Fue a finales del mes pasado, desde la redacción me avisaron de que ya teníamos disponible la escucha previa de lo nuevo de Green Day (ventajas del mundillo). No me sorprendió verme asistir con cierta desidia a lo que en mi más temprana adolescencia suponía siempre un acontecimiento importantísimo: nuevo disco de Green Day. El caso es que los años han pasado y las cosas no podían ser como antes, prueba de ello es que ese día no tenía que ir al instituto sino al despacho donde estoy de prácticas. No albergaba demasiadas esperanzas en Billie Joe y compañía, pero, en cualquier caso, quería prepararme bien para la escucha. El camino hasta el ‘curro’ es largo así que antes de salir de casa busco en mi estantería y me llevo conmigo “Dookie” y “Warning” para escuchar durante el trayecto de ida y vuelta por la N-122. Joder, hacía años que no escuchaba estos discos, la verdad es que “Dookie” se conserva fenomenal, me trae recuerdos de mis quince años aporreando la guitarra y cantándome todo el álbum de carrerilla y de paso consigue devolverme la fe en el punk poperillo. Empiezo a pensar que quizá es posible, que ya ha pasado casi una década desde que escuché a Green Day por primera vez, pero que todavía estoy a tiempo de transformar un amor de adolescencia en el amor de mi vida. Que en el fondo ellos siguen siendo los mismos y yo no he cambiado tanto y es posible re-enamorarse de Green Day en pleno 2016.

Para más inri los de Oakland anunciaban una vuelta a sus orígenes, recuperando toda la crudeza y espontaneidad de sus inicios: “Green Day vuelven dando más caña que nunca” rezaban los banners que pronto inundaron todas las redes sociales. El sonido prometía poder compararse con el de “Dookie”, e incluso con sus primerísimas referencias (aquellas que más de la mitad de los fans de Green Day a día de hoy ni siquiera conocen). Mike Dirnt hablaba del mítico “Kerplunk” (1992) y Billie Joe twitteaba que su misión para este año era destruir la expresión pop-punk para siempre. Oye, y encima habían pasado de productores y se habían encerrado por su propia cuenta en un pequeño y recién adquirido estudio casero. A priori no apostaba por recuperar a los Green Day de los noventa, pero ¿y si sí?

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Fotografía: http://www.deadpress.co.uk/

Para entender mejor este barullo conviene mirar las cosas con perspectiva y volver a recordar cómo un trío de pop-punk empezó a llenar pabellones y componer óperas rock. Cuando, a principios de los 2000, la mecha del pop-punk se iba apagando y Green Day parecían condenados a sumirse en la intrascendencia, reaparecieron con un disco conceptual al que como mínimo debemos reconocerle el haber cambiado casi por completo el discurso de la banda y haber renovado y fortalecido su imagen mediática transformándoles en nuevos ídolos del rock de estadios. Además, exageraciones aparte (no, ni es uno de los mejores discos de la historia, ni puede decirse que Green Day se pasaran al prog), aquel “American Idiot” estaba lleno de buenas canciones y además de renovador se mostraba sólido y coherente. Una vez salvada la amenaza de la intrascendencia, lanzaron un no muy notable “21st Century Breakdown” que con menor efervescencia repetía la jugada asegurando nuevas hordas de fans quinceañeros que mantenían siempre joven la fanbase de los californianos. Tras esto llegaron las promesas del back-to-basics (sí amigos, esto ya lo hemos oído varias veces) de la mano de una trilogía regulera e innecesaria que lamentablemente coincidió con el ingreso en rehabilitación del vocalista de la banda y la consecuente cancelación de decenas de shows. Tras un hiato de cuatro años que seguía a aquella decepción multiplicada por tres, cabía preguntarse si quedaba todavía alguien esperando algo de Green Day. La respuesta es un rotundo sí: en cuanto se activó la máquina mediática, las redes se llenaron de fieles que de manera demasiado entusiasta entonaron sus rezos y alabanzas al punk, a “Dookie”, las guitarras rápidas y la juventud infinita.

“Revolution Radio”: Too old for this shit?

¿Por qué se complican la vida hablando de punk y de vuelta a los orígenes? Green Day no son punk, o lo que es mejor, Green Day son Green Day, a estas alturas todo el mundo lo sabe.

