Que no hubiésemos hablado antes de The Growlers en esta web, al menos de manera directa, es sólo consecuencia de que aunque no lo creáis, nuestra andadura es aún muy corta. Esta banda originaria del californiano Orange County es una de las favoritas de unos cuantos de los que aquí escribimos. Y eso que somos conscientes de que los Growlers ejemplifican el típico caso de banda que te gusta más de lo justificable con argumentos sólidos.

Quizás por la rota y peculiarísima voz de su cantante, Brooks Nielsen, por sus melodías pegajosas y azucaradas, por sus letras políticamente incorrectas o por la capa de lo-fi cutre con la que embadurnan su rock garajero, a menudo más cercano al pop, el caso es que The Growlers enamoran fácilmente. Con una trayectoria intensa y sólida como la de pocos grupos de su cuerda (hasta una decena de publicaciones entre LPs y mini LPs en siete años), el sonido de la banda es tan reconocible que ellos mismos lo autodenominaron como ‘beach goth’, por ese personal tono de surf melancólico que inunda sus composiciones.

Aunque en su último trabajo, “Chinese Fountain” (2014), se percibió un importante cambio en la sonoridad de la banda, nada nos había preparado para el giro radical que han terminado por llevar a cabo en su última referencia que hoy comentamos: “City Club”. En aquel se pusieron algo más serios y menos juguetones, sin renunciar a las guitarras jangle y al reverb pero sí con un tono más sombrío. Sin embargo, lo que les hemos descubierto en este nuevo trabajo es un cambio de muchísima más profundidad que, tirando de tópico, no dejará a ninguno de sus oyentes indiferente. Y detrás de todo ello, la polémica figura de Julian Casablancas, a cargo de la producción.

the-growlers-city-club-2

Adiós al beach goth, bienvenidos a los 80’s

Aunque en su último trabajo, “Chinese Fountain” (2014), se percibió un importante cambio en la sonoridad de la banda, nada nos había preparado para el giro radical que han terminado por llevar a cabo en “City Club”.

Diez años después de formar el grupo, parece que su enfant terrible Nielsen se ha cansado de sonar a guitarras entumecidas y ha tenido una revelación ochentera con teclados, sintes y ciertas dosis de horterismo. Eso es al menos lo que presagiaCity Club y termina de confirmar I’ll Be Around. Y es que ya habíamos oído las dos primeras canciones del disco en forma de adelantos. Con similares ingredientes de ritmos funk y melodías plásticas, ambas corren distinta suerte, siendo la segunda con diferencia la más pegadiza y conseguida. Entre medias, Vacant Lot sigue por los mismos derroteros, con una voz duplicada y una línea minimalista y sintética que se aleja tremendamente de lo que pensábamos que eran The Growlers, acercándose más a una versión turbia y choni de la Unknown Mortal Orchestra.

Para ser justos, si uno revisa a conciencia la discografía de la banda encuentra que “Chinese Fountain” (la canción del disco homónimo) fue una premonición, un aviso que pocos vieron. ‘Una rareza de Brooks’, pensamos muchos, pero ha resultado ser el primer indicio del tremendo bandazo sonoro que se avecinaba y que cristaliza en este disco. Habrá a quien le guste y a quién no. Como a Scott Montoya, pilar fundamental de anteriores trabajos y que en este álbum abandonó definitivamente la formación. Sin conocer las razones, sólo se puede aventurar que seguramente tengan  que ver con este cambio de rumbo.

El líder de The Strokes ha acogido a los Growlers y se ha metido en la cabina para dotar a los californianos de un aura de pista de baile como la de sus trabajos en solitario o los últimos (y tristes) bandazos de los Strokes. Por suerte para él, y sobre todo para la banda a la que aquí produce, ésta está más en forma y sacan adelante un disco arriesgado.

