Hace unas semanas recibí una recomendación por parte de la redacción. Un nuevo caso de cómo el R&B femenino se expande hasta presenciar interpretaciones la mar de interesantes gracias a una llamativa fusión de estilos. Y claro, últimamente hablo mucho de R&B. También de mujeres que son fieles al género. Debería hacer una tesis doctoral sobre el fenómeno, teniendo a Solange, a Laura Mvula y Alicia Keys en nuestras filas no sería tarea difícil. La cuestión es que la primera vez que escuché a Xenia Rubinos cantar fue de casualidad en un corte titulado “Pan y Café”. Lo primero que me vino a la cabeza al escucharla fue: “coño, si canta en mi idioma”. Pero por otro lado, una vez digerí la canción, pensé: “¿cómo diantres se ha sacado de la manga una improvisación tan absurda pero a la vez tan maravillosa como esta?”.

Clases de justicia racial con Xenia Rubinos

Es portadora de un piano desde los cuatro años, y desde los ocho una máquina de karaoke donde podía cantar lo que ponían en la radio. Fanática de una joven (y para entonces talentosa) Mariah Carey, ya estaba encaminada a convertirse en artista. De raíces latinas y una gracia incomparable, ha vivido rodeada de historias sobre supersticiones, brujas y realismo mágico, conceptos que podemos extrapolar a su álbum debut “Magic Trix” en 2013. Para entonces firmó con la compañía neoyorquina Ba Da Bing! Records, un sello que le dio total libertad para crear y autopublicar su ópera prima con gusto primordial por el hip-hop, el jazz y la música latina en dosis más discretas. Se bastó por entonces de lo que tenía. Suena divertida y, sobre todo, atrevida, experimentando en la tradición y consiguiendo matices caseros pero atrayentes.

No obstante, la tesitura de su voz se trasladará a un mejor tratamiento en los estudios de grabación y, por ende, pasará por un filtro de mayor cuidado de sus producciones junto a ANTI-/Epitaph Records. En Black Terry Catpercibimos un adiós a la dicharachería musical de Rubinos, da la bienvenida a un sonido más comedido y accesible para el público, aunque más oscuro y sobrio en cuanto a su temática de crítica racial y post-muerte, pero sin llegar a abandonar del todo su gracia al interpretar, puesto que Rubinos no sólo interpreta un papel, sino que lo crea y lo fundamenta en base a la evolución y el desarrollo de su segundo álbum. Se nota por el uso más comedido de su lengua materna, el español, aunque es irremediable encontrar pequeños momentos de espontaneidad y gracia latina con la que irrumpió en el panorama independiente.

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Fotografía: Camilo Fuentealba / http://www.thelondoneconomic.com/

En “Black Terry Cat” percibimos un adiós a la dicharachería musical de Rubinos, da la bienvenida a un sonido más comedido y accesible para el público, aunque más oscuro y sobrio en cuanto a su temática de crítica racial y post-muerte, pero sin llegar a abandonar del todo su gracia al interpretar.

Don’t Wanna Berecibe una calurosa presentación gracias al devenir del bajo y los platillos sugerentes de Romeo. Si hay algo que destacar en este primer corte oficial es el fraseo de Rubinos y los ecos en las notas largas, que retumban cuales cánticos de sirena. Los pequeños destellos al saxofón componen un comienzo con gusto, elegante dentro del pequeño caos que ella misma esconde con la arritmia y la calidez de su voz, y que extiende a un final jazzístico del todo catártico. Pero la marcha no tardará en llegar con Mexican Chef, el reflejo más fiel de ese juego continuo de su primer álbum. Híbrido entre un tema de los White Stripes y otro de Chaka Khan, nos regala un vistazo a la discriminada diversidad por las calles de Brooklyn, la población latina y los bares hipsters donde hay oportunidades para cualquier persona que quiera dedicarse a la música (“Brown cleans your house, brown takes the trash, brown even wipes your grandaddy’s ass”). Ni os cuento de cuando nos deleita con su español. Delicioso. Just Like I, aun pareciéndose al sonido de Jack White y sin perder toque alguno de jovialidad, acaba por sonar chirriante desde el primer segundo. Puede que a Rubinos no le siente del todo bien el sonido garage, pero de los errores se aprende.

