Picture a vacuum / An endless and unmoving blackness”. Desde el vacío sideral emerge una voz, acompañada de una luz. ¿O son voz y luz lo mismo? Ambas se acercan a la tierra, contemplando un cosmos plácido, sin miedos, con distancia. Pronto fijan su atención en un punto parpadeante, la Tierra, en una ciudad determinada, Londres, y en un momento exacto, 4:18 a.m.

Esta es Kate Tempest y así empieza su álbum, narrando. Con un ‘érase una vez’ contemporáneo destinado a sumergirnos hacia un poema musicalizado llamado “Let Them Eat Chaos”. En la edición escrita de la pieza nos señala: “This poem was written to be read aloud”, y así lo concibe Tempest en sus actuaciones, desgranando el disco de inicio a fin, sin interrupciones. Porque esta es básicamente su naturaleza. Kate Tempest es escritora más que rapera, y en materia literaria tiene bastante experiencia; con sus treinta años ha publicado diversas antologías poéticas, una novela, tres discos (incluimos aquí “Balance” con Sound Of Rum) e incluso se ha lanzado al teatro con una obra llamada Wasted, cuya magnífica adaptación pudimos ver en nuestro país.

En las manos de Tempest se diluyen las barreras entre rap y literatura. Exhibe sus historietas con una inmensa facilidad para conectar con el público.

Como vemos, hablar de Kate Tempest es hablar de literatura. Sus composiciones son ardientes, puntiagudas y alejadas de sutileza, y por ese mismo motivo el rap es el formato idóneo para explorarlas musicalmente. En él ha encontrado un valioso camino para transmitir sus letras, pero lo importante aquí es el lenguaje, el matiz spoken-word. En sus manos se diluyen las barreras entre rap y literatura. La británica exhibe sus historietas con una inmensa facilidad para conectar con el público, transmitiendo el sentir de lo que recita gracias a la gestualidad de su voz y su actitud; la música es un apoyo, una manera de seducirnos a través del ritmo para ofrecerle nuestra atención. La sacudida está asegurada.

A partir de aquí, la máxima aportación que puede hacer esta reseña al disco es invitar a nuestros visitantes a leerlo, más que a escucharlo, y si es en vivo, tal y como Kate pensó para su recepción, mucho mejor (de manera oficial a través de la BBC y vía YouTube aquí).

“Let Them Eat Chaos” es la historia de siete vecinos cuyas vidas se conectan por azar, compartiendo un mismo hecho en común: todos están despiertos a las 4:18 de la madrugada. Pero, ¿quiénes son? ¿Qué les mantiene en vela? A partir de sus relatos Kate introducirá su puño, radiografiando la sociedad, criticándola pero, a la vez, enfocando su mensaje hacia un porvenir lleno de esperanza. Empezamos pues un recorrido por la vida de siete personas tan reales como nosotros, con defectos, problemas y obsesiones que les machacan tras un duro día. Son las 4:18 de la madrugada.

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Fotografía: http://themusicpost.ru/

“Let Them Eat Chaos” es la historia de siete vecinos cuyas vidas se conectan por azar, compartiendo un mismo hecho en común: todos están despiertos a las 4:18 de la madrugada.

Picture a Vacuum” es, como hemos comentando, un majestuoso ‘érase una vez’. Kate empieza hablándonos directamente, sin música, para que podamos escuchar cada movimiento de su boca. Con entonación inocente y cándida, nos guía por el universo casi como almas recién nacidas esperando aterrizar en la Tierra. ¿Qué es este planeta? Parece que en semejante viaje tendremos cierta distancia, pero no la suficiente como para abstraernos de los sentimientos de sus habitantes. Quizá Kate quería extirparnos aquí de la alienación social en la que vivimos para producirnos un deseo de acercamiento a los personajes que estamos a punto de conocer. Mientras lo consigue, la base se oscurece. Ella leva el control en este viaje, aunque se limitará a narrar (al estilo Murakami) lo que podemos ver con nuestros propios ojos, pero igual estamos demasiado alejados para comprender. Acerquémonos. Salgamos de nuestro vacío. Llamemos a una puerta: “Lionmouth Door Knocker” se presenta mucho más urbana y evocativa. Estamos en Londres, de madrugada. Kate ahora contextualiza en qué tipo de ciudad nos encontramos y nos retrata la calle en la que vamos a pasar este momento eterno.

