Han tenido que pasar cuatro discos para que Joseph Junior Adenuga alcance, al fin, el reconocimiento que tanto ansiaba desde aquel 2007 cuando publicó “Greatest Hits”, un álbum que sentaría las bases del artista en cuanto a temáticas se refiere pero que no acababa de cuajar como conjunto. Con el paso de sus siguientes CDs, “Microphone Champion” en 2009 y “Doin’ It Again” dos años después, el rapero parecía un tanto perdido a la hora de querer demostrar sus principios. Y es que por mucho que se acercara a los terrenos propiamente oscuros que el grime pide, siempre acababa pecando por querer abarcar palos demasiado comerciales que, lejos de lanzarle al estrellato definitivo, le hacían asemejarse a una versión sugar-darker de Flo Rida. Ya se sabe, el que mucho abarca, poco aprieta, y es que por mucho que quisiera equilibrar su autoría y sus ganas de comerse el mundo, el dardo no acababa de dar en la diana. De hecho, sus intentos por abrirse paso han sido proporcionales a los batacazos que se ha acabado pegando con las negativas críticas que sus álbumes recibían, críticas que no han hecho más que alimentar la impotencia de un Skepta que ya se sentía como un monstruo, tal y como él mismo ha ido aireando a viva voz en diferentes entrevistas (I’m out for revenge, I come into this things pure-hearted and loving music, and people take me for an idiot. So when I spit now people are gonna hear a madman (…) I’m out for revenge”).

Ha sido ahora, nueve años después de su debut, cuando Skepta ha recibido humildemente con lágrimas en los ojos y rodeado de toda su crew el prestigiosísimo Mercury Prize gracias al “Konnichiwa” con el que vamos a entrar en materia a continuación. El debate está abierto desde entonces: ¿hay para tanto? ¿Se habrá redimido el artista de su mala pata para ofrecernos el verdadero salto definitivo? Veamos.

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Skepta consigue con “Konnichiwa” saludar a las altas esferas, tanto sociales como musicales, con el dedo corazón

Si bien en 2007 cuando publicó su debut Skepta sentó las bases en cuanto a temáticas se refiere, el disco no acababa de cuajar como conjunto. Además, con el paso de sus siguientes compactos, el rapero parecía un tanto perdido a la hora de querer demostrar sus principios.

No puede uno imaginarse una introducción más redonda al conjunto y a todo lo que implica el grime que el corte inicial, Konnichiwa, donde en tres minutos de nada el rapero inglés hace un rápido repaso a todo lo que ha pasado durante estos años de silencio. Rabia que durante años se ha ido cociendo y que aquí queda expuesta entre fuertes graves, oscuros sonidos y una letra totalmente vitalista que queda contrastada por la apacible voz inicial de Fifi Rong, que se encarga de poner la guinda al pastel antes de que nos lo comamos. Las cartas están sobre la mesa y hay que conocerlas ya para ver la que se nos viene encima: grime de lóbregos pasajes con mensajes que siempre van a dirigirse hacia la intocabilidad de un Skepta que no va a dejar títere con cabeza. Otro de los conceptos que necesitamos entender acerca de este estilo musical para poder abarcarlo mínimamente se presenta en Lyrics, que nos sitúa frente a una batalla de MCs en la que la verborrea de Skepta le hace el sumo vencedor de estos combates, los cuales han sido vitales para mantener la supervivencia de un grime que ya vivió en este contexto durante sus orígenes. Es en la doble lectura metalingüística donde podemos encontrar la verdadera gracia del tema: ¿deberían darnos miedo Skepta y sus coetáneos directos por afrontar la música tan radicalmente, o el verdadero terror está en las calles inglesas y en la brutalidad policial? Dicho de otra manera: ¿qué fue antes, la apología a la violencia de un género incomprendido o la propia violencia?

