La sobreexplotación de la música sentimentaloide tiene un límite. Pocos son los que, tocados por las musas, cuentan con el don de hacer canciones de pop-folk pasteloso sin morir en el intento. En el lado ganador: Elliott Smith, Sufjan Stevens o Bon Iver; en el perdedor: Sun Kil Moon, Ed Sheeran o Damien Rice. Luego, sin embargo, están los otros, esos que se mueven torpemente en tierra de nadie, jugando a bailar en mitad del fuego musical cruzado con la esperanza de que ninguna bala(da) de guitarra acústica les alcance certeramente en su orgullo de cantautor incomprendido.

Supongo que es aquí, en esa fina línea que separa lo azucarado de la diabetes, donde colocaría a Keaton Henson, si es que mi humilde opinión de gafapasta interesa a alguien. Porque lo cierto es que por mucha rebelión interna que me provoque admitirlo, he de decir que a este inglés se le coge inevitablemente cierta simpatía que suaviza lo que debería ser una crítica mucho más simple y directa. Será su faceta de artista multidisciplinar, será su condición frágil con tendencia a la ansiedad o puede que incluso su tupida mata de pelo facial… Algo tiene este hombre que le hace destacar un centímetro del resto de barbudos nostálgicos que pueblan nuestro mundo. Desafortunadamente, Henson pertenece a un género superpoblado, en el que la abundancia de mano de obra hace que la originalidad esté a sólo un pequeño paso de la mediocridad más estrepitosa.

Siendo perfectamente honesto, he de admitir que el hecho de que la elección de influencias musicales de Henson sea tan contraria a mi gusto personal e intransferible no contribuye para nada a que un servidor se vea motivado a llevar a cabo un análisis mínimamente objetivo de su trabajo. Y es que, para empezar, nada bueno se puede recoger de un experimento en el que un género ya de por sí tan edulcorado como el folk se entremezcla con ese infame estilo musical en el que la grandiosidad tapa la simpleza más absoluta, esa oda a lo pseudo-profundo, ese descalabro barroco que se presenta con la poco acertada etiqueta de post-rock.

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Fotografía: http://diymag.com/

“Kindly Now”: apología a la lágrima de cocodrilo

El tono general del tracklist destaca por mostrar toda deriva posible de ese tipo de insoportable melancolía patogénica que vaga sin destino entre el llanto de cocodrilo y la parodia de anuncio de Navidad.

A todo aquel que, escuchando el comienzo del nuevo trabajo de Henson, “Kindly Now, convenga en sentenciar mis palabras como culpables, le aconsejo que no se deje engañar por el sonido de su primer track, el cual no resulta ser más que el producto de un ilusionismo que no tarda mucho en desvanecerse: “March”, con sus dos minutos de sonido alla Chet Faker, es probablemente mi tema preferido de este LP con diferencia. Irónico, teniendo en cuenta que esta deriva no se vuelve a retomar a lo largo de un álbum en el que lo soporífero y lo sórdido están a la orden del día. Ejemplo de esta sordidez es “Alright”, la balada de rebajas de invierno con la que Henson establece el tono general del resto de un tracklist que destaca por mostrar toda deriva posible de ese tipo de insoportable melancolía patogénica que vaga sin destino entre el llanto de cocodrilo y la parodia de anuncio de Navidad. Para empeorar las cosas, la lírica de Henson, simpleza aparte, no ayuda precisamente a levantar una ya de por sí decaída parte melódica que, tras sus fuegos artificiales a lo Explosions in the Sky, no hace más que esconder temáticas tan sentimentalmente cojas como la de “The Pugilist”, en la que Henson, en una muestra de existencialismo perezoso, se rompe la camisa para cantarle a sus fans que no se olviden de él, todo con la profundidad metafórica de un mensaje SMS escrito por un adolescente. Afortunadamente, no todo es malo en este trabajo. Tras una introducción de cuarenta segundos cuya razón de existir sólo la sabe el cuarteto que la interpreta, es posible que “No Witnesses” se alce como uno de los cortes más seductores del álbum, usando el esquematismo musical que tan tedioso resulta por norma para entregar al paciente escuchante una simple, aunque efectiva, canción para hacer el amor lento. Poco dura, sin embargo, la sensación de que el disco puede estar remontando, pues “Good Lust” vuelve a adivinarse como una terriblemente aburrida nana que, con sus interminables adagios de cuerda frotada, nos invita a abandonarnos a los brazos de Morfeo para huir del hastío musical en el que muy probablemente nos encontramos en este punto de la escucha.

