Sidonie

Sidonie –
El Peor Grupo del Mundo

Un paso atrás, en lo que se refiere a riesgo y novedad, dentro de la carrera de Sidonie. Pero, pese a todo, un paso afianzado, seguro de sí mismo, y capaz de dejar huella.

El que Sidonie hayan decidido optar por dedicarse el octavo elepé de su carrera a ellos mismos no debería ser tomado, en ningún caso, como propio de algún tipo de egocentrismo megalómano. Tampoco, debido a la exposición y el riesgo al ridículo que conlleva dicha decisión, como una temeridad. Cuando dentro de la banda barcelonesa afirman que El Peor Grupo del Mundo es un homenaje al pop obvian decir, claro, que también es una excusa para reflexionar sobre su arte, sobre su relación con la música. Conceptos que no son en absoluto incompatibles, sino que se retroalimentan, y que acaban perfilando a unos músicos humildes, agradecidos y, ante todo, sinceros y experimentados.

Fresco, entretenido y perfectamente equilibrado

“Una cena romántica”, tal y como ellos mismos lo definieron en nuestra entrevista. Una oportunidad para relajarse, divertirse, contar anécdotas, recordar los viejos tiempos. Alumbrado en tales circunstancias, el disco rezuma una gran calidez, diseminada por igual en diez temas espléndidamente rematados y compuestos desde la intimidad y comodidad más absoluta. Y, debido a esto mismo, también se extraen de todos ellos una acusada sensación de paréntesis. De tiempo de recreo. De descanso previo a seguir desarrollando una carrera que ya les ha implantado el sello de músicos maduros y de, por qué no, viejos rockeros.

Pero que El Peor Grupo del Mundo no aporte gran cosa a la trayectoria de Sidonie –acaso una de las más coherentes y estimulantes de la actualidad nacional– no tiene por qué ser malo por fuerza. Sobre todo, si lo comparamos con el problemático El Poeta Halley que sacaron sus amiguetes de Love of Lesbian hace unos meses y que, profundizando en ese paralelismo intrabandas que fuera inaugurado en el paso del inglés al castellano, también quiso hacer música sobre la música. En El Poeta Halley se percibía todo ese riesgo de cuya ausencia adolece El Peor Grupo del Mundo y, al mismo tiempo, una aparatosa confusión entre objetivos y resultados que deparaba una de las escuchas menos agradecidas de la discografía del grupo de Santi Balmes.

En lugar de eso, El Peor Grupo del Mundo suena fresco, entretenido y perfectamente equilibrado. Un producto pop cuya voluntad metafísica no ha tenido más consecuencias que la manufacturación de los temas más accesibles que han compuesto Marc Ros y compañía desde que en El Incendio (2009) levantaran ese gran monumento a la melodía pegadiza. La escasa ambición que presenta su último trabajo, en comparación al magnífico El Fluido García (2011) o el inmediatamente anterior Sierra y Canadá (2014), no debería suponer por tanto motivo de lamentos o reproches. ¿O sí?

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Celebrémonos

El disco rezuma una gran calidez, diseminada por igual en diez temas espléndidamente rematados y compuestos desde la intimidad y comodidad más absoluta.

Todo comienza con el tema homónimo (“El Peor Grupo del Mundo”), ya revelado en semanas anteriores, y que entronca con la idea principal que sobrevuela el disco –o al menos, como enseguida veremos, su primera mitad–: una oda a todos aquellos músicos primerizos que supieron suplir su falta de profesionalidad y adecuación al momento con una pizca de talento y un mucho de personalidad. Y que, sí, conectaron con un público aventurero deseoso de nuevas experiencias: “Ellos son lo peor del mundo / Pero ayer algo sentí, no lo puedo definir / Se parecen tanto a mí”. Total, que sí, la canción no tiene más remedio que ser encantadora, y así pasa que da exactamente igual que la melodía tampoco sea, en realidad, para tanto. Porque es un comienzo muy bien colocado. Y elocuente.

Una letra perfectamente apuntalada surca los acordes, más agresivos de lo acostumbrado, que estructuran Os Queremos. Marc, Jesús y Axel toman esta vez el papel de público –que al fin y al cabo es aquél que llevan perfeccionando más tiempo–, para hablar muy documentadamente del sentimiento fan, reparando tanto en su eterna angustia (“Morid jóvenes o no cambiéis”) como en el celo que siempre guardan ante su veteranía (“Pero el sueño terminó, llegan los nuevos fans / Seres tan estúpidos, algo muy vulgar”). Y el resultado es una muy buena canción, para qué nos vamos a engañar, sin necesidad de recurrir a la hondura de su concepto para cautivar.

