Flequillo al viento, pies juntos y una voz que se caga en tus muertos sin perder la dulzura. Isa, la cantante más guay del panorama nacional y Rodrigo, ese energúmeno al que siempre le falta escenario, lo han vuelto a hacer: la ‘Picadora de Ruido Incomprensible’ de Triángulo de Amor Bizarro suena, en “Salve Discordia”, más poderosa que nunca. El esoterismo y la ira más mundana se dan la mano en su trabajo más maduro; las hostias de los gallegos son más conscientes que nunca.

Hablamos con Isa sobre ello y sobre 3.609 cosas más.

¿Qué se mantiene y qué cambia de los TAB de “Triángulo De Amor Bizarro” si los comparamos con los de “Salve Discordia”?

Cuando empezamos, estábamos aprendiendo a tocar. Y la forma de afrontar cada disco ha ido cambiando, por las experiencias que hemos ido viviendo y los caminos que hemos ido escogiendo. No te puedes estancar. Digamos que al principio era un poco emocionarse con… bueno, por lo menos yo [Risas], con cómo podías estar 10 minutos tocando dos notas, ¿no? Y parecía que escuchabas una canción por debajo y era todo como muy misterioso. Y ahora seguimos buscando ese misterio pero en otras formas, que de hecho nos obligamos a buscar. Todo es un aprendizaje: desde el principio hasta ahora. Pero sí, hemos pasado de enredarnos un poco en lo que salía de los instrumentos a hacer canciones de una forma y desde una perspectiva más amplia. En este disco, sobre todo yo creo que está ahí el poder hacer que suenen las 20 guitarras que tienes en tu imaginación, con las mismas dos notas del principio, pero llegando antes para así poder sumar más cosas: intensidades, ideas, lírica… todo eso. A grandes rasgos [Risas].

Vais a hacer 10 años ya, ¿no? Y he leído que desde el principio estáis viviendo de esto. Tuvo que ser chungo, y más estando en Galicia.

Claro. Ni siquiera nos paramos a pensarlo. Estas cosas hay que hacerlas así. Si lo piensas un poco ves lo complicado que es… Pero bueno, todo es complicado e intentar hacer lo que te gusta es lo que hace que todo sea un poco menos difícil. Y nos agarramos a eso. Vimos que era lo que queríamos hacer y que poniéndole esfuerzo podíamos lograrlo. Y por eso nos metimos.

Desde luego en Galicia es muy difícil avanzar, sobre todo en aquella época pre-Internet o la prehistoria de Internet más bien, ¿no? Yo recuerdo que las primeras canciones las colgábamos en Myspace y era como un mundo muy extraño. Y también era mucho más pequeño. Si ya España en sí es complicada, en aquella época todavía era mucho más cerrada porque parece que el circuito de conciertos y todo estaba cerrado a propuestas que no fueran el rock and roll más clásico o los grupos más asentados en el mainstream, digamos. Y después, conforme íbamos evolucionando como grupo también fue cambiando mucho la industria, aunque nosotros siempre nos mantuvimos en la idea de intentar preocuparnos más de lo que queríamos hacer o de lo que queríamos decir en cada disco que en qué piscina nos metíamos [Risas].

Fuimos pasando por momentos de mucho cambio, sobre todo a la hora de abrir mentes: Internet ayudó mucho a normalizar cosas que parecían mucho más exclusivas o mucho más difíciles de escoger y a la gente empezó a darle menos cosa cantar en castellano. Recuerdo que cuando empezamos a hacerlo nosotros era como extrañísimo [Risas], porque era todo mucho más, no sé, genérico, salvo grupos digamos de referencia como Astrud, Los Planetas o Surfin’ Bichos. Pero después empezó a haber más bandas; yo creo que ahora hay más bandas que nunca haciendo cosas muy diferentes y mucho más arriesgadas, creativas. Y en ese sentido creo que se ha ganado mucho. Claro que ahora es mucho más largo el camino que tienes que recorrer para llegar a vivir de esto.

Salvar a la juventud es salvarse a uno mismo, llegar a los 40 y no haber caído en la auto-complacencia, el conformismo o la sumisión.

Yo creo que es más difícil destacar. Al haber tantos grupos, hay que rebuscar para encontrar a los buenos.

