Drugdealer – The End of Comedy

Al teclear en Google el nombre de Michael Collins, el buscador ofrece tres resultados principales: un astronauta, un líder revolucionario irlandés y un reconocido clarinetista. Lo cierto es que ninguna de esas personas es el objeto de discusión de las líneas que hoy escribo. Sin embargo, no puedo evitar esbozar una sonrisa ante tal multiplicidad de personalidades, algo que de alguna manera dice mucho del Michael Collins que sí nos interesa.

Hablamos, más concretamente, del polifacético músico y productor originario de Massachusetts, quien desde que comenzara su carrera musical allá por 2009 ha usado hasta la fecha más de cuatro pseudónimos diferentes. Entre estos estarían su proyecto de dreampop/lo-fi Run DMT, su dúo de soul psicodélico Silk Rhodes y su álbum “The Bardo Story”, éste último bajo la identidad de Salvia Plath, probablemente su proyecto más redondo y maduro hasta ese momento.

Pese a que el hecho de que a Collins le gusta jugar al despiste parece estar más que claro llegados a este punto, también es cierto que este continuo cambio de identidad es menos aleatorio de lo que podría parecer a simple vista. Mientras que todos sus proyectos comparten rasgos comunes como sus inclinaciones psicodélicas (y no sólo en términos musicales), las melodías reminiscentes del pop y el folk sesenteros y el carácter lo-fi, cada uno de ellos presenta al mismo tiempo una propuesta musical diferente en esencia. Es por eso que rastrear la carrera de Michael Collins a través de sus diferentes personalidades es inevitablemente sinónimo de analizar su evolución musical, caracterizada por una continua búsqueda de personalidad y originalidad.

“The End of Comedy”: una psicodélica antología de microcuentos

Rastrear la carrera de Collins a través de sus diferentes personalidades es inevitablemente sinónimo de analizar su evolución musical, caracterizada por una continua búsqueda de personalidad y originalidad.

En ese sentido, su aparición este verano bajo el nombre de Drugdealer puede entenderse perfectamente como un esfuerzo más en la carrera de un músico que busca, entre su infinidad de registros, un sonido propio. Y lo cierto es que no va desencaminado. Con su nuevo LP “The End of Comedy”, publicado a través de la todopoderosa Domino Records, Drugdealer se rodea de amigos visibles y no visibles (como la banda de Mac DeMarco) para presentar su propuesta más concisa y, hasta cierto punto, seria hasta la fecha. Seria no en un sentido literal por supuesto. La ironía y el surrealismo de sus letras y música sigue estando ahí, aunque de una manera mucho más sutil que en anteriores trabajos, encontrando aquí un equilibrio entre el lunatismo y la cordura (o algo parecido a ésta).

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Con su nuevo LP “The End of Comedy”, publicado a través de la todopoderosa Domino Records, Drugdealer se rodea de amigos visibles y no visibles (como la banda de Mac DeMarco) para presentar su propuesta más concisa y, hasta cierto punto, seria hasta la fecha.

La patada de saque la da un ambiental “Far Rockaway Theme”, melancólica introducción con toques jazzísticos que contrasta transversalmente con “The Real World”, el sencillo pero cálido tema que lubrica nuestros oídos con sus coros sesenteros y sus silbidos desenfadados, preparando al oyente para entrar en un disco repleto de pequeños cuentos psicodélicos que, como este último, se encuentran a caballo entre el “Pet Sounds” de Brian Wilson y el “Abbey Road” de los Beatles. Acompañan aquí a Drugdealer los canadienses Sheer Agony, siendo esta una de las múltiples colaboraciones con otros artistas que encontramos en casi la mitad del total de títulos de “The End of Comedy”. Colaboraciones como, por ejemplo, la de Weyes Blood en “Suddenly”, tema que adelantaba el álbum el pasado julio y que vuelve a retomar esa atmósfera de sitcom de los noventa de la introducción, especialmente tras su cambio de ritmo y la re-entrada del sensual saxofón de fondo que parece haber salido de la mismísima Baker Street. En una interesante fusión, queda aquí clara la influencia de Silk Rhodes, el proyecto neo-soul de Collins, con una línea de bajo muy funky y pegadiza.

La ironía y el surrealismo de sus letras y música sigue estando ahí, aunque de una manera mucho más sutil que en anteriores trabajos, encontrando aquí un equilibrio entre el lunatismo y la cordura (o algo parecido a ésta).

