Iván Ferreiro ahora vive aquí. Se ha instalado en un lugar que le resulta cómodo, desde el que ven la luz sus canciones más maduras, reposadas y vitales. Desde donde puede seguir haciendo gala de ese estilo personal e inimitable que él mismo se ha ido labrando con el paso de los años.

No es raro que este disco siga una línea continuista de aquella extensa obra en que se convirtió su anterior cedé: “Val Miñor-Madrid: Historia y cronología del mundo”. Repite a los mandos de la nave un inspirado Ricky Falkner que parece ser el tándem perfecto del gallego. Con el permiso de su hermano Amaro, por supuesto, que también vuelve a participar en la grabación.

Iván Ferreiro ahora vive aquí: en sus propias canciones

Lo que debió ser un mal año, en el que se quedaba solo en casa tras una larga gira con ruptura sentimental incluida, terminó transformándose en doce meses llenos de creatividad.

Y es que Ferreiro depende y mucho de sus experiencias vitales para crear. Si su anterior trabajo contenía cortes bastantes positivos, fruto de lo que él mismo reconoció como un momento de estabilidad sentimental en su vida, en éste podemos encontrar la misma luz e incluso con un punto más de madurez y alegría. Lo que debió ser un mal año, en el que se quedaba solo en casa tras una larga gira con ruptura sentimental incluida, terminó transformándose en doce meses llenos de creatividad. En lo musical, los arreglos de teclado siguen omnipresentes en casi todas las canciones, como no podía ser de otra forma. En especial destaca el delicioso wurlitzer de “El pensamiento circular”, que se funde en las estrofas de este cálido piano eléctrico y que ha servido de primer single. Pero no empecemos la casa por el tejado.

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Fotografía: Wilma Lorenzo

Hay matemáticas, física, astronomía y todos los elementos de las canciones de Ferreiro, eso sí, en un tono más luminoso que en otras ocasiones. Y es que, como decíamos, circunstancias personales al margen, este podría ser uno de sus discos más alegres.

Porque este disco comienza con su propio alegato: “Casa: ahora vivo aquí”. Una dulce canción que pone el felpudo de bienvenida para su sexto trabajo en solitario. Un trabajo en el que ha contado con amigos de gran talento, a los que ha invitado a su particular casa creativa.

Farsante”, por ejemplo, trae ecos de Jeanette en una canción de melodía oscura, triste y de letra aún más melancólica. Uno de esos ataques de sinceridad y bilis que tanto le gustan al vigués, que va creciendo entre arreglos de cuerda y piano que conservan un tono antiguo, como de balada española de los 60 y que ha resultado todo un ejercicio creativo. La idea se la regaló Leiva en forma de estribillo y fue el pianista el que tuvo que construir el resto desde ese punto de partida. En “Dioses de la distorsión” explota el mejor letrista que el artista lleva dentro. Una de esas historias personales, espaciales y con un estribillo diseñado para acomodarse en tu cerebro como M se acomodaba en el jersey del líder de Los Piratas hace años. Hay matemáticas, física, astronomía y todos los elementos de las canciones de Ferreiro, eso sí, en un tono más luminoso que en otras ocasiones. Y es que, como decíamos, circunstancias personales al margen, este podría ser uno de sus discos más alegres. Lo que es mucho –muchísimo– decir. En “La otra mitad” copia sin sonrojo arreglos de lo más beatleianos, desde “Hello Goodbye” a “Getting Better”, para unir una preciosa melodía con los guitarrazos compartidos entre Amaro y Falkner. Todo confluye en el tema más pegadizo del disco: un auténtico disfrute que encierra en su letra un mensaje moral y político.

En general, este disco tiene muchas canciones dispares, lo que se agradece teniendo en cuenta las temáticas a veces demasiado crípticas de las que Ferreiro hace gala en otros discos.

Como contraste, “Laniakea” vuelve a la temática espacial entre ritmos de cabaret con sintes espaciales que acaban transformando lo menor en lo mayor, en una supernova que vira hacia lo positivo en el último momento. La palabra hace referencia al cúmulo de galaxias al que pertenece la Vía Láctea. Una invitación a mirar más allá y situar el tiempo y el espacio en la dimensión que le corresponde. Aunque, al margen de la metafísica y la astronomía, en este largo también hay espacio para el rock más sucio de la mano de “Dies Irae”. Se trata de un tema rescatado de un proyecto que llevó a cabo en 2015 junto a otros músicos como Bunbury o Santi Balmes, cuando el gallego compuso tres canciones para la, digámoslo así, banda sonora de la trilogía de libros “Versos, canciones y trocitos de carne” del escritor César Pérez Gellida. Lo mejor: ese ataque final y el juego de palabras que cierran el tema. Siguiendo con la lírica y el sonido provocativo llega “Los restos del amor”, una pieza con un hammond muy setentero y un ritmo cadencioso y pegajoso que se deja escuchar en posición horizontal a un volumen prudencial como para espantar a los oídos indiscretos. Otro regalo de sus amigos de Egon Soda, la banda de Ricky Falkner.

