A quién no le ha pasado que un día estando en el sofá haciendo zapping un colega le pasa una canción o un vídeo por la red social de turno, o viendo una película que bien por su humor zafio, por su pose estrafalaria, por su directa y efectiva simpleza o por una razón inexplicable hace que se ría como nunca antes. Esto puede ocurrirle a uno hasta con el humor más casposo y retrógrado, por vergüenza que dé reconocerlo. Sin embargo, si en la primera toma de contacto se pueden perdonar hasta los chistes de gangosos o de Lepe, en la segunda ya pierde chispa, a la tercera uno esboza una media sonrisa, y a la cuarta cambia de canal. Lo de Die Antwoord debería haber quedado en eso; su propuesta puede llamar la atención por la risa generalizada que produce, por su estatus chocante y estrafalario, como ha ocurrido a lo largo de la historia de la música con tantos y tantos. ¿O quién no se acuerda de la reciente “Does Does The Fox Say?” de Ylvis, de “Danger! High Voltage” de Six Electric, o del concierto en el que Yoko Ono instaba a cada espectador a imaginar la música? Lo que nos llama la atención visualmente, o que nos hace gracia por la razón que sea tiende a ser un furor colectivo efímero que con el paso de las semanas se disuelve. Como decíamos, debería haber quedado en eso, pero no ha sido así. Su efecto ha sido más bien el de ese chiste de Cruz y Raya que funcionó allá por los años 90, al que José Mota sigue recurriendo programa tras programa, especial tras especial, y al que la audiencia nunca abandona. Como esa previsible pronunciación del nombre del personaje en cuestión del que Joaquín Reyes va caracterizado con un exagerado acento maño-manchego. Como el gag repetido hasta la saciedad en The Big Bang Theory sobre la identidad sexual de Raj. Por increíble que parezca se sigue haciendo y por ende, por qué cambiar lo que funciona.

“Mount Ninji And Da Nice Time Kid”: Die Antwoord repiten una fórmula que empieza a cansar, si es que alguna vez no lo hizo

El nuevo álbum del dúo sudafricano, Mount Ninji And Da Nice Time Kid”, es más de lo mismo de siempre. No varía un ápice respecto a lo que nos habían mostrado con sus tres discos anteriores, con la salvedad de que a la cuarta vez, al igual que sucedía con el chiste de Lepe, hay una tendencia lógica a tomar el mando y cambiar de canal. Han perdido cualquier atisbo de frescura o de humor que pudiesen contagiar en el pasado, a pesar de lo cual siguen contando con una horda importante de fans que reirían el gag una vez, dos, tres, cuatro y todas las que surjan. Si bien hay que reconocer que en algunas de las bases hay un progreso que hace que al menos suene medianamente a hip-hop, las voces siguen en su línea irritante. A Ninja, la parte masculina, bien parece como si le hubiesen regalado por Reyes un micrófono y un equipo de grabación a Steve Urkel, algo de lo que seguramente todos estuviesen arrepentidos el día 7 de enero. Por su parte, Yolandi reúne los momentos más chirriantes y vergonzosos de Nicki Minaj, Iggy Azalea, Fergie o Bebe Rexha. En algunos tramos suavizan las voces y sus letras pueden ser tomadas más en serio pero, en líneas generales, en un género en el que la lírica adquiere tanta importancia como el hip-hop, la propuesta de Die Antwoord disco tras disco hace que ésta no se tome en serio, y que tema tras tema parezca el enfado de una niña adolescente que se rebela porque la han castigado por no hacer los deberes. Tal como el punk de Sum 41.

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Fotografía: Amanda Demme

Han perdido cualquier atisbo de frescura o de humor que pudiesen contagiar en el pasado, a pesar de lo cual siguen contando con una horda importante de fans que reirían el gag una vez, dos, tres, cuatro y todas las que surjan.