Todas estas preguntas y, al fin y al cabo, inseguridades, martillean la cabeza de un Skepta que en la notable Corn On The Curb demuestra una faceta más personal, que nos ayuda a acercarnos a la persona detrás de la dura fachada. Esa manera de dejarse abrir en canal, especialmente en la segunda parte del tema junto a Wiley, se ve doblemente compensada gracias a la innegable capacidad lírica y compositiva de Skepta, que es tan directa que a ratos duele («Santa Claus used to miss my house”). Crime Riddim, por su parte, nos habla de una historia que continúa por esos derroteros que estamos viendo desde el principio del álbum, haciendo ahora más hincapié en la brutalidad policial focalizada en la comunidad negra, representada por el propio rapero inglés en un tema donde el verdadero aliciente no es tanto su musicalidad (repletísima de detalles puramente grime de la old school más recreativa), como aquello que nos explica.

“Konnichiwa” es una mezcla constante de la proclamación de independencia de un artista anteriormente infravalorado y la crítica a un sistema social esperpéntico.

“Konnichiwa” es una mezcla constante de la proclamación de independencia de un artista anteriormente infravalorado y la crítica a un sistema social esperpéntico, y es precisamente la mezcla de estos dos conceptos constantes durante el largo lo que se cristaliza enIt Ain’t Safefor the block, not even for the cops”), un agresivo corte que encuentra en lo repetitivo de su estructura su propia particularidad que parece hacer referencia a la infinita red de abusos sociales. Todo lo que en este tema se vuelve contestatario y necesario en el contexto suburbial inglés, se quiebra por completo en Ladies Hit Squad, un corte que ahora mismo parece un islote teniendo en cuenta lo anteriormente escuchado y que saca a relucir la peor cara del trap (porque sí, hay una buena aunque no os lo creáis), concretamente aquella que evoca lo morboso del sexo y la mujer. Un tema superfluo e innecesario que desvía la atención del verdadero motivo de existir de este largo y que parece servir para viajar hacia el pasado de aquel Skepta que se mordía las uñas por tener éxito a cualquier costa. Next.

Gracias al cielo el disco vuelve a cambiar su sentido y llega Numbers haciéndonos olvidar lo que venimos de escuchar. Con Pharrell a ambos lados del estudio de grabación, Skepta expone las desdichas previas a su propio boom mediático en un divertido corte que apela, principalmente, a los diferentes obstáculos con los que el artista se ha topado hasta llegar al punto en el que ahora se encuentra. Acerca de la repercusión de este reconocimiento nos hablará Man, un violento tema que queda contrastado con una (muy, pero que muy) irónica letra que apunta hacia aquellas nuevas amistades que surgen a raíz de la fama. El estribillo, tremendo leitmotiv del asunto, apela también a esa imposibilidad de la individualidad, ese característico elemento sectario que aquí queda ridiculizado desde el propio pedestal («I only socialize with the crew and the gang”).

Es francamente importante sacar a relucir una temática que Skepta nos muestra tan explícitamente, la que hace referencia a esa realidad imperfecta denunciada por un artista que también está dispuesto a autocriticarse.

Shutdown, por su parte, nos devuelve ese carácter chulesco de Skepta. Pero allí donde otros raperos se tiran flores sin ningún tipo de sentido ni gusto, el MC inglés se dedica a acumular todo ese ego para servirlo como armadura, como una especie de fachada necesaria para poder hacerse ver y valer por sí mismo en un corte que, sin ser una maravilla, aguanta bastante bien el tipo. En That’s Not Me, el verdadero primer single de “Konnichiwa” publicado hace más de dos años, vemos una parte más subversiva del rapero que, junto a su hermano JME, nos presenta un interesantísimo ejercicio de autocrítica en el cual vemos la voluntad de Skepta por despegarse lo antes posible de sus anteriores ‘yo’, mucho más comerciales, en medio de un aura electrónica producida por el propio artista que suena tremendísima y que se complementa perfectamente con la habilidad lírica de sus letras, siempre acertadas y siempre irónicas.