A raíz de un momento de duda por encontrar en sus letras un vacío irremplazable, cayó que con Black Starsincitaba a su público a vivir sus vidas con alegría y respetando unos a otros. Era 2014 y el asesinato del joven afroamericano Michael Brown azotó Estados Unidos y levantó debates sobre la problemática racial que todavía viven. Una canción que, con la metáfora de las estrellas muertas en el cielo (que todavía siguen escupiendo pequeños atisbos de luz), recuerda a su padre, que falleció el año pasado. Nuestra protagonista “quiere gueto y tener calor”, y junto a su compañero desde sus inicios, el multiinstrumentista Marco Buccello, lo consigue a golpe de teclado y sintetizador, enfrentándose a lo efímero y el significado que tiene la muerte en nuestras vidas. También encontramos guiños hacia su padre en temas como Right?(“he has turned into a great dreamer”), refiriéndose a una frase que una de sus cuidadoras dijo antes de su muerte, y parcialmente en Laugh Clown, un corte mucho más lírico y R&B, donde llora cuando se supone que tiene que reír. Un ejercicio cargado de belleza vocal que le sirve para cuestionarse de dónde viene y por qué no tiene nada en un país donde ella se ha criado.

El miedo que Rubinos padecía por no contar nada en su repertorio, tal y como ocurrió en “Magic Trix”, lo ha superado encontrando asuntos susceptibles de reflexión.

Después de un ejercicio  instrumental curioso en 5 (suena el mismo riff varias veces, pero a la larga se hace escuchable), suena Lonely Lover, el tema con el que se suele presentar Rubinos ya que fue la primera de su repertorio en ser grabada de manera oficial. A partir de un bajo que consiguió y su obsesión por crear una melodía junto a él llevan a este corte sensual repleto de cadencias vocales y reminiscencias de la motown de mitad de siglo una vez entramos en el estribillo. Una canción que si vale es por su ambivalencia si atendemos a la instrumentación, una mezcolanza entre felicidad y nostalgia. La cultura del ‘selfie’ es otro tema que saca a la palestra en “Black Terry Cat”. Xenia se siente violenta al pensar que sólo ofrece la mejor de sus facetas al público, siendo consciente que ella también participa en la línea del engaño. I Won’t Saybusca explicarlo con el bajo y el teclado en una clara tendencia hip-hop que busca el mensaje, y no un sonido superfluo y llamativo como bien nos recuerda en su debut (“I got so many likes that time you won’t believe me, if you’re not there, you’re nowhere, where is the place you are?”).

Encontramos momentos de éxtasis experimental al final del álbum. Según Rubinos, escuchar See Themes como leer una historia de Pesadillas con un final que nunca te esperarías; quiero pensar que tiene relación al entender de los americanos en cuanto a la procedencia de la población latina y la posterior crítica de la neoyorquina (“Who are they to come tell me where I’m from and what is wrong?”), pero es tal la confusión en su estructura que resulta complicado de descifrar. Tres cuartos de lo mismo con How Strange It Is, mucho más cohesionada que la anterior, donde los descensos cromáticos invaden cada estrofa pero acabas en una burbuja de confusión final.

En resumidas cuentas, Xenia Rubinos nos muestra una manera divertida y particular de entender la ideología americana, los prejuicios hacia la raza y los derechos que merece cada ciudadano, independientemente de la etnia o la procedencia. “Black Terry Cat” también hace un recorrido por la actualidad tabú (la sociedad de la autofoto y las redes sociales) y la superación humana a raíz de la pérdida (la muerte de su padre en 2015). El miedo que esta padecía por no contar nada en su repertorio, tal y como ocurrió en “Magic Trix”, lo ha superado encontrando asuntos susceptibles de reflexión. Su cierre ilegible no firma un final redondo, pero sí particular y complejo, no apto para cualquier oyente. Será que por eso me sigue haciendo tanta gracia “Pan y Café”.

Xenia Rubinos – Black Terry Cat

7.4

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Tres años después de su debut, Xenia Rubinos auna crítica y vanguardia en “Black Terry Cat”, una producción más elegante, elaborada y un tanto irregular que no deja escapar, sin embargo, el encanto natural de la neoyorquina a la hora de jugar y experimentar con nuevas texturas y sonidos.

Up

  • Es un álbum inteligente, rico en temática y planteado desde una perspectiva jovial.
  • La faceta sentimental al dedicarle diversos de sus temas a su padre muestra a la Xenia Rubinos más auténtica.
  • “Lonely Lover” como tema cumbre del álbum, gracias a la nostalgia motown que irradia.

Down

  • La vertiente ‘garage’ del disco no atina con el conglomerado R&B que predomina junto al fraseo hip-hop.
  • La experimentación final del álbum confunde y termina de forma innecesariamente abrupta.
  • Otro disco en el que los interludios no muestran una función clara y alargan el contenido final sin razón aparente.