Recuerdo con bastante afección mi primer encuentro con Band of Skulls. El nombre del grupo ocupaba el penúltimo lugar del cartel de un festival más que recomendable al que yo, un púber con camisetas de AC/DC, asistía atraído principalmente por Foo Fighters y Kaiser Chiefs. Nombres como The Black Keys o Eagles of Death Metal me decían poco o nada en una época en la que la mención de Bullet for My Valentine todavía provocaba algún tipo de reacción en mí (qué tiempos). Sin embargo, pese a conocer poco o nada del power trio británico aparte de su pegajosa “I Know What I Am”, lo cierto es que su actuación fue sin duda una de las más impactantes y memorables de mi jornada. «¿Cómo pueden tres personas hacer tanto ruido?” recuerdo haberle preguntado a mi amigo. Rock guarro, pelo largo y riffs que te sacaban cuatro dientes de un solo golpe: aquel grupo era la combinación perfecta para hacer un blues-rock del que te desencaja las articulaciones. Con el tiempo, la banda llegó a ocupar un lugar especial entre mi top 10 adolescente. Fue en parte gracias a ellos que poco a poco fui pasando de Marshall a Orange, de Gibson a Fender y del overdrive al fuzz.

En 2014 asistí, ya como oyente ilusionado, al lanzamiento de “Himalayan”, un álbum que consideré innovador dentro del estilo y que apuntaba hacia un norte bastante interesante. Sin embargo, este larga duración dejaba bastantes interrogantes abiertos, interrogantes que sólo un nuevo trabajo podía despejar: al fin y al cabo, tras descargar todo su arsenal blusero en sus tres primeros LPs, ¿qué más podían ofrecernos Band of Skulls? Con la intención de resolver esta incógnita es con la que me acerqué a “By Default”, cuarto álbum del conjunto de Southampton. Y lo cierto es que la respuesta no me ha parecido todo lo satisfactoria que debería.

“By Default”: cuando el blues-rock se pone maquillaje

Como ya les pasara a sus parientes musicales The Black Keys, Band of Skulls han intentado emprender una difícil transición, sabiendo que el blues-rock es un género condenado a sonar repetitivo, pero la alternativa no parece haberles salido mucho mejor.

Bajo la producción de Gil Norton (Pixies, Foo Fighters…) y con una portada que rompía con sus usuales diseños abstractos, “By Default” se presentaba como un álbum con aspiraciones de introducir una nueva era para Band of Skulls, dejando atrás lo que la propia banda considera una trilogía que estaría conformada por sus tres álbumes hasta la fecha, los cuales presentan una progresión estilística bastante homogénea. Con este propósito fue con el que Band of Skulls se alejaron de la rutina y el entorno que habían envuelto sus anteriores proyectos, dejando a un lado su insano ritmo de conciertos y alquilando una iglesia en su Southampton natal para tomarse un necesario tiempo de reflexión y composición. Pese a que la consecución de este fin es debatible, lo cierto es que la influencia de su nuevo ambiente es innegable, como lo es la de su nuevo productor. No diría tanto de la parte creativa, sobre todo en lo que respecta al aspecto lírico, que sigue siendo bastante fofo y solo en excepciones se ve suplido por la parte musical.

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Con el propósito de alejarse de una anterior trilogía bastante homogénea, Band of Skulls dejaron a un lado su insano ritmo de conciertos y alquilaron una iglesia en su Southampton natal para tomarse un necesario tiempo de reflexión y composición.

Una de estas excepciones es sin duda “Black Magic”, cuya elección como primer track no parece necesitar muchas explicaciones. El poderoso corte empieza el LP con fuerza, poniendo las expectativas muy altas, especialmente con su enervante introducción de batería que, aunque muchos dirán que es excesivamente larga, en mi opinión contribuye a la creación de una incertidumbre efervescente perfecta para dar comienzo al disco. Desgraciadamente, «Black Magic” no deja de ser más que una mera muestra del potencial que el álbum no llega a alcanzar en ningún momento posterior, lo que se confirma inmediatamente con la entrada de “Back of Beyond”, una nada convincente canción con tintes pop y dance que suena como si Blondie usara un vocalista suplente con un resfriado. “Back of Beyond” no será el único intento de la banda por acercarse a un sonido más pop, sino que lo intentará de nuevo en temas como “Bodies” y “So Good”, tracks que se vuelven a disfrazar de indie pop bailable y que no dejan de sonar a una mezcla extraña de Crystal Castles aderezado con un poco de Foals sin cafeína.

Aunque es cierto que la fusión de estilos se convierte en la mayor debilidad del trabajo, resultando su ejecución en una considerable disminución de credibilidad, también lo es que sus mezcolanzas no siempre terminan en desastre.

