Que Rostam Batmanglij decidiera abandonar Vampire Weekend fue una noticia que probablemente pilló por sorpresa a la mayoría de sus fans. El grupo se encontraba en un momento muy dulce tras la publicación del aclamado “Modern Vampires of the City” (2013) y la espera de un nuevo disco ya se estaba haciendo de rogar, por lo que la salida repentina de uno de sus miembros clave no hacía más que aumentar el miedo y la incertidumbre por el futuro del grupo. Pero los hechos son los hechos, y le pese a quien le pese, por el momento, Rostam no parece demasiado predispuesto a volver. Y es que poco después pudimos ver un par de canciones del músico y productor, lo que parecía apuntar a un futuro disco en solitario, pero la cosa no quedó ahí. Aún es pronto para decir si acabaremos teniendo un disco en solitario de Rostam, pero en su lugar, el primer trabajo en el que figura su nombre fuera de Vampire Weekend ha acabado siendo en colaboración con Hamilton Leithauser, dando como nombre al proyecto “I Had a Dream That You Were Mine” bajo el nombre artístico de Hamilton Leithauser + Rostam, haciendo hincapié en el carácter de dúo del disco.

“I Had a Dream That You Were Mine”: forjar el presente mirando al pasado

Lo que encontramos en este disco es una mezcla de estilos y rasgos que a priori podrían parecer totalmente contrarios pero que, a pesar de ello, casan perfectamente gracias a un Rostam muy inspirado en la producción.

Para quienes no conozcan a Hamilton Leithauser, hablamos de una de las voces más potentes de nuestro siglo, procedente de Brooklyn y antiguo cantante de The Walkmen, grupo de post-punk que anunció un hiatus indefinido en 2014 tras la publicación de “Heaven”, su último álbum de estudio en 2012. Así, Hamilton publicó su primer disco en solitario (“Black Hours”) ese mismo año, con el que ya contaría con Rostam en la producción. Pero su ambición creativa iba mucho más allá. Para cuando el dúo, procedente de la misma ciudad, se había conocido allá por 2008 cuando Vampire Weekend entraron en escena, Rostam ya llevaba años escuchando los discos de The Walkmen y soñando con poder hacer un álbum con Hamilton algún día. Así que cuando por fin tuvo la oportunidad de producir “Black Hours”, se dieron cuenta realmente de lo bien que congeniaban y de la cantidad de ideas que podían explorar y explotar juntos, por lo que en julio de 2014 comenzarían las sesiones de grabación de su nuevo proyecto, “I Had A Dream That You Were Mine”.

Lo que encontramos en este disco es una mezcla de estilos y rasgos que a priori podrían parecer totalmente contrarios pero que, a pesar de ello, casan perfectamente gracias a un Rostam muy inspirado en la producción. Tenemos a un Hamilton Leithauser con una voz tremendamente característica debido a su particular rasgueo y tono melancólico, la cual se ajustaba perfectamente al post-punk de The Walkmen, pero que puede ser difícil de encajar en otros estilos. Y ahí es donde Rostam supone la pieza clave del engranaje. No sólo sabe sacar el mayor potencial de la voz de Hamilton, quien realiza un trabajo vocal tremendamente amplio, sino que se toma la licencia de hacer un recorrido con ella a lo largo de un buen puñado de décadas de música y además mezclar todos esos sonidos con otros más actuales para dotar al disco de un carácter melancólico y añejo pero a su vez moderno y sobrio. Todo este cúmulo de ideas y experimentaciones harían que las sesiones de grabación se alargasen hasta febrero de 2016, gestando así un disco lento y comedido, con un gran trabajo a sus espaldas.

Aunque pueda parecer complicado hacerse una idea del sonido general del disco, quiero recordar que a la producción está un antiguo miembro de Vampire Weekend y que por lógica, el sonido y la composición de este trabajo recuerdan en muchas ocasiones al de este grupo. La diferencia más grande (aparte de la voz, puesto que Hamilton tiene un registro y un timbre completamente distintos al de Ezra Koenig) radica en su carácter, puesto que Vampire Weekend mezclaba elementos del pasado y otros actuales dando lugar a un sonido moderno e innovador, mientras que aquí los elementos añejos están mucho menos disimulados y la innovación queda en un segundo plano. Vampire Weekend abogaban más por la épica elegante y minimalista, pero épica al fin y al cabo, mientras que Hamilton y Rostam apuestan por un disco más íntimo, que si bien está cargado de detalles instrumentalmente, la sensación que transmite es la de dos personas tocando en una habitación sobre sus lamentos como forma de desahogo.

hamilton-leithauser-rostam-i-had-a-dream-that-you-were-mine-2

“I Had a Dream That You Were Mine” no es ni mucho menos un disco revolucionario, sino el fruto de dos músicos que llevaban tiempo deseando trabajar juntos y que parecen entenderse a la perfección.

Así se muestra desde su comienzo con “A 1000 Times”, con tan sólo un piano y la voz de Hamilton, que pronto se desata y se ve acompañada de batería y guitarra, mostrando ese característico desgarre que le ha hecho ganarse tantos adeptos. La canción habla sobre un amor platónico que se aparece en sueños y al que Hamilton busca desesperadamente sin poder encontrar (“the 10th of November, the year’s almost over, if I had your number, I’d call you tomorrow, if my eyes were open, I’d be kicking out the doors in, but all that I have is this old dream I’ve always had), un tema recurrente y que casi recuerda a la famosa “Cornerstone” de Arctic Monkeys. De una balada aderezada por el pop barroco de Rostam pasamos a “Sick As A Dog”, el tema más moderno del disco, protagonizado por piano, batería y por encima de todo, bajo. Una pieza delicada, más cercana al sonido de Vampire Weekend, en la que Hamilton se guarda su chorro de voz habitual y canta con la suavidad requerida, moviéndose con soltura hasta atreverse con los falsetes, que si bien no terminan de casar, proporcionan un toque de melancolía y variedad.

