La primera vez que supe de Crystal Fighters fue en un programa de música que dirigía David Trueba llamado «Un Lugar Llamado Mundo». Resultaba interesante escuchar cómo la banda, en un formato de estilo reality, explicaba sus vínculos con Euskadi, gracias a la ascendencia de la ex-cantante de la banda Laure Stockley, con Navarra y con otros curiosos iconos pop de España, como Aviador Dro o Las Vulpes. Ese mensaje ligero, agradable pero a su manera profundo, transgresor y con ciertas raíces que resultaban reconocibles me llevó a interesarme y a disfrutar de sus dos primeros trabajos («Star of Love» en 2010 y «Cave Rave» en 2013). Posteriormente pude verles en directo como parte del BBK Live 2014, donde esas raíces del grupo se materializaron en forma de txirimiri, txalapartas e ikurriñas.

«Everything Is My Family”: El anuncio de helados más largo de la historia

A veces la mejor forma de trasladar un sentimiento de pertenencia es cargarse de símbolos sin que esto modifique en exceso tu forma de vivir. De esa manera actuaron en aquel festival, con un sonido que resultaba bastante difícil de encajar geográficamente pero desenvolviéndose siempre con la confianza que tendría un artista tocando en su casa. Desde ese lugar llamado Bilbao a la publicación de «Everything Is My Family, Crystal Fighters han pasado por diferentes trances: la repentina muerte del batería de la banda, Andrea Marongiu, y los posteriores viajes espirituales de dos de sus componentes fijos: Bast Pringle ha indagado en la América hispanohablante, en Euskadi o en Canarias mientras que Graham Dickson buscó inspiración en zonas montañosas de USA. No es difícil hacerse una idea de la cantidad de experiencias sensoriales que habrán podido acumular los Fighters en este periodo y es quizás lo que más desconcierta cuando uno escucha la falta de alma que tiene este nuevo trabajo.

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No es difícil hacerse una idea de la cantidad de experiencias sensoriales que habrán podido acumular Crystal Fighters en este periodo y es quizás lo que más desconcierta cuando uno escucha la falta de alma que tiene este nuevo trabajo.

Un discurso que habla de la concepción titulado «Simplecito» abre el disco. Se trata de la reflexión que hace un costarricense acerca de lo absurdo de la concepción humana. A ésta se enlaza el lema «nada es imposible» sin que venga mucho a cuento. Sermón de tono arrabalesco pero de fondo coelhiano. Filosofía barata que sólo tiene cierta gracia cuando es traducida al inglés. «Yellow Sun» parte con la intención de ser una «I Gotta Feeling» de Black Eyed Peas, tropical y colorista. En ese sentido, encontramos una especie de prenda de Desigual sonora y el tema funciona si uno lo escucha sin muchas expectativas. Sin bajar el tono, sin cambiar un ápice el estilo, llega «Good Girls”. El primer minuto resulta agradable pero después se vuelve tan repetitiva que uno cree haberse quedado encerrado dentro de un eterno anuncio de helados. Los espeluznantes primeros segundos de «In Your Arms» nos sacan del refrescante loop. El tema se arregla, a medias, cuando aparece la voz de Eleanor Fletcher sobre una melodía que parece sacada de un casiotone puesto en piloto automático. Ésta se recompone y se estandariza hasta lograr que la canción se convierta en la marca blanca de cualquiera de los hits de Jennifer López, cuando quizás la idea era que se pareciera a Daft Punk.

Crystal Fighters no han sabido aprovechar sus puntos fuertes en este álbum.

Tras la lluvia de ruidos aparece «Live For You”. La canción parece querer independizarse del disco al hacerse pausada y al estar repleta de sugerentes susurros y distorsiones. Este cambio de registro se agradece sin que llegue a ser gran cosa: es el contexto del que se rodea lo que la hace parecer mejor. «Ways I Can’t Tell” nos devuelve a la actual realidad, una muy machacona, de Crystal Fighters. Melodía repleta de percusiones vertiginosas, que va in crescendo al ir tornándose electrónica, en la que no termina de encajar una letra que parece sacada de algún musical infantil. Algo similar ocurre con «All Night”. Da la sensación de que este tema pretende ser el «You and I» de «Everything Is My Family» aunque termina pareciéndose más al «Waka Waka”. Sin duda estamos en el terreno de la búsqueda del hit en el que se libra la batalla por ver quién hace una canción con menos palabras.