Sí, pero no creo que lo que pase es que te diluyas entre tantos, sino que al final en España no hay una infraestructura que te permita sobrevivir más allá del chiste del año de ‘voy a hacer un grupo’. Hay muchos grupos pero duran eso, un año. Es muy difícil y hay poca visibilidad, sobre todo por los canales más clásicos: televisión, radio y tal. Sigue siendo un mundo muy cerrado, ¿no? Donde no hay mucho margen. El canal es un cuello de botella donde están los cuatro de siempre ahí arriba y, de vez en cuando, si tienes suerte te puedes ir agarrando a festivales y movidas así… pero la estructura aún es cerrada para que pueda haber una escena sostenible de muchísimos grupos haciendo muchísimas cosas con calidad.

Fotografía: http://playaclub.club/
Fotografía: http://playaclub.club/
Pero vosotros, sin llegar a estar ahí arriba, siempre estáis. A mí me llama la atención que apartándoos de la radiofórmula (Supersubmarina, Love of lesbian…) hayáis conseguido ser uno de los nombres que se repiten en los carteles. ¿Cuál es vuestro gancho?

Lo nuestro fue una decisión, desde el primer disco decidimos invertir todo nuestro tiempo y toda nuestra energía en la banda. Dejamos todo y queríamos que esto funcionara a nuestra manera. Y para que funcionara a nuestra manera la única fórmula que teníamos era trabajar, intentando estar orgullosos del trabajo siempre, al margen de que saliera bien o no. Y fue funcionando. Hay mucha gente que nos dice que joder, que está guay pero que no nos ven, tal… y a mí hay veces que me da la sensación de que es lo que tú dices, ¿no? Que viendo un poco cómo son los festivales parece un milagro [Risas] que nos llamen para tocar. Estamos súper agradecidos porque muchas veces es un riesgo para los festivales proponer cualquier cosa que no sea segura y dices tú: ¿De quién es la culpa?”. Yo recuerdo que hubo unos años que se intentó, a lo mejor no todo lo que se debería ni con toda la profesionalidad ni la autocrítica necesarias pero sí que hubo muchos festivales con propuestas arriesgadas que se pegaron muchos batacazos, la gente no respondió bien… y no sé, ya te digo que tampoco creo que la infraestructura que ofrece España sea la suficiente para que los grupos que realmente hacen cosas diferentes puedan desarrollarse. Entonces, hacer un festival increíblemente bien o que el público tenga esa curiosidad de ir a ver algo nuevo es mucho más difícil que contratar a los cuatro grupos que sabe Coca-Cola que van a funcionar. Lo que quieren son datos de estudio de mercado: riesgo cero. Y sin riesgo el arte, la música y todo esto es muy, muy difícil que explote hacia evoluciones más interesantes. Pero ahora mismo la realidad es esa: vivimos en un mundo de estadísticas, y las estadísticas al final te dan la seguridad de que hay cuatro grupos que a riesgo cero te aportan beneficio. Y hasta que la gente de repente se aburra de ese grupo y vaya a por otro, va a funcionar. Esa es mi perspectiva, vamos. Nosotros siempre vamos a dejar los estudios de mercado para los matemáticos y nos vamos a centrar en lo que queremos hacer. Mientras eso nos permita seguir tocando, genial. También somos muy realistas y nos damos cuenta de lo que hay… sabemos que se puede cambiar y hacer mejor, desde luego, pero nuestras energías están centradas en hacer canciones bonitas [Risas].

¿Y no os molaría montar como el perro verde de los festivales con otros grupos que también demanden algo más arriesgado?

No es tan fácil. Yo creo que muchas veces sí es cierto que falta un poco de unión de fuerzas para conseguir objetivos a lo mejor no tan ambiciosos económicamente sino creativamente, pero eso es muy complicado y al final sería un poco como ser intrusos en nuestra propia industria. Date cuenta de que dependemos de patrocinadores y de gente que nos lleva y tal… Yo llevo ya tanto tiempo en esto que la verdad es que decidí apartarme un poco de todo eso porque hace falta una energía absoluta para dedicarse a gestionar subvenciones, patrocinios, lugares… Todo eso es un trabajo y es una industria que genera dinero, el problema es que la música se toma como algo matemático. Desde mi punto de vista lo que nosotros podemos hacer para intentar aportar algo de valor a la sociedad es hacer canciones bonitas, que es lo que sabemos hacer. De hacer eventos se tiene que encargar otra gente pero de corazón y con ganas de verdad, ¿no? Y no un rollo tan hostelero de ganar dinero rápido como se plantea a veces. No nos vamos a meter ahí, desde luego. Eso tiene que hacerlo una persona que se dedique de corazón y de tiempo y alma, igual que nosotros nos dedicamos a lo nuestro. Ojalá fuera así, seguro que todo iría mucho más guay.

