Todo parece ya inventado y establecido. A veces consideramos ciertos aspectos incluso como inamovibles. Los miembros de un grupo musical han de reunirse para tocar juntos, para discutir sobre el desarrollo y el enfoque de las canciones, para sonar compactados. Así se antoja, al menos, cuando el viento sopla a favor y valoramos el devenir de los acontecimientos desde una posición más o menos acomodaticia. Todo está en orden, nada es demasiado malo. “No nos podemos quejar”, que diríamos. O, “podría ser peor”. Distinta es la situación contraria, en la que la adversidad que parece impedir el avance de un proyecto resulta ser el principal motor creativo, la chispa que enciende la llama de la originalidad, de hacer lo posible con los medios de los que disponemos y a partir de la situación en la que nos encontremos. Porque son los reveses de la cotidianidad los que nos hacen buscar alternativas, las que nos convierten en personas emprendedoras e inconformistas, y es en estas situaciones donde las barreras se volatilizan ante el atrevimiento del ingenio.

Minor Victories: el divertimento sonoro de Justin Lockey

“Minor Victories” es un puzzle en el que cada pieza encaja a la perfección, a pesar de que estas han sido extraídas de diferentes rompecabezas. Y todo sin usar las tijeras para modificar sus formas.

¿Pueden los miembros de un grupo hacer un disco sin tan siquiera verse, sin estar jamás en un mismo lugar? Sí, se puede. Y lo mejor: el resultado puede ser bastante notable. Bien lo saben Minor Victories, el supergrupo en el que convergen Rachel Goswell (Slowdive y Mojave 3), Stuart Braithwaite (Mogwai), Justin Lockey (Editors) y James Lockey, hermano de este último. ¿Cómo? Dando un uso adecuado a las nuevas tecnologías. Sin embargo, Minor Victories no vienen a sentar ningún precedente en esta forma de hacer música, según se puede leer en algunos portales de Internet. Si bien rompe el esquema de lo que para muchos es el proceder natural de una banda de rock, los melómanos más asiduos de YouTube sabrán que Far As Hell fue una de las bandas pioneras en la concepción de tan peculiar propuesta. Esto no resta ningún mérito al trabajo que nos ocupa, ojo, pero sí originalidad.

Minor Victories parte de una idea de Justin Lockey, el cual a finales de 2014 decide hacer un EP de noise rock. Una propuesta musical diferente a la que lleva a cabo con Editors. El guitarrista ve en una voz femenina el recurso idóneo para el avance de su capricho sonoro, y es en este punto en el que entran en juego las cuerdas vocales de Rachel Goswell, en el que es su primer proyecto original desde que se retirara de la música en el ecuador de la pasada década, consecuencia de los problemas auditivos que arrastra desde entonces (laberintitis), los mismos que le han hecho perder la audición del oído izquierdo. Pronto se hizo necesaria la inclusión de más personal, momento en el que Goswell involucró al guitarrista Stuart Braithwaite, mientras que Justin Lockey hacía lo propio con su hermano James.

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Con el email como principal canal comunicativo, cada integrante habría de hacer su parte musical en base a otra que hubiera recibido de otro miembro: a su antojo, sin ningún tipo de directriz; desembocando cada una de las pistas en Justin Lockey, al cual le correspondería la labor de mezclar y arreglar el conjunto.

Con el correo electrónico como principal canal comunicativo, cada integrante habría de hacer su parte musical en base a otra que hubiera recibido de otro miembro: a su antojo, sin ningún tipo de directriz que guiara el experimento; desembocando cada una de las pistas en la bandeja de entrada de Justin Lockey, al cual le correspondería la labor de mezclar y arreglar el conjunto. Un conglomerado musical que no suena sino a la suma de sus partes. La aportación de cada miembro se hace perfectamente distinguible, pues cada uno ha hecho lo mejor que sabe hacer y con su proceder habitual. No hay un punto musical común. Cada personalidad está definida y es fácilmente identificable pero, para nuestra sorpresa, el álbum suena estupendamente cohesionado. Minor Victories es un puzzle en el que cada pieza encaja a la perfección, a pesar de que estas han sido extraídas de diferentes rompecabezas. Y todo sin usar las tijeras para modificar sus formas. Ese es, sin duda, el mayor logro de este compacto en cuanto que hecho sonoro, no así el de sus integrantes. Pues no han hecho más que reafirmarse en sus propios estilos, refugiándose en sus zonas de confort.

El propio Stuart Braithwaite ha llegado a afirmar: “para ser honesto, creo que si conoces la música que todos nosotros hemos hecho, realmente no te sorprenderá. [La música] tiene muchos elementos buenos de las bandas de cada uno”. Y así es como se percibe desde “Give Up The Ghost, el tema encargado de abrir el álbum. Una pieza cadenciosa, calmada y rebosante de potencia en la que escuchamos a una Rachel Goswell en plena forma, y donde el proceder de las guitarras saturadas insuflan el vigor necesario para hacer de este uno de los cortes más inspirados del registro. Siguiendo con el post-punk que caracteriza el primer tercio del álbum, nos topamos con A Hundred Ropes. Rítmica e inquieta, encontraremos en el sintetizador su principal valedor. Será de ahí de donde provenga una sección de cuerda que se erigirá como protagonista en muchos de los cortes del LP, alcanzando una épica majestuosidad en Breaking My Light, la siguiente canción del plástico.

