¿Quién no conoce «Uptown Funk”? Bruno Mars se ha hartado a vender, junto con su colega Mark Ronson, una cantidad casi indecente del que fue exitazo masivo de 2015 y que incluso a día de hoy colea. Lo más lógico por parte del cantante hubiera sido subirse al carro y apuntarse un tanto en forma de larga duración durante aquel año pasado. Aun así, Bruno decidió tomarse un tiempo de descanso para poder parir, doce meses después, este 24K Magic que, ya de entrada, no está sorprendiendo en ventas de la misma manera que lo hizo su anterior “Unorthodox Jukebox”.

¿Huele a desgaste? ¿Se estará acabando el fenómeno de un artista que ha roto récords dentro de su categoría masculina como a muchos otros les gustaría? Sin tener un servidor las respuestas a tan relevantes cuestiones, se intentará analizar todo aquello que rodea a este nuevo largo el cual, de inicio, se presenta con unos escuetos nueve temas que nos transportarán, a base de looks ochenteros y noventeros, a una época mucho más luminosa y, quizá, esperanzadora.

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Bruno Mars vuelve a la pista de baile igual que tú a las 4 de la mañana: tambaleándose

Aunque irregular, el resultado de “24K Magic” nunca se puede tildar de aburrido: la duración y el motivo colorista que sus temas desprenden sirven para lo que están concebidos: bailar y desinhibirse sin ningún tipo de complejo.

Esa24K Magic”, que ya acumula más de 135 millones de visualizaciones en YouTube (y suma y sigue), es la canción encargada de abrir el álbum y la cual nos introduce en ese universo retro-ochentero que Bruno lleva mamando desde su niñez, que ya hemos oído durante su trayectoria en algunas ocasiones pero quizá nunca de forma tan evidente, y al cual se ancla para empezar este particular viaje al pasado. El resultado, incluso teniendo trazos nostálgicos de aquella música tan VHS en su cuidada producción, es descafeinado; la fiesta a la que nos invita Mars no tiene el volumen a los decibelios necesarios. Unos ritmos ochenteros más suaves aparecen en la ‘sensual’ “Chunky, en la cual Bruno nos habla de su mujer ideal dentro de una oda un tanto repetitiva (y eso que sólo dura unos escasos tres minutos) repleta de nulas metáforas que hasta nos llegan a ejemplificar las medidas físicas ideales del hawaiano. Otro tema que, como “24K Magic”, es divertidísimo de ver en directo con un Mars entregadísimo en materias de voz y baile, pero que escuchado reposadamente tiene poco que ofrecer.

Al fin algo de diversión en la disparatada Perm, una cachonda composición funk frenética que tiene toda la cafeína que los dos anteriores cortes tanto necesitaban. Aquí la letra tiene ese componente risible por el que Bruno tendría que apostar más con tal de conseguir un efecto completamente redondo de baile e ironía descarada. Un fino hip hop sutil y medidamente popero se deja escuchar suavemente en That’s What I Like, que sí, trata de lo que te estás imaginando, pero al menos no peca de repetitiva. El toque smoothy que el tema abandera y que tanto se agradece se diluye a ratos, pero cuando menos nos deja uno de los mejores puentes tontorrones que escucharemos en todo “24K Magic”, y que huele igual que aquel hip hop comercial y colorido de la MTV de los 00’s que por entonces tenía como protagonistas a Usher o a las Destiny’s Child.

El problema viene de la poca ambición y riesgo del hawaiano, que tira de hemeroteca de sus años mozos para construir un disco que no suena muy distinto a como sonaría en manos de otro artista similar hace unos veinte o treinta años.

Versace In The Floor suena a las melodías e instrumentaciones más ñoñas de Michael Jackson, pero bajo el prisma de Mars el resultado es mucho más juguetón en cuanto a intenciones. El regusto añejo está más que buscado, pero justo cuando la pieza se pone más interesante y arriesgada decide acabar, para disgusto de un servidor. Esa bola de discoteca de los ochenta tan rococó que encontramos en “Versace In The Floor” se vuelve en resaca noventera en la raspadilla Straight Up & Down, que cuenta con una melodía que a ratos parece prometer un atisbo de esperanza pero que acaba sonando un tanto genérica y reiterativa aunque fresca y, al menos, no aburrida dada su duración. Calling All My Lovelies, que desprende chulería por todos los costados, nos pide ser escuchada durante la noche mientras conduces. La anecdótica intervención de Halle Berry (sí, nene, Halle Berry) se vuelve tan innecesaria como el puente que la precede, pero al menos encontramos momentos de lucidez en esa base algo más dura y dorada que acompaña a todo el corte, poco vista durante el conjunto.

