No quisiera afrontar esta crítica como una comparativa constante con un artista a estas alturas muy familiar para quienes nos leen habitualmente (o eso espero) y muy similar al que tratamos hoy, puesto que cuando se colocan dos elementos cada uno a un lado de la balanza, se tiende a ver o a pensar que uno está por encima del otro. Tampoco quiero decir que vayamos a hablar de un trabajo mastodóntico. Pero sería injusto menospreciar el trabajo de una persona sólo por haberse pasado la mayor parte de su carrera trabajando junto a una de las figuras más importantes del garage y la escena underground americana, habiendo bebido inevitablemente de su sonido durante todos estos años. Porque entiendo que cuando te lanzas con un proyecto firmado con tu nombre, ya sea en solitario o junto a más gente, es porque sientes la necesidad de ir más allá que de ser un miembro más del proyecto de otra persona, porque tienes un trabajo propio y personal que quieres enseñar, y no debe de ser muy agradable que tu carrera previa te condicione a ser comparado constantemente con tu ‘hermano mayor’. A pesar de ello, es inevitable mencionar aquí las influencias del músico del que hablamos hoy, pues son demasiado obvias pero también lógicas, por lo que simplemente es necesario aclarar que el objetivo no es ponerlas como inferiores.

Y es que después de un buen puñado de años acompañándolo en cada proyecto con total lealtad, la mano derecha de Ty Segall (o puede que el antebrazo, no podemos olvidarnos de Mikal Cronin), Charles Moothart, se ha permitido un pequeño descanso de todos los proyectos del rubiales (que tampoco ha durado mucho pues también ha sido cómplice del enésimo grupo de Ty llamado GØGGS) y ha dejado la Ty Segall Band y Fuzz para meterse de lleno en su primer trabajo en solitario bajo el nombre de CFM (las siglas de su nombre completo, Charles Frances Moothart) y un álbum titulado “Still Life of Citrus and Slime”.

«Still Life of Citrus and Slime”: si me lo puedo permitir, ¿por qué no?

“Still Life of Citrus and Slime” nace de la necesidad de Moothart de plasmar de manera creativa una etapa de su vida bastante difícil para él: una crisis existencial acompañada de una ruptura con su pareja tras muchos años de relación.

Toda esta introducción para intentar distinguir el trabajo de alguien que por fin decide tomar el protagonismo del trabajo que hacía con los proyectos de su mentor, en los que si bien era una pieza fundamental, no podía hacer girar el engranaje por sí solo. Que no nos confundamos. Charles Moothart ya se ha ganado un reconocimiento y un mérito más que propios como coleguilla de Ty Segall, quien no podría haber parido discos de la talla de “Slaughterhouse” o “Manipulator” sin él, en los que sus guitarras y sus solos se coordinaban de forma excepcional, con un estilo y un gusto por las jams tremendamente similar. Pero es en Fuzz donde quizás fuera mayor la labor del músico, cobrando todo el protagonismo a la guitarra e incluso encargándose de la parte vocal de algunos temas. Y eso no es todo. Antes de unirse a Ty, Moothart ya formó un grupo junto a Mikal Cronin con el nombre de Charlie & The Moonhearts, en el que él fue el batería y Cronin el bajista y cantante, llegando a sacar tres discos. Al final era cuestión de tiempo que se animase a sacar su propio trabajo al igual que ya lleva años haciendo el mismo Cronin.

“Still Life of Citrus and Slime” nace de la necesidad de Moothart de plasmar de manera creativa una etapa de su vida bastante difícil para él: una crisis existencial acompañada de una ruptura con su pareja tras muchos años de relación. Se trata de uno de esos trabajos compuestos en la soledad de las cuatro paredes de una habitación, habiéndolo concebido el propio Moothart como un trabajo experimental en el que sencillamente se ha dejado llevar para ver qué podía salir. Por supuesto, para su grabación ha contado con la ayuda de varios compañeros y antiguos amigos: Michael Anderson a la guitarra, Tyler Frome al bajo y Thomas Alvarez (miembro de Audacity) a la batería.

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Intenta desmarcarse de lo realizado hasta ahora ofreciendo variedad, pero la sensación general es de estar en terreno conocido. La base es la misma de siempre: guitarras muy distorsionadas, riffs y solos muy afilados que no dan ni un respiro y melodías que buscan el estribillo fácil con urgencia.

