Si hay una década que cuenta con más disparidad de opiniones que ninguna otra creo que esa es la de los 90. Depende de a quién le preguntes, habrá quien te diga que es una de las mejores décadas de la historia si no la mejor, pero también oirás a mucha gente decir cosas como que es la peor o que, sin ser tan mala, es en la que comenzó el declive. Hablamos, por supuesto, del plano musical. No creo que nadie de los que nacimos en esa época la recordemos con malos ojos, pero sí hay mucho amante de lo retro que detesta la música de esos años, que afirma que el ‘rock de verdad’ se fue a pique. Yo no estoy de acuerdo con esa afirmación, de hecho es una de mis décadas favoritas, ya que multitud de grupos y de discos icónicos surgieron en ella, así como el rock expandió sus horizontes hacia vertientes completamente nuevas que se llevaban gestando desde finales de los 80 y que a día de hoy se siguen alabando y contemplando con admiración. Uno de los grupos más icónicos que salieron de allí fueron My Bloody Valentine (no confundir con Bullet For My Valentine, por favor, no se lo merecen), quienes revolucionaron la escena underground en 1991 con la publicación de “Loveless”, asentando las bases y definiendo lo que a día de hoy conocemos por shoegaze como nadie había conseguido hacer todavía, y quizás como nadie ha conseguido volver a hacer.

“Loveless”: la armonía del caos

“Loveless” asentó las bases y definió lo que a día de hoy conocemos por shoegaze como nadie había conseguido hacer todavía, y quizás como nadie ha conseguido volver a hacer.

La historia de los grandes discos siempre contiene un pasado turbio y este no es la excepción, pero antes de meternos en el propio trabajo, toca introducir a un grupo que a día de hoy sigue siendo bastante desconocido para mucha gente. My Bloody Valentine es una banda procedente de Dublin, Irlanda, formada por Kevin Shields (voz y guitarra), Bilinda Butcher (voz y guitarra), Debbie Googe (bajo) y Colm Ó Cíosóig (batería). Antes de publicar el álbum que los encumbraría entre la crítica, publicarían diversos EPs y un primer LP (“Isn’t Anything”, 1988) en los que ya coqueteaban con el sonido que querían llegar a conseguir y que acabarían perfeccionando y explotando en “Loveless”. A este estilo se le suele llamar shoegaze ya que debido a la gran cantidad de pedales de sonido que manejan quienes lo practican se dice que los músicos pasan más tiempo mirando sus zapatos que a cualquier otro sitio, llegando a tildarles de vergonzosos. Lo que hace el shoegaze es obtener una distorsión muy exagerada y ruidosa entre la que los riffs y las melodías flotan, a base de configurar los pedales que deforman y amoldan el sonido de las guitarras y de jugar con la palanca de trémolo de la guitarra. Es un estilo en el que a veces la forma casi prima por encima del contenido, con un resultado abrumador, en el que dos guitarras pueden sonar como doscientas y en el que el ruido y la distorsión pueden tornarse tan expresivos y estimulantes como la más clara y limpia melodía.

Conseguir reflejar un sonido como este en un disco no fue nada fácil. Las sesiones de grabación de “Loveless” comenzaron en 1989 y se extendieron hasta 1991. El grupo tenía un contrato con Creation Records, con quienes habían publicado sus anteriores trabajos. Estos querían que grabasen el disco en cinco días, pero al contestarles que era imposible, comenzaron a asustarse. Los meses pasaban y el disco no avanzaba. El grupo pasaba varias semanas en un estudio sin conseguir grandes resultados y después probaban en otro. A veces, un solo día era suficiente para decidir que no era el adecuado. Lo mismo con los productores e ingenieros de sonido. Kevin Shields tenía muy claro el sonido que quería conseguir, pero no sabía cómo podía llegar a él ni cómo podía plasmarlo. Sí sabía que la forma de obtenerlo no podía ser convencional. Pero para la mayoría de ingenieros, lo no convencional era sencillamente erróneo. Así, Kevin Shields se acababa encargando de todo el proceso, desde colocar los micrófonos a los amplificadores hasta manejar todo el apartado tecnológico (aunque todos los ingenieros y productores fueron nombrados en los créditos del disco). Sólo Alan Moulder consiguió trabajar con éxito con el grupo, grabando el EP “Glider”, que se lanzaría como adelanto del disco.