Bajo una amalgama de detalles notablemente inferior nos topamos conDetox, corte resultón pero que no parece que acabe de arrancar del todo; suena desaprovechado aunque la intención esté ahí. Una de las cosas que más cabe destacar es la aparición de Jammer que, con su particular timbre rapero, se alza como el vencedor de esta particular batalla de MCs. Definitivamente, Skepta sale muchísimo más favorecido cuando más rellena de detalles sus bases musicales de grime, tal y como pasa en la final Text Me Back, repleta de ondas electrónicas completamente acertadas en un tema que nos habla de la imposibilidad de compensar la agitada ambición de un artista y su vida personal. De nuevo, y como ya ha pasado durante el recorrido del largo, las referencias autobiográficas sacan lo mejor de Skepta, que luce aún mejor su material cuando ofrece a sus duros beats una amalgama electrónica que pasa por debajo casi invisible.

Skepta ha logrado encontrar el equilibro perfecto entre aquello de lo que ya nos hablaba en sus anteriores álbumes (mucho menores que éste) y la musicalidad que esos mensajes necesitaban.

Después de darle vueltas a los doce temas de este “Konnichiwa”, Skepta puede estar feliz: al fin ha logrado encontrar el equilibro perfecto entre aquello de lo que ya nos hablaba en sus anteriores álbumes (mucho menores que éste) y la musicalidad que esos mensajes necesitaban. Aquí todo va a una: el sendero totalmente agresivo de sus beats queda contrarrestado con la atmósfera irónica y crítica (tanto en lo biográfico como en lo social) que cubre sus notablísimas letras. A su vez, éste momento musical parece el más idóneo para lanzar al mundo una obra como esta, y es que no hace falta nada más que escuchar la tendencia oscura de la música mainstream actual (que abandera lo underground por encima de todo más que nunca o, si no, escucha el último álbum de Rihanna para ver cómo está el ambiente) para darse cuenta de cuan acertado es reivindicar el grime o, al menos, elevarlo a niveles donde se encuentran otros géneros como el trap, que sí ha sido más laureado y utilizado por la masa industrial.

A la pregunta que nos hacíamos al inicio del análisis con aquello de que si éste era el álbum adecuado para ser condecorado con el prestigioso Mercury Prize, la respuesta es un rotundo sí. Una industria como la musical actual, que normalmente sirve para evadir al prójimo y que se plantee lo menos posible el poder que este arte posee, necesita el reconocimiento constante de este tipo de obras, dispuestas a cruzar límites y a ir más allá del mero entretenimiento. En definitiva y en el caso que nos ocupa, aún existe la necesidad de dar visibilidad a un grime que es muy fácil de infravalorar si lo contemplamos desde el prejuicio. Pero aún es más importante sacar a relucir la temática que Skepta nos muestra tan explícitamente, la que hace referencia a esa realidad imperfecta denunciada por un artista que también está dispuesto a autocriticarse y que, definitivamente, ha dado el salto al estrellato que tanto ansiaba. Esta vez, a base de bien.

Skepta – Konnichiwa

7.9

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Skepta consigue con este “Konnichiwa” saludar a las altas esferas, tanto sociales como musicales, desde la crítica subversiva a un ambiente en el cual no se siente cómodo y al cual ataca con elegancia y agresividad dentro de un trabajo que, dualmente, sirve tanto para condecorar al grime como para tener en consideración la osadía de un artista que ya ha conseguido hacerse con el lugar que tanto ansiaba.

Up

  • Los temas de base grime con sombras electrónicas que hacen la función de eco atronador y que mejoran notablemente cortes como “That’s Not Me” o “Text You Back”.
  • Que no se ponga en duda el indudable talento innato de Skepta y de sus composiciones, escritas únicamente por él en su mayoría.
  • La crítica que lleva inherente “Konnichiwa”, totalmente necesaria en estos momentos.

Down

  • “Ladies Hit Squad”, que no sirve para nada y se carga momentáneamente la notable estructura del álbum.
  • El grime puede ser un género difícil de digerir para alguien que no acabe de entender su contexto de crítica social y, sobre todo, para quien no preste verdadera atención a lo que Skepta nos dice.