Han sido semanas intensas para los seguidores de Keane. La publicación de “The Best Of Keane” y el anuncio de separación de la banda en 2013 parecieron indicar un final definitivo para el cuarteto. Además, Tom Chaplin, frontman, que no líder, de la formación anunciaba su debut en solitario, programado para finales de 2016. Ese debut ha llegado, pero no ha venido sólo. Y es que ha aterrizado de la mano del reinicio de la actividad de Keane como banda, con la publicación de “Tear Up This Town”, escrita para la nueva película de Juan Antonio Bayona.

“The Wave”: Tom Chaplin se arrepiente de adicciones pasadas

Queda claro que éste es sin duda el álbum que Tom Chaplin necesitaba para reconciliarse consigo mismo, y que lo que opinen los demás poco importa.

Pero vayamos a lo que nos concierne: “The Wave”, el álbum con el que Tom Chaplin no sólo se estrena en solitario, sino que también se estrena como compositor. Y es que la batuta de la creación en la banda siempre la llevó Tim Rice-Oxley, teclista y verdadero líder que tiró del carro siempre, a pesar de los momentos más complicados que vivieron como grupo debido a las adicciones al alcohol y las drogas de Chaplin. Quizá esa tensión era la que requería un stop, pues con el paso de los años se fue apagando la estrella que deslumbró a toda Europa, y particularmente al Reino Unido con el intimista y melódicamente perfecto “Hopes And Fears”, un álbum que emocionaba desde la simpleza de su fórmula: un piano, una batería y una voz angelical. Un álbum que quizá puede entenderse como el mejor, o uno de los mejores, de su género en la primera década de los 2000, y que no sólo aportó singles como “Somewhere Only We Know”, “Everybody’s Changing” o “This Is The Last Time”, sino también grandes caras B como “Bedshaped” o “We Might As Well Be Strangers”, que hasta su parón eran fijas en los conciertos. El nivel se mantuvo con la publicación de “Under The Iron Sea”, el disco que les confirmaba como la gran banda mainstram del pop británico elaborado, peleando por el trono con Coldplay (lo que les llevó a tener también un gran número de haters), y con unos ya renqueantes Travis, incapaces por entonces de conectar con el gran público como lo habían hecho en sus inicios. Fue aquel el momento en el que comenzaron los problemas para el cuarteto de East Sussex con las adicciones de su cantante. Y pese a tener un gran álbum con temas como “Nothing In My Way”, “Crystal Ball” o “Try Again”, la rentabilidad de la gira se resintió por los problemas personales de Tom. Y a partir de ahí vinieron los titubeos.

Y es que a pesar de publicar dos álbumes correctos como fueron “Perfect Symmetry” y “Strangeland” nunca llegaron a resucitar esa conexión mágica que tenían con el público entre 2004 y 2006, ni esa capacidad de encandilar a medio mundo. A partir de entonces, sus directos vivieron fundamentalmente de sus dos primeros compactos. Tanto es así que en la gira de “Strangeland” no interpretaban un solo tema de “Perfect Symmetry”. Quizá el haberse quedado atascados años atrás, sumado a que los problemas de salud de Tom desaparecían y reaparecían en los momentos más inoportunos, llevaron a lo que parecía la cónica de una muerte anunciada.

Pero aquí estamos tres años después, con Tom totalmente recuperado después de haber tocado fondo, y con la voluntad de utilizar el calvario personal que ha vivido durante tantos años para hacer pedagogía y gritar a través de sus letras que nadie cometa los mismos errores que él. El mensaje y la intención son buenos, pero, ¿y el disco como tal?

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“The Wave” es un conjunto de canciones sorprendentemente aceptables, a mitad de camino entre lo bonito y lo ñoño, que ofrece más de lo que cabía pensar de alguien que jamás se había preocupado por componer en tantos años y que cuenta con una producción que es como metadona para los seguidores de Keane.

Si nos metemos de lleno en él, tenemos la primera impresión de que “The Wave” es un conjunto de canciones sorprendentemente aceptables, a mitad de camino entre lo bonito y lo ñoño, que ofrece más de lo que cabía pensar de alguien que jamás se había preocupado por componer en tantos años, que cuenta con una producción magnífica y que es como metadona para los seguidores de Keane, que han tenido que esperar cuatro largos años para volver a escuchar algo nuevo de la voz mágica que les encandiló más de una década atrás. Pero seguramente ahí quedará todo. Los coros y las voces dobladas no alcanzan ni de lejos la capacidad emocional del cuarteto; el piano sin Rice-Oxley no es lo mismo, y el resultado es un disco bonito de pop melódico, pero que perdurará en el recuerdo tanto como lo ha hecho la aventura en solitario de Brandon Flowers entre los trabajos de The Killers. Es decir, nada. “Still Waiting” es el primer corte, seguramente llamado a ser uno de los singles. En él encontramos la primera declaración de intenciones de Chaplin en este debut en solitario, redimiéndose de su juventud bañada en alcohol. El piano y los coros, como era predecible, llevan en volandas una pedida de auxilio abierta y manifiesta de un hombre que dice ver sólo demonios a su alrededor, que se encuentra perdido en el tiempo y que está esperando que se rehagan los pedacitos de sí mismo. Lo cierto es que es un buen corte para comenzar. “Hardened Heart”, aunque puede emocionar, suena a uno de los peores cortes del que aún es el último disco de estudio de Keane, “Strangeland”. Con un principio continuista con el tema anterior, “It’s such a beautiful world, so why do I fell so down?”, evoca esa belleza del mundo que no es capaz de encontrar. De nuevo los coros complementan su voz junto con una sección de cuerda, que sumado a la producción harán el resto.