Lo que realmente hace que este LP se tambalee sobre sus talones es la poca constancia que Henson demuestra a la hora de componer. “Kindly Now” se muestra continuamente indeciso entre lo genérico y lo lacrimógeno, dando lugar a cierta sensación de decepción en un oyente muy consciente de que este trabajo podría haber sido algo mucho, mucho mejor.

Lejos de ser consciente de lo repetitivo de su temática, Henson se empeña en seguir hablando de su amor genérico con “Comfortable Love”, una sobredramatizada composición en la que la ascendente densidad sonora –que no tensión– acaba conduciendo a… la nada más absoluta y banal, algo que de nuevo se acentúa con momentos líricos en los que se hace realmente difícil señalar con exactitud a lo que hace que la estrofa chirríe como una bisagra del siglo pasado (“I’m in bad love / don’t be sad love / I’m amazed that you / ever loved me”). ¿De qué trataba esta canción? Uno se puede perder entre tanta metáfora.

Dejando el tono jocoso y las preferencias de género aparte, he de decir que si algo se puede entrever entre los quejidos de Keaton Henson es que el artista posee una sensibilidad extraordinaria. Es innegable, por ejemplo, la carga emocional que ese sincericidio nostálgico de “Old Lovers in Dressing Rooms” deja sobre nuestros hombros, haciendo que nos replanteemos nuestro juicio general sobre el conjunto del disco. Escuchando temas tan descorazonadores como este, uno llega a la conclusión de que lo que realmente hace que este LP se tambalee sobre sus talones es la poca constancia que Henson demuestra a la hora de componer. “Kindly Now” se muestra continuamente indeciso entre lo genérico y lo lacrimógeno, dando lugar a cierta sensación de decepción en un oyente muy consciente de que este trabajo podría haber sido algo mucho, mucho mejor. Esa sensación se hace evidente cuando retorna infatigable en momentos como “Polyhymnia”, tema que, si bien no de los peores, sí que vuelve a mostrar el lado más autocomplaciente de Henson con un poco convincente: “Just don’t leave me / Baby stay here / I can’t bear to be apart”.

Es una pena que una persona con tanto potencial melodramático como Keaton Henson se quede en lo que termina siendo una extraña parodia a mitad de camino entre Antony and the Johnsons y James Blunt. Es una pena que, una vez terminada su escucha, uno sienta la sensación de que un álbum supuestamente personal e íntimo no es en realidad más que una reproducción a escala de todo y nada a la vez.

El álbum casi se termina y, tras “Gabe”, una corta instrumental que rompe en cierta manera con el arrastrado sonido del resto del larga duración, llega un muy necesario soplo de aire fresco a través de las voces solapadas de “Holy Lover, faro que ilumina el camino en la oscuridad, pero que no resulta conducir más que a otro punto muerto. El track, vital y rejuvenecedor, llega tarde, muy tarde. La variedad que introduce se lamenta más que se celebra. ¿Por qué ahora? Dudo que alguien pueda responder. Agridulce sin duda es el sabor que “Kindly Now” deja en nuestras papilas musicales, ese sabor que apenas se altera con una templada “How Could I Have Known” que vuelve a retomar piano y cuerdas para llegar a un esperado final que, a decir verdad, consigue elevar mínimamente la dignidad de un disco que sólo de últimas consigue transmitir un atisbo del dolor y la nostalgia que tanto le cuesta comunicar efectivamente a lo largo de sus otros once temas.

En definitiva, es una auténtica pena que en “Kindly Now” se eche más de menos lo que no se dice que lo que sí. Es una pena que una persona con tanto potencial melodramático como Keaton Henson se quede en lo que termina siendo una extraña parodia a mitad de camino entre Antony and the Johnsons y James Blunt. Es una pena que, una vez terminada su escucha, uno sienta la sensación de que un álbum supuestamente personal e íntimo no es en realidad más que una reproducción a escala de todo y nada a la vez, escondiendo tras su épica post-rock/folk una evidente falta de personalidad y sentimiento. Una pena.

Keaton Henson – Kindly Now

5.0

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Keaton Henson presenta un templado nuevo álbum en el que el folk y el post-rock se unen para crear un artificial drama donde la lírica adolescente y la timidez melódica nos dejan llorando más por lo que no hemos escuchado que por lo que sí.

Up

  • La preciosa portada.
  • Los escasos momentos en los que el oyente consigue empatizar sentimentalmente con Henson.
  • La esperanza de que Henson puede dar más en futuros proyectos.

Down

  • La imposibilidad de tomarse en serio los teatralizados quejidos llorosos de Henson.
  • La lírica adolescente, con fórmulas machacadas hasta la saciedad.
  • Los empalagosos e innecesarios toques de influencia post-rock.