Mientras Moulder iba y venía debido a compromisos con otros grupos como Ride, Anjali Dutti le sustituía, intentando grabar las partes vocales y las guitarras del disco. Con él sacarían el EP “Tremolo”, sin llegar a hacer grandes avances aparte de incluir la canción “To Here Knows When” que acabaría formando parte de “Loveless”. Al final, las partes vocales no se grabarían hasta junio de 1991. En estas participarían tanto Kevin Shields como Bilinda Butcher, quienes no se lo pondrían nada fácil a los ingenieros de sonido. No dejaban que vieran cómo grababan tapándose con cortinas, simplemente sacaban la mano y hacían un gesto de aprobación para indicar que habían conseguido una buena toma, y paraban cuando querían volver a empezar. Ni siquiera iban al estudio con una letra preparada. Kevin cantaba una melodía y a menudo Bilinda escribía sobre ella. Las sesiones se alargaron tanto que el presupuesto del disco provocó grandes pérdidas para su sello discográfico e impidió el pago de todas las facturas por las horas empleadas en los estudios (se llegaron a emplear hasta diecinueve estudios), desesperando a los dueños de Creation Records. La masterización del disco se realizó en otoño de 1991, muy poco antes de su salida. Se escatima que se llegaron a invertir unas 250.000 libras en él, cifra que el propio Shields ha negado alegando que la mayoría del dinero empleado era para sobrevivir y que su sello tan sólo les proporcionó alrededor de 20.000 libras.

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“Loveless” va más allá de poner al límite todos los convencionalismos y la metodología habitual del rock y de la música de guitarras. También desafía al oyente, atreviéndose a colocar en su primera mitad los temas más crudos.

Sea como fuere, el duro esfuerzo y trabajo tanto de Kevin Shields como de todas las personas involucradas que tuvieron que colaborar con una personalidad tan complicada, maniática y perfeccionista dio como resultado un álbum tan especial como el que hoy nos ocupa. “Only Shallow” es la encargada de presentarlo, haciendo muestra desde el primer instante de todas sus virtudes. Una atmósfera ensoñadora a la par que abrasiva formada por una combinación de una instrumental tan violenta como delicada, consiguiendo un ruido aparentemente caótico y desordenado entre el que brillan melodías tremendamente sugerentes si se presta un poco de atención. La voz no destaca sino que funciona como un instrumento más, etéreo, evocador, pero imprescindible para embellecer el conjunto. Este es además uno de los pocos temas que cuentan con la batería de Ó Cíosóig, ya que tuvo problemas físicos y personales durante la grabación del disco y la mayoría de baterías fueron samples que él podía tocar. Lo mismo ocurre en “Loomer”, menos tradicional incluso, con muros de guitarras capaces de transportarnos a otra dimensión y voces que se adentran en el mundo de los sueños y mezclan lo irreal con lo real, lo inmaterial con lo material. Una realidad tan cruda a veces como la de “Touched”, que muestra sonidos aparentemente imposibles de ser reproducidos por una guitarra. Esta es la otra pieza en la que Ó Cíosóig podría aportar sus capacidades, componiéndola en su totalidad.

“Loveless” va más allá de poner al límite todos los convencionalismos y la metodología habitual del rock y de la música de guitarras. También desafía al oyente, atreviéndose a colocar en su primera mitad los temas más crudos como “To Here Knows When”, canción que siempre me ha transportado al mundo de las pesadillas más que de los sueños, con una Bilinda cuya voz casi se asemeja más a un espíritu que a un humano. Todo lo contrario que en “When You Sleep”, en la que por fin parecen distinguirse melodías claras, con Shields a cargo de la voz, quien superpuso todas las tomas que realizó al no quedar convencido con ninguna. No hemos hablado apenas de las letras hasta ahora, pues como ya hemos dicho, es un disco en el que la forma importa tanto o más que el contenido, a pesar de que Shields afirma que las letras fueron lo que más trabajo le llevó, componiéndolas junto a Bilinda Butcher en sesiones de ocho a diez horas. La mayoría de las letras van muy acordes con el sonido que transmite el disco. Melancólicas, ensoñadoras y volátiles, jugando con el inconsciente del ser humano, cuyo deseo extremo lo lleva a confundir lo que es real de lo que no, sugiriendo constantemente figuras y romances que parecen volver y desaparecer constantemente, sin aclarar nunca si alguna vez estuvieron realmente ahí.

La mayoría de las letras van muy acordes con el sonido que transmite el disco. Melancólicas, ensoñadoras y volátiles, jugando con el inconsciente del ser humano, cuyo deseo extremo lo lleva a confundir lo que es real de lo que no.

La cara más melódica del conjunto se manifiesta completamente en “I Only Said”, donde por fin se entregan al pop. No a un pop convencional, por supuesto, sino a uno pasado por su filtro de sonido robusto a la par que intangible, acercándose a lo que hoy conocemos como dream pop. Senda que sigue en “Come In Alone”, en la que se nos invita a dejarnos llevar y a no preocuparnos por el qué vendrá después, entendiendo como ‘después’ la muerte. Casi es la propia Muerte quien parece hablar en este tema gracias a las voces de ultratumba combinadas con la batería machacona y las guitarras que a veces parecen reflejar sonidos del más allá. Pero qué tópico tiene más alma pop que el amor del que se nos habla en “Sometimes”, a pesar de su toque fatalista, definiendo el amor, al menos el que su hablante ha conocido, como algo doloroso, y deseando encontrar uno en el que no haya dolor (“close my eyes, feel me now, I don’t know, maybe you could not hurt me now).

