¿Os acordáis del Fuzzville? Estuvo muy bien, sí. En la pertinente crónica prometíamos que pronto publicaríamos una entrevista con La Luz. Como el tiempo es un concepto bastante relativo, sin reparo alguno os presentamos hoy la breve charla que tuvimos con las de Seattle en la zona de backstage tras su actuación en el festival benidormense.

Pero, así no se hacen las cosas, antes de nada debería presentar a la banda, aunque lo cierto es que estas chicas no deberían necesitar ningún tipo de presentación. Definidas como surf-noir, surf rock revival, surf garage-psych y otras mil etiquetas que llevan la palabra surf, podemos decir de ellas que juegan con las armonías vocales y melodías del doo wop de los años cincuenta, ciertos toques psicodélicos, oscuridad por doquier y, evidentemente, ritmos surferos. Hasta aquí, podemos advertir que La Luz no son una banda fácil de clasificar, lo cual suele ser un buen síntoma. Sin recurrir apenas a la experimentación ni demasiadas ambiciones vanguardistas, La Luz han conseguido en tan sólo dos discos hacerse con un sonido propio que bebe de influencias más o menos contemporáneas pero definitivamente desiguales.

Su último trabajo, “Weirdo Shrine”, os lo presentamos el pasado 2015 en esta casa. En él, La Luz contaron con la producción de un tal Ty Segall (¿a alguien le suena?) logrando un sonido aún más oscuro y sugerente. Tras sumar al californiano a su causa y posicionar aún mejor su nombre en la escena, regresaron a España y no pudimos resistir la oportunidad de intercambiar unas preguntas con la que consideramos que es una de las mejores girl-bands del momento.

¿Cómo os conocisteis?

Shana: Todas viviamos en Seattle, Washington, y habíamos tocado en otras bandas de la ciudad anteriormente. Podría decirse que nos conocimos por formar parte de la escena musical de la ciudad.

¿Estáis de acuerdo con los que describen vuestro sonido como surf rock? Normalmente se os encuadra en esa categoría y creo que vuestro sonido tiene muchos otros matices. No creo que se pueda resumir en dos palabras…

S: Hmm, de hecho es algo a lo que nos hemos acostumbrado. En realidad no es nada malo y aunque es algo más complejo que sólo dos palabras, no está mal simplificar las cosas a veces.

Al final en nuestra música todo se desarrolla de una manera bastante natural.

En cualquier caso, llamémoslo surf rock o pongamos las etiquetas que queramos, lo cierto es que tenéis un sonido bastante particular. ¿Habéis llegado a él de manera natural o desde el principio ha sido algo así como una fórmula que tenéis bien estudiada?

S: Creo que es algo más espontáneo. Por supuesto, el tema de la afinación de las guitarras o la reproducción de un sónido orgánico es algo que hay que tratar y de alguna manera teníamos claro que queríamos ir por ahí… Aunque diría que lo que hacemos es partir de unas ideas muy básicas para ver a dónde nos llevan las canciones.

Marian: O las armonías vocales, sabíamos que eran algo que queríamos incorporar a nuestras canciones. Es algo intencionado, ¿no? Buscamos esas armonías de voces femeninas. Pero al final en nuestras música todo se desarrolla de una manera bastante natural, la mezcla de diferentes estilos… La mayor parte del resultado final no es algo que haya sido estudiado al detalle.

Y hablando de esa mezcla de estilos, hablemos de vuestras influencias. ¿Las cuatro compartís unos referentes claros o esa heterogeneidad nace de contraponer unos gustos diferentes?

M: Diría que la realidad está más cerca de eso último. A todas nos gustan diferentes grupos actuales y eso se refleja en las canciones.

S: Pero creo que compartimos unas influencias comunes del pasado. Por ejemplo, nos encantan The Beatles como a cualquier otra persona en el mundo, y la música de los años 50 y 60 en general. Así que de alguna manera combinamos aquellas influencias con sonidos de hoy en día.

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También quería preguntaros por vuestro nombre. ¿Cómo se os ocurrió? Desde el principio me llamó la atención eso de ‘La Luz’ teniendo en cuenta los toques oscuros de vuestra música y la atmósfera lúgubre que la envuelve…

S: Sí, pero ambas cosas deben aparecer a la vez: luces y sombras. Necesitas una luz para producir esas sombras. Nos gustó esa correlación de elementos opuestos que también aparece en las canciones.

¿Y por qué ‘La Luz’ en lugar de ‘The Light’?

S: Ah, suena mucho mejor. El español es mucho más cool. Yo hablo un poco español. [Risas]

Vuestro último LP, “Weirdo Shrine”, fue producido por nada menos que Ty Segall. ¿Cómo le conocistéis?

S: Tocamos como teloneras en uno de sus conciertos. Le seguíamos desde hacía tiempo, para mí es una gran influencia y es alguien que presta atención a las armonías vocales y sabe moverse bien en varios registros. Así que tocamos antes que él y su banda y después del show se acercó a nosotras para decirnos que le habíamos encantado y proponernos hacer un tour conjunto. Todo fue fantástico y surgió de manera espontánea, después de ese tour se ofreció a grabar con nosotras y no nos lo podíamos creer. La verdad es que es como un sueño hecho realidad.

De manera que fue algo que simplemente sucedió más que una idea o una decisión en frío…

S: Sí, además apareció en el momento preciso, porque acabábamos de quedarnos sin productor. Fue increíble.

Antes no teníamos ni idea de cómo jugar con la distorsión de esa manera. Hemos aprendido bastante durante la grabación de «Weirdo Shrine».

Además creo que la colaboración con Segall os ha sentado de maravilla. Habéis adquirido un sonido mucho más sucio y distorsionado que os aleja aún más de otras propuestas revivalistas.

S: Él, literalmente, nos enseñó a usar el pedal de fuzz. La verdad es que antes no teníamos ni idea de cómo jugar con la distorsión de esa manera. Hemos aprendido bastante durante la grabación de «Weirdo Shrine”…

¿Y qué podemos esperar de un nuevo álbum de La Luz? ¿El fuzz ha venido para quedarse?

S: Sí… Todavía es pronto para poder hablar de eso. No sabemos a dónde nos llevará la composición de un nuevo disco y no cerramos ninguna puerta pero, con más o menos fuzz, trataremos de hacer grandes canciones.

Ya habíais estado en España en 2014. ¿Habéis notado alguna diferencia? Sobre todo me refiero a la reacción del público.

S: Sí, claro. Una de las principales diferencias es venir a tocar a festivales en lugar de hacerlo girando por salas. Eso es porque alguien confía en lo que haces y cree que puedes atraer a un cierto número de personas. En cualquier caso, siempre es genial tocar en España porque la gente se vuelve loca y empieza a bailar y es muy fácil pasarlo en grande.