La del grupo formado por Marc Ros, Jesús Senra y Axel Pi es una historia larga y plena en requiebros: puntos de inflexión sin los que Sidonie no podrían ser Sidonie, y sin los que su eterna búsqueda de la canción pop perfecta no tendría cancha en la que desarrollarse. Cantar en inglés, pasar al castellano, experimentar con las más diversas formas de psicodelia, profundizar progresivamente en el concepto de sus discos… éste es el camino que les ha llevado a «El Peor Grupo del Mundo”, su octavo trabajo de estudio.

Publicado el 30 de septiembre tras el adelanto del tema homónimo y de «Carreteras Infinitas” –acaso su canción más autoconsciente y festiva–, la nueva obra de los barceloneses se erige como una monumental carta de amor a la música y a sus creadores; un, como ellos mismos han dicho y subrayado explícitamente en otra de sus canciones, “Os queremos” en toda regla. El Quinto Beatle tuvo la oportunidad de acudir a las oficinas de Sony Music, conversar distendidamente con Marc y Axel sobre éste y otros temas, y dibujar una panorámica del envidiable estado de salud en el que se encuentran Sidonie. Y la cosa fue tal que así:

¿Cómo surge la idea de hacer un disco de pop dedicado al pop?

Marc Ros: A mí me gusta mucho leer biografías del rock, y todo vino a partir de una que me hizo mucha gracia, llamada “Por favor, mátame: Una historia oral del punk”, de Legs McNeil y Gillian McCain. A través de las divertidísimas anécdotas que se cuentan en este libro surgió la idea de hacer el disco, y de que éste hablara del pop. En él se cuenta cómo un amigo llama a otro para ir a ver a ese grupo nuevo llamado los Ramones y que tocan en una sala nueva también, llamada CBGB. Y van para allá, y presencian un espectáculo horroroso: un grupo tocando súper rápido, con chaquetas de cuero, canciones de dos minutos… algo tremendo. Pero al día siguiente, por supuesto, vuelven. Y de ahí nace la idea de «El Peor Grupo del Mundo”, de ese momento en que un grupo te está ofreciendo, quizá gracias a un error, algo diferente, nuevo.

Axel Pi: Único.

MR: Y se convierte en algo especial y transgresor, como la Velvet Underground. Ahora agradecemos que en el pasado nos dijeran que éramos ‘el peor grupo del mundo’. Porque nos lo han dicho varias veces, desde los medios hasta el vecino: recuerdo de estar ensayando en casa y de cómo nos gritaban: “que paren ya de hacer ruido”, “esto no tiene ningún futuro”. Creo que en ese momento estábamos lanzando al mundo un mensaje diferente de lo que te puede ofrecer una banda más académica.

Ahora agradecemos que en el pasado nos llamaran ‘el peor grupo del mundo’.

¿Consideráis, en esta línea, que «El Peor Grupo del Mundo” es un disco conceptual, como en su día lo fuera «Sierra y Canadá”?

MR: Nos gusta conceptualizar los discos y que cuenten una historia, porque si estamos haciendo un álbum de canciones, y no singles por separado, creemos que es mejor que éstas queden unidas por un hilo argumental. En este caso, hemos querido diferenciar la Cara A de la Cara B: la primera se centra mucho en la historia del pop, y la segunda ya se relaja un poquito y, simplemente, se recrea en ese pop.

AP: Además es una forma de exaltar nuestro romanticismo hacia el uso del formato físico de toda la vida, del vinilo. Se trata de un orden con el que claramente invitamos a que se escuche en vinilo, experimentando por un lado el mensaje y la contundencia de la primera parte, y por otro algo muy distinto, más relacionado con el amor. Es genial que haya vuelto el vinilo, porque nos ha permitido volver a pensar en estos términos: en la Cara A y la Cara B. Este disco, claramente, tiene la voluntad de ser apreciado así.

Es cierto que la Cara A se centra en la experiencia del pop, pero en lo que se refiere a la Cara B también me da la impresión de que no se limita a las habituales canciones de amor, sino que hay una gran crudeza y mala leche en ellas, como pocas veces hemos escuchado en vuestra discografía. «Instrucciones para construir un submarino” o «Por si te sirve de algo”, por ejemplo. ¿Por qué decidisteis juntar estas dos caras tan antagónicas, que casi parecen discos distintos?