A partir de sus relatos Kate introducirá su puño, radiografiando la sociedad, criticándola pero, a la vez, enfocando su mensaje hacia un porvenir lleno de esperanza.

El primer personaje que conocemos es Gemma, cuya historia se desarolla en “Ketamine For Breakfast”. Gemma está haciendo un viaje retrospectivo desde la soledad de su dormitorio. Le está costando superar un pasado de excesos que oscurece su presente. Gemma no puede evitar pensar en cómo adora lo que la corroe y irremediablemente deja escapar lo que le beneficia. La base musical del tema se compone por ritmos pesados, como la vida anterior de Gemma. Igual de tajante es “Europe Is Lost”, canción que anticipó todo el disco y cuya concepción parece originarse en los atentados de París de noviembre de 2015. Kate sacó el tema poco después de lo ocurrido, esquematizando la perversión contemporánea que planea sobre Occidente. Para cohesionarla con el álbum nos presenta a Esther, una cuidadora nocturna que acaba de llegar a casa exhausta. Esther no para de pensar en el mundo y en su cabeza se desencadena la poderosa canción. Carga contra las instituciones, el racismo, el consumismo, la pasividad… Es desagradable para alguien como Esther ver cómo el mundo se pierde en la deshumanización.

Más circense suena “We Die”, otra robusta y contundente expresión de Kate, que en el disco no sólo impregna problemas sociales, sino también preocupaciones personales que apuntan a la universalidad. En este caso, Alisha es la protagonista. Ha vuelto a soñar con él, y ha vuelto a recordar el día en que les dejó a ella y a su hijo. Ella no cree en fantasmas, pero parece intuir una voz de ultratumba alta y clara. Como le ocurría a Gemma, de nuevo Kate explora un personaje cuyo presente viene muy marcado por un pasado que se resiste a quedar atrás. De modo similar se explora a Pete, protagonista en “Whoops”. Pete es otro personaje clásico dentro de la paleta de Tempest: un joven adulto de futuro incierto que bebe cuanto puede y vive como puede una vida de bohemio. Pete es un poeta idealista, con muchas cosas en la cabeza pero muy poco orden en su vida. Él se deja llevar por un ritmo fiestero sin inicio ni final, como escenifica Kate, entrando demasiado tarde cuando representa al personaje por primera vez: “No, no, no, no, no, no, yeah. No, anyway, what was I sayin’? Fuck it, wait, hold on, I’m coming up, wait!. Kate diseña sus personajes como si los esculpiera, dándoles volumen únicamente modulado con su voz. A la vez, se escenifica a sí misma como narradora, interviniendo por encima de sus creaciones; en eso precisamente consiste “Brews”, en la que conecta a Alisha, Esther, Gemma y Pete. Todos ajenos a la tormenta (metafórica y real) que se les viene encima, pronto la calma de la calle acabará, pero Kate no quiere anticiparles nada todavía.

“Let Them Eat Chaos” es básicamente un toque de atención de la realidad. Para Kate el aislamiento social está acabando con todo, impide darnos cuenta de los problemas de nuestros propios vecinos, nos dificulta las relaciones y al final, entierra el amor humano en la más absoluta distancia.

