¿Qué significa la fórmula del éxito para un grupo de chavales que empiezan a reunirse en un garaje de un barrio residencial a tocar, en los ratos libres de la universidad, entre las demás herramientas y la lavadora, poniendo especial cuidado en que las cervezas no se viertan sobre los altavoces? Probablemente nada pudiera equipararse a la sensación de arrancar el coche y moverse a la playa, practicar español con los turistas, dejar el radiocasete con Hüsker Dü sonando sobre la arena. Sin embargo, en el rincón están las bicicletas cogiendo polvo, aún hay que asistir a las clases y sólo resta tiempo para ensayar un poco más, hasta que se haga de noche. ¿Falta mucho para que llegue el verano?

Queda poco de esos Pixies que entraban en escena con lo que podían, una juventud desengañada y creativa, optimista, llena de influencias en una época en la que el punk estaba muy visto y su necesaria evolución se manifestó a grandes rasgos en nombres como Pixies o Sonic Youth. Quizá lo que sí haya mantenido la agrupación es la nostalgia, porque muchas pavesas de sus cinco primeras publicaciones se cuelan entre los temas, que ya tuvieron su anticipación en los 3 EPs encargados de anunciar el regreso de la banda, su rescate desesperado de los años noventa. Porque no hay lugar a comparaciones. El aspecto musical y el dadaísmo de las letras aparecen envejecidos, lánguidos. Se ha agotado al Black Francis increíble y sus múltiples texturas vocales, así como las de la bajista y también cantante Kim Deal, siendo ésta la mayor ausencia que notamos en el nuevo trabajo. Tampoco el productor de sus anteriores obras les acompaña esta vez pero, ¿cuál ha sido la virtud de los Pixies sino saber componer collages con lo que tuvieran a mano?

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“Head Carrier”: un intento de regresar a los inicios, menos transgresor y con pocas ideas nuevas

El aspecto musical y el dadaísmo de las letras aparecen envejecidos, lánguidos. Se ha agotado al Black Francis increíble y sus múltiples texturas vocales, así como las de la bajista y también cantante Kim Deal, siendo ésta la mayor ausencia que notamos en el nuevo trabajo.

El santo comienza la marcha con la cabeza entre las manos, despacio, sin hacer demasiado ruido y tratando de implantar viejas fórmulas al caminar por el mundo urbanita. “Head Carrier” propone un prototipo de canción que se repetirá con frecuencia a lo largo del álbum, con una actitud conformista y genérica. “Classic Masher” iría que ni pintada en alguna nueva entrega de American Pie. Queda algo de la época “Bossanova” pero contaminado con un ademán pop-punk a lo Blink-182 que sugiere la imagen de un grupo de adultos con gorras de Nike y skates, sonriendo a la cámara ante la vergüenza de sus hijos adolescentes. Muy lejos de la idea originaria y disruptiva de los inicios. El balance de texturas vocales, firma de los clásicos, tampoco parece bien calibrado en esta nueva entrega. Así, al llegar a “Baal’s Back”, tratando de recuperar la demencia del tema “Crackity Jones”, los gritos de Francis y la guitarra algo perdida no llegan a encontrar un punto de referencia. Más lumínica y apropiada parece “Might As Well Be Gone”, al estilo de “Tonight, Tonight” de los Smashing Pumpkins, algunas flexiones interesantes y sobre todo el optimismo acotado por una sombra de duda, que recae sobre el panteón al completo igual que las últimas gotas de lluvia, cuando el cielo despeja. Lo dicho, hay buenas fotografías en el álbum. Lástima que sólo sean recuerdos. También “Oona” se revela adecuada, aunque la perspicacia de las letras haya decaído y suene demasiado a recaptura.

Queda algo de la época “Bossanova” pero contaminado con un ademán pop-punk a lo Blink-182 que sugiere la imagen de un grupo de adultos con gorras de Nike y skates, sonriendo a la cámara ante la vergüenza de sus hijos adolescentes. Muy lejos de la idea originaria y disruptiva de los inicios.