El resultado es un disco que intenta desmarcarse de lo realizado hasta ahora ofreciendo variedad, pero cuya sensación general es de estar en terreno conocido. La base es la misma de siempre: guitarras muy distorsionadas, riffs y solos muy afilados que no dan ni un respiro y melodías que buscan el estribillo fácil con urgencia. A ello se añaden matices como la presencia de sintetizadores en algunos temas como el que lo abre, “You Can’t Kill Time”, en el que se presenta el sonido lo-fi que recorre el disco, sin una estructura fija y con un corte abrupto que contrasta con el propio título: no puedes matar el tiempo, pero sí algunos de los elementos que transcurren a través de él. Igual de abrupto comienza “Brain Of Clay”, otro tema breve y veloz en el que Moothart no duda en rendirse al garage, recordando irremediablemente a aquella “Thank God For The Sinners” de Ty Segall, sólo que combinada con el sonido más crudo y agresivo de Fuzz. Y sin soltar el pedal de fuzz ni tampoco el acelerador nos deja una “Lunar Heroine” bastante destacable, puro garage al más estilo “Slaughterhouse” embriagado por el ácido y la psicodelia.

El resultado es un disco que inevitablemente bebe del sonido de sus compañeros del resto de proyectos en los que anda metido, sin ser algo necesariamente malo, puesto que su sello de identidad también se puede percibir sin problemas,

Street Car History” se marca un comienzo acústico para dar paso rápidamente a la distorsión y a los riffs machacones manteniéndose en la línea garagera, mientras que en “Glass Eye” abraza el glam lo-fi de King Tuff y se permite un puñado de solos para hacer gala de su virtuosismo. Si hay algo que acaba distinguiendo el trabajo de Moothart es su propia voz, aunque probablemente se ajusta mejor al heavy-psych de Fuzz que al garage de este disco.

Por fin rebaja un poco la velocidad y se deja llevar por una “Slack” más psicodélica, codeándose con los temas más pausados de otros maestros del garage como Thee Oh Sees, sin llegar al mismo nivel de experimentación, pues Moothart mantiene un sonido más clásico y cercano a los 60.Habit Creeps” es un tema de apenas dos minutos que casi suena nostálgico y recuerda al Segall más joven de sus primeros trabajos, pero donde verdaderamente encontramos el punto álgido del disco es en “Clearly Confusion”, el tema más rockero, con una estructura muy equilibrada y pegadiza. Cuando supimos que Moothart iba a sacar un disco en solitario, todos esperábamos encontrar un sonido más cercano a Fuzz que a Ty Segall, pues pensábamos que era él quien aportaba mayormente ese sonido tan crudo y esos riffs tan sabbathianos, pero qué equivocados estábamos. Es cierto que el toque está ahí, pero el alma se acerca más al rock y al garage. Purple Spine” se va a los medios tiempos sin ofrecer nada nuevo dentro del conjunto pero manteniendo el nivel, al contrario que “The Wolf Behind My Eyes”, que se encamina por el sendero más lisérgico sin dejar de ser un tema directo y veloz. Para concluir nos deja con “Still Life of Citrus and Slime”, un tema instrumental con un sonido mucho más lo-fi, con un aire espiritual, como si se estuviese tocando dentro de otra habitación y nosotros lo escuchásemos desde fuera.

Charles Moothart no revoluciona el panorama musical ni la escena underground en ningún sentido con “Still Life of Citrus and Slime”, pero tampoco parece ese su objetivo, más bien parece haberse propuesto componer un trabajo por sí mismo y ver qué podía salir de ello y así lo ha hecho, dando como resultado un disco que inevitablemente bebe del sonido de sus compañeros del resto de proyectos en los que anda metido, sin ser algo necesariamente malo, puesto que su sello de identidad también se puede percibir sin problemas, especialmente en sus riffs afilados y sus solos, que no dejan un segundo de descanso.

CFM – Still Life Of Citrus And Slime

6.0

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Aún con el riesgo de ser comparado con su ya habitual compañero Ty Segall, Charles Moothart se atreve con un disco en solitario bajo el nombre de CFM y con el título de “Still Life of Citrus and Slime”, confeccionando un conjunto de canciones de sonido lo-fi y cargadas de fuzz en las que el garage predomina sobre todo lo demás.

Up

  • Demuestra que también sabe crear buenos temas por sí mismo, tales como “Lunar Heroine”, “Slack” o “Clearly Confusion”.
  • Sin ser nada realmente arriesgado tampoco es un disco totalmente cómodo, se permite experimentar un poco y ofrecer variedad sin salirse del garage.

Down

  • Da la sensación de que es simplemente una toma de contacto.
  • Quizás habría sido más interesante si hubiese tirado por la senda más pesada de Fuzz y sobre todo si hubiese arriesgado más en general.