Hay una frase muy extendida desde tiempos inmemoriales entre los fanáticos de la música y todas aquellas personas para las que este arte conforma una de sus mayores pasiones: la música tiene el poder de cambiar el mundo. Puede sonar ingenua, ilusionista, a creencias de gente que vive en mundos de yupi. Pero a veces se producen acontecimientos que realmente nos dan pie a poder defender este argumento, intensifican nuestra fe y nos hacen creer que, a mayor o menor escala, la música a veces puede cambiar el mundo, aunque sea durante un segundo.

Corría el año 2007 y la piratería y las descargas ilegales de todo tipo de contenido reinaban en Internet. Por supuesto, el plano musical fue (y sigue siendo en cierto modo, pues tampoco ha cambiado tanto todo desde entonces) uno de los más afectados, con grandes caídas de ventas en el formato físico y una incapacidad por parte de las discográficas para lidiar con el fácil acceso, la rapidez y el nulo coste de las descargas. Sin embargo, algunos entendieron que la solución no era enfrentarse de cara a semejante adversario, sino emplear sus propios trucos y volverlos en su contra. Esto tampoco era algo que se pudiera permitir cualquiera, por supuesto, pero para un grupo como Radiohead, una jugada como la de “In Rainbows” tenía más posibilidades de salir bien que mal, y aunque el resultado hubiera sido negativo, para esas alturas los de Oxford ya tenían al mundo más que a sus pies. Por suerte, la cosa salió bien, no sólo porque la posibilidad de pagar la cantidad que uno creyera conveniente (pudiendo obtener el disco gratuito de manera oficial) fuese terriblemente jugosa, sino porque además el contenido del disco rebosaba calidad.

“In Rainbows”: Todo lo que somos y todo lo que queremos ser

Nos situamos a mediados de 2005. Radiohead habían dejado de tener cuentas pendientes con su discográfica, EMI. Su contrato había acabado y el rumbo del grupo no estaba nada claro tras la publicación de “Hail To The Thief” (2003). Ni siquiera había planes para un nuevo disco, pues Thom Yorke se llegó a plantear sacar varios singles o un EP, pero acabó desechando la idea. Por si no fuera suficiente, hacía meses que no se juntaban para tocar puesto que varios de los miembros tuvieron hijos y decidieron pasar tiempo con su familia tras la última gira, por lo que cuando volvieron al estudio no es que sus ideas no cuajasen, sencillamente no había ideas. Nada de lo que probaban funcionaba, ni cambiar a Nigel Godrich, su productor habitual, por Spike Stent (productor que ha trabajado con grupos comp U2, Muse o Keane, entre otros) dio ningún buen resultado.

Ante la desesperación del grupo, que llegó a pensar que este era el fin, decidieron llamar a Nigel Godrich (a quien no habían pedido presencia hasta entonces para intentar salir de su zona de confort) como último recurso. Este los llevó a una antigua mansión en Wiltshire llamada Tottenham House (a la que el grupo suele referirse como ‘la mansión de Scooby-Doo’) y los tuvo durante tres semanas durmiendo en caravanas en el jardín. Allí grabarían las versiones finales de algunas de las canciones que conformarían el álbum, mientras que el resto de temas se grabarían en varios estudios de Inglaterra. Así, el proceso de grabación en el que se sumergió la banda duraría más de dos años, concluyendo en junio de 2007.

El 1 de octubre de ese año, Jonny Greenwood publicaría en el blog del grupo que el disco estaba listo y que saldría en diez días, dando la opción a la gente de descargarlo pagando el precio que quisiesen. Esto en principio hizo más ruido que el propio álbum, pues en cierto modo revolucionó la forma de promocionar y vender un disco, teniendo en cuenta la época de la que estamos hablando. Todo el mundo se hizo eco de la noticia, alabando y criticando esta decisión, que al final obtuvo lo que buscaba: una enorme cantidad de descargas (tan sólo un tercio lo descargaron gratis) y una venta posterior en formato físico bastante superior a la de “Hail To The Thief” en su momento.

“In Rainbows” fue quizás el disco que inauguró la forma de trabajar que Radiohead han empleado desde entonces y que actualmente se sigue manteniendo. Yorke y el resto decidieron no sólo incluir composiciones nuevas en el álbum, sino buscar entre su biblioteca de canciones y sacar a la luz algunas que llevaban aguardando incluso desde los tiempos de “OK Computer”, para darles una nueva perspectiva acorde con el momento en el que la banda se encontraba. Algo que a estas alturas parece lógico teniendo en cuenta la cantidad de material que el grupo ha compuesto en su ya extensa carrera y que se ha quedado en el tintero durante todos estos años, pero que a pesar de ello, hoy en día sigue haciendo que más de uno arquee una ceja y dude sobre si el grupo realmente tiene inquietudes artísticas. Nada más lejos de la realidad, pues siempre son capaces de dar un lavado de cara total a canciones viejas y hacer que parezcan nuevas, sin quedarse nunca en su zona de confort y además aportar nuevos temas para la ocasión.

