En la vida disponemos de pocas verdades universales pero, sin duda, una de ellas es que Quentin Tarantino sabe la música que hay que ponerle a las películas. El genio de la gran mandíbula lo ha dejado muy claro a lo largo de su carrera, habiendo interiorizado para la tarea con total arrogancia, de paso, las enseñanzas de dos grandes directores que ya estaban ahí antes que él. Uno es, indiscutiblemente, refrendado por él mismo, Sergio Leone. El otro, nunca lo suficientemente tenido en cuenta a la hora de comprender al enfant terrible, es Martin Scorsese.

Con el responsable de El último vals no sólo comparte una estética de la violencia muy similar –pero, a poco que buceemos en sendas filmografías, totalmente divergentes–, sino también un gusto análogo por combinar los estallidos de sangre más brutales y obscenos con los temazos más inesperados, inicialmente inapropiados y, más o menos al segundo, imprescindibles. La primera película de Tarantino, si soslayamos ese coso amateur del que él mismo se avergüenza (El cumpleaños de mi mejor amigo), ya se beneficiaba de este gusto exquisito a la hora de manufacturar lo molón… sólo que esta vez, y sin que sirviera de precedente, la excelsa banda sonora tenía una justificación diegética.

Así, hablar de Reservoir Dogs y de ese milagro conocido como la K-Billy y el SuperSonido de los 70 es hablar de dos entes complementarios dispuestos a proveernos del mayor placer posible. Dicha emisora, inventada del mismo modo que los cigarrillos Red Apple y la Gran Hamburguesa Kahuna –omnipresentes en la filmografía posterior– era referenciada por los personajes del filme, unos auténticos bastardos que no por tener que liarse a tiros con inocentes viandantes disimulaban su melomanía, buen gusto, y conocimiento enciclopédico de la carrera de Madonna. El soundtrack resultante de tal coyuntura no podía ser sino un pepinazo, pero en El Quinto Beatle hemos querido escarbar aún más y jugar a ser, por un día, los afortunados DJs de la citada K-Billy. Ajustando nuestras frecuencias, concretamente, a cada uno de los protagonistas de tan magna obra, y plegándonos a esa encomiable línea editorial que establece que el rock and roll alcanzó la perfección en el año 74. Pero no nos chupemos las pollas todavía y, antes de agradecérnoslo, escucha con atención.

EL SEÑOR RUBIO

el-supersonido-de-los-personajes-de-reservoir-dogs-2

Nadie hay tan inquietante y molón –espero que sepáis excusar el número de veces que aparezca esta última palabra en lo que sigue– como el Señor Rubio (Michael Madsen) diciéndole a un acongojado policía que “Me importa una mierda lo que sepas o no sepas, te voy a torturar de todos modos”… y que acto seguido, mientras suena “Stuck in the Middle with Youde los Stealers Wheel, este glorioso hijo de perra le ampute la oreja. No le importa las repercusiones que en su carrera delictiva pudiera acoger semejante acto –dando por supuesto, sin demasiada convicción, que no haya hecho semejantes guarreridas con maderos antes–; el Señor Rubio encara su vida con un sempiterno Gimme Dangerde The Stooges en los labios sin expresar dudas ni remordimientos existenciales… aunque es de suponer que también tenga sus momentos de intimismo e introspección al son de Behind Blue Eyesde The Who –qué ojos más requetebonitos tiene Madsen, ¿os habéis fijado?–, por encima de toda esa pose de Psycho Killer(Talking Heads). Aunque la película no nos deje tiempo para descubrirlo.

EL SEÑOR ROSA

el-supersonido-de-los-personajes-de-reservoir-dogs-3

El Señor Rosa está interpretado por ese portento interpretativo llamado Steve Buscemi, así que no tengo más remedio que volver a emplear la palabra ‘molón’ para empezar a alabar lo divertidísimo que es este personaje. Empeñado en ser un profesional cual Manquilla agarrado, el Señor Que Quería Ser el Señor Púrpura Pero le Dijeron que Sería Rosa por Maricón ha escuchado Black Sabbath y aprendido a no fiarse de nadie (Paranoid) como requisito para ser como Queen y estar a tope con el Keep Yourself Alive. Así pasará que sabrá apañárselas para huir de toda la complicada situación en la que se metió, Fly Like an Eagle de Steve Miller Band mediante, y tener sueños de irse lejos, de Going to California con Led Zeppelin. Luego la poli parece que le pilla, pero tampoco se puede tener todo en la vida.

EL SEÑOR NARANJA

el-supersonido-de-los-personajes-de-reservoir-dogs-4

El personaje encarnado por Tim Roth es un joven y ambicioso policía con ganas de medrar en el cuerpo, distanciándose con arrogancia de sus semejantes mientras tararea el Go Your Own Way de Fleetwood Mac y espera su gran oportunidad. Así, recibirá el encargo de infiltrarse en una banda de atracadores para reventar su operación desde dentro, exponiéndose a varios días de peligro constante y Jump into the Fire (de Harry Nilsson, empleada por Scorsese en Uno de los nuestros) hasta que llegue el Día D y toque Call the Police a pachas con Thin Lizzy. Las cosas se torcerán, y tras una Bad Luck Situation de Johnny Winter prolongada, el pizpireto poli verá cómo todo se va al carajo, y arrastrará al pobre Señor Blanco con él.

EL SEÑOR BLANCO

el-supersonido-de-los-personajes-de-reservoir-dogs-5

Escribiendo al delincuente del que se haría cargo Harvey Keitel –a la postre, uno de los mayores responsables de que la película viera la luz– Tarantino empleó un inédito derroche de humanidad, manufacturando a un buen hombre, un Simple Mande Lynyrd Skynyrd noble, sensible, que como tal tiene los días contados en un contexto tan chungo. Siente un cariño especial hacia el Señor Naranja, a quien ve como a un hijo que le recuerda tiempos pasados Watching Scotty Grow(Bobby Goldsboro), y le aboca a defenderlo contra viento y marea porque He Ain’t Heavy, Is My Brother, como decían The Hollies. Hasta que, claro, empiece a comprender que su amiguito es una rata, y la consecuente Personality Crisis de los New York Dolls sea seguida de una instantánea caída ante las balas de las fuerzas del orden. Porque ser un buen hombre en una peli de Tarantino, en efecto, sirve para esto.

El Señor Marrón era el mismo dire tratando de convencerse de que actuar no se le daba tan mal, y reservándose para tal fin el monólogo más afilado de la función; como no podía ser de otra forma, el inicial estudio que establece con mucha documentación y razonamiento que Like a Virgin de Madonna es ‘una metáfora sobre las pollas grandes’. Minutos después lo matan y se nos queda muy buen cuerpo a todos. También hay un Señor Azul que no hace gran cosa aparte de lucir pelazo antes de irse a dormir con los peces, pero que también le mola la K-Billy, y eso lo hace uno de los nuestros.