Hay discos que, más que discos, son viajes. Escasas son las grabaciones que presentan esta magnífica cualidad tan difícil de apropiar. Se esconden entre las sombras de la ultratumba musical, asaltándote cuando menos los esperas, desnudando tu mente en un frenético tornado de luces y sombras y provocando las alucinaciones más extravagantes y deleitables.

“Monolith of Phobos”: delirio de grillos, funk y prostitución

Su nombre, inspirado en las palabras del ex-astronauta Buzz Aldrin, daba ya pistas de la aleatoriedad que iba a caracterizar un disco en el que el adjetivo variado se queda no corto, cortísimo.

Uno de estos viajes es lo que prometía la unión de Primus y Ghost of a Saber Tooth Tiger, oscuridad y luz que, a través de sus respectivos líderes musicales Les Claypool y Sean Lennon, engendraban este verano la estrambótica criatura denominada como Claypool Lennon Delirium, definitivamente un delicioso delirio musical que, cristalizado en su satisfactorio álbum “Monolith of Phobos”, hará las delicias de todos los nostálgicos de la psicodelia más vintage y añeja. Viniendo de una panda de raros como esta, podíamos esperarlo todo de un álbum que ya desde el principio prometía una experiencia, por lo menos, fuera de lo común. Su nombre, inspirado en las palabras del ex-astronauta Buzz Aldrin, daba ya pistas de la aleatoriedad que iba a caracterizar un disco en el que el adjetivo variado se queda no corto, cortísimo. La destreza lírica de Lennon hijo se combina con la extraterrestre calidad técnica de Les Claypool para traer a la vida un inverosímil colectivo de personajes reales y ficticios en un LP novelado donde la abstracción se hace concreta.

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Fotografía: http://wkms.org / http://www.npr.org

La destreza lírica de Lennon hijo se combina con la extraterrestre calidad técnica de Les Claypool para traer a la vida un inverosímil colectivo de personajes reales y ficticios en un LP novelado donde la abstracción se hace concreta.

The Monolith of Phobos” es el aperitivo psicodélico encargado de recordarnos que esta aventura no es más que una secuela de los sesenta, un epílogo del “Let There Be More Light” de Pink Floyd, un monumento resacoso a la grandeza espacial de las décadas del 6 y del 7. Entre armónicos y melodías sintetizadas de soprano aparece por primera vez la desvencijada voz de Sean Lennon, poniendo en trayectoria un tema introductorio que no hace más que preparar el territorio para “Cricket and the Genie”, extravagante obertura en dos movimientos que termina de empujarnos contra el monolito de Claypool y Lennon con la fuerza de un obus. La trascendencia y gravedad de estos dos opulentos temas queda contrarrestada por la entrada de la juguetona línea de bajo de “Mr. Wright”, un esperpéntico collage sonoro que deambula entre los límites de lo circense y lo grotesco, saliendo aquí a relucir la habilidad lírica (y con un toque muy beatelesco por herencia) de Lennon: «He sets up little cameras ‘cause he likes to watch her pee, he likes to watch her pee, he’s trembling with Glee”. Esta regla queda confirmada, sin embargo, por la excepción de “Boomerang Baby” y su asequible lírica, lírica que bien se compensa, todo hay que decirlo, con un solemne desarrollo musical que, en el ambiente adecuado, posee la cualidad de poner los pelos de punta recordándonos, en oposición a la contemporánea temática de su letra, a una época lejana en la que la música se pinchaba y la droga se fumaba.

Teniendo en cuenta lo arriesgado de estas maniobras, es motivo de alabanza que el fruto de este delirio monolítico haya cristalizado de una manera tan satisfactoriamente exquisita, trayendo de vuelta los sonidos sesenteros en un envoltorio inesperadamente original y revisionista.