Sin embargo, es cierto que “In Rainbows” es el primer disco en el que todo suena perfectamente en su sitio, más armónico, quizá más complaciente a primera vista. Creo que realmente es una sensación proporcionada por la vuelta al predominio de los instrumentos por encima de los sonidos electrónicos y a la impresión de que todo está perfectamente medido, algo comprensible teniendo en cuenta que hablamos de una banda que llevaba años dando palos a diversos estilos, destruyendo y reconstruyendo su sonido una y otra vez.

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“In Rainbows” es el primer disco en el que todo suena perfectamente en su sitio, más armónico, quizá más complaciente a primera vista. Creo que realmente es una sensación proporcionada por la vuelta al predominio de los instrumentos por encima de los sonidos electrónicos.

Aun así, Radiohead siempre se guardan algún as en la manga. Seguramente, “15 Step” sigue siendo una canción sorprendente hoy en día para cualquiera. Ese compás de 5/4 que engaña al oyente continuamente marcando los acentos una vez y los contratiempos la siguiente, animando además a acompañarlo mediante el uso de palmas. Si “Idioteque” era la canción bailable oscura de Radiohead, esta es en la que brilla la luz, gracias a unas guitarras muy cálidas y la participación a mitad de canción de un coro de niños de la Matrix Music School & Arts Centre de Oxford. A pesar de ello, la letra no es tan positiva. Los temas de “In Rainbows” son en realidad bastante oscuros, abarcando el miedo a la muerte, la traición, la sensación de sentir que deberías estar haciendo algo más importante que lo que te encuentras haciendo en este momento y las rupturas. De hecho, esos quince pasos son en realidad los escalones que solía tener un tipo de horca, por lo que su interpretación queda más que sugerida.

Pero no nos entretengamos demasiado, porque “Bodysnatchers” está dispuesta a ponernos en tensión y hacernos liberar toda la adrenalina que llevamos dentro. Y es que después de tantos años experimentando, nos regalan aquí un tema que recuerda a la época pre-“OK Computer”, compuesto a base de guitarrazos, de esos que ya no estábamos tan acostumbrados a oír en los de Oxford, pero con detalles y estructuras que se alejan de canciones como las de “The Bends”. En cualquier caso, una canción muy agresiva inspirada por cuentos victorianos de fantasmas que habla sobre el hecho de sentirte atrapado dentro de ti mismo, de llevar una vida falsa sin poder ser quien eres en realidad, odiándote a ti mismo por ello (“I have no idea what I am talking about, I’m trapped in this body and can’t get out).

Los temas de “In Rainbows” son bastante oscuros, abarcando el miedo a la muerte, la traición, la sensación de sentir que deberías estar haciendo algo más importante que lo que estás haciendo y las rupturas.

Después de dos temas que sacan a relucir la parte más enérgica y violenta de Radiohead, nos llevan al extremo contrario con “Nude”, una pieza muy delicada que llevaban guardándose desde la época de “OK Computer” y a la que aquí dan un lavado de cara, con una interpretación vocal de Thom Yorke brillante, guiada por una línea de bajo de Colin Greenwood sencilla pero muy inspirada, desarrollándose y añadiendo detalles lentamente. La letra una vez más supone una incógnita, habiéndose interpretado como una reflexión sobre el mostrarte ante la sociedad moderna, desnudo y vulnerable, pero también como una advertencia sobre los peligros del deseo y la lujuria (“so don’t get any big ideas, they’re not gonna happen, you’ll go to hell for what your dirty mind is thinking).

Los ecos de “Kid A” resuenan en una “Weird Fishes / Arpeggi” que se deshace de la orquestación con la que contó en un principio para ofrecerse como un tema acústico construido a base de capas de arpegios de guitarra que reflejan muy bien el sentimiento de encontrarse perdido y con la única motivación de encontrar algo a lo que aferrarnos, volviendo a caer una y otra vez pero sin llegar a rendirnos nunca. De eso nos habla Yorke aquí, recordando a canciones como “In Limbo”. Para cerrar esta primera mitad nos dejan con otra cara ya conocida, “All I Need”. No por la instrumentación, que combina el minimalismo y el ruido blanco que se produce cuando un grupo toca en conjunto, conseguido por Jonny Greenwood mediante el uso de una sección de violas y jugueteando con las frecuencias de sonido. Es en la letra donde nos puede recordar a su famosísima “Creep”, al tratarse de la canción de amor más directa que han escrito desde aquel single que los llevó al éxito. A pesar del minimalismo inicial, más y más instrumentos se suman en un in crescendo que culmina con una catarsis instrumental en la que Yorke pone punto y final con un “it’s all wrong, it’s all right capaz de poner los pelos de punta a cualquiera.

Lejos de mostrar un agotamiento previsiblemente lógico después de años poniendo sus capacidades musicales y compositivas al límite, Radiohead supieron reunir todas sus virtudes y construir un disco de gran diversidad musical que a pesar de una aparente falta de cohesión, funciona en cuanto nos paramos a mirar las letras.