Así que llego a casa descartando encontrarme ese disco redentor que fue “American Idiot” pero con la intención de no hacerle ascos a una buena colección de melodías pop agitadamente interpretadas. Lo que suena es “Somewhere Now” (que sí huele a redención) y no está nada mal. A ver, llevaban semanas bombardeándome la cabeza con punk, rebeldía y nostalgia noventera, pero como opening es más que resultón. Arranca con un guitarra acústica que deja paso a unos compases de arquitectura muy a lo The Who que pueden recordarnos a su época conceptual. En algún sitio he leído que para Billie Joe es la mejor canción que jamás han usado para abrir un disco, que se lo haga mirar. Le sigue “Bang Bang”, el primer single promocional, que se suponía daba con el perfil de ese disco crudo, punkarra e incluso político que debía ser este “Revolution Radio”. De primeras no me sorprendió demasiado, pero las escuchas, el paso del tiempo y la opinión mayoritaria casi han logrado convencerme de que es temazo. Tiene pinta de ser muy disfrutable en directo (como casi todo lo que hace esta banda), pero de lo que no van a lograr convencerme es de que es uno de los mejores y más feroces temas de su catálogo (mejor dejamos el hardcore punk tranquilo). Algo parecido ocurre con “Revolution Radio”, que cuenta con un estribillo de esos que invitan a corearse bien alto y mantiene las ínfulas socio-políticas. En cualquier caso, y como decía el Señor Lobo: “Caballeros, no empecemos a chuparnos las pollas todavía. Es evidente que ambos tracks se alejan de la grandilocuencia de la primera pista del disco (que para un servidor es de lo mejorcito del LP), pero siguen estando a kilómetros de distancia de los pildorazos de “Kerplunk” y mucho más del punk clásico cuasi-hardcoreta que Green Day nunca han practicado. Pensaba que aquí todos eramos lo suficientemente adultos como para reconocer que Green Day tienen unas maneras eminentemente pop sin sentir vergüenza por ello. Lo que sí debería provocarnos sonrojo, y quizá admiración a partes iguales, es el hecho de ver a un tío de 44 años cantando cosas como «I am a semi-automatic lonely boy” de manera tan convincente.

Supongo que es evidente que no estamos ante uno de los discos más fieros de Green Day, pero lo preocupante es no saber ante qué estamos exactamente.

Say Goodbye” propone un camino alternativo y más o menos satisfactorio que, una vez más, no casa con el sonido de los primeros Green Day. Aquí tiran de su versión de estrellas de rock mediáticas, pero el experimento no termina de cuajar lo suficientemente bien como para que alguien fuera capaz de convencerme de que el track sería capaz de pasar el filtro de descartes y colarse por méritos propios en cualquiera de sus dos óperas rock. Esto último podría decirlo de “Outlaws”. Armstrong, Dirnt y Cool ya no disimulan en absoluto y se entregan de lleno a su perfil más intensito. Es un medio tiempo, pero sigue siendo punk, pensarán el trío y los fans con mayor capacidad para el autoengaño. Si la ocasión es propicia, no tengo ningún problema en sacar el mechero y abrazar a la persona que tengo al lado, pero esto roza lo mediocre. Aún no hemos alcanzado el ecuador del disco y ya he descartado por completo que pueda cumplirse esa promesa del regreso ‘dando más caña que nunca’. Esa no es la peor noticia, podría aguantar un disco entero de baladas de Green Day (glups), si las canciones fueran lo suficientemente buenas. Aquí no hay nada que me haya dejado con el culo torcido y, lo que es peor, no consigo saber a qué están jugando los californianos en este “Revolution Radio”, pero me temo que ellos están tan perdidos como yo.

Bouncing Off the Wall” llega justo cuando más se la necesita. Esto ya es otra cosa, estos sí son los Green Day conscientes de sí mismos, con ganas de soltar guitarrazos y sin la más mínima intención de disimular su atractivo popero. El tema combina con acierto el regustazo melódico de los noventa y la contundencia sonora de sus óperas rock. ¿Por qué se complican la vida hablando de punk y de vuelta a los orígenes? Green Day no son punk, o lo que es mejor, Green Day son Green Day, a estas alturas todo el mundo lo sabe. “Still Breathing” me trae otra de las lentas justo cuando ya iba a empezar a descorchar el champagne. Que no, que el problema no es que los norteamericanos sólo me interesen cuando rascan sus guitarras a cien por hora, es que aquí se han vuelto a pasar con el azúcar. El tema me empalaga mucho y no emociona en absoluto, quizá si tuviera quince años… Va a ser eso, el tiempo ha pasado y tanto Billie Joe como yo estamos mayores para tonterías sentimentaloides.

