Viva Belgrado siguen resistiendo como la aldea gala (o cordobesa) en un género tan complicado y minoritario como el post-hardcore. En este segundo disco aumentan los cambios de ritmo y la intensidad mientras que su poso post-rock se disipa un poco.

Viva Belgrado – Ulises



Llegamos con retraso a uno de los discos del año en el ámbito nacional, pero ya se sabe que nunca es tarde si la dicha es buena. Y esta lo es, vaya si lo es. Decimos nacional porque hablamos de la banda cordobesa Viva Belgrado, aunque lo cierto es que su música ha sido capaz de atravesar ese grueso telón de nuestras fronteras y calar en los seguidores de países con una tradición más arraigada de post-hardcore como los del norte de Europa.

La poesía a gritos es más poesía

Con sus referentes musicales más directos situados en el norte geográfico de nuestro país, destacando el euskal-hardcore de bandas como Berri Txarrak o Lisabö y las letras de Enric Montefusco, de Standstill, los cordobeses continúan cimentando una personalidad propia desde la humildad, en un subgénero que en general no da demasiada libertad de acción.

Con una trayectoria aún relativamente corta (se juntaron en 2012), el cuarteto se ganó el respeto de la crítica con su primer LP “Flores, Carne” (Tokyo Jupiter, 2014), que se convirtió en uno de los debuts más impactantes del año dentro de nuestras fronteras. Menos de dos años después y tras la retirada (temporal al menos) de Exxasens, Viva Belgrado se convierten en el nuevo buque insignia del sello barcelonés Aloud Music, fundamental en la escena post de nuestro país. Con sus referentes musicales más directos situados en el norte geográfico de nuestro país, destacando el euskal-hardcore de bandas como Berri Txarrak o Lisabö y las letras de Enric Montefusco, de Standstill, los cordobeses continúan cimentando una personalidad propia desde la humildad, en un subgénero que en general no da demasiada libertad de acción.

Como decimos, tras el descomunal “Flores, Carne”, la expectación por este segundo disco estaba por las nubes. O lo hubiera estado, de haber habido algún tipo de promoción o adelanto. Sin embargo este segundo trabajo, que lleva por nombre “Ulises”, fue publicado por sorpresa, quizá curándose en salud para evitar las ideas preconcebidas que pudieran surgir sobre él. Y la verdad es que poner la mente en blanco y darle al play es probablemente la mejor forma de afrontar un trabajo de corte tan radical como este.

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Un trabajo radical

El contraste épico entre el spoken word y los gritos con toda la furia que las cuerdas vocales le permiten a Cándido Gálvez se convierte en una de las grandes bazas de Viva Belgrado.  La otra: un dominio instrumental que les acerca al post-rock.

Cándido Gálvez es un cantante que prácticamente no canta. O bien grita con toda la furia que sus cuerdas vocales le permiten las estrofas que él mismo compone, o bien las recita rítmicamente en una especie de spoken word. A menudo en la misma canción, y a veces en la misma estrofa, recurre a ambos recursos, generando un contraste épico que se convierte en una de las grandes bazas de Viva Belgrado. La otra: un dominio instrumental que les acerca al post-rock, con esas construcciones de guitarra monumentales con carga extra de intensidad. Ambos ases los despliegan desde el primer momento de este trabajo, con una Calathea que abre el disco abrumando de manera literal. Con un torrente de guitarras y un inevitable recuerdo a “Baltica”, probablemente su joya de la corona, en realidad empalma con el segundo tema del disco, Pleiades/Pasaportes. Sin duda, un comienzo prometedor y enérgico a partes iguales, en el que ya empezamos a encontrar las bellas pinceladas de lírica angustiosa y opresiva que dibujan las letras de los andaluces («¿De qué me sirve encontrar las Pléyades al Este, si tú aún eres mi Norte?”).

El que quizá sea uno de los pocos peros del trabajo llega con el siguiente tema. Curiosamente enPor la Mañana, Tempranola voz de Cándido se ablanda demasiado, con unos fraseos algo carentes de la rabia que les hace grandes. Sin embargo es una fase breve, que finaliza cuando regresa la aridez enErida, llena de rabia y dolor. A estas alturas la amargura se ha hecho un ovillo con el que las guitarras de los cordobeses se distraen, recordando a tramos a unos Drive Like Jehu a los que se hubiera despojado de toda su mugre, o a Sunny Day Real Estate en los cambios entre picos y valles que pueblan sus canciones. Pero la auténtica cumbre del trabajo llega, como no podía ser de otra  manera, con el tema titulado Annapurnas”. Tres minutos que condensan lo mejor de la banda en una larga letra, sonoramente más asequible de lo que nos tienen acostumbrados y libre de gritos. Transatlántica” se mantiene en esa línea con una melodía casi optimista enfrentada a una temática suicida, resguardado por una genial línea intrumental post-rockera. Sin duda, este es el dúo ganador del disco.

Dr. Jekyll y Mr. Hyde entre furia y languidez

Los conceptos de muerte y viaje planean rasantes sobre todo el trabajo, dotándolo de una espina dorsal y convirtiéndolo casi en un disco conceptual. Pese a todo, los momentos más post-rockeros de este disco se han visto reducidos con respecto a los existentes en “Flores, Carne”.

Queda muy patente en este “Ulises” una dualidad entre canciones cortas como balazos (“Fresas Salvajes, con alaridos ininteligibles a lo Deafheaven, influencia fundamental de la banda) y otras largas en las que les da tiempo a progresar melódicamente (Apaga la Llum). En ese papel de Dr. Jekyll y Mr. Hyde entre furia y languidez, representado por las dos voces de Cándido, los cordobeses son los reyes. En esta última, “Apaga la Llum”, vuelven los conceptos de muerte y viaje, que planean rasantes sobre todo el trabajo, dotándolo de una espina dorsal y convirtiéndolo casi en un disco conceptual. Otro de los momentos más post-rockeros que encontramos en este disco, que se han visto reducidos con respecto a los existentes en “Flores, Carne”.

Tras una Cassiopeia/Contraluces creciente en intensidad, llega Ravenala, que es la clausura perfecta del álbum, la traca final de una salva que te deja las piernas temblando y las pulsaciones disparadas. De nuevo una combinación ganadora de mensajes llenos de lírica pero escupidos con ira y pasajes de calma instrumental que desarman tanto o más como las partes con letra. El fin de este segundo largo de Viva Belgrado nos deja con una pregunta crucial en el aire: ¿para qué recitar poesía si la puedes gritar con todo el aire de tus pulmones?

«Al menos sé que escribiremos una buena historia:
la de quien vive permanentemente en la derrota”

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