MR: Es cierto que el sabor de las canciones de «El Peor Grupo del Mundo” cambia totalmente con respecto a lo que había en «Sierra y Canadá”, más distantes o frías, o «El incendio”, sin duda más edulcoradas. En esas canciones es verdad que jugamos con la ironía y la crudeza, y hemos querido incluirlas en el disco por, bueno, no sé…

AP: Yo tengo mi particular teoría.

MR: A ver.

AP: Necesitaría, eso sí, que Marc como compositor lo corrobore. Nos da la impresión de que él, en este disco, se ha puesto delante del lienzo en blanco estando ‘bien’. Bien significa sentir un amor correspondido, sin necesidad de canalizar lo que tienes dentro con la búsqueda del amor, o la conquista motivada por el desamor… que es lo que sucedió en muchos otros discos: una búsqueda del amor que en realidad lo que exalta es el desamor. En «Sierra y Canadá” o «El incendio” ocurre eso. En «El Peor Grupo del Mundo” Marc, en ese sentido, está feliz, y su búsqueda se ha encauzado hacia la música en sí. Pero claro, hay dos excepciones: «Instrucciones para construir un submarino” y «Por si te sirve de algo”, precisamente: canciones compuestas cuando aún no había llegado a esa situación. Canciones donde hay un gran componente de ironía, de reflexión acerca del amor que aún no ha sido correspondido, algo que sucedió previamente a conseguir estar… pues como está ahora.

MR: Lo suscribo totalmente.

AP: Ésa es mi impresión, claro, porque son las canciones que llegaron antes, compuestas durante la gira de «Sierra y Canadá”: las primeras que escuchamos. Luego terminamos la gira y llegó la idea que definiría «El Peor Grupo del Mundo”, y quisimos rescatarlas. Consideramos que es un fantástico puente.

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Fotografía: Marcel Juan
En relación a esto, noto un viraje muy acusado, desde la psicodelia de «Sierra y Canadá” o «El Fluido García”, a un pop mucho más clásico, tipo «El incendio”. ¿Modificasteis vuestro modo de componer para la tarea?

MR: Compusimos las canciones sin pensar en el concepto del disco, sin una idea tan marcada como en «Sierra y Canadá”, donde claramente había que emplear sintetizadores y un ambiente mucho más frío. Aquí había un concepto, más que nada, filosófico o lírico, pero no musical, y componías desde la libertad, a veces, más terrorífica. No sabías cómo iba a acabar todo esto, si aquí tenía que haber una orquesta, o un grupo de tres personas haciendo punk… no sabías nada. Y es este punto de libertad lo que le da la el toque especial al disco. Nos divertimos mucho grabándolo; cada disco es una aventura, y no por ser éste de tintes más clásicos significa que sea menos arriesgado…

AP: O experimental. En cada pista, en cada sonido, en cada compás, hay muchas horas para llegar a aquello que queríamos.

Compusimos el disco desde la libertad más terrorífica.

¿Qué otras influencias destacaríais en la gestación de «El Peor Grupo del Mundo”?

MR: Yo tenía muy presente la historia del rock en general, y esos momentos en que todo se reduce a una banda de tres o cuatro personas haciendo música. Sin más. Cuando estaban de moda las big bands en EE.UU a finales de los cuarenta y de repente llegaron los cincuenta y aparecieron Chuck Berry, Elvis Presley, Eddie Cochran, y lo redujeron todo a la mínima expresión. Porque la gente necesita esa sencillez, esa espontaneidad. Necesita bailar. En el caso del punk volvemos a lo mismo: cuando el pop estaba dominado por Genesis, King Crimson, etcétera, aparecieron los punkys, y lo volvieron a reducir todo a la banda del garaje. Teniendo esto en cuenta, obviamente el nombre de los Beatles va a aparecer. Hagamos lo que hagamos, los Beatles siempre estarán ahí, y precisamente por eso: porque es un grupo que devolvió al pop la frescura que había perdido en años anteriores… y una cosa buena que creo que tiene este disco es que es muy fresco. Muy directo.

