Vamos a viajar a una pequeña cabaña a una hora al noroeste de Wisconsin. Allí, Justin Vernon se refugió durante todo un invierno con cerveza, guitarras y nada que hacer. No llegaban los problemas por los que huyó de Raleigh. Nada de eso importó durante los tres meses que pasó en aquella cabaña rodeado de una soledad que resultó catártica y necesaria para expulsar todos los demonios que le azotaban. Ahí entró Justin Vernon y salió Bon Iver. El resto es historia. ¿La novedad casi diez años después? Que ahora le invaden preguntas y no problemas tangibles. Que le aterra la soledad, sólo despierta en él ansiedad e intranquilidad. 22, A Millionsurge de la necesidad de combatir ese sentimiento, de darle valor a su vida con la gente que le rodea e importa, de la batalla entre sí mismo y la multitud, del uno entre el millón.

“22, A Million” es reinvención, vanguardia y drama humano

¿Cuál es la novedad casi diez años después de su celebrado debut? Que ahora le invaden preguntas y no problemas tangibles. Que le aterra la soledad, sólo despierta en él ansiedad e intranquilidad. “22, A Million” surge de la necesidad de combatir ese sentimiento, de darle valor a su vida con la gente que le rodea e importa, de la batalla entre sí mismo y la multitud.

Justin Vernon es un artista con una producción envidiable. Podemos empezar a hablar de su comienzo como Bon Iver en 2008 con aquel casero “For Emma, Forever Ago”, que lo encumbró como nueva figura del folk indie con su falsete tan particular y que le llevó a publicar en 2011 “Bon Iver, Bon Iver”, cuya mezcla de folk alternativo y barroco consiguió granjearle el Grammy a mejor álbum alternativo. Entre esos dos discos publicó un EP, “Blood Bank”, donde se incluían guitarras eléctricas oscuras y un tema que voy a destacar: “Woods”, de superposiciones vocales y vocoders y al que parece que ha querido mirar en este “22, A Million”.

Algo que no dejaba de leer antes de escuchar este álbum era: “No se parece a nada que haya hecho antes”. Me enfrenté con reservas a esta afirmación, ya que Justin Vernon es un artista que ha tocado todos los palos haciendo colaboraciones de todo tipo: rap-rock con Jason Feather, soft rock con Volcano Choir, y ya alternativa con Gayngs, James Blake o Poliça. También se ha sumado a las producciones masivas de Kanye West. ¿Qué le quedaba por hacer ya? ¿Con qué podría sorprender? Pues con un trabajo con el que reinventar la imagen de Bon Iver. Adiós folk, hola electrónica de texturas.

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Es el individuo entre la muchedumbre, pero es sobre todo el hombre que se cuestiona el mundo que le rodea y explora aspectos de la condición humana que se presentan como antagónicos (amor-dolor, soledad-compañía, vida-muerte) para darles una justificación racional.

Este álbum parte de una crisis de ansiedad, del miedo al lienzo en blanco. El primer ápice de canción surge en un viaje a una isla solitaria en Grecia con la esperanza de que Vernon encontrara su camino. Sin embargó, con lo que se topó fue con la desolación y un verso que sampleó allí mismo: “It might be over soon”,  encargado de abrir “22 (OVER S∞∞N)mientras es rodeado de efectos vocales que recuerdan a aquel “Heavenly Father” que firmaba hace un par de años. Empieza suave con Vernon cantando al recuerdo y al abandono. Poco a poco entra el resto de instrumentación haciendo de esta introducción un paseo agradable y delicado, en contraposición con la batería volcánica y modulada que abre “10 d E A T h b R E a s T ”. El protagonismo recala en Vernon jugando con el vocoder y con la rabia vocal en un tema corto pero intenso. Mención especial merece el crecimiento de los vientos en la recta final, complementando la imagen de un Justin que quiere mostrar sus inquietudes a lo largo del álbum.

Este es un álbum de contrastes, que muestra la dualidad. ‘22′ es más que un número (el favorito del músico de hecho), es un reflejo del bien y el mal, compañía y soledad. Líricamente está muy presente y más tarde me detendré en ello, pero también se puede encontrar en el apartado melódico. El ejemplo más claro entra ahora, ya que pasamos de la explosión melódica al silencio, a un Vernon robótico en 715 – CRΣΣKS”, su particular visión del “Hide and Seek” de Imogen Heap. Sirve para demostrar que Vernon ha decidido ceder el protagonismo al elemento por el que más se le conoce: su voz, que canta a la soledad y la necesidad de compañía. Ese final con “God damn turn around now, you’re my A-Team” es doloroso a la par que brillante. 33 “GOD”” abre con un piano acompañado de detalles de sintetizador algo delicado que llama la atención. Finalmente, el aumento de intensidad en la segunda mitad del corte acaba por conquistarte. A destacar la primera presencia de melodías folk que subyacen debajo del nuevo estilo de este álbum y que nos recuerdan de quién estamos hablando.

A Vernon ahora le importan las personas y las relaciones, unir a esas personalidades que vagan entre el millón para no hacer un camino en solitario.