Siguiendo una estructura simplona llega “Talent”, creciendo en intensidad cada vez que plantea el estribillo, varias voces se encargan de reforzar la misma línea, sin llegar a ocultar un solo de guitarra indigno de tiempos pasados. Aunque este tema y sencillo se puede perdonar con la llegada del siguiente, sacado también por separado. “Tenement Song” presume de un estribillo pegadizo que parece haber invertido la situación con sus deudores, como si Pixies rastrearan influencias en Dinosaur Jr. o en Pavement. El surrealismo de la banda se deja ver mejor en el videoclip que en las composiciones, pues ésta característica tampoco ha logrado superar la barrera del tiempo. La vena que Pixies podrían haber aprovechado vuelve a presentirse en “Bel Espirit”, aunque con una cantante más limitada que reaparece con total protagonismo en la pista siguiente.

Sentada en un banco la cabeza rememora una intro demasiado conocida con nombre distinto: “All I Think About You”, aunque en esta ocasión dedica el tema a la cantante provisional, como una especie de Nico a la que de antemano se ha anunciado que le van a dar la patada si Deal se decide a regresar o hay otra oportunidad mejor. Tampoco se queda corta en similitudes “Um Chagga Lagga” con sus lentos y exagerados momentos de guitarra, vagidos de perro y buena dosis de esa sensación de lo que se puede hacer en un minuto pero se lleva a tres, para que uno pueda ahorrarse darle de nuevo al botón de reproducción.

Incluso dejando de lado el hándicap de una banda clave en la historia de la música, el trabajo es muy pobre, está agotado y se sirve de elementos viejos propios y ajenos.

Apurando las últimas horas de la tarde, cuando se aproxima el triste momento de separase de sus amigos para regresar al humilde garaje (que ya no es tan humilde) y recoger las latas vacías sobre los colchones, Black Francis comprende el juego que le corresponde y sobre el que podría haber desarrollado su imparable ingenio. “Plaster of Paris” carece de la distorsión crucial de la banda, pero haciendo de su capa un sayo introduce viejas fórmulas en un estilo que los músicos dominan y se mantiene correcto. Subiendo a su posición en el panteón, el santo se despide de la noche tórrida en lo que podría constituir el apartado más coherente de su paseo, donde debe estar, van saliendo las estrellas mientras se extingue el último tema. “All the Saints” se llama.

Una banda debe saber lo que su música puede dar de sí y si está en condiciones de reaparecer en escena o debe preparárselo más. Pixies han sido autores de obras clave para la música en general, hasta el punto de que las últimas generaciones de compositores los citan como influencias. Sin ellos no hubieran podido fraguarse igual Radiohead o Nirvana, por ello me cuesta concebir que sean los mismos autores de “Surfer Rosa” o “Doolittle”, por mucho que traten de imitarlos. Normalmente cuando uno se encuentra con una agrupación tratando de desenterrarse a sí misma espera por lo menos un par de temas estrella que lo justifiquen, un par de perlas rodeadas de estopa, pero no las hay en “Head Carrier”, y no puedo evitar acordarme del regreso de Queen con su «The Cosmos Rocks”, y la amputación del 50% de los miembros. Incluso dejando de lado el hándicap de una banda clave en la historia de la música, el trabajo es muy pobre, está agotado y se sirve de elementos viejos propios y ajenos.

Pixies – Head Carrier

5.4

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Quizá si los muchachos de Massachusetts tomaran en consideración sus limitaciones y probaran a innovar teniéndolas en cuenta, como ya hicieran en su primer EP “Come on Pilgrim” o como nos sorprendió Bowie con su despedida, en vez de intentar repescar la fórmula del éxito, volverían a estar en boca de todos. Con “Head Carrier”, desde luego, no lo consiguen.

Up

  • Algunas melodías interesantes y su actitud optimista.

Down

  • Pixies tratan de calcar sus mejores momentos, y por supuesto no lo consiguen.
  • Carece de originalidad.
  • En lugar de aprovechar la experiencia de su trayectoria se detienen en clichés pasados y llega a tener momentos de pop-punk adolescente.