Siglo XXmantiene el tipo no tanto por la música –ese estribillo final está demasiado calculado como para emocionar todo lo que pretende– sino por su melancólica propuesta lírica, que esta vez no sólo ha de entroncar con la música. Así, también hay espacio para Marlon Brando y la guerra de Vietnam, y la amarga ostentación de un pensamiento que a todos se nos ha pasado alguna vez por la cabeza: “Ojalá los sesenta nunca hubieran acabado”.

Puro pop, sin fisuras, sin segundas intenciones

Un producto pop cuya voluntad metafísica no ha tenido más consecuencias que la manufacturación de los temas más accesibles que han compuesto Marc Ros y compañía desde que en El Incendio levantaran ese gran monumento a la melodía pegadiza.

Carreteras Infinitasfue lo primero que escuchamos de “El Peor Grupo del Mundo”, y por motivos obvios. Aparte de ser el tema que lleva el nombre del disco –que podríamos llegar a considerar hasta intimista–, este corte es la fiesta absoluta: una canción con vocación de himno que probablemente llegue a engrosar la lista de impepinables de Sidonie (justo por detrás de “Un día de mierda”), si es que no lo ha hecho ya. Es tal su eficacia, su inteligencia, que el modo en que funciona se revela hasta obsceno, con todas esas referencias a la gente del mundillo –Morrissey, Jota, Lori Meyers, hasta el Primavera Sound y un cantautor tocapelotas caben aquí–, esa apología a las canciones directas de las que ella misma es la máxima expresión (“No me habléis de honestidad, dadme algo que me haga llorar”), y esos arreglos orquestales que lo acaban de hacer irresistible.

Con semejante precedente, hay que decir que Los Coches Aún No Vuelanse las apaña impecablemente, volviendo al tema temporal para alcanzar nuevas cotas de melancolía, y alguna que otra cima lírica: “Aunque cambie de canal en mis tres televisores / Dan el mismo documental de accidentes de aviones”. Otro gran corte.

Fundido a Negro. O el “It’s The End Of The World As We Know It (And I Feel Fine)” de Sidonie. Comienza la segunda mitad del disco, y el rollo empieza a cambiar ligeramente, difuminándose ese apego a la música y a las circunstancias concretas que habíamos experimentado hasta ahora. En el caso de este frívolo apocalipsis, la importancia de la diversión sigue sin descuidarse, y versos como “Me sabe mal si he de confesar / Ya lo he visto en pelis antiguas / El Empire State desplomándose en perspectiva oblicua” no hacen si no apoyar la moción, y conducir orgánicamente a Atragantarnos, una canción de amor de toda la vida, de las que tan bien se les dan a los barceloneses, y que esquiva lo cursi para quedarse en lo bonito… o lo directamente celestial con puentes así: “Me perdí, perdí mi fe / Y al caer, te encontré”.

La masturbación popera es dejada de lado definitivamente justo después, en Instrucciones Para Construir Un Submarino, que sin duda es la canción más sorprendente del disco. “Algo iba mal cuando vi la esvástica / Ondeando en todas tus palabras” son sólo las primeras genialidades que nos depara una letra como pocas veces le hemos oído declamar a Marc: cruda, irónica, agresiva, y al mismo tiempo garante de la sensibilidad melódica de rigor, aquí despuntada en unos segmentos de armónica deliciosos.

Juguetones y coherentes

Un trabajo correctísimo y disfrutable como pocos que sólo pierde cuando se le compara con anteriores devaneos de la banda.

Por Si Te Sirve De Algotransita por una senda parecida pero, al mismo tiempo, más dolorosa, resentida y extrema. Porque sí, todo empieza con un melodramático “Así te quise yo, que del cadáver creció una flor”, pero es que a continuación Marc aconseja que, ya que sólo es humo para ti, “no te asfixies cuando vayas a dormir”. Porque “Los que tienen tanta sed es”, lo has adivinado, “es porque tragan queroseno”. Una letra rotunda que nos deja con una sensación extraña –nada nos había preparado anteriormente para eso, y ya es tarde para recapacitar–, y que deja paso sin más ceremonias a la última canción, una No Sé Dibujar Un Perro juguetona y coherente que es puro pop y, por consiguiente, puro Sidonie.

Que es como se podría definir, en líneas generales, todo el álbum. Puro pop, sin fisuras, sin segundas intenciones, y sin ganas de quemarse la cabeza en innovar porque para qué, con lo bien que nos lo estamos pasando. Un trabajo correctísimo y disfrutable como pocos que sólo pierde cuando se le compara con anteriores devaneos de la banda, o cuando alguien realiza el gesto fútil de preguntarse qué habría pasado si Sidonie hubieran querido esforzarse un poco más. Si hubieran sonado más Pink Floyd, y menos Beatles. Si hubieran vuelto a ser el peor grupo del mundo.

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