Uno de los muchos sentimientos con el que podemos darnos de bruces al pensar en el firmamento es sin duda el miedo. Miedo a lo desconocido, a la inmensidad, a la opresión de un cuerpo que necesita oxígeno. Sin forma de volver a la nave, cada vez más lejos de ese artefacto que aún guarda algo de relación con la Tierra y sus habitantes. Tampoco hay una cultura conocida que se le pueda asignar al espacio exterior como poseen el mundo egipcio o el oriental, más allá de la inherente música de los planetas en la que creían los antiguos griegos, aunque tan pocas referencias no han sido obstáculo para que la fórmula de velocidad, angustia y arpegios de Vektor puedan trasladarnos a ese firmamento inexplorado. Dejarnos allí. Sin aire.

Una nueva historia y nuevos intentos de llegar más allá de las fronteras del espacio-tiempo

“Terminal Redux” es un álbum conceptual que trata de inocular en el oyente la artificiosidad del futuro, la corrupción y la tiranía que han reducido al ser humano a la categoría de un desechable trozo de carne.

Terminal Redux” expone al astronauta a ese viaje tortuoso, un álbum conceptual que se instaura como el de mayor duración en el catálogo de la banda y que trata de inocular en el oyente, atrofiando las pretensiones de los ya clásicos Voivod, la artificiosidad del futuro, la corrupción y la tiranía que han reducido al ser humano a la categoría de un desechable trozo de carne. Por eso mismo el nacimiento de una estrella, la hermosura del infinito se deja ver de la mano de los solos como única y suficiente recompensa de esta existencia. Para generar la atmósfera los americanos multiplican la agresividad, los resortes brutales del black metal ya no sólo en la peculiar voz de David DiSanto, sino también en los blast beat de la batería sobre los que se alzan como cometas las agilidades de Erik Nelson, estallando en potentes vórtices de luz.

También hay mayor experimentación en el álbum, aunque la sensación de que queda una cara oculta por explorar, galaxias que se quedan en la distancia y cuyo acceso requeriría rebasar los límites del género se deja ver en especial hacia la mitad del álbum, quizá porque el universo es en realidad infinito y todavía nuestra capacidad creativa tiene muchos años luz por recorrer. En cualquier caso el thrash metal más técnico halla cabida en los paneles de control y las edificaciones futuristas y da a un tiempo juego para la energía más sádica y la reflexión pacífica. Fuerzas que desgarran la piel o una nave abandonada que estalla en silencio.

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Para generar la atmósfera multiplican la agresividad, los resortes brutales del black metal no sólo en la peculiar voz de DiSanto, sino también en los blast beat de la batería sobre los que se alzan como cometas las agilidades de Nelson, estallando en potentes vórtices de luz.

Una voz despierta al organismo hibernante. Para el momento en que “Charging the Void arranca los ojos se abren para descubrir la escafandra rota, algo ha sucedido. Los gritos son ahogados por el vacío. La velocidad, el umbral de una dimensión sobrehumana, todo parece muy reciente. Siguiendo los artífices técnicos de Coroner, la banda trata de construir una civilización cuyas proporciones resulten apabullantes para el recién llegado, que sienta el miedo más allá de lo soportable. Es imposible evadirse del subidón de adrenalina en cada cambio brusco de la melodía o en los registros más extremos, pues que el discurso sea homogéneo no imposibilita algunos destellos de la nueva ciudad, la opresión y la violencia. Como un homenaje a las lenguas desconocidas de los habitantes de Neptuno en la legendaria suite de Gustav Holst una pareja femenina de cantantes Soul evoca a su tribu sobre el ruido futurista, dando como resultas una mezcla de paz y saturación en la que podría haber sido interesante profundizar.

Prosigue la historia con “Cygnus Terminal” y su cuidada introducción al estilo de Annihilator, y siguiendo esta línea destaca uno de los pocos estribillos pegadizos de la obra. Las máquinas se van replegando y los guturales de DiSanto reciben el eco de los callejones. Se puede volver a apreciar esa claridad del láser, la nostalgia, esa ventana continuamente abierta a la inmensidad. Mientras nuevos gobiernos, nuevas mentes buscan el poder y siembran el terror entre las hormigas. Una pandemia también es una buena medida de control, como la que extiende una extraña sustancia al correr por las venas de los infectados en “LCD (Liquid Crystal Disease)”. Resulta difícil negar que por momentos la banda suena algo genérica, y la complejidad puede resumirse en un esqueleto minimalista que se retroalimenta de fórmulas conocidas. Hacia la mitad el viaje se vuelve más agobiante de lo que supondrían las pretensiones de los músicos. Con todo, la energía y ambición demostradas son suficientes para levantar de su asiento a los entusiastas de la agresividad y los bailes extremos, que ya es decir.