Me parece que en “Salve Discordia” habéis dado una vuelta de tuerca a TAB, sorprendiendo con canciones ‘lentas’ como “Qué hizo por ella” (mi súper favorita) y, a la vez, siendo más duros que nunca. Rodrigo dice que cree que es vuestro disco menos indie, yo creo que es el más denso.

‘Disco indie’ no sé lo que significa [Risas]. Hay una cosa que es la intensidad que sí permanece. Es una seña nuestra de personalidad bastante clara, es parte de nuestra forma de ser y queremos que se plasme siempre en las canciones. Pero sí que es verdad que en este disco hay un poquito más a lo mejor de lo que tú llamas densidad, de profundidad, ¿no? La idea de llegar al hueso de las cosas está ahí, queríamos que la puñalada al corazón fuera un poco más profunda. Con “Salve Discordia” conseguimos aun simplificando sonidos llegar a una profundidad que te congelara un poco más el cerebro [Risas]. Era una intención muy buscada y estamos contentos porque creo que lo hemos conseguido.

Siempre nos movemos en lo que es el ser humano: lo negro y lo blanco, las dos cosas. Lo gris nos aburre muchísimo y, además, creo que todos somos así: perversos y maravillosos. Y las canciones te permiten llegar a eso.

En este disco, la parte más perversa la encarnas tú. Una voz muy bonita, pero vaya letras [Risas].

Mi voz no tiene nada que ver con mi forma de ser [Risas]. Las letras las hace siempre Rodrigo (una persona con una capacidad para sintetizar que yo no tengo por ninguna parte, como estarás comprobando [Risas], porque me enrollo un montón…) pero en ellas hay algo de lo que nos pasa a todos: los cuatro del grupo estamos siempre juntos, nos conocemos muy bien y hablamos de muchas cosas.

Además, Rodrigo, cuando pone palabras en mi boca sabe bien cómo hacerlo para que suenen con la intención que yo puedo expresar mejor, buscando ese contraste de un tono más suave con un puñal directo al riñón.

Hay una pregunta que siempre me persigue. Cuando a una banda le sale ‘hit’, ¿es consciente en el momento o es la gente la que convierte un tema en ‘hit’ por ser el más accesible, quizá?

Me hace mucha gracia, la palabra ‘hit’ es como un poco de chiste, ¿verdad? [Risas] Cuando haces canciones, de alguna manera las vas colocando porque todos los discos acaban siendo un puzzle que tiene que tener sentido. Y siempre necesitas algo que sea muy redondo, muy brillante y que ruede solo para poder soltar luego canciones un poco más retorcidas. A la canción brillante le llamamos la canción pop, ¿no? [Risas] Pero no somos nosotros los que decidimos cuál sale como single: todas tienen nuestro aprobado general y de eso se suele encargar Marcos, el director de la discográfica. Suele escoger siempre la que nosotros ensamblamos como la redonda, la que brilla por sí sola.

No creo que la infraestructura que ofrece España sea suficiente para que los grupos que realmente hacen cosas diferentes puedan desarrollarse.

¿Y cuál es tu favorita?

Mi favorita no tiene que coincidir con la canción más pop. Es “La Peregrina” [“O Salve Eris”], la última del disco.

Nunca coincide, ¿no? Yo tengo la sensación de que las canciones que más gustan a la gente son las que menos gustan al grupo [Risas].

[Risas] Sí, sí, sí. Es que hay cosas con las que te arriesgas porque son oscuras, extrañas o personales y tú las sacas porque confías en esa canción y a ti te dice algo, pero resulta que luego no es una canción que cualquier persona pueda disfrutar. Siempre hay alguna así, y solemos tratarla como al hijo más tonto [Risas]… Las demás pueden apañárselas solas, pero esa necesita un cariño especial porque no se entiende tan fácilmente. Y no es porque sea la canción más floja, sino todo lo contrario.

En todos vuestros trabajos metéis caña (políticamente hablando) en algún tema: “Estrella Azul de España” («TAB”), “Robo tu tiempo” («Victoria Mística”),… pero con “Euromaquia” habéis llegado al súmmum de los pedrazos. ¿Cómo podemos hacer que la juventud de Europa no siga muriendo?