Poco tiene que ver con la obra teatral de Arthur Miller el sexto corte del LP: “Breath of Salesman”. Es esta una canción que da la sensación de desenvolverse lentamente, luchando por avanzar a través de un charco de fango sónico. Renace aquí un hasta ahora tímido Les Claypool que no sólo se atreve a cantar, sino que saca por fin a relucir su arsenal bajístico, importado de su banda Primus para darle al tema un toque casi metalero. Una vez arrancado, no hay quien pare su frenético juego de dedos y aluminio y prueba de ello es la incesante tormenta de graves que transcurre de manera paralela a “Captain Lariat”, una cambiante composición que alterna influencias del “Sgt. Peppers” y el “White Album” para presentar a uno de los múltiples personajes que pueblan esta enciclopedia de lo irónico que es “Monolith of Phobos”: «Although he’s never held commission, he’s seen it on reality televisión, In his mind he’s above the cut”.

La ironía liviana toma, sin embargo, un giro macabro y visceral en “Ohmerica”, corte que hace de punto de encuentro entre escarabajos y pimientos rojos picantes para embadurnar en funk psicodélico una de las críticas más directas del LP, atacando sin piedad al gobierno estadounidense y su autoritarismo encubierto con líneas tan ingeniosas como: «If you think George Washington evolved from an ape / You should be locked up, in the 51st State”. Una pena que el álbum se lanzara antes de que Trump fuera elegido. Sirviendo el caótico bajo de Les Claypool como hilo conductor, “Oxyncotin Girl” vuelve a retomar el sonido Primus para biografiar la figura de otro de los desafortunados personajes que pueblan “Monolith of Phobos”, siendo esta vez el turno de una desafortunada chica de la oxicodona cuyo rostro podría ser el de cualquiera de esos cuerpos temblantes que, envueltos en harapos, llenan las esquinas de la ciudad del olvido y la indiferencia. Una oda a los cadáveres anónimos de la calle.

Creo que hablo por mucha gente cuando digo que GOASTT y Primus pueden esperar un tiempo. Queremos Claypool, necesitamos Lennon, ansiamos delirio y lo demandamos ya.

Llegados a este punto de excentricismo poético, no debería sorprendernos que el penúltimo track de este monolito sonoro esté dedicado a nada más y nada menos que Bubbles, el chimpancé de Michael Jackson, cuyo nombre se utiliza aquí para trazar una preciosa metáfora que, en el fondo, no hace más que hablar de las controvertidas aficiones de su fallecido amo; un Peter Pan que, entre caramelos y juegos, gustaba de convertir a los niños en jóvenes adultos. En “Bubbles Burst”, las pompas de la niñez explotan para desvanecerse en “There’s No Underwear in Space”, una sideral cuenta atrás que pone fin a nuestro viaje con un abrupto aterrizaje en la vida real. Adiós a Phobos, al grillo y al genio. O quizás no del todo.

The Claypool Lennon Delirium es una banda de resurrección. De resurrección para el bajista de un Primus que ha visto tiempos mucho mejores. De resurrección también para un Lennon que apenas ha conseguido salir alguna vez del subsuelo musical en el que Ghost of a Saber Tooth Tiger habita. Teniendo en cuenta lo arriesgado de estas maniobras, es motivo de alabanza que el fruto de este delirio monolítico haya cristalizado de una manera tan satisfactoriamente exquisita, trayendo de vuelta los sonidos sesenteros en un envoltorio inesperadamente original y revisionista. Creo que hablo por mucha gente cuando digo que GOASTT y Primus pueden esperar un tiempo. Queremos Claypool, necesitamos Lennon, ansiamos delirio y lo demandamos ya.

The Claypool Lennon Delirium – Monolith of Phobos

7.8

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Sean Lennon y Les Claypool traen lo mejor de sus respectivos campos para sorprendernos con un trabajo que, pese a sus contradictorios ingredientes, consigue dejarnos con ganas de más de ese delicioso regusto a agridulce que empapa cada corte de su recorrido.

Up

  • Equilibrio perfecto entre la nostalgia y la experimentación.
  • Variedad temática y sonora sin dejar de poseer una estructura muy homogénea y casi conceptual.
  • Detallismo musical asentado en la gran técnica de dos músicos que saben lo que hacen.

Down

  • Su estilo pomposo puede provocar cierto empache sonoro.
  • Se echa en falta cierto misticismo en lo que respecta a la parte lírica, que muchas veces no concuerda con el tono de su música.
  • Deja cierta sensación de vacío, como si necesitáramos escuchar más de este proyecto para terminar de convencernos.