El piano sigue presente, aunque algo más sutil y cediendo más protagonismo a la guitarra acústica en “29 #Strafford APTS”. Es delicado, te envuelve y atrapa con uno de los estribillos más pegadizos por culpa del gancho de vocal modulado en “You’re rolling up, you’re holding it, you’re fabric now”. Hay algo de aquel primer Bon Iver en la calidez de la melodía, pero contrastando con la frialdad de los filtros robóticos a los que se somete. Un repiqueteo claro y lento de sintetizador nos transporta a “666 ʇ”, un tema que coge cuerpo poco a poco para acabar en un estribillo con efectos electrónicos, batería arrolladora y calma final que enlaza a la perfección con “21 M♢♢N WATER”, de carácter onírico por ese cuerpo de sintetizadores tan new wave. Esta calma finaliza mutando en un tema donde la parte vocal modulada acaba apoyándose en una melodía cuyo cuerpo es convulso y caótico. Hay toques glitch y distorsiones que pueden resultar algo incómodos, pero todo queda atrás para dar la bienvenida a 8 (circle), uno de los temas estrella del elepé: melodía más controlada, vientos y voz más concisos y un cierre de contraposiciones vocales que va tomando fuerza hasta que se esfuma de repente con un “keep walking high”.

Con “____45_____” comienza el tramo final del álbum. Se trata del corte más sencillo de todo el compacto. Todo comienza con un saxofón y una voz que no tardarán en sucumbir a la modulación, aportando intensidad a un mensaje críptico que, como bien explica Vernon, condensa gran parte de la temática del álbum: la alegría, la familia, el miedo a la muerte y el amor. El banjo con el que cierra nos transporta a “00000 Million”, de piano, voz y mucho sentimiento. Mención especial merece el sampleado que reza “Where the days have no numbers”, la contraposición a toda la imaginería numérica del álbum y, a la vez, la dualidad del ‘22’.

22, A Million” no es un disco fácil, requiere muchas escuchas para apreciarlo al completo y algunos verán en este álbum una estrategia de llenar con atrezzo lo que no consigue con música. Pero es que ya le hemos visto ‘al desnudo’, no hay necesidad de repetir esa fórmula tan gastada.

Me voy a quedar con este último tema para desarrollar todo el peso lírico del álbum. Partimos de la base de que Vernon está jodido, lo sabe y no puede/quiere hacer nada para impedir que todo lo que le jode le invada (“If it’s harmed, it’s harmed me, it’ll harm, I let it in”). A esto le vamos a sumar que Justin está perdido, preocupado por el devenir (“Oh, the old modus: out to be leading live, said, comes the old ponens, demit to strive”).

En “22, A Million” Vernon retrata sus miedos. Es el individuo entre la muchedumbre, pero es sobre todo el hombre que se cuestiona el mundo que le rodea y explora aspectos de la condición humana que se presentan como antagónicos (amor-dolor, soledad-compañía, vida-muerte) para darles una justificación racional. Es el desenlace de dos décadas de búsqueda personal. Bon Iver empezó siendo una catarsis de amor, ahora continúa con un trabajo que trasciende emociones. En “33 “GOD”” canta “these will just be places to me now”. A Vernon ahora le importan las personas y las relaciones, unir a esas personalidades que vagan entre el millón para no hacer un camino en solitario. Podremos tener nuestras diferencias en cuanto al aspecto musical de “22, A Million”; no es un disco fácil, requiere muchas escuchas para apreciarlo al completo y algunos verán en este álbum una estrategia de llenar con atrezzo lo que no consigue con música. Pero es que ya le hemos visto ‘al desnudo’, no hay necesidad de repetir esa fórmula tan gastada. Para mí es su mejor álbum hasta la fecha, pero algunos reclamarán la etapa furtiva de Vernon y su guitarra, otros los parajes silvestres de su segundo álbum. Muchos denunciarán las andaduras electrónicas y vanguardistas de esta placa, pero todos nos sentimos identificados en esa reflexión final de Vernon y todo el trasfondo lírico del que hace gala este trabajo. Y diría que era el objetivo de “22, A Million”, tener más presente lo que nos une que lo que nos diferencia. Sin bien no hay mal, sin vida no hay muerte, sin detractores no hay seguidores y así hasta el infinito.

Bon Iver – 22, A Million

9.0 HOT RECORD

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Bon Iver da un paso adelante con un álbum vanguardista, en el que se reinventa pero manteniendo el protagonismo de la voz, esta vez bañándola en modulaciones y rodeándola de melodías en constante ebullición y un trasfondo lírico en el que explora la condición humana y la constante dualidad a la que se enfrenta el ser humano: el uno entre el millón, el amor y el abandono y, finalmente, la vida y la muerte.

Up

  • Es un álbum vanguardista y electrónico con el que innova en su producción.
  • Las modulaciones vocales.
  • Los juegos de intensidades.
  • El apartado lírico y su trascendencia.

Down

  • Para los que veían a Bon Iver como el barbudo que cantaba “Skinny Love” y “Holocene”: todo.
  • “21 M♢♢N WATER” puede resultar demasiado caótica.
  • Hay momentos en los que se deja llevar demasiado por la calma y puede faltar concreción en un álbum poblado mayormente por temas cortos y concisos.
  • Abuso del vocoder, se echan de menos momentos de calidez vocal.