Los coros y las voces dobladas no alcanzan ni de lejos la capacidad emocional del cuarteto; el piano sin Rice-Oxley no es lo mismo, y el resultado es un disco bonito de pop melódico, pero que no perdurará en el recuerdo.

Llega después un piano, que hace echar de menos y mucho el de Rice-Oxley, para abrir la balada “The River”, o más bien lo que parece serlo. Porque cuando pensamos que va a ser una canción de transición, olvidable tan pronto como dé paso al cuarto corte, aparece el primer elemento que elimina la sensación de que Chaplin quiere repetir la fórmula de “Hopes And Fears” sin el talento suficiente para llevar a cabo la odisea. Un sintetizador rítmico se cuela dando al tema un toque de rock comercial ochentero, en el que el río sirve de metáfora para hablar del fluir de la vida y de dejar de anclarse a unos días pasados. Tras ella aparece “Worthless Words”, una balada, ahora sí de principio a fin, para relatar los días en los que decidió poner fin a su modelo de vida, y en los que según el cantante, estuvo a punto de morir. Una bonita  letra en la que dice estar arrepentido, pero que musicalmente resulta algo deslavazada.

Y tras la desolación más absoluta, tenemos la alegre y positiva “I Remember You”, uno de los mejores cortes, y en el que habla a ese yo del pasado, del que tanto se avergüenza en la actualidad. Una buena melodía, un ritmo más marcado que en pistas anteriores y un saxo de fondo dan el toque final a un tema que sí puede hacer las delicias de los fans de Keane. Y como estamos ya en una nueva era, en “Bring The Rain” juega con la modulación de la voz, un efecto que nunca habíamos oído en él, para converger en otro estribillo muy bien ambientado, muy Keane. Después, “Hold On To Our Love” es una nueva balada, muy bien acompañada por las cuerdas, en la que la cálida melodía se mueve por una letra más enigmática, pero que invita a buscar a alguien con quien caminar por la vida.

Aunque quizá caiga con más frecuencia de la deseada en el efecto catártico de la balada, Tom sale airoso de su primera aventura como compositor, a pesar de que todo indica que va a ser ignorado por el público mainstream y por el más independiente.

Llegamos al que ha sido elegido como primer single, quizá con poco acierto (hay temas mejores como “The River” o “I Remember You”), pero no cabe duda de que “Quicksand” tiene algo.  Y es que en un disco de carácter tan pedagógico es lógico que la carta de presentación sea una especie de síntesis en la que se relata cómo el hombre de poco más de veinte años que se ve convertido en una celebridad de la noche a la mañana es desgraciado y está roto por dentro aunque nadie lo comprenda. Una historia mil veces repetida, pero que emociona de la mano de alguien que se ve a sí mismo en el pasado con nostalgia y melancolía, pero también pesadumbre. Cuenta con unos coros tremendamente inteligentes para expresar exactamente lo que quiere. Después, coquetea con ciertos aires country en la mística “Solid Gold”, con la que se dirige explícitamente a Dios y que cuenta con un acompañamiento femenino del que lamentablemente no hemos encontrado información alguna.

Lo cierto es que el comienzo de “See It So Clear” es probablemente lo peor de “The Wave”, pero va mejorando a medida que pasa una canción en la que sigue recreándose en la reafirmación de su yo actual, el de una persona liberada y que ha encontrado una alegría de vivir que estaba enterrada muy hondo. Un coro de góspel acompaña a Tom en una recta final en la que se gusta a sí mismo. El sonido de las gaviotas, para ahondar en la metáfora marítima, brilla en el inicio de “The Wave”, el tema que da título al álbum, y que es el último del mismo. En él, Tom se deja acompañar de nuevo por un coro casi eclesiástico y de un violín que le sirven de pretexto para descubrir la verdadera razón por la que ha cambiado de vida y ha elaborado esta carta de arrepentimiento: su hija, de la que quiere que esté orgullosa de su padre, algo imposible con sus hábitos anteriores. La confesión concluye con ese hogar y esa familia que ha conseguido aunar y rehacer las piezas de sí mismo en alguien que ha salido fortalecido de su historia.

Queda claro después de prestar atención a todas y cada una de las letras que éste es sin duda el álbum que Tom Chaplin necesitaba para reconciliarse consigo mismo, y que lo que opinen los demás poco importa. Entre medias nos deja un puñado de buenas canciones, que si bien no están a la altura de los mejores momentos de Keane, suponen un debut en solitario con mucha más garra de lo esperado. Y aunque quizá caiga con más frecuencia de la deseada en el efecto catártico de la balada, Tom sale airoso de su primera aventura como compositor, a pesar de que todo indica que va a ser ignorado por el público mainstream y por el más independiente, que siempre recordarán aquel “Hopes And Fears”.

Tom Chaplin – The Wave

6.5

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Tom Chaplin debuta en solitario con “The Wave”, un álbum dirigido a su hija en el que relata los problemas con las drogas y el alcohol que casi acaban con él y de los que dice haber salido definitivamente gracias a la fuerza que ella le da. Todo ello se envuelve en melodías que tratan de emular el rasgo emocional que define a su banda de origen: Keane.

Up

  • El debut está muy por encima de lo que se esperaba. Tom aprueba en su estreno como compositor.
  • La voluntad de redimirse y el objetivo del disco.
  • Mantiene el rasgo emocional de las canciones de Keane.

Down

  • Compositivamente está lejos de Tim Rice-Oxley.
  • Recurre en exceso al elemento facilón de la balada.
  • Puede resultar excesivamente empalagoso.