Si el objetivo era mostrarse más eclécticos que nunca y brindarnos un surtido de variedades con todo lo que saben hacer, estaréis conmigo cuando digo que todo lo que han hecho en “Revolution Radio” se lo hemos visto hacer muchísimo mejor en decenas de ocasiones.

Venga, y otro volantazo. “Youngblood” debería ser el típico tema en el que Green Day no fallan: un power-pop tan dulce como vigorizante dedicado a una chica. No tengo ganas de ser un aguafiestas ni de quedar como el irritable apóstata que arremete contra su propio pasado, pero lo cierto es que el tema deja bastante que desear. Ni las palmas-palmitas consiguen engancharme del todo. De la letra mejor ni hablo… Para el siguiente tema deciden continuar por la misma senda power-pop, pero la cosa es diferente. “Too Dumb to Die” no va a salvar el disco ni a dar un vuelco a la carrera de Green Day a estas alturas (tampoco le pedía eso a este álbum), pero representa una especie de standard Green-Dayero mucho más que aceptable. Ahora sí me los creo, esto podría haber estado en “Nimrod” (1997) sin que el tracklist llegara a acusar ningún tipo de bajón cualitativo. “Troubled Times” no aporta demasiado y creo que hubiera pasado sin pena ni gloria dentro de aquel “21st Century Breakdown”. Ni siquiera me convence su ánimo reivindicativo y político. No, Billie, para componer una canción protesta no basta con repetir la expresión «troubled times” decenas de veces.

Es un poco triste ver a unos Green Day jugando a ser Green Day de manera tan poco exitosa.

Cuando veo que lo próximo es un tema de siete minutazos empiezo a pensar que “Revolution Radio” se me va a hacer aún más largo, cosa que nunca debería de pasar con el LP de un grupo como Green Day. Pero qué va, pese a su duración, “Forever Now” aporta aire fresco al asunto. No creo que se pueda comparar a “Jesus of Suburbia” o “Homecoming”, pero tampoco acudí a “Revolution Radio” buscando temas que pudieran formar parte de un greatest hits de los californianos, sólo canciones que me hicieran pensar que merece la pena seguir escuchando a Green Day hoy en día y esta es una de las pocas pistas que lo consigue. Para echar el cierre tenemos una baladita acústica. Lo cierto es que suena sincera y resulta bastante reconfortante, pero cuando termina de sonar “Ordinary World” no puedo parar de preguntarme qué clase de disco querían sacar Green Day.

No creo que tenga que justificarme en absoluto, pero esta crítica está escrita desde la más profunda sinceridad y respeto por la que ha sido desde muy temprano LA BANDA de mi adolescencia. Entre tantos aplausos y vítores conformistas, he creído necesario publicar un análisis consecuente y, desde luego, personal. Supongo que es evidente que no estamos ante uno de los discos más fieros de Green Day, pero lo preocupante es no saber ante qué estamos exactamente. Los de Oakland acaban de soltarnos una macedonia incoherente y deslavazada habiéndonos preparado para otra cosa muy diferente y muy concreta. Si el objetivo era mostrarse más eclécticos que nunca y brindarnos un surtido de variedades con todo lo que saben hacer, estaréis conmigo cuando digo que todo lo que han hecho en “Revolution Radio” se lo hemos visto hacer muchísimo mejor en decenas de ocasiones. Parece como si la banda de pop punk y rock alternativo que desplegó su influencia durante los años noventa y principios de los 2000 fueran ahora unos aprendices de sí mismos. Es un poco triste ver a unos Green Day jugando a ser Green Day de manera tan poco exitosa.

Green Day – Revolution Radio

4.9

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Tras dos óperas rock y una trilogía algo decepcionante, Green Day se enfrentan al reto de romper cuatro años de silencio y lo hacen con un álbum que pretendía alejarse de magnificencias y grandes conceptos y prometía un back-to-basics. El resultado es un disco poco sólido, caótico y que muestra a unos Green Day menos conscientes de sí mismos que en el pasado.

Up

  • Comprobar que aún les queda munición para centrarse y sacar un disco meramente aceptable, pero eso ya para otro día.

Down

  • Retroceder muchísimos pasos y volver a venderse como un grupo punk cuando ya nadie les pedía cuentas por su sonido.
  • Que además de insistir en el mensaje acaben publicando doce canciones que no encajan con lo prometido.
  • La sensación de desidia y de estar jugando a imitarse a sí mismos.
  • Dejando de lado lo caótico del disco, sus canciones son peores que la práctica totalidad de las que compusieron para “Dookie”, “Nimrod”, “Warning” o “American Idiot”.
  • Dios mío, ¡quitaos ya ese eyeliner!