El primer despropósito del disco es We Have Candy”, un tema que musicalmente, eso sí, es de lo mejorcito del álbum, quizá por la falta de saturación al ser el primero. Sus coros y su ambientación pseudogótica, además de un piano sincopado a modo de musical, le dan un carácter que pierde con su estúpida letra: una excusa para decir “fuck” todas las veces posibles, y en la que nada tiene sentido. Las rimas, propias de Pitbull, alcanzan el nivel de cuadrar “zoom” con “boom”. “I like rats and coffee and weed and sing whatever the fuck I want to the beat (And I like Yachts and money and speed and drivin’ like a poes down the motherfuckin’ street and all I wanna do is zoom zoom zoom) Bass pump in the trunk boom boom boom”. Como si del mejor de los álbumes temáticos se tratase, y aquí podemos viajar desde el “Tommy” de los Who hasta “The Suburbs” de Arcade Fire, Die Antwoord enlazan un corte con otro a través del profundo universo de los caramelos (nótese la ironía). Así, de “We Have Candy” pasamos a Daddy, en la que esa rebeldía punk de quinceañero que se desmadra con 5 Seconds Of Summer sale a la luz cuando Yolandi grita una y otra vez a su padre que le compre dulces y chocolate porque sabe que lleva dinero. Al menos su ritmo puede hacer que en directo uno pegue saltos y prescinda de la sarta de chorradas que están diciendo.

Después de dos mamarrachadas considerables, llega el primer buen momento del LP. Viajamos a los noventa más pastilleros, pues Banana Brain es una auténtica canción bakala. Sin tapujos. No escondamos esto detrás de eufemismos como hardcore techno o hard trance: es bakalao puro y duro. No sabemos cuáles serán las influencias del dúo sudafricano, pero esto se hizo en Valencia hace veinticinco años. En una época en la que en las discotecas prima el reggaetón, se agradece escuchar este sonido duro, industrial y que convertirá el festival de turno en el que actúen en una auténtica rave del pasado. Cambiando totalmente de tercio llega Shit Just Got Real junto a Sen Dog de Cypress Hill. En este caso se introducen en el rap gangsta de forma burda, pues no sólo adoptan el estilo musical, sino que repiten una y otra vez eso de “Everybody wanna be a gangster”. No obstante, la ayuda de Sen Dog también en la producción del tema le da cierto carácter y carisma, con una base sureña, que quizá sea la mejor y más elaborada de todo el disco.

En algunos tramos suavizan las voces y sus letras pueden ser tomadas más en serio pero, en líneas generales, en un género en el que la lírica adquiere tanta importancia como el hip-hop, la propuesta de Die Antwoord disco tras disco hace que ésta no se tome en serio.

Nos acordamos todos de LMFAO y sus incomprensibles éxitos “Party Rock Anthem” y “Sexy And I Know It”, ¿verdad? Pues Gucci Coochie, que cuenta con la colaboración de la modelo, bailarina, diseñadora y cantante Dita Von Teese, suena más o menos a eso. La letra, más de lo mismo: exaltación de la pandilla, chica guay que rapea y sueños húmedos con la fama y el dinero. Pero si hay una letra absurda e infantil en el álbum, es sin duda la de Wings On My Penis, que parece escrita por la susodicha pandilla de la canción anterior para molar mucho en el barrio. Básicamente un chico arremete contra Dios porque ha rezado para que le dé alas a su pene, y ha despertado la mañana siguiente tal y como se acostó el día anterior. Por supuesto termina con un imprescindible “fuck you!. No podía faltar. Y como Die Antwoord demuestran ser muy partidarios de la igualdad entre sexos, sorprenden en su siguiente tema U Like Boobies? haciendo referencia al pecho femenino. En ella mezclan algunos de los elementos anteriores (palabras escatológicas, caramelos y una ordinariez forzada). La letra es un despropósito total y absoluto en la que Yolandi insta a Lil Tommy Terror a inspeccionar en su (como decía Jules de Pulp Fiction) sagrado agujero, donde encontrará aliens, ratas, o rap a cambio de 13 dólares, por ser él rebajados a 12,99. Y como de colaboraciones bizarras va la cosa, nos encontramos a continuación con Jack Black en Rats Rule, uno de los temas salvables del compacto. Por primera vez en ocho canciones estamos ante algo divertido de verdad, y no una mamarrachada. Con un aire de número musical de película de Tim Burton, gamberro, atrevido, y con cierto humor negro, relata un espacio tomado por los roedores, que ocupan, muerden y babean todo a su alrededor. Una pena que después llegue Jonah Hill, un diálogo prescindible a más no poder entre Yolandi y Ninja.