La presencia del friki de Ariel Pink en el siguiente tema, “Easy to Forget”, bien pensado, no sorprende en absoluto, dada la explícita influencia del rey del dream-pop en la música de Collins. El que esté familiarizado con este mundo no podrá más que asistir con ojos de ternura a la unión en este track de estos dos raritos del mundo musical, que no deja de parecer algo lógico e inevitable dadas sus excéntricas similitudes musicales y personales. Tenía que pasar. Continúa este corte con la línea más acústica del trabajo, evitando la monotonía con un tempo dinámico y en constante movimiento, añadiendo diferentes detalles musicales que enriquecen la textura conforme la canción progresa, sin llegar ésta a perder su esencia acústica. Llaman la atención aquí esos infantiles pero eficaces «lalalas”, recurso también usado en “Were You Saying Something?” y que, pese a estar a estar algo machacado musicalmente, parece conjuntar a la perfección con el surrealismo lírico de Collins: “Were you saying something, or is it just lalalalala?”. Prometo que suena mejor de lo que parece.

El ecuador del tracklist lo marca “Theme for Alessandro”, otra instrumental en la línea de la introducción, aunque sustituyendo el saxofón por unos metálicos violines de sintetizador que sirven como puente y elemento común entre ésta y “It’s Only Raining Right Where You’re Standing”, corte con un sonido muy Mercury Rev y que dará comienzo a una segunda parte en la que el piano y la guitarra eléctrica adquieren más presencia, en detrimento de la atmósfera más popera que caracteriza la primera mitad del LP.

Una de las grandezas de este trabajo es que nunca deja de ser consciente de sus limitaciones y ofrece lo que Collins sabe hacer tan bien: canciones redondas, pegadizas y con el toque justo de experimentación que permite que el pop psicodélico vuelva a sonar de una manera fresca e interesante.

Seguidamente, Weyes Blood vuelve a aparecer en “The End of Comedy”, esta vez con una interpretación mucho más convincente que la anterior. La cantante se desenvuelve con estilo sobre un piano a lo Elton John que muestra una vez más la destreza de Drugdealer en mezclar agua con aceite, realizando mestizajes imposibles dentro de una producción que no deja de resultar impresionantemente homogénea. Tras un final abrupto, comienza “Sea of Nothing” de una manera igual de repentina, desarrollándose sin prisa y con pesadez (en el mejor sentido) y gratinada con un fantástico y muy vintage solo final.

Drugdealer elige para terminar un tema más acorde con los títulos que abren el álbum, volviendo aquí a sus melódicos «lalalas”, que esta vez toman forma a través de Danny James, última colaboración del LP. Con este beatelesco tema se cierra de una manera circular un set de canciones que acaba como empezó, disolviéndose en la neblina de un solo de saxofón cuyo eco resuena sobre los acordes desnudos de un piano, todo esto rematado por una risa lunática que se desvanece lentamente al final de “Comedy Outro”, corte final del LP.

El que busque en “The End of Comedy” algo trascendente o revolucionario se sentirá decepcionado con el resultado, ya que aquí no encontrará ese tipo de álbum. Sin embargo, creo que esa es una de las grandezas de este trabajo, que nunca deja de ser consciente de sus limitaciones y ofrece lo que Collins sabe hacer tan bien: canciones redondas, pegadizas y con el toque justo de experimentación que permite que el pop psicodélico vuelva a sonar de una manera fresca e interesante cuando parecía que no podía ir más allá sin perder su esencia.“The End of Comedy” es un disco de domingo, de disfrutar en una mañana soleada a modo de aperitivo, apreciando cada uno de los minúsculos detalles que ensamblan cada una de sus pequeñas piezas musicales. Un disco para respirar, sonreír y cantar: «la-la-la-la-laaaaaa”.

Drugdealer – The End of Comedy

7.0

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El polifacético Michael Collins vuelve a las andadas con su nuevo pseudónimo, Drugdealer, esta vez para presentar “The End of Comedy”, un álbum repleto del pop psicodélico más vintage que al mismo tiempo no deja de portar un toque muy personal y, hasta cierto punto, renovador del género.

Up

  • Muy agradable y refrescante, evitando la monotonía que muchas veces amenaza el álbum, aunque sin llegar ésta a tocarlo.
  • Variedad musical y estilística dentro de una producción muy homogénea.
  • La larga lista de colaboraciones que añade variedad y movimiento al tracklist.

Down

  • Demasiado breve, algo que se acentúa con tres outros que reducen el núcleo musical a ocho canciones propiamente dichas.
  • Podría haber prescindido de, por ejemplo, «Theme for Alessandro”.
  • Da la sensación de quedarse a medias, echándose en falta un poco más de ambición musical y menos autoindulgencia en su sonido.

1 Comentario

  1. Híjole, yo he visto que cada álbum es un todo en cada una de sus partes. Que al final de cuentas cada autor plasma en su álbum la totalidad de lo que es. Algunos gustan completos, como Lonerism de Tame Impala. De éste sólo me gusta Suddenly y The end of comedy aunque las demás canciones son buenas. ¿Ya escuchaste Virgo´s Maze de Part Time?

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