En “Euromaquia” no queda lugar a dudas, ¿no? [Risas] Es una forma de vivir, yo creo. Europa lleva matando a su juventud desde antes de que naciéramos, así que no te preocupes, esto no va a cambiar, hay que disfrutar de lo que tenemos. A ver, yo qué sé, esto es un poco una tontería. Yo creo que salvar a la juventud es salvarse a uno mismo, llegar a los 40 y no haber caído en las trampas de la autocomplacencia, el conformismo o la sumisión. Yo la única forma que tengo de no estar siempre con el chip de frustración activado [Risas] es intentar relajarme y pensar que aunque el mundo no va a cambiar, por lo menos no va a cambiarme a mí. Saber que siempre hay opciones y tener claro que cuando abres puertas tienes que cerrar otras: cuando te metes en una hipoteca con 30 años sabes que no vas a tomar decisiones hasta los 50, o cuando te casas con 20 es probable que lo hagas con una persona que no tiene nada que ver contigo. Ese tipo de decisiones tan del mundo capitalista en el que vivimos son culpa de una presión social que nos hace crearnos necesidades absurdas. Pero yo creo que si todos tuviéramos claro que tenemos siempre opciones… Nuestras abuelas no tenían muchas opciones, no podían ir al banco y sacar dinero porque necesitaban el permiso de sus maridos… pero ese mundo que nos oprime también es un mundo que se abre, ahora hay más capitalismo pero también más posibilidades de escoger. Y eso es lo más importante que tenemos que tener en cuenta: aprende a elegir y al final del día estarás más tranquilo, y ya que los agobios van a estar siempre, que al menos sean por cosas con las que comulgas. Escoge bien las películas que ves, la música que escuchas, los ‘me gusta’ que haces en Internet y los ‘síes’ y los ‘noes’ que le das a la gente. Yo si aplicara la misma energía a otro tipo de trabajo tendría mucho más dinero, muchos menos rompederos de cabeza y mi familia me querría mucho más, pero escogí esto porque me gusta más.

Parece que existe en los artistas una especie de necesidad de contar lo que (os) está pasando (tanto fuera como dentro de vosotros). ¿No vuelven los fantasmas al tocar x canciones?

Las canciones no pueden ser de una cosa en concreto, sería súper aburrido. Igual que cuando ves un cuadro, no puedes mirar siempre la misma parte del cuadro. Todo tiene que ser un poco más abierto. “Salve Discordia” en concreto habla un poco del cambio de era, de la sobreinformación en la que vivimos: estamos siempre viendo cosas, informándonos de cosas… entonces por eso te digo que es importante saber lo que escuchas, lo que ves… porque no todo lo que tienes delante es bueno o malo porque te lo diga nadie, tienes que aprender tú a construir esos criterios. Y las canciones nos ayudan un poco a filtrar toda esa información, ¿verdad? Nosotros pasamos mucho tiempo viviendo en la aldea y nos metemos como en bucles de información, empiezas en una cosa y ahora con Internet puedes acabar en universos increíbles de átomos, de estrellas, de los egipcios… mil cosas. Entonces las canciones son todo eso, no son sólo una cosa. A veces la misma canción se la puedo estar cantando a una persona, y estoy pensando en una persona, y en otro momento la estoy cantando y me está recordando a una situación que acabo de pasar, ¿sabes? Siempre le intento buscar una idea de lo que me fluya por la cabeza y de lo que me dé energía en ese momento. De no ser así las canciones serían una cosa estática y muerta.

¿Y Rodrigo cuando compone…?

Funciona también así. Te lo digo porque vivimos juntos y esa es un poco la dinámica. Nos gusta mucho a todos el arte, la historia y todo eso y siempre está buceando por ahí. Y al mismo tiempo también es muy intenso en sus debates de movidas de diario de política y cosas así. Al final es todo un conjunto de cosas, de gente que está alrededor, de amistades, de follones, de parejas, de decepciones… Es un universo muy grande que intentas sintetizar en una canción. Y cuando lo haces de forma sincera, se hace un universal con el que cualquier persona puede empatizar.

Para terminar. ¿Qué escuchan y qué leen los TAB en su casa?

Nos encanta explorar la historia con libros de [Isaac] Asimov, el esoterismo científico de los 70 visto siempre desde una perspectiva curiosa… Sin adentrarnos en ningún tipo de secta de Raticulín ni nada de eso, pero sí hay una ciencia mística setentera muy guay que tiene partes muy locas del ser humano [Risas]. Nos gusta mucho todo lo que nos estimula y gritar muchísimo para hablar de cualquier cosa. Nos gusta discutir, parecemos verduleras por la mañana [Risas]. Nos gusta, yo qué sé, curiosear por ahí en general. Y la música, por supuesto. Es nuestra debilidad y los géneros nos dan igual.

¿Qué escucháis ahora, por ejemplo?

En el coche, por ejemplo, siempre tengo a los Beach Boys cuando está un poco gris el día. Pero muchas cosas, desde Kraftwerk hasta, yo qué sé… Panda Bear. Lo que sea en cualquier momento.