En Stoopid Rich, Die Antwoord intentan subirse al carro del trap, que con pequeñas excepciones como la de Beyoncé y su “Lemonade”, se ha convertido en una moda de lo más molesta, pues en la mayoría de los casos, como éste, está producido y elaborado de una manera tan mediocre que no resulta más que rap sosainas. Pero se puede empeorar. Si “Stoopid Rich” se embarca en un trap algo gangsta, tratando de emular las últimas producciones de Jay-Z o Nicki Minaj, lo de Fat Faded Fuck Facees insalvable. Aquí recuerdan más bien a C. Tangana, así que, en lugar de decir más, es mejor esperar a que el Nega sudafricano de turno lo haga por nosotros. “Peanutbutter + Jelly” regresa al tema de los dulces como ¿metáfora? Prescindiendo de la letra, es musicalmente uno de los mejores temas de «Mount Ninji And Da Nice Time Kid”. Hip-hop moderno, que no es nada del otro mundo, pero que después de todo lo anterior se agradece.

“Mount Ninji And Da Nice Time Kid” es un disco por lo general infantiloide, esperpéntico y que ha perdido la gracia que pudiese tener la estrafalaria propuesta de Die Antwoord, pero en el que al menos hay tres o cuatro temas notables.

Le sigue el que junto con “Rats Rule” es el único tema del álbum que se puede decir que es bueno con todas las de la ley. Y además lo hace en la misma atmósfera gótica y burtoniana. Es Alien, en el que por primera vez la voz de Yolandi le da un aire misterioso en lugar de hortera a la pista. La base está cuidada y hace preguntarse por qué Die Antwoord no van más por esta línea. Líricamente es una metáfora de quien se denomina raro, no encaja y no pretende encajar porque es así, y se gusta a sí mismo. Lo cierto es que es un temazo, quizá el mejor que hayan hecho en cuatro discos. Y de nuevo toca una vuelta al trap con Street Light, aunque en este caso la letra, reivindicación de los problemas de África, toca la fibra en lugar de dar vergüenza ajena como en casos anteriores.

Darkling trata de volver a recomponer la atmósfera creada por “Rats Rule” y sobre todo por “Alien”, pero se queda en el intento. A pesar de ello hay que destacar, por la variedad que supone dentro del elepé, la presencia de su piano y sus coros. Para terminar, intenta extender este sonido al comienzo de I Don’t Care”, hasta que converge en una producción makinera, propia del sonido desarrollado en Europa a principios de los 90. Concluye así totalmente en la cima y enchufado “Mount Ninji And Da Nice Time Kid”, un disco por lo general infantiloide, esperpéntico y que ha perdido la gracia que pudiese tener la estrafalaria propuesta de Die Antwoord, pero en el que al menos hay tres o cuatro temas notables: los dos que parecen sacados de la banda sonora de La Novia Cadáver o Frankieweenie, y los dos makineros que conectan por unos minutos a través del tiempo Ciudad del Cabo con la mítica ruta valenciana.

Die Antwoord – Mount Ninji And Da Nice Time Kid

4.8

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Die Antwoord regresan con una propuesta inmovilista, que si llamó la atención en un inicio por lo esperpéntico de la misma (más que por su dudosa calidad), ya resulta cansina. Letras e inquietudes infantiles, más teniendo en cuenta la edad de sus componentes, y música que va a remolque del hip-hop norteamericano dan lugar a un álbum en el que apenas se salvan los tres o cuatro temas que van por una corriente neogótica y/o makinera.

Up

  • Los momentos de influencia gótica son sobresalientes. Lo mejor que han hecho hasta ahora.
  • Los dos temas de rave mediterránea noventera suenan duros, intensos y en un plano que a pesar de no utilizarse en la electrónica actual, no suena desfasado.

Down

  • La mayoría de las letras dan auténtica vergüenza ajena.
  • Lo del trap empieza a ser una pesadez.
  • Que con cuarenta años sigan pensando que decir “fuck” cada cuatro o cinco palabras es transgresor y rebelde.