El interesante comienzo fronterizo de «The Moondog” se vuelve vulgar cuando llega al segundo minuto. En ese punto la canción se transforma en un producto diseñado para grandes conciertos o festivales. Incluso hay momentos en los que esta versión de estudio pide que quien la escuche se ponga a dar palmadas. La mezcolanza de estilos e instrumentos pretende dar a la canción un aire progresivo e intenta que sea divisible en varias. Supongo que Crystal Fighters buscan hacer lo mismo que en su día firmaron grupos tan dispares como Pink Floyd, los Beatles, MGMT o el propio Sufjan Stevens, en su época del «Age of Adz”, pero la falta de garra la deja en la parcela de canciones del estilo de «We Are the World», en la que cada cambio de estilo y de ritmo supone una caída irrecuperable. Todo lo que acabo de escribir también es aplicable a «Fly East”, aunque cuente con cierta psicodelia que mejora esta intentona. Esto sólo ocurre en ciertos tramos porque en otros, los últimos dos minutos, su función se limita a retrasar el final de la canción.

En “Everything Is My Family” encontramos un trabajo naive, repleto de irregularidades y falto de garra. Una especie de mala copia de sí mismos.

De un final intrascendente nos movemos hacia el comienzo de «Living the Dream”. Estos primeros compases suenan algo retro logrando con ello la atmósfera que tiene, por ejemplo, gran parte de la banda sonora de Drive. Este efecto se difumina en el instante en el que aparece la voz de Bast Pringle, que trae consigo toda la amalgama de timbales y frases simples que terminan por destrozar el prometedor comienzo. El final de la pieza se vuelve a quitar los efectos pero a estas alturas ya hace un par de minutos que pasamos a la siguiente pista. «Lay Low» aparece con un nuevo inicio demoniaco que precede a lo que podría ser la versión indie de «Mi música es tu voz» y que pone fin al musical de instituto al que acabamos de asistir.

Supongo que con “Everything Is My Family”, Crystal Fighters volverán a meterse a las miles de personas que hagan falta en el bolsillo y si esa era la idea creo que la banda ha cumplido su objetivo. Dicho esto, creo que no han sabido aprovechar sus puntos fuertes en este álbum. Ante su interesante punto de partida y la experiencia y soltura del grupo sobre los escenarios, uno espera una evolución o, en el peor de los casos, más de lo mismo. En su lugar encontramos un trabajo naive, repleto de irregularidades y falto de garra. Una especie de mala copia de sí mismos. 

La nota que ponga al final de esta crítica no tendrá mucha base matemática pero varios hechos parecen claros: “Everything Is My Family” sólo podría tener a duras penas un aprobado si se comparara con los anteriores discos de Crystal Fighters. Fuera de su propia comparación, con bandas (por poner ejemplos) como MGMT, Daft Punk, Tame Impala o el citado Sufjan Stevens de «Age of Adz”, esta nota, ya digo que muy simbólica, se desmorona.

Crystal Fighters – Everything Is My Family

3.7 CREEPY RECORD

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Crystal Fighters entregan en el sucesor de “Cave Rave” una especie de mala copia de sí mismos, en modo piloto automático, que seguirá atrayendo al mismo público en cualquier cita festivalera. Ni evolución ni más de lo mismo: un disco naive, repleto de irregularidades y falto de garra.

Up

  • «Yellow Sun” y “Good Girls” son ‘más de lo mismo’. En ese sentido, se podría decir que ‘no es peor que lo anterior’ publicado por Crystal Fighters.
  • La portada.

Down

  • Algunos temas están alargados en exceso.
  • Líricamente, “Everything Is My Family” no puede ser más simple y aburrido.
  • Las voces de Bast y Eleanor son coherentes con la letra de las canciones y es difícil encontrar en ellas más matices que los que podría haber en un cantante adolescente.
  • El pretendido folclore africano o sudamericano que Crystal Fighters prometían sólo aparece en la portada.
  • Si lo sumamos todo, este disco se parece más un producto Disney que el trabajo de una banda que pretende encabezar festivales.

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