Sin embargo, si un fan abre la mente lo suficiente como para aceptar esta nueva faceta del grupo, logrará disfrutar de alguna joya que otra, como es el caso de Night Ride. Concretamente, el machacón estribillo de esta es definitivamente una de las cumbres de este trabajo. La canción, por cierto, va dedicada precisamente al ex batería de la banda, al que no se sabe muy bien si despiden con comprensión (“Could’ve held out, but your clock was ticking”) o, más probablemente, con resquemor poco disimulado (“Tomorrow night’ll go on without you /‘till dawn and no one will care”). Este segundo cuarto del disco es sin duda el más brillante, encadenando un trío de temas más adictivos que el opio que se respira en toda canción de los Growlers. Dope on a Rope por ejemplo sigue empujando esos borrosos contornos entre funk y garage psicodélico de manera magistral, mientras que When You Were Made supone un regreso a su sonido original. Esa melancolía embotada por las drogas y esa voz rota nos devuelven al pasado de los Growlers, haciéndonos, por más que este trabajo sea un experimento decente, seguir añorando sus antiguas baladas borrachas, tristes y divertidas.

Nuestros temores no se hicieron realidad, pero pese a todo, preferimos que vuelvas a la senda, Brooks Nielsen. Y abandona a Casablancas en alguna gasolinera sin mirar atrás.

Antes lo he comentado, pero hay que destacar el hecho de que a la producción de este trabajo, además de Shawn Everett (Warpaint, Weezer), se encuentra nada menos que Julian Casablancas. El líder de The Strokes ha acogido a los Growlers bajo el ala de su sello Cult Records, y para ello se ha metido en la cabina para dotar a los californianos de un aura de pista de baile como la de sus trabajos en solitario o los últimos (y tristes) bandazos de The Strokes. Por suerte para él, y sobre todo para la banda a la que aquí produce, ésta está más en forma y sacan adelante un disco arriesgado. Lo sacan adelante especialmente en su primera mitad, antes de que los defectos salgan demasiado a relucir. Con Rubber & Bonepor ejemplo se le empiezan a ver algunas costuras, como una voz de Nielsen de la que, por muy buena que sea, quizás abusen en ciertos momentos, con un protagonismo exagerado frente a una instrumentación que por momentos es un simple telón de fondo.The Daisy ChainoWorld Ungluedno son malos temas, aunque el cansancio empieza a hacer mella en el oyente tras un álbum de sonido siempre similar.

ComoNeverending Line, que pasa sin pena ni gloria pese a su corte algo más rockero, y Too Many Times, que vuelve al funk de sintetizadores que abarrota este disco, con participación vocal (poco relevante) de Casablancas incluida.Blood of a Muttreduce aún más las pulsaciones, y nos pone a bailar pegados mientras utiliza la sangre de un chucho como la clásica metáfora made in Growlers sobre lo áspera que es la vida a veces. Con ella y la sorprendente Speed Living echamos el cierre a este club de ciudad. Nuestros temores no se hicieron realidad, pero pese a todo, preferimos que vuelvas a la senda, Brooks Nielsen. Y abandona a Casablancas en alguna gasolinera sin mirar atrás. Curioso como la letra de la joya de la corona de “Hung at Heart” se convirtió en profecía:

Can’t explain, but it’s almost hard to recognize myself
Slowly I’ve changed, turned into someone else”

The Growlers – City Club

6.6

ES_Listen_on_Apple_Music_Badge_061115Get_it_on_iTunes_Badge_ES_0209

The Growlers sustituyen sus guitarras garajeras por los sintetizadores ochenteros de la mano de Julian Casablancas. El resultado es decente, aunque no apto para los fans más clásicos. Incluso haciendo lo que no es lo suyo, los californianos lo hacen bien.

Up

  • Viraje sorprendente en el sonido. Siempre está bien ampliar tus propios horizontes.
  • Ciertas pistas son auténticos temazos, concretamente “Night Ride”, “Dope on a Rope” o “When You Were Made”.
  • Está bien saber que Casablancas no arruina todo lo que toca.

Down

  • De haberse quedado en un EP con la primera media docena de temas les habría quedado un trabajo muy notable.
  • Los que ya conociesen a la banda no podrán quitarse el sabor agridulce de este cambio de estilo.