El thrash metal más técnico halla cabida en los paneles de control y las edificaciones futuristas y da a un tiempo juego para la energía más sádica y la reflexión pacífica. Fuerzas que desgarran la piel o una nave abandonada que estalla en silencio.

Mountains Above the Sun” amanece con una imagen caleidoscópica, contemplativa, que sirve de pasaje a uno de los sencillos: “Ultimate Artificer”, elección acertada para los incondicionales del thrash. El horror llega a su clímax con el solo de guitarra, se descubre el cielo, enfermo, y se diferencia una estructura clara para la canción. Quizá es esta sobreexposición a un mundo terrible y destruido la que hace que al llegar “Pteropticon” se hubiera preferido una variación más radical. Los niveles de adrenalina no bajan, aunque el cuerpo del paciente resiste la sobredosis. También pasa cerca del nivel crítico durante “Psychotropia” pues algo de fuerza se ha perdido, el futuro es agobiante, las calles se repiten, los mismos soldados aunque con un desfile más pausado. “Pillars of Sand” dispara el controlador, roza los bosques más ennegrecidos del black, la invocación del tiempo que irreversiblemente tomará la carne y la ajará. Cae la arena, el ritmo baja pero las guitarras enseñan los ganglios del reloj, unos segundos en los que la voz descansa para retornar más inquisitorial en su demanda.

A partir de aquí Vektor dan lo mejor de sí mismos, y no precisamente en lo que a agresividad se refiere. Agotado de enfrentarse al dominio despótico, “Collapse” comienza con otro registro, melódico, de DiSanto. Una réplica desasosegada. Los carraspeos vuelven, pero pertenecen a un hombre superado por las circunstancias, atiborrado de experiencias desoladoras. Hay elementos folclóricos, en respuesta a un pasado destruido, y por supuesto un final de acordes densos, rabia contenida y sobre todo melodía. La herencia de Cynic llega en forma de viento, sopla por los costados del cuerpo y casi difumina el ruido de las máquinas, el terror a lo desconocido ha perdido su poder.

Indudablemente Vektor han conseguido, aunque les haya costado cinco años de indecisión, elaborar un trabajo que supone un paso más allá en su carrera estelar

Recharging the Void” recupera el estatus imperial. Versos hímnicos, verdaderas estrofas, y finalmente esas transiciones características de los mejores del género, con el componente progresivo pujando fuerte. Encontramos solos, una guía temática y una zona bellísima del firmamento en la que las musas del primer corte regresan para remarcar los respiros de vida que le quedan a una existencia sometida. Así hasta que llega la victoria, motivada por los gritos de su líder, que bajo tanta luz y maravilla encuentra paralelismos con la corriente computerizada de Between the Buried and Me. De nuevo escenas salvajes, folclóricas y menos sujetas a la descripción de estilo. A la manera del primer trabajo, “Black Future”, el cierre resulta fantástico. No hay miedo, sino triunfo sobre un muro de ruido que ya no nos somete, sino que nos sostiene.

Indudablemente Vektor han conseguido, aunque les haya costado cinco años de indecisión, elaborar un trabajo que supone un paso más allá en su carrera estelar, aunque en ocasiones demasiado sujeta a los estándares terrenales, despegarán al fin si se libran completamente de ellos.

Vektor – Terminal Redux

8.5 HOT RECORD

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La dirección que toma la banda en su nuevo trabajo es ascendente, aunque se mantiene cohibida por la forma. Hay algo más de experimentación aunque no sea el eje del producto, lo que consagraría la creatividad musical. En calidad y puesta en escena se llevan un diez, lo que todos atribuimos a las bandas clásicas de metal técnico.

Up

  • Vektor tienen estilo propio.
  • Para los que disfruten con los álbumes conceptuales aquí hay una historia desarrollada y compleja.
  • Una apertura y un cierre difíciles de encontrar en una grabación de música extrema.

Down

  • La duración del trabajo anterior resulta más acertada para las características de la música.
  • Hay fragmentos demasiado genéricos hacia la mitad.