Harts – Smoke Fire Hope Desire

Hoy vengo a soltar una bomba. Sí. Una afirmación, un hallazgo, una impresión que, tal vez, no sea del agrado de mitómanos, nostálgicos y escépticos; de los acérrimos defensores de lo único, verdadero e inimitable. De lo sagrado. Pero que, por otra parte, sorprenderá, atraerá y embaucará a un cuantioso número de amantes del cuarto arte, la música, según lo estableció Ricciotto Canudo en su ensayo de 1911, “Manifiesto de las siete artes”. Y es que el joven Harts ha conseguido sintetizar en su estilo, en su sonido, lo mejor de dos astros de la música en general y del rock en particular: la guitarra de Jimi Hendrix y el proceder musical y versátil de Prince. Una mezcla explosiva en la que, además, Harts logra brillar con luz propia. Hace suyos los estilos de ambos referentes y logra sobreponer su saber hacer particular. Su marca personal.

Darren Hart es puro talento, una evidencia que no ha pasado desapercibida para personalidades de renombre en el mundo de la música como el legendario productor Quincy Jones o el propio Prince. El visionado de unos videos en YouTube con los temas de “Offtime”, EP de 2013, bastaron al príncipe púrpura para darse cuenta del potencial de este joven artista, al cual invitó a su mansión, Paisley Park, en Minneapolis, para tocar ante miles de personas y compartir experiencias y perspectivas musicales. A sus 24 años, este artista nacido en la India y afincado en Melbourne desde su más tierna infancia, compone, canta, toca cada uno de los instrumentos que aparecen en sus canciones (con un llamativo virtuosismo, por cierto), graba y produce sus propias composiciones en su modesto estudio casero. Un espacio en el que, además del mencionado EP, gestó su primer larga duración, “Daydreamer”, publicado en 2014, con el que dejaba ver su habilidad creativa y musical, así como su querencia por el funk rock.

En ese mismo espacio se ha concebido “Smoke Fire Hope Desire”, su exuberante nuevo trabajo. Un LP maduro y ecléctico en el que Harts ha derramado todo su talento. Una obra poliédrica en la que nada es lo que parece porque, para nuestra sorpresa, son varias cosas a la vez. Un sabroso coctel que diluye las etiquetas. Darren Hart conoce a la perfección las singularidades de cada género y se permite la libertad de fusionarlos a su antojo, generando piezas que cristalizan en una amalgama de estilos que dibujan rock psicodélico, blues rock, funk rock, hip hop y rhythm and blues contemporáneo en una forma de proceder en la que no es difícil atisbar la influencia del Prince de los primeros ochenta. Y planeando sobre cada estilo, cada género, cada fusión, cada ejecución musical, siempre la omnipresente y virtuosa guitarra con potente fuzz. La sombra de Hendrix. El otro gran referente de Harts.

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Fotografía: http://sydney.indywatch.org/index.html

“Smoke Fire Hope Desire”: el alegato sonoro de Darren Hart

El joven Harts ha conseguido sintetizar en su estilo, en su sonido, lo mejor de dos astros de la música en general y del rock en particular: la guitarra de Jimi Hendrix y el proceder musical y versátil de Prince.

Fragmentos etéreos y psicodélicos de blues rock serán los encargados de iniciar Smoke (Intro) y de abrir el álbum. Sonidos que no tardarán en transmutarse en un cadencioso rhythm and blues contemporáneo en el que sobresalen oníricos pasajes vocales, solos de bajo que exudan funky, y un sintetizador esquizoide que será el encargado de cerrar la composición aunque todavía no nos hayamos dado cuenta, ya que Fear in Merecoge el testigo del corte anterior de forma tan sutil que, de abandonarnos a la escucha, no parecerá más que el desarrollo de aquella. Una jugada maestra en la que, cuando nos damos cuenta, estamos imbuidos en un riff ácido y vigoroso de guitarra al que no tardarán en sumarse una sección de vientos. El rhythm and blues sigue siendo la base del tema, cuyo desarrollo aún nos depara un pasaje de hip hop para terminar de sorprendernos y confundirnos. ¿Qué estamos escuchando? Sí. Todo a la vez, y con una homogeneidad, una fluidez y una coherencia exquisitas.

Abierta la senda más rockera del polifacético artista, deviene la adhesivaAll Rise (Play It Cool). Guitarras rebosantes de fuzz para hacer de esta una de las piezas más aceleradas del registro. Como ya hiciera en la aplaudida “Red & Blue” de su primer largo, la melodía vocal es doblada con la guitarra eléctrica. Un recurso efectivo que refuerza la melodía y focaliza toda nuestra atención en un mismo punto, haciendo que la melodía se incruste, de forma irremediable, en nuestros cerebros. Un trallazo idóneo para hacer rugir los estadios. Al término de esta llega el primer interludio del registro. Se tratan de canciones escuetas en relación al resto de composiciones del álbum que serán las que configuren el nombre del LP junto con “Smoke (Intro)”. Fire (Interlude) exhibe una guitarra enérgica y nerviosa que resulta el gancho de este funk hipervitalista ante el que es inevitable permanecer estático. Tras la tormenta siempre llega la calma, y así lo dispone Harts conPeculiar. Rhythm and blues con la guitarra, una vez más, como representante del rock más incisivo, apropiados arreglos de viento sintetizados y atractivos juegos de voces que hacen de esta un suculento manjar para la radiofórmula.

