Hace un par de semanas los productores de una serie de televisión española, cuyo argumento gira en torno a viajes en el tiempo, acusaban a otra, de factura americana, de plagio. En ambas ficciones sus protagonistas se desplazan al pasado para evitar cualquier alteración en el presente, desencadenada por un efecto mariposa temporal. Supongo que debemos ponernos de parte de la ficción española, por aquello de arrimar un poco el hombro a lo que la patria se refiere, pero igual Michael J. Fox y Robert Zemeckis también podrían reivindicar cierta parte del éxito de todo viaje ‘ficticio’ en el tiempo. Es en su primera entrega de Regreso al futuro donde Michael J. Fox coge la guitarra y se pone a tocar y cantar «Johnny B. Goode” de Chuck Berry. Esta improvisada actuación terminaba sirviendo de inspiración de la propia canción, vía llamada de su primo Marvin Berry Cousin, listen to this”).

“Never Twice”: Paradoja temporal cargada de rhythm & blues, jazz y soul

Este bucle sonoro o paradoja musical, quizás algo estúpida y forzada, nos podría servir para intentar definir el papel de Nick Waterhouse en el panorama musical actual. Más allá de su figura como cantante, utilizando una estética similar a la de Buddy Holly, le podríamos reconocer al californiano su rol como hilo conductor que retroalimenta pasado y presente. Ha participado en la producción de trabajos de prometedoras bandas de Los Angeles, como Allah-Las, y en otros de artistas consagrados en el mundo del soul, como Ural Thomas. Su tercer trabajo tras “Time’s All Gone” (2012) y “Holly” (2014), «Never Twice(Innovative Leisure), aparece como culminación de todo lo aprendido y enseñado por Waterhouse en su corta aunque prolífica carrera musical.

Con «Never Twice» también podría trazarse una especie de línea temporal sonora propia que iría del rhythm & blues y jazz de mitad del siglo pasado hasta las colaboraciones que el disco trae consigo, los muy actuales Leon Bridges o Jon Batiste. Todo interconectado y muy bien hilado a base de soul y buen gusto, sin necesidad de limitarse al blanco y negro de alguno de sus videoclips.

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Fotografía: http://bottomlounge.com/

Con “Never Twice” podría trazarse una especie de línea temporal sonora propia que iría del rhythm & blues y jazz de mitad del siglo pasado hasta las colaboraciones que el disco trae consigo, los muy actuales Leon Bridges o Jon Batiste.

Unas ligeras teclas de órgano, a cargo de Will Blades, dan inicio a «It’s Time, primer tema de «Never Twice». A éstas se unen unos coros masculinos, que se encargan de dar profundidad a la agradable voz de Waterhouse hasta que llega el pegadizo estribillo. Los ecos se tornan femeninos entonces para anunciar que, efectivamente, es la hora. El ritmo no decae en «Had Some Money (But I Spent it) sino que se vuelve trepidante. Tema repleto de toda gama de metales, destacando a Ralph Carney a cargo del saxo,  que sigue el ritmo de la velocidad que marca la percusión. Parece que dejamos de correr y empezamos a andar rápido con «Straight Love Affair. Sonido de thriller callejero, urbano, que nos hace visualizar el mapa de una ciudad, dibujada en blanco y negro, en la que se encuentra «Stanyan Street. Agradable comienzo que se va tornando más oscuro conforme avanza hasta terminar siendo una canción que bien podría haber firmado Tom Waits. Blues, en toda su dimensión, y saxo que dejan paso a un piano y flauta que hacen que la canción casi se haga bailable. Sin duda una de las mejores del disco. Una delicia instrumental por su inmenso uso de gama de metal y piano.

El comienzo de «The Old Place nos despierta del ensueño creado por el tema anterior, como si nos golpearan la cabeza con palillos. Ritmos calipso y palmas, que por momentos nos invitan a bailar la bamba. Así, el track parece perfecto para dejarnos en el estado anímico óptimo para afrontar la escucha de una de las joyas de «Never Twice», «Katchi. Coros iniciales, clásicos «duás” que dan paso a la voz de Leon Brigdes, uno de los mayores exponentes del género soul actual. Alarde metal y vocal en forma de colorido cross over, sin salirse del blanco y negro y de cierta repetición, quizás necesaria para impedir que el ritmo decaiga. Como curiosidad, el título hace referencia al término, en el indio antiguo de Luisiana, con el que la madre de Bridges se refería a un ‘toque amoroso’. Aún con el torrente del anterior tema en el cuerpo llega «Baby, I’m In The Mood For You. Agradable y sensual tema, escrito por Bob Dylan para su “The Freewheelin’ Outtakes”, al que no le sienta especialmente bien ir tras uno de los mejores cortes de «Never Twice».

No se trata de viajar en el tiempo en una misión para salvar del accidente de avión a Buddy Holly, a J. P. Richardson y a Ritchie Valens. Se trata de revisitar, actualizar y mejorar, en la medida de lo posible, el “American Pie” de Don Mclean.

Calcando el ritmillo de «Hit the Road Jack” aparece la pegadiza «Tracy. Bucle de percusión sobre el que se asienta el torrente vocal de Waterhouse, que se deja complementar por coros y sonidos de metal. «Lucky Once llega como un muro de contención tras haber estado ocho canciones a la deriva musical.  Maravilla instrumental, sin que llegue a estar a la altura de Kamasi Washington, con aroma a piano bar que se deja acompañar, y muy bien, por una brillante base jazzística, a cargo de Bob Kenmotsu. Así, casi flotando, llegamos a la última canción de «Never Twice», «L.A. Turnaround. Otro de los hits del disco que de nuevo rezuma el olor a clásico por todos sus rincones. Subida de tono vocal y musical, en el que Waterhouse termina cantando a gritos la expresión que da título a la canción.

Como si se tratara de un viajero del tiempo, Nick Waterhouse pone en el presente, con discos como «Never Twice», una elaborada y depurada materia prima que parecía extinta, condenada a la actuación en directo o a fiestas temáticas ambientadas en épocas muy lejanas. Se trata de poner en primer plano esa capa que parecía enterrada bajo tantas evoluciones, algunas innecesarias. Un intento de querer repetir una historia que sabemos que termina bien pero que podría terminar aún mejor ubicando su comienzo en un presente en el que contamos con más medios, y quizás más oportunidades. No se trata, por tanto, de viajar en el tiempo en una misión para salvar del accidente de avión a Buddy Holly, a J. P. Richardson y a Ritchie Valens. Se trata de revisitar, actualizar y mejorar, en la medida de lo posible, el “American Pie” de Don Mclean.

Nick Waterhouse – Never Twice

7.7

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Nick Waterhouse presenta su tercer trabajo: “Never Twice”. El cantante y guitarrista californiano sigue insistiendo en rescatar fórmulas sonoras cargadas de rhythm & blues, jazz, y soul. Elegante cocktail que da como resultado una de las obras más personales dentro del panorama musical actual.

Up

  • Disco muy coherente, casi conceptual en un estilo en el que es innegable el talento vocal de Waterhouse.
  • Pese a la comentada coherencia, «Never Twice» contiene joyas tan dispares como «Katchi» y «Lucky Once».
  • Si bien tiene un estilo y género marcado, su escucha resulta muy agradable. Cualquier canción de «Never Twice» puede gustar a cualquiera que se la encuentre de manera accidental.
  • Un gran punto a favor de “Never Twice” es su cuidada producción, sin perder en ningún momento el aire retro que Waterhouse quiere transmitir.

Down

  • La escucha del disco para alguien alejado al género en el que se mueve Nick Waterhouse puede resultar algo monótona.