Si Bruno Mars intentaba pasearse por todos aquellos ambientes más conocidos de las listas de éxitos de los 80 y los 90, se puede decir que no deja títere con cabeza. De hecho, en Finesse parece que estamos escuchando a una suerte de boy band muy blanca tipo NSYNC o Backstreet Boys mezclada con ese toque tan jam de Bell Biv Devoe y New Edition. Vamos, pura fantasía. Hay incluso retazos de tema en los que podemos escuchar la típica intervención aleatoria de un rapero a quien, puestos en este caso, acaba interpretando el mismo Mars (observamos una vez más su gusto por vestirse de otras épocas que reivindica hasta la saciedad en este “24K Magic”). Cerramos con Too Good To Say Goodbye”. Como podríamos imaginar, se trata de una balada (porque las baladas sirven para cerrar los discos). Aunque al principio parece que se nos viene encima una avalancha de aburrimiento, Bruno salva los muebles con algún arreglo resultón en algunos momentos de la melodía (que, como pasa otras muchas veces, va y viene a su son) y con su voz, que aquí tiene ciertos dejes de dos de sus grandes inspiraciones, el ya citado Michael Jackson (aquí en una versión más aniñada) y Marvin Gaye.

La reiterativa referencia a los clásicos es uno de los grandes problemas del disco, y aunque Bruno se encarga de tildarlo como positivo ya que según él estamos hablando de un homenaje a una(s) época(s) concreta(s), lo cierto es que esta repetitiva veneración le hace un flaco favor a un artista que podría demostrar mucho más que lo que nos ofrece en este largo.

Aunque irregular, el resultado de este “24K Magic” nunca se puede tildar de aburrido: la duración y el motivo colorista que sus temas desprenden sirven para lo que están concebidos: bailar y desinhibirse sin ningún tipo de complejo. De hecho, en directo tiene pinta de sonar todo de fábula. Misión cumplida ahí, Bruno. El problema, en cambio, viene de la poca ambición y riesgo del hawaiano, que tira de hemeroteca de sus años mozos para construir un disco que no suena muy distinto a como sonaría en manos de otro artista similar hace unos veinte o treinta años. Sin duda, Mars parece señalar a partir de este elepé unos tiempos que eran mucho más felices que los de ahora pero, ¿no es un símbolo de simple escapismo proponer un proyecto tan poco actual?

¿Es precisamente en este homenaje donde se entiende el concepto del álbum? Claro, pero es justo aquí donde quizá radica uno de los grandes problemas de “24K Magic”: la reiterativa referencia a los clásicos. Aunque hablamos de un inconveniente que Bruno se encarga de tildar como positivo ya que según él estamos hablando de un homenaje a una(s) época(s) concreta(s), lo cierto es que esta repetitiva veneración le hace un flaco favor a un artista que podría demostrar mucho más que lo que nos ofrece en este largo. Después de ver cómo Mars se viste con trajes tan diferentes durante su trayectoria como en la resultona “The Other Side” (que suena a puro Gnarls Barkley), de mediterraneamente cervezero en “The Lazy Song”, de romanticón en “Just The Way You Are” y de retro-vintage de segunda mano en todo este “24K Magic”, cabe preguntarse: ¿A qué suena Bruno Mars?

Bruno Mars – 24K Magic

6.1

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Bruno Mars se prueba todos los trajes habidos y por haber de los momentos más alegres de las décadas de los ochenta y los noventa. Aunque la fiesta y la coherencia del conjunto son innegables, se echa de menos un poco de riesgo en la propuesta del hawaiano que, aun sonando voluntariamente añeja, no pasa de ahí.

Up

  • El deje colorista del conjunto, tan lejos del pesimismo habitual del mainstream actual.
  • El vozarrón de Mars es incuestionable y distintivo. Incluso en temas como “Calling All My Lovelies” se atreve a pegar un cambio más grave a su registro.

Down

  • No conocemos a Bruno Mars y no sabemos a qué suena. Sólo comprendemos que es un digno sucesor de sus parientes comerciales, pero aún desconocemos sus inquietudes.
  • Temáticamente, el álbum se mueve siempre por unos terrenos constantes.