Mientras que es cierto que la fusión de estilos se convierte en la mayor debilidad del trabajo, resultando su ejecución en una considerable disminución de credibilidad, también lo es que sus mezcolanzas no siempre terminan en desastre y como ejemplo de ello tenemos la mestiza “Tropical Disease”. Éste último es, en mi opinión, uno de los tracks más conseguidos del álbum, aunando a la perfección la identidad blusera del grupo con un contagioso ritmo tropical de una manera que no deja de parecer natural en ningún momento.

Pero no todo es experimentación en “By Default”. Por supuesto el tracklist deja también hueco para el sonido más tradicional de Band of Skulls, retomando en canciones como “Killer” y “This is My Fix” su sonido más áspero y directo, no solo en términos de riffs e instrumentación, sino también en relación a la letra, con líneas simples, directas y repletas de clichés rocanroleros. Regresan aquí también a su ya clásico recurso de repetir infinitamente el título de la canción como estribillo, algo que volveremos a ver en “Little Mama”, probablemente la canción más anticuada y menos emocionante del álbum. Afortunadamente esto se arregla rápidamente con su sucesora “Embers”, track con el que la música que hacia el ecuador del álbum corre el peligro de pasar a un segundo plano vuelve a demandar cierta atención por parte del oyente.

Russell Marsden y los suyos quizás han empujado sus límites un poco más lejos de la cuenta, poniendo al descubierto una clara inexperiencia y falta de madurez en los estilos a los que se acercan.

Abriendo la soporífera recta final del álbum llega “In Love By Default”, tema que pasa sin pena ni gloria y del que lo más destacable, por feo que quede decirlo, es su sospechoso parecido con el «Dani California” de los Red Hot Chili Peppers (es imposible pasarlo por alto). Seguidamente, “Erounds” (con un toque muy XX) y “Something” son, por incomprensible que parezca, los temas escogidos para cerrar el LP. Incomprensible porque lo cierto es que su lugar más apropiado sería sin duda algún punto alrededor de la mitad del álbum, cuando no como caras B. Aparte de romper completamente la poca atmósfera que el disco es capaz de crear tras doce pistas, no consigo encontrar nada en ellos, después de varias escuchas, que les haga merecedores de ocupar el puesto de finale, cuya misión debe ser ante todo la de dejar un buen sabor en el oyente y descargar toda la munición de reserva. Supongo que en cierto sentido esta decepción final no es algo casual, puesto que realmente termina de definir la mediocridad de un álbum que probablemente pasará sin pena ni gloria por los oídos de la mayoría de oyentes.

Pese a que el esfuerzo de Band of Skulls por alejarse del encasillamiento de estilo se deja entrever entre cada una de las costuras de “By Default”, lo cierto es que Russell Marsden y los suyos quizás hayan empujado sus límites un poco más lejos de la cuenta, poniendo al descubierto una clara inexperiencia y falta de madurez en los estilos a los que se acercan, lo que muchas veces conduce a un sonido demasiado genérico que aporta poco o nada a su propuesta. Como ya les pasara a sus parientes musicales The Black Keys, Band of Skulls han intentado emprender una difícil transición, sabiendo que el blues-rock es un género condenado a sonar repetitivo, pero la alternativa no parece haberles salido mucho mejor.

Band of Skulls – By Default

5.0

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Tras haber descargado todo su arsenal blusero en su primera trilogía, Band of Skulls vuelven a las andadas con un álbum que pretende explorar nuevas fórmulas estilísticas para su sonido. Sin embargo, el LP no deja de sonar poco convincente, con un sonido genérico e indeciso que aporta poco o nada a la propuesta del grupo.

Up

  • Conocedores de las limitaciones de un género tan machacado como el blues-rock, Band of Skulls se esfuerzan por no encasillarse.
  • El sonido del álbum está definitivamente influenciado por el eco de la iglesia donde se grabaron partes de éste, lo que añade interés en términos de sonido.
  • Ciertos momentos del LP adquieren una fuerza que casi parecía haberse perdido en “Himalayan”, aunque sea sólo esporádicamente.

Down

  • La producción, cuidada en exceso, le resta credibilidad a un género que ganaría mucho en intensidad con un sonido más natural y crudo.
  • Los intentos de experimentar con otros estilos adquieren un carácter casi paródico, terminando casi siempre en desastre.
  • La indecisión estilística que predomina a lo largo del disco provoca una sensación de frialdad e indiferencia en el oyente, impidiendo que éste pueda llegar a sentir un mínimo de atracción hacia una música que se convierte en poco más que un sonido de fondo.