La aportación de cada miembro se hace perfectamente distinguible, pues cada uno ha hecho lo mejor que sabe hacer y con su proceder habitual. No hay un punto musical común. Cada personalidad está definida y es fácilmente identificable pero, para nuestra sorpresa, el álbum suena estupendamente cohesionado.

Otro de los picos del álbum, el más alto, lo encontramos en Scattered Ashes (Song for Richard). En este corte se hace necesario destacar la belleza melódica y la extraordinaria interpretación vocal de Goswell y James Graham (The Twilight Sad), que ejerce de invitado, en la que es una composición rebosante de emoción que expresa gran tristeza ante la pérdida de un ser querido: “Take my life back to the start… Pick up the pieces of my heart… Let it be over”. Un estribillo que, aderezado con exquisitos arreglos de cuerda, se convierte en el que es ya un clásico de este supergrupo. Si la balanza se inclinaba más hacia el post-punk en esta primera parte del álbum, será a partir de Folk Arp cuando veamos una mayor influencia del dream pop y el shoegaze que caracteriza la carrera musical de Rachel Goswell. Así se muestra en esta y en su correlativa, Cogs. Con una voz inquietante, angustiosa, casi de ultratumba, llegamos a un corte dominado por guitarras ruidosas y atmosféricas, las cuales alcanzaran en el solo su punto de mayor lucimiento. Escueto, sí, pero trepidante y con un sentido melódico sensacional. Nos quedamos con ganas de más.

Otro invitado para la ocasión, Mark Kozelek (Sun Kil Moon), será el autor de la letra de For You Always, quien canta, junto con Goswell, un relato que aborda el cómo se conocieron ambos cantantes, así como diferentes episodios posteriores. Un tema sobre una relación de amistad que supone la letra más desenfadada del registro, aunque su atmósfera indique lo contrario, ya que el resto versa sobre la superación de los diferentes obstáculos que nos pone la vida, los cuales abordamos con la esperanza de que siempre saldremos fortalecidos. Esas son, precisamente, las victorias menores de las que nos habla y conforman este LP. El post-rock abanderado por Stuart Braithwaite será el elemento de mayor peso en esta última parte del álbum. La etérea Out To Sea supone uno de los temas menos destacados del largo. Un crescendo interminable y algo monótono que, haciendo gala de cierta solemnidad, no tendrá mayor trascendencia.

Rachel Goswell, Stuart Braithwaite, Justin y James Lockey hacen lo que mejor saben hacer: buena música. Una música que entretiene, que divierte, que te envuelve, que emociona. Y eso es, nada más (y nada menos), que lo que encontramos en este “Minor Victories”

The Thiefdeviene onírica, sosegada, algo plana en su primera mitad, y abusivamente extensa. No es una mala composición para escuchar de forma aislada o, al menos, con la mente más despejada, pero inserta en el desarrollo del álbum puede ser algo tediosa en sus más de siete minutos de duración tras los ocho cortes precedentes. Especial mención merecen los arreglos de cuerda y la parte más ‘turbulenta’ de la pieza, donde las guitarras alcanzan una rotunda sublimidad que, arropando a la voz, será el momento más destacado del tema. Higher Hopes comparte las características de la anterior. Comienza con un piano agradable, del que esperamos una gran actuación, aunque acabará por diluirse en el desarrollo de la pista. Serán, sin embargo, los sintetizadores y la bella melodía vocal las que nos abracen y nos lleven en su cálido colchón sonoro a la explosión musical de rigor, a la que corresponde cerrar el disco con un final emocionante, ruidoso y esperanzador, como bien anuncia el título del corte. Un final para regocijarse en el placer que supone la escucha de esas guitarras atmosféricas y la voz angelical de Goswell.

Minor Victories nos traen un álbum generoso, apacible y degustable. Rachel Goswell, Stuart Braithwaite, Justin y James Lockey hacen lo que mejor saben hacer: buena música. Una música que entretiene, que divierte, que te envuelve, que emociona. Y eso es, nada más (y nada menos) que lo que encontramos en este “Minor Victories”. Un exitoso divertimento sonoro que creció más de lo que Justin Lockey había imaginado.

Minor Victories – Minor Victories

8.0

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El supergrupo Minor Victories debutan con un álbum homónimo que ha sido constituido a partir de la superposición del estilo musical personal de cada uno de los miembros que lo integran. ¿El resultado? Una decena de cortes que suenan perfectamente cohesionados y que son altamente disfrutables.

Up

  • Un álbum creado sin tener una dirección prefijada, sin un objetivo concreto en el horizonte. El resultado final era más o menos aleatorio, y el experimento ha terminado por ser una notable colección de canciones.
  • La voz y las melodías de Rachel Goswell.
  • El dúo Goswell-Graham en “Scattered Ashes (Song for Richard)”.
  • Los arreglos de cuerda dispuestos por Justin Lockey en muchos de los cortes del LP.

Down

  • Los miembros del grupo no han sido capaces de salir de su zona de confort. Las canciones no son más que la suma de sus partes. No han hecho más que hacer lo de siempre. Lo que les resultaba más cómodo.
  • Los últimos cortes del álbum son demasiado extensos. No son malos cortes, en absoluto, pero tras la escucha de los ocho temas precedentes pueden resultar un tanto tediosos.