en qué momento su banda favorita anuncia una vuelta a los orígenes, cuando la bonanza comercial los ha dejado de lado y es necesario rescatar a la antigua cuadrilla. Cambiar es casi impracticable en el mundo del heavy. Lo intentaron Helloween o Sepultura y fueron duramente castigados. Así que desde “Death Magnetic” la innovación que introdujo la agrupación fue aunar la velocidad y la personalidad del inicio con sus posteriores trabajos, más accesibles. Aun así, el trabajo sabe mantener una calidad superior a la que aparentan transmitir su título y diseño.

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Fotografía: http://www.vanyaland.com/

En «Hardwired… to Self-Destruct”, al igual que en los dos anteriores trabajos, nos llegan unos Metallica monofásicos, delgaditos, pero con algo de chispa.

Bajo esta premisa arrancan las primeras sacudidas de “Hardwired”, breve y concisa, perfecta como sencillo, unas primeras ráfagas con mucha carga de doble bombo y una estructura sencilla para ir derribando barriles. En sintonía parece entreverse el comienzo de “Atlas, Rise!” reparando en paralelismos con otros clásicos del género como Iron Maiden o Annihilator. Esta vez más larga, en la línea de sus primeros éxitos. Sin embargo se notan ausencias, la línea melódica parece algo hueca. Una vivisección de los cables nos confirma lo que veníamos sospechando. A falta de ideas concretas, se persiguen los esquemas generales del estilo, subrayando las terceras como elemento de color, la guitarra de Kirk Hammett agotada de inventar nuevos solos improvisa con vaguedad. Lars Ulrich reserva su épica parafernalia para la batería de otros temas.

Arrastrándose como una toma de tierra “Now That We’re Dead” va llenando la habitación de gusanos hambrientos por el siguiente cadáver. La voz de James Hetfield retoma la estética de los clásicos festeros “Nothing Else Matters” o “The Unforgiven” aunque avanza lenta y comprensiva por el terruño. Sigue algo más macabra “Moth Into Flame”, en base a un motivo de guitarra, y va cogiendo velocidad, otro solo blandito y una duración que se debe justificar con mejores recursos como la banda vino haciendo en sus primeras grabaciones. Estas chispas son incapaces de incendiar a la polilla, que revolotea con pesadez hasta “Dream no More”, donde los cadáveres se multiplican y brindan, en un sonido que recuerda por lo artificial demasiado a Avenged Sevenfold. A estas alturas el disco empieza a hacerse un poco cuesta arriba y cuando parece que el tema va a terminar aún quedan el solo de guitarra y la reexposición.

Aunque han heredado los estribillos pegadizos de su etapa más comercial y por ello la música resulta más heterogénea de lo que debería ser, los americanos no están ya en disposición de esa motivación rupturista que los llevó a la fama y repiten los consabidos cánones de cualquier banda de heavy.

A trompicones, en un vuelo irregular, la electricidad alcanza “Halo On Fire”, que podría haber pasado desapercibida en el álbum negro (“Metallica”), quizá el punto más fuerte del primer CD, porque intercala con gusto un estribillo agresivo con una melodía doliente y moderada. Hetfield se mueve mejor en este registro, humedeciendo los cables y favoreciendo los timbres, llega a un corazón maquinal, resignado, convencido de lo agridulce de su contenido y no da tiempo a que la melodía se desoriente como en pistas previas.

La efigie de los Diamond Head, mentores de la banda, se alza al comienzo del segundo disco aferrada en la polaridad acre de la pila, aunque la intrascendencia no tarda en resucitar. “Confusion” se pierde con frecuencia, los músicos se miran como pensando ¿quién entra? Venga Hammett, márcate otro de esos solos que llevas apuntados en la servilleta. “ManUNkind” propone un comienzo diferente, melódico, pero demasiado breve, en lo que la maquinaria sobrecargada retoma su papel. Ulrich sustituye la carencia de velocidad con ritmos inverosímiles y las calvas se le notan demasiado. También se le echa de menos en el siguiente corte: “Here Comes Revenge”, en el que el motor sigue sobreviviendo como puede, con el insuficiente suministro de energía y teniendo que soportar duraciones excesivas de encendido.

Se perciben muchos huecos en el álbum y poca motivación, como si siguieran componiendo únicamente para no defraudar a sus acérrimos, probablemente los que más disfrutarán el disco y sabrán ver cualidades que al resto se nos escapan.

Am I Savage?” es un descanso para los músicos. Por él se deslizan las voces apurando el poco de energía que les queda y hasta se permiten un riff al estilo del metalcore. Parece no acabarse nunca. Su extensión se duplica, triplica, con un mensaje que el histrionismo de la banda no es capaz de llenar. La oscuridad callejera de los Maiden regresa en “Murder One”, aunque la imposición del paso ralentizado no le hace ningún bien, hay algo de color pero el asesino parece muy poco decidido a atacar. Estará esperando algún descuido. Sin embargo la ruptura no llega, si acaso el tema parece volverse más lento por momentos. Afortunadamente, Metallica deciden descargar completamente la batería en el momento final y “Spit Out the Bone”, pese a su título ridículo, recupera las ametralladoras de “One” y propone una interesante y variada fórmula que recuerda mejor la primera etapa de la agrupación. Incluye una pequeña cesión al bajo de Robert Trujillo, que lleva incrustando sus coros a lo largo de la cinta, sin eclipsar el protagonismo de la voz principal.

Aunque han heredado los estribillos pegadizos de su etapa más comercial y por ello la música resulta más heterogénea de lo que debería ser, los americanos no están ya en disposición de esa motivación rupturista que los llevó a la fama y repiten los consabidos cánones de cualquier banda de heavy. Además se perciben muchos huecos en el álbum y poca motivación, como si siguieran componiendo únicamente para no defraudar a sus acérrimos, probablemente los que más disfrutarán el disco y sabrán ver cualidades que al resto se nos escapan, como es la de que una banda que lleva tantos años en el cobertizo se lance a sacar un álbum doble cuando podía limitarse a sobrevivir de éxitos pasados.

Metallica – Hardwired… to Self-Destruct

6.3

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Metallica continúan la senda de «Death Magnetic”, barriendo su etapa más comercial a base de subyugarla con el estilo de los primeros trabajos. Sin embargo se percibe un cansancio generalizado en los miembros, un álbum doble no parece la mejor estrategia para la carencia de ideas apreciable. Por no hablar de las letras. Hay momentos buenos, pero son los menos.

Up

  • Todas las canciones tienen videoclip.
  • Reafirman su alejamiento de lo comercial.

Down

  • La voz de Hetfield y el trabajo de Hammett no son lo que eran.
  • Una duración excesiva.
  • Fórmulas viejas e ideas repetidas.