Durante la década de los 80, en la neozelandesa ciudad de Dunedin tuvo lugar un interesante movimiento musical. La movida de esta ciudad dio cabida a una serie de bandas que empezaron a hacer un tipo de pop sin complejos pero con mucha actitud. Se produjo entonces un fenómeno cultural que fue retroalimentando a estos grupos hasta crear toda una escena de reconocido tapiz: el llamado Dunedin Sound.

«Juvenilia»: un viaje de vuelta al Dunedin Sound neozelandés

Entre las bandas más destacadas surgieron algunas como The Clean, The Verlaines o The Bats, adalides de ese pop desenfadado de sonido brillante y sencillo, muy emparentado con el jangle-pop de The Byrds pero con ramalazos de power-pop o incluso las melodías post-punk de la Velvet o The Cure. Toda una amalgama sónica que sentó las bases de esta particular movida.

Ahora, en 2016, Juvenilia rescatan este sonido jangle –y de paso el título de uno de los discos más relevantes de The Verlaines (referentes del movimiento)– para dar a luz a su primera criatura musical que lleva por nombre el mismo que la banda madrileña y por portada una de las más bonitas que hemos visto en este 2016, creada por el ilustrador Diego Cano.

Fotografía: https://www.facebook.com/losjuvenilia/
Fotografía: https://www.facebook.com/losjuvenilia/

Como ocurre con casi todos los discos a los que rinde homenaje este “Juvenilia”, las canciones tienen un gran parecido entre ellas, hasta tal punto de que se pueden recorrer de principio a fin como un plácido viaje sin sobresaltos por un sonido homogéneo y lineal.

Empecemos nuestro viaje por «El final”. Una canción luminosa en la que ya podemos atisbar el hammond que nos acompañará a lo largo de todo el disco. Los teclados están muy presentes y suponen la mitad del sonido de esta banda, la que encarna precisamente Patri, la parte femenina del grupo que además hace los coros. Si los primeros guitarrazos ya nos describen de qué va el disco, «Tu esqueleto” sigue sus pasos, como casi todos los cortes de este trabajo tan bien trenzado por los jóvenes madrileños. De nuevo el órgano tiene mucha presencia junto a guitarras chillonas y ritmos puramente jangle. La letra nos habla de alguien que se queda en los huesos, literalmente, a ritmo de pop. Como ocurre con casi todos los discos a los que rinde homenaje este “Juvenilia”, las canciones tienen un gran parecido entre ellas, hasta tal punto de que se pueden recorrer de principio a fin como un plácido viaje sin sobresaltos por un sonido homogéneo y lineal. Una virtud que puede convertirse en defecto si no se está muy familiarizado con este tipo de música.

El bajo inicial de «Extraños” supone un pequeño punto de inflexión y posee un logrado sonido lo-fi muy interesante que sobresale durante toda la canción. Las guitarras también tienen ese toque garajero para dar forma a uno de los estribillos más pegadizos del álbum. Casi hacia la mitad del cedé descubrimos por primera vez la voz de Patri como vocalista tras unos cuantos coros. Eso sí, después de una psicodélica introducción instrumental. La apocalíptica letra sobre el cambio climático y “la ira vegetal” es otro de los puntos más originales de “Bambú” y está emparentado con alguna de las letras de este, a ratos, reivindicativo trabajo. Y por si alguien dudaba de las raíces de este álbum, los primeros versos de “Futuro” no dejan lugar a dudas: “Una aventura accidental en la Australia meridional”. Y de ahí a alguna playa de Asturias para seguir transitando por el lado oscurete del disco con “La oscuridad”, donde regresan los riffs juguetones y los hammonds afilados y omnipresentes.

“Juvenilia” ensalza una vez más que el pop que se hace en nuestro país no tiene por qué ser lo mismo de siempre. Si quieres viajar de vuelta a la movida, esta vez a la de Dunedin, este es tu disco.

Pasado el ecuador del viaje llegamos a “Atrapados”, otro tema de corte pacifista y reivindicativo, con la capital de Irán como telón de fondo. Probablemente la canción más redonda del disco con un estribillo pegadizo y unas guitarras más brillantes que nunca, sobre las que se deslizan a dúo los dos cantantes. Quizá la elección de incrustar “El río” en este punto del disco pueda sonar a más de lo mismo, por aquello de la letra, pero supone la cara oscura del astro que es la canción anterior. Misma temática de conflicto pero contada con una luz diferente y unos teclados que ahora tiran un poco hacia abajo de la canción. Un claro ejemplo de que dos canciones parecidas pueden ser antagónicas con la armonía adecuada.

Pero pronto volvemos a la luz con unos cristalinos arpegios que nos invitan a “Fiesta secreta”. El penúltimo corte tiene uno de los riffs de guitarra más deliciosos de todo el trabajo, una bajada que va desgranando notas como en una escalera sónica hasta zambullirse en ese ruido de fondo que ponen los teclados. Y para cerrar un disco corto, directo, sencillo y luminoso qué mejor tema que “La reina del Sol”. Una canción que tiene precisamente todas estas virtudes, además de una pegadiza frase repetida por toda la canción entre el órgano y guitarras pop preciosistas. La mejor definición para explicarle a alguien como suena y qué tiene de bueno este álbum se encuentra en degustar los poco menos de dos minutos que dura su última canción. Una canción que deja con la miel en los labios e invita a volver a escuchar este trabajo redondo. Uno de los debuts más interesantes del año sin duda, que trae de vuelta el pop más alegre en sonido y las letras más originales en cuanto a lírica.

Si con el disco “Muévete” de Pacífico decíamos que estábamos ante uno de los discos de pop ochentero más frescos que habíamos escuchado en 2016, este “Juvenilia” lo supera y ensalza una vez más que el pop que se hace en nuestro país no tiene por qué ser lo mismo de siempre. Si quieres viajar de vuelta a la movida, esta vez a la de Dunedin, este es tu disco.

Juvenilia – Juvenilia

8.0

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Juvenilia se van de viaje a Nueva Zelanda en su primer LP para rescatar el Dunedin Sound y se traen preciosas y brillantes guitarras y afilados hammond para dar lugar a melodías alegres y luminosas que encierran letras a ratos frescas y a ratos con crítica a los tiempos que nos toca vivir.

Up

  • Sonido lo-fi pop ochentero Dunedin Sound muy logrado.
  • Letras frescas y originales.
  • Los hammonds omnipresentes.
  • La maravillosa portada.

Down

  • El sonido está tan logrado y se apuesta tanto por él que algunas canciones pueden llegar a parecer muy similares entre sí.
  • ¡Sólo tiene 10 canciones!