Kings of Leon

Kings of Leon –
WALLS

Con WALLS, Kings of Leon sigue insistiendo en tomar el desvío hacia un sonido más comercial y agradable para las emisoras de radio. Se despiden definitivamente así del rock que un día los vio nacer para meter los dos pies en el mundo del indie pop y las canciones pegadizas de festival. Au revoir, Kings of Leon.

Echo de menos a Kings of Leon. Trece años han pasado ya de su debut con Youth and Young Manhood, un trabajo que, aunque no fue excesivamente bien recibido por la crítica, a mí siempre me ha parecido entrañablemente acogedor. No nos vamos a engañar. Kings of Leon nunca se han caracterizado precisamente por una propuesta innovadora o interesante. Sin embargo, había algo en ese rock sureño de guitarras garajeras y voz desnuda que te hacía sentir como si estuvieras descubriendo algo, como si escucharas una canción de rock por primera vez.

Eran buenos tiempos. Grupos como The Strokes y The White Stripes lideraban la escena indie y contagiaban con su espíritu rebelde a los recién llegados. Demostraron que el rock no estaba muerto y por ello estaremos siempre agradecidos. Pero el sueño no duró mucho. En algún momento algo empezó a ir tremendamente mal y la epidemia del indie descafeinado, arrastrada por los vientos de la nueva década y contagiada a través de la gomina de cantantes como el de Mumford and Sons, diezmó la población rockera.

De acuerdo que tuvieron sus éxitos. De acuerdo que soy el primero que grita con furor cuando ponen Sex on Fire en la discoteca. Pero mi pregunta es: ¿A precio de qué? ¿Merecía la pena? Personalmente, yo cambiaría sin pensármelo sus últimos seis discos por tan sólo uno que volviera a tomar el camino que siguió su debut. Pagaría por conocer que hubiera pasado si Kings of Leon no hubiera optado por el camino del ‘indie de guitarreo épico y sobreproducido que pretende ser musicalmente maduro y que se hace desesperantemente intragable después de dos minutos de canción’ (véase también en este apartado Izal, Snow Patrol o Keane, entre otros).

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Fotografía: Promo

Objetivo: MTV

Desde su éxito con Only By the Night en 2008, la carrera de Kings of Leon parece haberse basado exclusivamente en la autoparodia y la repetición de unas fórmulas que ya en su día olían a caducado, todo con la intención de repetir el éxito de tiempos pasados.

Pero indiferentemente de lo que yo quiera escuchar, la realidad es la que es, y de remarcar esto ya se han encargado los Followill lanzamiento tras lanzamiento, cada cual más pesado y menos interesante. Con esto no sólo me refiero a su cada vez más comercial sonido, sino también al hecho de que desde su éxito con Only By the Night en 2008, la carrera de Kings of Leon parece haberse basado exclusivamente en la autoparodia y la repetición de unas fórmulas que ya en su día olían a caducado, todo con la intención de repetir el éxito de tiempos pasados.

Esto no quita que hayan tenido momentos medianamente interesantes. En su trabajo de 2013, Mechanical Bull, se avistaba un resquicio de luz, pues parecía que sus raíces rockeras se atrevían a enseñar la cabeza en temas como “Supersoaker”, en los que la banda ciertamente volvía a recuperar un mínimo de credibilidad. Sin embargo, también es cierto que estos momentos eran ahogados por un tracklist mayoritariamente insulso y sin alma, desvaneciéndose así toda esperanza que el incauto oyente pudiera albergar. La infección había llegado demasiado lejos, y por si aún quedaba alguna duda sobre si Kings of Leon estaban definitivamente perdidos, aquí tenemos “WALLS” para confirmárnoslo.