Faust Arp” hace muestra del equilibrio que impera en “In Rainbows”, constituyéndose como un corte que sirve a modo de transición, pasando apenas los dos minutos. Arpegios de guitarra, violines y un Thom Yorke que canta de la manera más apática posible, expresando muy bien el sentimiento de rutina y de agotamiento del día a día y haciendo referencia a “Fausto”, novela del famoso escritor Goethe. Tras una pieza algo más discreta, “Reckoner” supone uno de los momentos álgidos del disco con una de las melodías vocales más emocionantes que Thom Yorke ha cantado nunca. Percusión muy variada junto a un riff de guitarra que personalmente siempre me han evocado un día lluvioso, y una letra que habla sobre rupturas y tener que tomar caminos distintos (“because we separate like ripples on a blank shore). Como curiosidad, en esta canción se puede escuchar la frase “in rainbows en los coros, que por un lado simboliza el deseo de ir más allá de donde estás, y por otro hace referencia al número áureo, un número irracional descubierto por el matemático griego Euclides, cuya proporción se puede encontrar en diversas obras y formas de arte, atribuyéndoles un carácter estético de gran valor. Aquí, el número áureo coincide justo con el momento en que podemos escuchar esa frase. Si está hecho adrede o no es algo con lo que sólo podemos especular.

Otro de los detalles más sorprendentes y agradables de este trabajo es la sensación de espacio que transmite. “House Of Cards” es quizás la mayor muestra de ello. Con Radiohead estábamos acostumbrados a sentir angustia, claustrofobia, a estar en sitios cerrados sin apenas aire, mientras que aquí es todo lo contrario, todo suena calmado, abierto y libre, incluso aunque se nos sigan recitando relaciones complicadas y dolorosas, en este caso sobre una persona enamorada de otra que está casada (“I don’t wanna be your friend, I just wanna be your lover, no matter how it ends, no matter how it starts). No dura mucho esta cara más calmada, puesto que “Jigsaw Falling Into Place” vuelve a hacer gala del tono fatalista de muchas de sus piezas. Coros fantasmales y guitarras acústicas con Thom Yorke recordando sus años de universitario y aquellas personas que conocías una noche en una fiesta y que sabías que no volverías a ver una vez pasada esa noche (“jigsaw falling into place so there is nothing to explain, you eye each other as you pass, she looks back and you look back not just once, not just twice). A pesar de encontrarla al final, es una de las más destacables y habría sido un single perfecto.  Ahora sí, tras tres piezas que para mí suponen el mejor tramo del disco, cerramos con una “Videotape” que dio muchos quebraderos de cabeza al grupo hasta que decidieran grabarla como una balada similar a “Pyramid Song”, con el piano y la voz de Thom como protagonistas indiscutibles. El tema en cuestión habla de una persona que se graba en una cinta de vídeo para dejar un recuerdo a sus seres queridos para cuando ya no esté con ellos (“this is my way of saying goodbye because I can’t do it face to face so I’m talking to you before it’s too late), haciendo diversas referencias a la reencarnación y una vez más, a “Fausto”. Por si fuera poco, la percusión de este tema intenta reflejar con gran acierto el sonido del rollo de la cinta girando. Así, la muerte vuelve a ser tratada desde una perspectiva algo distinta, pero no tan distante de cómo lo era en “Kid A”, esta vez con una instrumentación menos electrónica, pero igual de visceral.

Lejos de mostrar un agotamiento previsiblemente lógico después de años poniendo sus capacidades musicales y compositivas al límite, Radiohead supieron reunir todas sus virtudes y construir un disco de gran diversidad musical que a pesar de una aparente falta de cohesión, funciona en cuanto nos paramos a mirar las letras. Individualmente cada pieza es una auténtica joya: desde los toqueteos electrónicos de “15 Step” a las guitarras y los arreglos de cuerda de “Jigsaw Falling Into Place”, el grupo no se deja aquí ni una sola de sus vertientes sin explotar. Además, se permiten dar una vuelta de tuerca a temas ya explorados en discos anteriores, ofreciendo un trabajo más pausado, armonioso, menos agobiante y tremendamente disfrutable, y que, por si fuera poco, consiguió revolucionar Internet y la escena musical. Otro triunfo para Yorke y los suyos.

Radiohead – In Rainbows

9.6 INSTANT CLASSIC

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En 2007 Radiohead decidieron jugársela a un todo o nada con la salida de “In Rainbows”, ofreciendo la posibilidad de elegir el precio que cualquiera quisiese pagar. Una estrategia tan atrevida podría haber mermado el disco de no ser por las canciones tan increíbles que lo componen, reuniendo todas las grandes cualidades que el grupo desarrolló durante años.

Up

  • Nada falta y nada sobra, es un disco perfectamente medido.
  • La instrumentación, el volver a ofrecer un disco más humano, menos electrónico.
  • Las letras, universales y cargadas de contenido.
  • El carácter pausado y armonioso de algunos temas, si hay una palabra para definirlo, es ‘belleza’.

Down

  • La primera mitad quizás tenga una falta de cohesión más notoria.