A pesar de todos los estilos e incluso artistas reconocibles que pueblan el disco, Rostam sabe sacar partido a algo muy manido gracias a una inclusión de instrumentos inabarcables en esta crítica, consiguiendo así darle una vuelta de tuerca y seguir sonando fresco.

Llegamos a “Rough Going (I Won’t Let Up)” y el optimismo se apodera de ambos artistas regalándonos una pieza influenciada por el doo wop y el rhythm and blues con esos “sha-doobie sha-doo-wop y esos chasquidos de dedos que arrastran todo el tema. Una canción para celebrar la vida y dejar atrás los lamentos (“you know this ain’t the end, we would laugh as friends again, underneath the pines, we’ll be singing hallelujah), que incluso se permite la inclusión de un saxofón para rematar la faena. Pero poco dura el buen rollo, pues “In A Black Out” saca el alma crooner de Hamilton con arpegios de guitarra que recuerdan irremediablemente a Leonard Cohen (lo cual nunca es malo). Una vez más, las miradas al pasado, las despedidas y los lugares que fueron y ya no son vuelven a hacer acto de presencia (“midnight where we used to dance underneath the ugly halogen lamps, oh, it all went away so fast, in a black out), evolucionando en un tema más folk que incorpora coros y ritmos de aroma popular.

Peaceful Morning” combina el piano ya icónico de Rostam con el banjo, regalándonos un tema con un aroma completamente bucólico y agridulce. “When The Truth Is…” continúa por esa senda melancólica, acercándose al blues y al soul. Las historias nunca cesan, siendo el tema central y lo más importante en las letras de Hamilton, volviendo a hacer muestra de ello en “You Ain’t That Young Kid”, en la que se quitan el traje de Leonard Cohen para ponerse el de Bob Dylan, armónica incluida. No sólo la instrumentación, incluso Hamilton se esfuerza en impostar su voz y acercarse más al recital que al canto, lo que requiere un mínimo de atención a la letra si queremos disfrutar del tema en su plenitud. A pesar de todos los estilos e incluso artistas reconocibles que pueblan el disco, Rostam sabe sacar partido a algo muy manido gracias a una inclusión de instrumentos inabarcables en esta crítica, consiguiendo así darle una vuelta de tuerca y seguir sonando fresco.

Los ecos de Vampire Weekend están ahí, pero esta vez todo parece más cercano a un homenaje a las décadas pasadas que una apuesta por la experimentación.

The Bride’s Dad” relata el discurso de un padre a su hija en su boda, contando cómo los invitados acaban hartos por su incapacidad para hablar claramente y su nerviosismo, sin darle importancia al conseguir ver la sonrisa de su hija antes de bajar del estrado (“but I swear I caught you smile from the corner of my eye when they threw me off the stage, oh, I know I saw you smiling, I swear I saw you smiling). Un tema breve que se permite cierto barroquismo y nos traslada a “The Morning Stars”, pieza que recuerda a la PJ Harvey de “The Hope Six Demolition Project” gracias a la percusión y nuevamente al aire popular, más centrado en conseguir que al cerrar los ojos vislumbremos lo que nos relata que en proporcionarnos un estribillo o una melodía pegadizos. Y así llegamos al tema más delicado del disco, “1959”, en el que cuentan con la colaboración de Deradoorian, vocalista de Dirty Projectors. Así, a través de instrumentos de percusión sonora y multitud de arreglos, Hamilton y Deradoorian construyen un diálogo de apariencia teatral, casi de ópera, en el que Hamilton intenta convencerla para que se quede con él y disfruten del tiempo que les queda mientras que ella, independiente y a contracorriente, responde con un “one day I’ll stop to listen que acaba desvaneciéndose, pudiendo vislumbrar su marcha.

“I Had a Dream That You Were Mine” no es ni mucho menos un disco revolucionario, sino el fruto de dos músicos que llevaban tiempo deseando trabajar juntos y que parecen entenderse a la perfección. Si hay algo que destaca por encima de todo, es esta simbiosis entre Rostam, quien consigue dar una nueva perspectiva al estilo tanto lírico como vocal de Hamilton gracias a una combinación de estilos musicales e instrumentos muy variada, y el propio Hamilton, quien se adecúa perfectamente a lo que la música requiere en cada momento, demostrando una capacidad soberbia para manejarse fuera del post-punk de The Walkmen. Los ecos de Vampire Weekend están ahí, pero esta vez todo parece más cercano a un homenaje a las décadas pasadas que una apuesta por la experimentación. Y es que al final, cualquier trabajo en equipo necesita un componente esencial sin el cual nada puede salir como debe: la química. Y aquí, sin ninguna duda, la hay.

Hamilton + Rostam – I Had A Dream That You Were Mine

8.3

ES_Listen_on_Apple_Music_Badge_061115Get_it_on_iTunes_Badge_ES_0209

Dicen que la unión hace la fuerza y en el caso de Hamilton Leithauser + Rostam parece cumplirse. El ex The Walkmen y el ex Vampire Weekend se atreven con un proyecto juntos en el que dan un repaso a las primeras décadas de la música moderna a través de diez canciones llenas de historias, melancolía, alegría y una instrumentación sorprendentemente rica.

Up

  • La variedad tanto instrumental como de estilos.
  • El buen manejo de Hamilton con su voz.
  • Las letras, el carácter íntimo del disco.

Down

  •  Requiere prestar atención a las letras para disfrutarse plenamente.
  • Cierta irregularidad en algunos temas.
  • Quizás es un disco para momentos concretos.