Que “Waste a Moment” fuera elegido como primer single de este nuevo LP no debería sorprender a nadie, pues este es probablemente el corte que más recuerda a los buenos tiempos comerciales de la banda. Muy en la línea de anteriores singles del grupo, este primer track suena a canción de radio, con una estructura de indie-pop convencional que, según Caleb, es el fruto de “desafiarse a sí mismos”. Seguro que sí. El primer corte no será, por supuesto, el único, sino uno de tantos temas de sonido manido y estructura rematadamente al uso que encontraremos en el LP. Canciones como “Over” o “Find Me” adquieren también ese tono de ‘canción de concierto’ usando estribillos claramente creados con la intención de ser fácilmente coreados. Poesía pura:

“How did ya find me
How did ya find me
What are you looking for, are you looking for
How did ya find me
How did ya find me
I see your shadow knocking at my door”

Al menos son sólo diez canciones

La pesadez rimbombante de su música, el abuso de palabras cliché en sus letras, el sonido artificial y ultracocinado… Todo esto y más es lo que hace que Kings of Leon haya dejado definitivamente de ser una banda que merezca algún tipo de interés..

Esta tendencia se continúa con temas tan descaradamente pop como “Eyes on You” en el que, con perdón por mi insistencia, encontramos letras que podrían ser, de nuevo, objeto de estudio académico:

If you don’t like it, then try it
You don’t like it, then try it
Oh, I believe it when I see it
I believe it when I see it”

Y como último ejemplo de canción festivalera, por supuesto: “Reverend”, que parece una canción de Miley Cyrus: “Just like the reverend, like the reverend on the radio / Your heart will never say so / Your heart will never let it go”. A pesar de esto, lo cierto que no se puede decir que el álbum tenga una dinámica plana, algo que es muy de agradecer. Al César lo que es del César.

Los cambios estilísticos, por supuesto, no conllevan una mejora de calidad, pero sí que proporcionan una bienvenida variedad, aunque sea con cortes como “Around the World”, en el que el toque funky ochentero es tan artificial que huele a plástico quemado (otra maravilla lírica, por cierto: “All around the world, all around the world, I lost myself and found a girl”).

Involución respecto a su anterior trabajo (y era difícil)

Duele, pero no queda otra que despedirse de lo que este grupo podría haber sido. Adiós, Kings of Leon, siempre nos quedará Youth and Young Manhood.

Afortunadamente, la variedad de dinámicas de WALLS no se limita sólo al funky, sino que también comprende dos muy necesarios momentos reflexivos en el tracklist: “Muchacho” y “Conversation Piece”. Estas dos canciones, sorprendentemente, gustan. El tramo relajado del disco se hace bastante sobrellevable y lo cierto es que la explicación de este fenómeno es bastante triste: “Muchacho” y “Conversation Piece” no gustan porque sean buenas canciones, sino porque es sólo aquí donde el oyente puede descansar del incesante martilleo de guitarras agudas que resuenan dolorosamente a lo largo del resto del álbum. Estos dos temas son un refugio, lo malo dentro de lo peor. Supongo que, en ese sentido, les podemos dar la enhorabuena.

Finalmente, hay algo que merece la pena destacar de los dos últimos cortes del álbum y que me pareció muy divertido en su momento. Escuchando “Wild” y “WALLS”, dos nombres vinieron a mi cabeza instantáneamente: Florence + The Machine con el primero. Mumford and Sons con el segundo. Todo tuvo sentido cuando descubrí el nombre del productor de este trabajo, que no es otro que Markus Dravs, quien produjo por supuesto a estos dos grupos en algún momento de su carrera. Con esta última y poderosa razón, el círculo se cerraba para mí. Definitivamente no volvería a escuchar este LP si podía evitarlo.

Esta reseña es corta, porque ciertamente no hay mucho que decir de este álbum. La pesadez rimbombante de su música, el abuso de palabras cliché en sus letras, el sonido artificial y ultracocinado… Todo esto y más es lo que hace que Kings of Leon haya dejado definitivamente de ser una banda que merezca algún tipo de interés. Recordemos que estamos hablando de un grupo que ha versionado a, nada más y nada menos que Selena Gómez. ¿Qué se puede esperar de ellos? Cualquier cosa. Es que ni siquiera han acertado con la carátula, que suele ser lo mejor de sus discos. Pero no pasa nada. Las fans quinceañeras correrán a comprar WALLS, el nombre del grupo volverá a aparecer bien arriba en un sinfín de festivales y el año que viene, con suerte, tendremos un álbum en colaboración con Maroon 5. Me duele, pero no queda otra que despedirse de lo que este grupo podría haber sido. Adiós, Kings of Leon, siempre nos quedará Youth and Young Manhood.

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