La adolescencia es una época demasiado poco fiable como para que en ella asentemos las bases de nuestro gusto musical. Por desgracia, así es en muchos casos. A muchos de los de mi generación nos tocó vivir el auge de un buen puñado de grupos del mal llamado ‘indie rock’, o ‘indie pop’, que vivían a rebufo de los Arctic Monkeys o, anteriormente, The Strokes. Estas bandas, con fuerte carga electrónica y de melodías azucaradas, han marcado esta última década (dando todavía hoy sus últimos coletazos) pero en general conformando una burbuja de bandas que suenan similar, y a menudo carecen de alma, personalidad, profundidad o capacidad de renovarse. Hay excepciones honrosas, claro, casos de grupos que supieron dar el salto a primera división como Foals, Phoenix o Vampire Weekend.

Two Door Cinema Club parecían pertenecer a ese selecto grupo cuando su debut, “Tourist History”, hizo aparición batiendo records en 2010. Con él se situaron en el epicentro de estos sonidos entre synthpop y falso noise guitarrero, sin aportar nada nuevo pero dejando unos cuantos pildorazos adictivos capaces de atrapar a oyentes de gustos muy diversos. Sin embargo, con su segundo LP, “Beacon”, perdieron fuelle, moviéndose en el mismo cuadrilátero sonoro pero faltándoles chispa por el camino. Cuatro años después han vuelto, y no estamos muy seguros de alegrarnos por ello.

Este nuevo disco, titulado “Gameshow”, se imbuye ligeramente del movimiento vaporwave, que es un estilo de electrónica, amén de una estética, fruto de meterse cocaína en un ascensor con hilo musical de Tame Impala y alucinar con mierdas raras en color rosa. Esta regresión a los ochenta en su versión más hortera y decadente, que es más una colección de memes de Internet que un género en sí mismo, parece estar detrás del concepto de este disco de los norirlandeses. Y eso, como es de esperar, no puede traer nada bueno. Si a eso le sumamos el sonido de grupos actuales puramente comerciales pero de carcasa ‘indie’ como The 1975 o Bastille, tenemos una idea de lo que es “Gameshow”.

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Llámalo indietrónica, que suena mejor que sintes-sin-sentido

Esta regresión a los ochenta en su versión más hortera y decadente no trae nada bueno. Si le sumamos el sonido de grupos actuales puramente comerciales pero de carcasa ‘indie’ como The 1975 o Bastille, tenemos una idea de lo que es “Gameshow”.

Los dos adelantos abren el trabajo, y el hecho de haberlos escuchado ya no es precisamente un punto a favor. Lo verdaderamente jodido del asunto es que el falso funk sintético de Are We Ready? (Wreck)ni siquiera será de las peores cosas que escuchemos en los cuarenta minutos que tenemos por delante. El falsete y las maneras de unos Daft Punk de palo que oímos en Bad Decisionspor su parte sí opositan a uno de los momentos más irritantes del álbum. Y ya con Ordinarycualquier esperanza de salvación de este disco queda fulminada. Llegados a este punto ocurre que uno se plantea una pregunta peligrosa: ¿Two Door Cinema Club han caído en un pozo en este trabajo o es que nunca fueron verdaderamente buenos? Mi yo adolescente se opone siquiera a pensar que siempre sonaron tan a pastiche como ahora. O sea, está claro que siempre fueron una banda de fogonazos más que de un trabajo sólido, pero temas como “Undercover Martyn”, “What You Know” o “Next Year” al menos les ganaron un hueco  importante en el corazón de todos los indies (sigh) de seis años para acá.

Claro que vivir a base de hitazos tiene su peligro, y es que, además de poblar tu cancionero con más relleno que el cojín del sofá, corres el riesgo de creerte lo que no eres. En este caso los irlandeses deben haber pensado que necesitaban un giro para seguir en la pomada. Que desde 2010 ya ha llovido y ahora toca reinventarse o morir. ¡Y qué mejor manera que enchufarse a la modernidad que volver a los 80’s! Pues oído el resultado: casi cualquiera señores, casi cualquiera. Temas como Gameshowo Lavenderson meros productos prefabricados, maquillados para valer en las pistas de baile de discotecas genéricas y como carnaza de radios. La segunda es especialmente insistente, con una melodía algo más pegadiza pero los mismos ingredientes que todo el resto del disco. Llega entonces Fever, el primer track salvable del disco. Los de Bangor delegaron la producción del mismo en Jacknife Lee (Biffy Clyro, Bloc Party) y grabaron en California como ya hicieran en “Beacon”, y quizá por ello cuando mejor y más frescos llegan a sonar es precisamente cuando se limitan a hacer lo que ya sabían. Mientras que cuando abrazan la electrónica más descaradamente, como en Invincible, se estrellan con todo el equipo.

Un revoltijo de sintetizadores, música disco y pretensiones intensitas que en su conjunto global resulta un pestiño difícil de tragar.

La mejoría (leve) se vuelve a notar conGood Morning y Surgery, que rompen de manera relativamente arriesgada con la monotonía imperante. Un pulso de esperanza en un electrocardiograma por lo demás casi totalmente plano, que llega demasiado tarde para salvar al herido. Estos temas vienen a confirmar que la cara B, las cinco últimas canciones de este disco, mejoran considerablemente a la cara A. Me vais a permitir que pase por alto los bonus tracks, que bastante tiene uno con comentar los cuarenta y un largos minutos de la versión ‘oficial’. Sólo diré que Sucker es mejor que cualquiera de las diez seleccionadas finalmente, y acabar con ella deja mejor sabor de boca que en el verdadero cierre de este álbum, que es  Je Viens de Là y nos trae de vuelta el falsete Bee Gees por si nos habíamos olvidado de él un solo segundo.

Indietrónica: como palabra ya suena mal, como música es más peligrosa que un mono con dos pistolas. Hay propuestas interesantes en el género, sí, pero resulta tremendamente fácil hacer un revoltijo de sintetizadores, música disco y pretensiones intensitas, como en este caso. Sin embargo, hay bastante gente que se esfuerza en intentar encontrar posos post-punk brillantes y genialidad vintage a lo Michael Jackson en estas canciones. Quizá haya de ambas cosas y un servidor sea incapaz de verlas, o quizá no. El caso es que en su conjunto global, este trabajo me parece un pestiño difícil de tragar, y finiquita mi interés en una banda que en su momento pareció destinada a grandes cosas.

Two Door Cinema Club – Gameshow

2.7 CREEPY RECORD

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Derramad una lágrima por ellos si les teníais aprecio, pero no miréis atrás. Two Door Cinema Club se han hecho el harakiri con un disco monótono de synthpop ochentero sin gracia alguna.

Up

  • Una cierta mejoría en la segunda mitad del trabajo, aunque escasa y tardía (“Fever, “Surgery”…).

Down

  • Seguimos en el revival ochentero y la apología del horterismo. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta que vuelvan las hombreras? Basta ya.
  • 2DCC nunca han sido una banda con buenos discos, pero es que esta vez tampoco dejan una “Next Year” para el recuerdo.
  • Somos 7.000.000.000 de personas en la Tierra aproximadamente, y no me creo que ninguna haya sido capaz de oír el disco entero de una sentada.