Piezas que cristalizan en una amalgama de estilos que dibujan rock psicodélico, blues rock, funk rock, hip hop y rhythm and blues contemporáneo en una forma de proceder en la que no es difícil atisbar la influencia del Prince de los primeros ochenta.

A continuación se inicia Power. Funk rock rebosante de groove con el espíritu de Hendrix sobrevolando gran parte de la pieza. Véase la interpretación de la guitarra. Cosa fina. Pasajes rhythm and blues también brotarán eventualmente a lo largo de la pieza, como no podía ser de otra manera, siempre con la sutilidad y el buen hacer de Harts en estas tareas. Este género es la base principal del álbum, a partir del cual se construye el poliédrico edificio en el que estamos enfrascados. Un recurso con el que Darren Hart impregna su lienzo de más color, más formas y más estilos que dejan entrever, en su conjunto, un futuro brillante para este artista. El rock psicodélico sesentero será la carta principal de Deeper the Hole. La guitarra (marcada por el astro de Seattle) y los coros serán los protagonistas en este tema en el que los estallidos sonoros son los principales reclamos sonoros. Volvemos al rhythm and blues contemporáneo con sus correspondientes elementos extraídos del hip hop en Hope. Un discurso de reafirmación y optimismo que manifiesta: they don’t understand what we can achieve with a little bit of hope”. Conectada con el estilo musical anterior se encuentra Unfamiliar. Es aquí donde Harts muestra sus virtudes como vocalista, haciendo gala del dominio de sus diferentes registros vocales, incidiendo en un falsete potente que planea por muchas de las canciones de este LP.

Y llegamos a un nuevo interludio, Wisdom (Interlude), en el que Darrent Hart nos habla sobre el significado de la vida, en la que es una pieza sobria que actúa, fundamentalmente, como preludio para Realize. Rítmica, melodiosa y pegadiza, sigue enfocada hacia un estilo más mainstream, al igual que ocurre con Here I Go, aunque, en esta ocasión, el tema resulta algo plano. Un corte prescindible que, además, hubiera aligerado el conjunto final, el cual se antoja ligeramente extenso. El último interludio llega con la etérea Desire (Interlude). Tan austero como el anterior en su segunda mitad, Harts se pregunta: Am I a slave to the world? Or am I spiritually free?”. Y de ahí llegamos a Ain’t Too Far Gone, último tema del álbum. Una balada blues rock llena de cambios de dinámicas que estallaran definitivamente hacia el final de la composición para entregarnos una conclusión cargada de fuerza e ímpetu, y que terminará por desvanecerse rápidamente. Como si todo el sonido construido a lo largo de los cortes se fuera desmoronando cual castillo de naipes.

Harts es puro talento, y pretende demostrarlo con la entrega de obras tan excelentes como la que nos ocupa, lejos de la promoción que le haya podido dar, y que de hecho le ha dado, el que Prince se fijara en él. A este respecto, Darren Hart declaraba recientemente al diario australiano The Sydney Morning Herald: “estoy en un punto en el que quiero que la gente se fije en mí por mi propio talento, y no sólo por ser ese tipo que Prince creía que era bueno”. De momento a mí me ha convencido, y espero que Harts siga explorando nuevos territorios sonoros que añadir a su caudal musical para comenzar a construir de nuevo otro edificio que, espero, sea, si cabe, más imponente que el actual. Entre tanto, disfrutemos de esta colección de canciones atemporales, de pistas rebosantes de pasión y espíritu ante las que, creo, es necesario ponerse en pie y aplaudir.

Harts – Smoke Fire Hope Desire

8.8 HOT RECORD

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Harts regresa, tras dos años desde su debut, con “Smoke Fire Hope Desire”, su segundo larga duración. Una obra para sorprendernos con sus múltiples vertientes estilísticas, la cual asombra por su uniformidad, espíritu y musicalidad. Aquí confluye lo mejor de cada género, y no sería extraño que público de diferentes gustos y sensibilidades encontraran en este trabajo un punto musical común.

Up

  • La versatilidad de Harts. La pericia con la que logra acercarse al estilo que se proponga de forma natural, lejos de parecer impostado.
  • La homogeneidad, la fluidez y la coherencia del conjunto a pesar de la variedad de estilos y formas que presenta. Ante tal propuesta no es difícil caer en el collage.
  • Harts consigue asimilar diferentes influencias para hacerlas suyas, dando lugar a un proyecto con personalidad propia a pesar de la presencia explícita de sus referencias.

Down

  • El álbum se hace un poco extenso.
  • La segunda mitad del álbum es estilísticamente menos variada.
  • “Here I Go” no está a la altura del resto de composiciones.