Nos distanciamos un momento de la calle para volver a subir, donde las negras nubes amenazan con descargar. En “Don’t Fall In la rapera nos convierte en aquella lluvia semi mística, que se acerca para limpiar y purificar. Pero para ser la lluvia del nuevo día debemos liberarnos de esos pesos del día a día que nos han intoxicado. De manera bastante monótona, Kate presenta ahora una de las piezas más metafóricas e incluso paranoicas del disco, con una insistente presencia de sintetizadores. Regresamos a la calle para descubrir un nuevo rostro, Bradley se encuentra detrás de una puerta amarilla, incrustada en “Pictures On A Screen”, una composición magistralmente melancólica en la cual el protagonista no logra encontrar sentido a su vida, pese a todo lo que ha conseguido. El cuadro de una existencia errante, un vacío emocional lánguido y oscuro. La instrumentación parece igual de cansada que Bradley, arrastrándose en un círculo monótono. Cerca de Bradley vive Zoe (“Perfect Coffee”), escuchando música y preparando su mudanza. No puede seguir pagando el alquiler en una ciudad vendida a los inversores. En “Perfect Coffee” llama la atención la manera de tratar la voz que elige Kate, cantando con ciertos aires militares, adoptando un tono que favorece la fábula cuyo acompañamiento son ahora unos sintetizadores igual de apagados pero con matices más vintage. Tempest aprovecha esta pieza para poner énfasis en la inflación que está asfixiando su Londres natal, algo no tan aislado a nuestra realidad (cojamos Barcelona de ejemplo). De nuevo, Kate es una voz comprometida y ácida con su entorno más próximo y prioriza la claridad de su mensaje, lo demuestra también en “Grubby”, focalizada en Pius. El último tópico universal que faltaba tocar en “Let Them Eat Chaos” es el amor, y en este caso el amor (como no podía ser de otra manera) se presenta con represión, inseguridad y angustia. Tempest no se sale de sus tablas y vuelve a hablar directamente, poniendo en Pius todos sus temores y disfuncionalidades amorosas. De nuevo acompañan bases toscas, de bajos pesados y atrapantes.

Nuestro recorrido va llegado a su fin, con Pius hemos conocido a los siete integrantes de la historia. Este es nuestro momento, dice Kate en “Breaks”, un momento en el que el tiempo se congela y podemos mirar a nuestro alrededor. Antes nos preguntábamos qué unía a estos entrañables vecinos, ahora lo tenemos claro: la perpetua duda de la existencia, la inmovilidad de su cotidianidad. Sus rostros vacíos de vida. El tiempo se reactiva, la amenazante tormenta estalla por fin encima de la calle y los siete cuerpos se unen en aquella purificación prometida en “Don’t Fall In”. Todos empiezan a sentir, todos renacen. “Tunnel Vision” prosigue con la oscuridad instrumental de su antecesora y se aleja de la calle para volver a una visión global del planeta. Kate utiliza la metáfora de despertarse para llamar a la acción. ¿Acaso éramos nosotros los vecinos que dormían, ajenos al sufrimiento en nuestras mismas calles? “Tunnel Vision” es el grito a la esperanza, la sacudida que nos arranca la pasividad. Kate no quiere hacer un retrato pesimista de un Londres destinado a la miseria, al final nos quiere recordar que lo único que nos salvará es el amor, como la lluvia sobre siete individuos, la toma de conciencia empieza al mismo momento en el que Kate ha terminado, no sin antes recordarnos: “Wake up and love more”.

Kate Tempest – Let Them Eat Chaos

7.9

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“Let Them Eat Chaos” es básicamente un toque de atención de la realidad. Para Kate el aislamiento social está acabando con todo, impide darnos cuenta de los problemas de nuestros propios vecinos, nos dificulta las relaciones y al final, entierra el amor humano en la más absoluta distancia. El disco más oscuro de Tempest hasta la fecha, que la afianza como una de las voces más interesantes del rap (o spoken-word para puristas) británico actual.

Up

  • El directo.
  • La capacidad que tiene Kate Tempest para jugar con el lenguaje, construyendo metáforas apelativas constantemente que nos impiden desconectar.
  • Lo directo que es el álbum, sin tapujos y afiladamente mundano.

Down

  • “LTEC” transfigura el poema a la música. Pese a ello las bases y efectos acaban resultando un complemento, sin acabar nunca de ser co-protagonistas con el texto.
  • La monotonía instrumental puede hacer perder el interés de una historia que por otro lado podría haber estado mucho más realzada.