¿Cómo transcurrieron los días de grabación?

MR: Estábamos varias personas grabando el disco, los tres Sidonie, los productores Santos & Fluren, y Ricky, que también nos ayudó… y fue como volver a los tiempos de «Costa Azul”. No hay colaboraciones en este disco porque queríamos algo íntimo: siempre decimos que era nuestra cena romántica, la excusa para disfrutar de nuestro amor con estos productores… y eso fue la grabación del disco: quedar con los amigos para hacer una cena, emborracharse y sólo hablar de música, ni de tías siquiera. Recuerdo cuando grabamos «Carreteras infinitas”, el momento en el que aparecieron esos vientos y todos nos quedamos “guau, esto tiene que ser un single”. Algo mágico.

AP: O cuando en un descanso nos fuimos a comer juntos, y en medio de la conversación salió el tema de la regrabación de «Lullaby”, de The Cure. Y analizando si el cambio de sonido que hicieron en la caja rompía o no la esencia del disco en el que aparecía… pues nos tiramos como cuatro horas. Hablando sólo de esa caja. Un detalle para muchos ínfimo, para otros, vital. Somos apasionados de la música, de todo lo que hacemos, y de discutir acaloradamente sobre cosas como ésta con los mismos con los que luego decidiremos si meter un arreglo o no en una canción.

Muerto el cantautor, muerta la canción. ¿Por qué esta tirria hacia dicha figura?

MR: Este mismo cantautor me llegó a querer dar lecciones de honestidad, y de ahí viene otro verso de «Carreteras infinitas”: “No me habléis de honestidad, sólo dadme una puta canción que me haga llorar”. Este personaje snob, elitista, que se da aires, que ya veníamos perfilando en «Yo soy la crema”, de «Sierra y Canadá”, nos parece patético, y nos entristece que exista. Nosotros queremos hacer canciones para compartirlas con la gente, y este personaje nos llegó a decir “Yo sólo hago canciones para mí mismo”.

AP: Lo cual es respetable, pero el problema es que también criticó la idea contraria. Criticó a todos los que queremos hacer canciones que pueda escuchar la máxima gente posible. Porque una cosa es asumir la evidente variedad de caracteres en la escena musical, y que es la gracia de todo… pero cuando alguien así trata de darte lecciones tienes que reaccionar. Y reaccionamos.

Nosotros queremos hacer canciones para compartirlas con la gente.

Además del citado homenaje al pop, también me parece que habláis del paso del tiempo desde una perspectiva de veteranía, incluso vejez, en canciones como «Siglo XX” o «Los coches aún no vuelan”. Y mi pregunta es si consideráis que la banda que ya ha llegado a cierto punto de madurez, de grupo totalmente experimentado.

MR: No es tanto una reflexión sobre los veinte años que llevamos juntos, es como cierta decepción que sentimos por lo que en el pasado era el futuro. Por nuestro presente. Veo ahora cómo se comunican las personas, el tema de la globalización… y es todo bastante decepcionante. No creo que seamos más felices; la idea era ‘añorar el futuro’. Cuando nos imaginábamos cómo sería todo a partir del año 2000… pues para empezar los coches volarían, ¿no?, eso era lo que pensábamos en los 80. Y los coches no, no vuelan. Y pese a las redes sociales y todo el tema digital, yo creo que estamos yendo a peor. Es una reflexión acerca de la decepción del siglo XX.

Y, hablando del futuro, ¿cómo os veis en él?

MR: De momento, compartiendo esto con el mundo. Y tratando de hacer que esto cruce el Atlántico y lleguemos a tierras sudamericanas, centroamericanas y norteamericanas, si nos quieren allí. Es lo que nos gustaría más este año. De momento sólo hemos pensado en defender esto en directo y que nos vea mucha gente.

AP: Hay mucho que preparar para que cuando vengan a vernos haya un gran espectáculo. Vamos a tocar mucho, y nos vamos a preocupar, como siempre hemos hecho, de que nadie que pague una entrada para vernos salga decepcionado.