El dramatismo desaparece pronto para devolvernos a la cara más abstracta de MBV con “Blown A Wish”, en la que incluso la voz de Bilinda se encuentra sampleada llevando al extremo su función como instrumento en el conjunto y no como guía. El deseo sigue siendo el protagonista de la obra y esta vez se presenta incluso como la causa final de la muerte (“fall apart my beating heart, nothing left to do, once in love, I’ll be the death of you”). Nos acercamos al final y “What You Want” vuelve a la pesadumbre y a la nostalgia del amor que un día estuvo y ya no está (“what do I say but I can’t get far away, oh, I go back to a memory again). Es en temas como este donde el grupo demuestra su capacidad para exprimir lo no convencional y hacerlo convencional, distinguiendo partes instrumentales y partes en las que la voz sí llega a cobrar cierta importancia, si bien llega a ser prácticamente imposible su comprensión sin una chuleta con la letra al lado. Una última característica de este álbum no nombrada hasta ahora son los outros tan notorios en temas como este. Tras la tormenta instrumental llega una calma que nos apacigua y nos recompone, dejándonos flotando tras toda la carga emocional y sonora a la que nos someten antes. Y para poner fin nos regalan uno de los temas más brillantes de todo el largo. “Soon” puede provocar respeto a priori por sus siete minutos de duración, pero se descubre como una pista que a veces coquetea con el jangle pop y casi invita a bailar, llamándonos a celebrar la vida y dejar atrás el dolor, con coros que incluso se dejan tararear. Un tema de espíritu tremendamente juvenil y noventero y que se me hace irresistible precisamente por eso y que pone fin a una dimensión sonora en la que la realidad y el subconsciente se funden y ante la que sólo podemos dejarnos llevar.

“Loveless” sentó cátedra en un género cuando apenas acababa de nacer consiguiendo convertir el ruido más espeso en melodías frágiles llenas de belleza.

“Loveless” acabó siendo uno de esos discos emblemáticos tanto del rock, como de los 90, como de la historia de la música moderna en general por méritos propios. Su grabación fue terriblemente complicada y acabó costando incluso daños auditivos en sus componentes debido a los altos volúmenes a los que se exponían constantemente; además de su salida de Creation Records debido a los altos costes de producción y al resto de gastos, más teniendo en cuenta que hablamos de un disco que es de todo menos comercial y que a pesar de sus buenas críticas, sus ventas no consiguieron reponer todo el dinero invertido. Fuera de eso, “Loveless” es un disco muy especial, desde esa portada con la guitarra embadurnada en una niebla de color rosa que tan bien describe lo que es el disco en sí, hasta su contenido: toda una demostración de que todavía quedaban un montón de sonidos que explorar en la guitarra y de formas con las que hacer rock. Sentó cátedra en un género cuando apenas acababa de nacer consiguiendo convertir el ruido más espeso en melodías frágiles llenas de belleza. Y para terminar de destacar un poquito más su grandeza, decir que influyó a grupos y artistas de la talla de The Smashing Pumpkins, Yo La Tengo, Radiohead, Dinosaur Jr., Primal Scream o The Cure.

Este es uno de mis discos favoritos y uno de los que más impacto han tenido en mí a nivel personal. A veces uno no está preparado o simplemente no es completamente consciente de lo que se va a encontrar con un álbum, y eso es algo bastante frecuente con “Loveless”, sobre todo si nunca te has adentrado por los terrenos del shoegaze. Pero es de esos trabajos que si bien te dejan completamente atónito en su primera escucha, te dan el gusanillo de volverlos a escuchar, de querer entender qué es lo que acabas de oír. Porque tiene algo muy atractivo imposible de definir que acaba haciendo que te enamores de él. Y esa es una de las sensaciones más satisfactorias que puede producir un disco.

My Bloody Valentine – Loveless

10 INSTANT CLASSIC

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Mientras Nirvana reinaban las listas de ventas de 1991 con “Nevermind”, dentro del underground surgía otra gran obra maestra por parte de My Bloody Valentine: “Loveless”, un disco que definiría el sonido shoegaze y revolucionaría la música de guitarras tanto en su forma como en su expresión, demostrando que en el ruido también hay belleza pop.

Up

  • Disco icónico de los 90, del shoegaze y del underground.
  • Arriesgado, experimental, y encima exitoso.
  • Su capacidad para construir melodías y sacar un aroma juvenil y liviano entre todo su caos.
  • Tiene temas que podrían haber sido grandes éxitos, como “Only Shallow” o “Soon”.

Down

  • Es un disco difícil de digerir y debe ser escuchado libre de prejuicios. Si se le da más de una escucha, mejor.