Sunflower Bean en Madrid, o cómo las apariencias engañan

El trío de Brooklyn destiló su pop y psicodelia sobrados de actitud

Un jueves frío y desapacible en Madrid no fue excusa para que no se abarrotase la sala Siroco, expectante por ver a una de las bandas más punteras del inabarcable panorama indie norteamericano actual. Puede sonar a tópico, pero es que en el caso de Sunflower Bean es pura realidad, la de unos de los nuevos estandartes de la generación neoyorquina que se está gestando ahora mismo. Gusto por el ruido, la psicodelia, el lo-fi y las melodías pop es el denominador común de toda una serie de bandas y artistas ejemplificadas por DIIV o La Sera.

Por estar entrevistando al trío justo antes del concierto nos perdimos buena parte de la actuación de Lois, encargado de abrir la velada. Lois Brea, viejo conocido de la escena madrileña principalmente por su papel de líder de Trajano!, da vida a  este proyecto paralelo en el que él es el único protagonista. Por lo que pudimos ver, un ambiente más oscuro, calmado y opresivo que con su banda, con él acompañado de bajo y batería. Prácticamente imposible de encajonar en un género concreto, las pocas muestras en forma de singles que de momento va adelantando, siempre en clave de lo-fi, nos dejan buen sabor de boca, y aunque quizá nos hubiese hecho más ilusión inicial ver a Trajano! en el papel de teloneros, Lois cumplió con creces.

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Fotografía: Hada Re

Sunflower Bean son ante todo bonitos. Bonitos de ver, de conversar con ellos, y sobre todo, de escuchar. Con una belleza un tanto alienígena y distante, pensaba yo, antes de acercarme a la sala Siroco. Prejuicio que me volaron por los aires en dos ocasiones, al hablar con ellos primero y al subirse al escenario después. Fue cuestión de segundos que cambiasen mi visión de banda dulce y frágil, con tendencia a lo pop y a lo barroco, y la transformasen en un vendaval de guitarrazos, ruido y actitud. La predisposición del público a liarla a las primeras de cambio también ayudó, hay que reconocerlo. En una sala Siroco que por momentos se quedó pequeña, Julia, Jacob y Nick ocuparon todo el espacio disponible, sin especular un solo segundo y soltando toda la metralla, desde las falsamente plácidas “Human Ceremony” y “Tame Impala” hasta las directas “Come On” y “Home”.

Para entonces la locura estaba tan desatada que se permitieron el lujo de versionar al T. Rex más meloso en “Life’s a Gas”, acertando de nuevo. Y por supuesto no faltó la que probablemente sea su mejor baza, una “Wall Watcher” monumental que aumentó el pogo ya existente hasta hacer temblar los cimientos de Malasaña. Con los de Brooklyn sonando por momentos a los también neoyorquinos Parquet Courts más que a otras bandas más blandas a las que se podrían parecer a priori, Julia y los suyos ya me habían dado la sorpresa de la semana, o del mes. Acercándose al post-punk pero con urgencia y luminosidad, enredándose en riffs psicodélicos como si de la propia Velvet se tratase, envolviendo al personal en una nube de ruido demencial (como en la postrera “Space Exploration Disaster”), Sunflower Bean hicieron un bolo entretenidísimo se mire por donde se mire. Tanto, que de hecho la única pega posible es que se hizo, y fue, tremendamente corto, con menos de una hora de duración que por intensa pareció aún menos, y que a nadie en la sala le hubiera importado que se alargase. “There’s more to the picture than meets the eye” cantaba Neil Young. Como para fiarse de las apariencias.

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Fotografía: Hada Re

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