En general, este disco tiene muchas canciones dispares, lo que se agradece teniendo en cuenta las temáticas a veces demasiado crípticas de las que Ferreiro hace gala en otros discos. O de las temáticas cortavenas –permitidme la expresión– que tan bien se le dan y que tanto gustan a determinados/as fans de su música. Pero como digo, en este trabajo no se le puede achacar que no haya experimentado o que no haya probado a publicar canciones muy diferentes entre sí, sobre todo en lo musical.

El poso que queda tras la escucha es una sensación que yo asocio con el hogar. Con esa casa sonora y lírica que Ferreiro ha construido a lo largo de los años. Ese lugar al que nos invita cada cierto tiempo para acomodarnos y pasar un buen rato degustando sus canciones de autor.

Buen ejemplo es el brusco cambio que llega tras dos cortes tan eróticos como los anteriores y que frena en seco con “Todas esas cosas buenas”. Este tipo de temas los podríamos meter en lo que me gusta llamar ‘canciones de padres’. Canciones maduras si se quiere. Marlango ya hizo algo parecido en su último disco y es que, llegados a una edad, parece que hay que glorificar las cenas con vino en casa de amigos y la vida tranquila y reposada alejada del caos creativo. Pero centrándonos en lo estrictamente musical no se le puede negar que con el piano es un maestro que sabe cómo transmitir la sensación de hogar cuando se le escucha. Así suena este octavo corte en el que utiliza de manera magistral el recurso del inventario sabinero para ir dibujando una canción bonita pero demasiado cómoda. Menos mal que pronto vuelve el compositor más original con la definición del anti-single que, sin embargo, se ha colado como la primera canción de este disco: “El pensamiento circular”. Casi seis minutos de letra cíclica, estribillos llenos de azúcar –y chucherías– y ese piano eléctrico que suena como el mismo cielo mientras va esparciendo su encantador vibrato. Según cuenta, fue escrita en el sofá de su casa el día de su cumpleaños y rodeado de amigos. Y cuando creíamos que se habían acabado las canciones bailables, llega otra vuelta de tuerca con “El viaje a Dondenosabidusientan”. Un título perfecto para esta canción con ritmo medio funky y arreglos muy disco, entre sintes, cuerdas y vientos.

Un perfecto asfaltado para aterrizar con el corte más pop del disco: “Tupolev”, donde le ‘roba’ los cuarteles de invierno a Vetusta Morla para dar a luz un tema de despedida que encierra en su título el nombre del conocido como ‘el avión espía más ruidoso del mundo’. La aeronave soviética homónima que fuera símbolo del poderío aéreo de la URSS y que el gallego reivindica en un homenaje en forma de canción histórica que finaliza con un excelente puente. Y para cerrar, Ferreiro nos reserva “Río alquitrán”, un gran corte final con ecos orientales que se van sucediendo entre arreglos florales de piano, sintes y cuerdas. Una de las primeras canciones que compuso para este nuevo proyecto y que lo ha terminado cerrando.

Con todo lo escuchado, es complicado definir este último trabajo en su totalidad. Es quizás uno de los discos más heterogéneos que hayan llegado de la mano de este artista tan atípico y tan original y ciertamente resulta difícil saber cuál será su próximo paso. Pero el poso que queda tras la escucha es una sensación que yo asocio con el hogar. Con esa casa sonora y lírica que Ferreiro ha construido a lo largo de los años. Ese lugar al que nos invita cada cierto tiempo para acomodarnos y pasar un buen rato degustando sus canciones de autor. Para la próxima le llevaremos una botella de vino. Seguro que le gusta.

Iván Ferreiro – Casa

7.5

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Iván Ferreiro vuelve a construir una galaxia propia de letras personales e intransferibles, melodías espaciales y, en esta ocasión, mucho optimismo. Quizás sea su álbum más alegre, lo que es mucho decir, y toda una invitación para pasar a su “Casa” y acomodarnos con su nuevo trabajo.

Up

  • Su complejo y original lenguaje que parece no secarse nunca.
  • Ricky Falkner ha vuelto a clavar la producción en su particular estilo de ‘indie-mainstream’.
  • Los arreglos beatleianos de canciones como “Casa, ahora vivo aquí” o “La otra mitad”.

Down

  • Para alguien que no esté familiarizado con su obra le puede parecer similar al anterior disco.
  • Heterogeneidad a más no poder. Difícil encontrar un hilo conductor para este trabajo.